Sentencia 30064 de septiembre 23 de 2009

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Radicación: 30.064 (R-00290)-AC 16988 (R-04706)

Consejera Ponente:

Dra. Myriam Guerrero de Escobar

Actores: Alexandra Echeverry Lozano y otros

Demandados: Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional

Bogotá, D.C., veintitrés de septiembre de dos mil nueve.

EXTRACTOS: «IV. Consideraciones.

Conoce la Sala del presente asunto en virtud de los recursos de apelación interpuestos por los demandantes contra las sentencias de 19 de abril de 1999 y 17 de septiembre de 2004, proferidas por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca, la primera de las cuales negó las pretensiones de la demanda y la segunda declaró la responsabilidad de la entidad demandada por la muerte del soldado Yan Echeverry Lozano.

Previo a decidir el asunto puesto a consideración de la Sala es menester anotar que comoquiera que en este caso los demandantes tienen la calidad de apelantes únicos y que las sentencias proferidas por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca no son consultables, la Sala no podrá hacer más gravosa la situación de la parte que fue favorecida con la decisión del tribunal en virtud del principio de la no reformatio in pejus.

Régimen de responsabilidad aplicable

En los casos en los que se debate sobre la obligación del Estado de indemnizar el perjuicio generado como consecuencia del daño sufrido por un soldado que presta servicio militar obligatorio, la Sala ha sostenido, de un lado, que el Estado debe asumir los riesgos que se crean para quienes prestan el servicio militar obligatorio como consecuencia de la realización de las diferentes tareas que se les asignan, como cuando el daño es causado con un arma de dotación oficial o cuando se deriva del ejercicio de una actividad considerada peligrosa como la conducción de vehículos automotores, teniendo en cuenta que la sola manipulación de armas de fuego o la conducción de automotores entraña un peligro al cual se expone la víctima por imposición del Estado.

En efecto, en relación con el título de imputación aplicable a los daños causados a soldados conscriptos, la Sala ha avalado la posibilidad de que sean, en primera medida, aquellos de naturaleza objetiva tales como el daño especial o el riesgo excepcional, y de otro lado, el de la falla del servicio, siempre y cuando de los hechos y de las pruebas allegadas al proceso se encuentre acreditada la misma.

Sobre el particular, la jurisprudencia de la Sección, en reciente oportunidad, puntualizó(5):

"Atendiendo a las condiciones concretas en las que se produjo el hecho, la Sala ha aplicado en la solución de los casos, los distintos regímenes de responsabilidad. Así, ha decidido la responsabilidad del Estado bajo el régimen de daño especial cuando el daño se produjo como consecuencia del rompimiento de la igualdad frente a las cargas públicas(6); el de falla probada cuando la irregularidad administrativa produjo el daño y, el de riesgo cuando este proviene o de la realización de actividades peligrosas o de la utilización de artefactos que en su estructura son peligrosos(7); pero, en todo caso, ha considerado que el daño no será imputable al Estado cuando se haya producido por culpa exclusiva de la víctima, por fuerza mayor o por el hecho exclusivo de un tercero, por rompimiento del nexo causal. En providencia de 2 de marzo de 2000, dijo la Sala:

"... demostrada la existencia de un daño antijurídico causado a quien presta el servicio militar, durante el mismo y en desarrollo de actividades propias de él, puede concluirse que aquel es imputable al Estado. En efecto, dado el carácter especial de esta situación, por las circunstancias antes anotadas, es claro que corresponde al Estado la protección de los obligados a prestar el servicio militar y la asunción de todos los riesgos que se creen como consecuencia de la realización de las diferentes tareas que a ellos se asignen. No será imputable al Estado el daño causado cuando este haya ocurrido por fuerza mayor o por el hecho exclusivo de un tercero o de la víctima, eventos cuya demostración corresponderá a la parte demandada"(8).

En consecuencia, frente a los daños ocasionados a soldados obligados a prestar el servicio militar, en la medida que su voluntad se ve doblegada por el imperium del Estado, al someterlos a la prestación de un servicio, que no es nada distinto a la imposición de una carga o un deber público, es claro que la administración debe responder bien porque frente a ellos el daño provenga de i) un rompimiento de las cargas públicas que no tenga la obligación jurídica de soportar el soldado; ii) de un riesgo excepcional que desborda aquel al que normalmente estaría sometido, y que puede tener origen en el riesgo actividad o en el riesgo de la cosa, o iii) de una falla del servicio, a partir de la cual se produce el resultado perjudicial.

