Sentencia 2928 de agosto 9 de 2002 

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN QUINTA

FALSEDAD DE REGISTROS ELECTORALES

INCONSISTENCIAS EN LOS NOMBRES REGISTRADOS DE LOS VOTANTES

EXTRACTOS: «El demandante sostiene que en varias mesas de votación ubicadas en el municipio de Ciénaga se presentó una irregularidad electoral, comoquiera que en el formulario E-11 figuran sufragando ciudadanos que no corresponden a los titulares de las cédulas de ciudadanía, por lo que deduce que existe falsedad en el registro.

El formulario E-11 o registro de votantes es un documento electoral diseñado por la Registraduría Nacional del Estado Civil, en el cual figura en forma preimpresa el número de cédula de ciudadanía de los ciudadanos aptos para sufragar en cada mesa de votación. Exactamente al lado del número del documento de identificación existe una casilla en blanco que deberá ser diligenciada por los jurados de votación con el nombre del titular de la cédula que acude a la mesa para sufragar. De consiguiente, ese documento permite averiguar, de un lado, que los inscritos ciertamente votaron en las elecciones del 29 de octubre de 2000 y, de otro, cuáles son los nombres y los números de la cédulas de identificación de los ciudadanos que sufragaron en cada mesa de votación.

Lo anterior sugiere una pregunta obvia ¿cuando el nombre que figura al frente del número de cédula de ciudadanía no corresponde al titular, se presenta falsedad del registro?

Evidentemente, la falta de correspondencia entre los dos datos objeto de análisis muestra la existencia de una irregularidad, pues resulta lógico que solamente se conoce el nombre del verdadero titular de la cédula de ciudadanía cuando éste presenta su documento ante los jurados de votación; de ahí que sólo puede ser registrado el voto del titular de la cédula de ciudadanía. Sin embargo, esa irregularidad puede tener varios orígenes, en tanto que puede presentarse un error de los jurados de votación en la anotación o puede suceder que una persona que no es el titular del documento de identificación se acerque a la mesa de votación y logre depositar el voto a nombre de otra, esto es, se presenta la suplantación del elector. También puede suceder que realmente no votó ni el titular de la cédula de ciudadanía ni otra persona a nombre de él sino que los jurados de votación llenaron las casillas correspondientes con nombres ficticios. O también puede acontecer que el titular de la cédula sí sufragó, pero los jurados de votación omitieron registrar el nombre verdadero, por lo que deciden enmendar el error diligenciando el formulario E-11 con un nombre que no corresponde al titular del documento de identidad.

Sin embargo, independientemente del grado de culpa de los jurados de votación, pues ese juicio de responsabilidad es ajeno a la acción de contenido electoral, en principio, en cualquiera de las hipótesis planteadas existe un dato mentiroso que afecta la transparencia del proceso electoral. No obstante, en especial, en los casos de suplantación de electores o de registro en los documentos electorales de votos que nunca fueron depositados por los ciudadanos aptos para sufragar, se configura la causal de nulidad por falsedad de las actas de escrutinio. De hecho, si una persona se presenta a la contienda electoral simulando ser el portador de una cédula de ciudadanía que no es la suya o los jurados de votación deciden contabilizar votos que nunca se depositaron, esas manifestaciones de voluntad nunca serán las verdaderas expresiones populares, por lo que esos registros serán falsos.

Con todo, también es cierto que en los casos donde se presenta un error en la anotación de los nombres o una equivocación en la casilla donde se registra el voto, la inconsistencia no siempre simula o modifica el resultado electoral, puesto que es cierto que un ciudadano apto para sufragar en esa mesa depositó un voto y de igual manera se contabilizó un solo voto. De consiguiente, no sería razonable sostener que en un asunto complejo como lo es el proceso electoral, una irregularidad formal, en tanto que no tiene repercusiones numéricas, afecte la validez del voto y la efectividad de la democracia.

Por lo anteriormente expuesto, la Sala concluye que para deducir la falsedad de un registro por inconsistencia entre el nombre registrado en el formulario E-11 y el nombre del titular de la cédula de ciudadanía, es necesario analizar individualmente la situación planteada para aclarar si se presentaron los fraudes de suplantación de votantes, o de simulación de votos —cuando los jurados de votación simulan que fueron depositados votos que nunca lo fueron por los ciudadanos aptos para sufragar— o si existió una equivocación con trascendencia numérica. En consecuencia, sólo en los casos en donde se demuestren esos supuestos es razonable sostener que el resultado electoral no corresponde a la verdadera expresión de la voluntad popular y, por lo tanto, es falso.

No obstante, debe precisarse que la existencia de un elemento falso no conduce por sí mismo a la nulidad de las actas de escrutinio, pues la causal objeto de estudio busca proteger el verdadero resultado electoral y con él pretende preservar la eficacia del voto válido. Por esta razón, la falsedad generadora de nulidad de un acta de escrutinio será solamente aquella que altere el resultado electoral, puesto que, tal y como lo ha expresado esta Sala (4) , la falsedad que no tiene la magnitud de alterar el resultado electoral es intrascendente, en tanto que no interfiere en la verdadera voluntad popular.

(4) Sentencia de 14 de enero de 1999, expedientes 1871 y 1872, de 1º de julio de 1999, expediente 2234, del 29 de junio de 2001, expediente 2477.

Así las cosas, si se prueba la existencia de irregularidades que modifican o alteran el resultado electoral, debe declararse la nulidad de las actas de escrutinio correspondientes».

(Sentencia de 9 de agosto de 2002. Expediente 2928. Consejero Ponente: Dr. Darío Quiñones Pinilla).

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