Como se aprecia, en relación con los conscriptos, el principio iura novit curia reviste una característica especial, toda vez que el juez debe verificar si el daño antijurídico resulta imputable o atribuible al Estado con fundamento en cualquiera de los títulos de imputación antes mencionados. Además, no debe perderse de vista que, en tanto la administración pública imponga el deber de prestar el servicio militar, debe garantizar la integridad psicofísica del soldado en la medida en que es una persona que se encuentra sometida a su custodia y cuidado, además de que, por regla general, lo sitúa en una posición de riesgo, lo que en términos de imputabilidad significa que debe responder por los daños que le sean irrogados relacionados con la ejecución de la carga pública(9).

Dicho tratamiento, decantado por la jurisprudencia contenciosa administrativa, respecto de la responsabilidad del Estado por daños sufridos por quienes prestan el servicio militar obligatorio, obedece en principio a la diferencia que se evidencia entre los soldados que se encuentran en esta categoría frente a aquellos que ingresan voluntariamente a la fuerza pública. Tal contraste radica en que los primeros lo hacen para cumplir con un deber constitucionalmente impuesto, mientras que los segundos de manera espontánea, por su propia iniciativa, eligen vincularse al establecimiento militar, de lo cual se infiere que optan por asumir o al menos compartir con el Estado los riesgos que sobre ellos puedan materializarse en el ejercicio del servicio que voluntariamente escogieron desempeñar.

Dicha situación no ocurre con los soldados conscriptos, quienes únicamente tienen el deber de soportar aquellas limitaciones o inconvenientes inherentes a la prestación del servicio militar obligatorio, como la restricción a los derechos fundamentales de locomoción, libertad, etc., pero si durante la ejecución de su deber constitucional les sobrevienen lesiones a situaciones que tienen protección jurídica como la vida, la integridad personal y la salud, ellas pueden ser causa de imputación de daño antijurídico al Estado, por cuanto en dicho caso, el soldado conscripto no comparte ni asume ese tipo de riesgos con el Estado(10).

Se estimó necesario presentar las anteriores reflexiones con el propósito de establecer, con fundamento en las pruebas valoradas en el proceso, si la entidad demandada es la responsable de los hechos que se le imputan.

Caso concreto

Con fundamento en las pruebas válidamente practicadas en el proceso se tiene que:

a. Según certificación obrante a folio 359 del cuaderno 2, el señor Yan Echeverry Lozano ingresó al Ejército Nacional el 22 de mayo de 1996 a prestar servicio militar obligatorio, en calidad de soldado regular, permaneciendo en dicha institución hasta el 27 de febrero de 1997, fecha en la cual perdió la vida al caerse del vehículo militar en el cual se movilizaba. Así lo acredita el registro civil de defunción (fl. 23, cdno. 4), y la necropsia practicada al cadáver de la víctima por el Instituto Nacional de Medicina Legal, Secciona! Valle, en la que se dictaminó como causa de muerte "trauma craneoencefálico severo en accidente de tránsito" (fl. 30, cdno. 2).

De conformidad con lo anterior, no hay duda que el hecho del cual se derivan los perjuicios, cuya indemnización se solicita, se encuentra debidamente acreditado.

En cuanto a las circunstancias de tiempo, modo y lugar que rodearon los hechos obran las siguientes pruebas:

Según informe de 28 de febrero de 1997 rendido por el teniente del Ejército Nacional, Luis Alfredo Bernal Herrera, al comandante del Batallón Codazzi, con sede en el municipio de Palmira:

"Siendo las 21:45 horas aproximadamente del 27 de febrero recibí la orden de mi Coronel de desplazarme hacia el municipio de Florida para cumplir con una operación de seguridad; con el fin de prestarle apoyo inmediato a la unidad que allí se encontraba, Arpón 1; dicha orden debía cumplirse de inmediato, orden emitida mediante Orden de Operaciones Nº 114 Gacela.

"Luego de recibir la orden se procedió a embarcar la unidad que tengo bajo mi mando, la cual se constituyó a 01-02-29, la segunda sección embarcada en el primer vehículo pick-up 221 y la primera sección en el segundo vehículo pick-up 220, en este orden se efectuaría el orden de marcha; e inicié dicho desplazamiento motorizado Palmira - Florida.

"Transcurridos 02 kilómetros aproximadamente vía Florida la pick-up 220 la cual era conducida por el DG. Ribera Dagoberto fue golpeada por un vagón de un vehículo cañero que se desplazaba en sentido contrario, en el impacto la pick-up fue golpeada en su parte posterior (carrocería) en donde se encontraba personal de la patrulla, en el extremo donde fue golpeada la pick-up se encuentra el soldado Echeverry Lozano Yan Mauricio, la cual por dicho golpe, lo sacó del vehículo sufriendo una caída sobre la carretera.

"Inmediatamente después del golpe se detuvo el vehículo y procedí a verificar la situación, al ver que el soldado en mención se encontraba en mal estado di la orden que de inmediato lo trasladáramos al hospital más cercano.

"Ya en el Hospital de San Vicente de Paul al soldado lo atendieron por urgencias, el médico de turno ordenó en su diagnóstico que fuera trasladado al Hospital Universitario de Cali porque se encontraba muy delicado de salud a raíz del trauma cerebral que había sufrido. Inmediatamente fue llevado en la ambulancia del hospital, en el trayecto hacia la ciudad de Cali a la altura sobre el río Cauca, el soldado falleció a raíz de un paro respiratorio" (fl. 173, cdno. 2).

Lo dicho anteriormente fue ratificado por el teniente Bernal Herrera en declaración rendida el 4 de agosto de 2002 (fl. 37, cdno. 2).

En el proceso penal militar rindieron versión las siguientes personas:

El ex soldado Mauricio Mendoza Vergara manifestó lo siguiente:

"Esa noche del 28 de febrero salimos del batallón, había una orden de ir de seguridad a la finca La Roca, en Florida, salirnos los del pelotón PAU al mando de mi TE. Bernal (...), salimos en una pick-up a las diez de la noche del batallón, cuando íbamos saliendo por la vía a Pradera, como a un kilómetro, ese día habíamos llegado de patrullar en horas de la tarde, estábamos descansando cuando nos dijeron que debíamos de salir otra vez por la noche, bueno salimos esa noche y yo iba ubicado de segundo de la cabina hacia fuera del camión y el SL. Yan Echeverry Lozano venía de último en la parte de afuera, yo iba sentado y él iba parado en la punta de afuera, cuando yo escuché el golpe del vagón de la mula, entonces a todos nos movió, cuando más de uno gritó que se había caído Echeverry, entonces comenzamos a gritarle al conductor que parara, entonces el conductor paró y entonces nos bajamos (...) estaba como a un metro de la carretera, paramos un carro que iba para Pradera para que se lo llevara al hospital de Palmira (...), posteriormente nos vinimos para el batallón y cuando estábamos aquí llegó el S.L Torres y nos informó que el SL. Yan Echeverry había muerto (...) el vehículo siguió, era una mula cañera de esas que llevan dos vagones, en ese momento el TE. Bernal dio la orden de parar la mula, pero en mi caso yo solo quería era auxiliar al SL. Yan Echeverry porque estaba vivo (...) Era de doble vía, siempre ancha, es una vía principal, para ese tiempo habían huecos en la vía y según dicen porque yo no lo vi, la mula hizo como un quite a un hueco y allí fue donde se movió y fue así como el vagón de atrás pegó contra nosotros, eso lo decían los soldados que iban adelante (...) Nosotros íbamos a paso moderado, de noche no se anda rápido, el otro carro no sé como venía porque yo no lo vi (...) Íbamos como doce o catorce personas porque íbamos dos escuadras (...) la varilla que se cayó fue con el golpe del otro carro, y nosotros íbamos sentados y había espacio suficiente, íbamos cómodos, lo que pasa es que hay gente que no le gusta sentarse, pero había espacio para que todos se sienten (...) Nosotros sabíamos como debíamos de ir, cuando salimos siempre iban dos soldados adelante parados y dos atrás también parados de seguridad y los demás íbamos sentados, ese día el SL. Yan Echeverry Lozano tenía la radio y a pesar de que le dijimos que se hiciera adelante por llevar el radio ya que en cualquier momento lo podía necesitar mi teniente Bernal, él manifestó que se quería hacer allí atrás y dejó el radio en la parte de adelante del camión, mi TE. Bernal viajaba normalmente con nosotros atrás pero ese día viajó adelante (...) el DG. Victoria Rivera Dagoberto siempre manejaba el vehículo, era la pick-up asignada al PAU (...) El DG. Victoria Rivera no había tenido ningún problema y después de este accidente tampoco llegó a tener inconvenientes en el manejo del camión (...) La carretera era oscura, el camión militar tenía bien sus luces pero el otro carro no sabría decirle porque yo no lo vi de frente, cuando este pasó fue que vi los vagones y estos carros en esos vagones no llevan luces (...) El golpe no fue muy fuerte, es más yo casi no me doy cuenta de este sino es por la bulla de los compañeros al decir que el SL. Echeverry se había caído producto del golpe (...) (fl. 85, cdno. 2).

El ex dragoneanle Jhon Jairo Daza Cobo, sobre lo ocurrido sostuvo:

"(...) Salimos del batallón a eso de las 9 y media de la noche, salió primero el carro donde iba el SS Maldonado y nosotros atrás a distancia de unas dos cuadras, salimos y cogimos la vía Pradera, la pick up iba despacio y por el lado que le corresponde, había pasado poco tiempo de haber salido del batallón más o menos unos dos kilómetros sobre la vía Pradera, yo iba sentado en el tercer puesto de atrás hacia delante del camión, sentado sobre el equipo, cuando sentí un golpe en la espalda, entonces yo miré que un trailer la (sic) había arrancado dos barandas a la pick up, o sea las varillas que sostienen la carpa de la parte de atrás del camión, entonces el SL. Beltrán Sánchez Benhur que iba en la parte de adelante le tocó la cabina al conductor diciéndole que Echeverry había caído, entonces el carro paró y nosotros nos bajamos y nos devolvimos más o menos unos 20 ó 30 metros, el SL. Echeverry estaba tendido en el piso como a metro y medio fuera de la pavimentada hacia el monte (...) PREGUNTADO. Diga al despacho qué pasó con el vehículo que golpeó al vehículo militar en el que ustedes se transportaban, si se dieron cuenta quién lo conducía, qué tipo de vehículo era, qué placas tenía y a qué ingenio pertenecía. CONTESTÓ. Este carro no paró y yo lo vi cuando iba lejos y que era de esos carros que transportan caña, no vi placas, tampoco a qué ingenio pertenecía, (...) al otro día decían que se trataba de un carro de Central Tumaco (...) Era de dos carriles, uno de ida y otro de venida, pavimentada, más bien angostos los carriles, en ese trayecto era bueno el estado de la vía, no habían huecos por lo menos sobre la vía que íbamos nosotros, no sé si para el otro carril habría o no huecos (...) Nosotros íbamos a prudente velocidad, más bien despacio y el otro carro puedo decir que iba rápido ya que nos golpeó y siguió sin ni siquiera darse cuenta de esto o no quiso hacerlo, cuando lo vimos ya iba lejos, entonces deduzco que iba rápido (...) En la parte de atrás íbamos por escuadras, la primera escuadra al lado derecho y la segunda escuadra al lado izquierdo (...), la mayoría íbamos sentados sobre los equipos, no recuerdo cuántos iban de pie, pero la verdad había espacio para que todos fuéramos sentados, recuerdo que el SL. Echeverry Lozano Yan iba parado más bien centrado entre los laterales del camión, hacia la parte de atrás, yo estaba sentado de tercero de atrás hacia delante es decir hacia la cabina y él estaba un poco más hacia afuera (...) Era una pick up del Ejército, verde militar, estaba en buen estado, tenía carrocería completa, no tenía bancas, tenía carpa pero estaba recogida por todos los lados, no tenía las barandas de cerrar atrás, tenía capacidad para unos 16 soldados sentados, cómodos, y en ese momento íbamos unos 14 soldados (...) El DG. Victoria Rivera llevaba aproximadamente 14 meses, él era del mismo contingente mío, él sí tenía pase para manejar, él llevaba manejando aquí en el batallón como cinco meses (...) el DG. Victoria nunca tuvo problemas con los carros ni antes ni después de este accidente, ya que él siguió manejando sin ningún problema (...) El SL. Echeverry iba sostenido de una de las varillas que sostiene la carpa, iba cogido con ambas manos, porque el radio iba adelante, era como de la segunda varilla como a un metro de la orilla de la pick up, cuando ocurre el choque se sueltan las dos últimas varillas, yo no me doy cuenta de esto inmediatamente sino cuando el SL. Beltrán Sánchez Benhur lo manifiesta (...) (fl. 90, cdno. 2).

El ex soldado Alomia Aranda Arvey comentó:

"(...) La camioneta iba a velocidad moderada, íbamos sobre la vía Pradera cuando venía un tren cañero y este por esquivar un hueco le pegó a la pick up en la parte trasera y el muchacho el SL. Yan Echeverry iba pegado a la varilla donde golpeó el tren cañero y por esto se cayó (...) Yo creo que el del carro cañero no vio el accidente porque él siguió, tenía dos o tres vagones (...) Era de doble vía, en partes tenía huecos, era pavimentada, más bien angosta (...) La pick up iba como a unos cuarenta kilómetros por hora, el otro vehículo sólo lo vi cuando ya nos golpeó y siempre iba rápido (...) íbamos distribuidos a lado y lado de las barandas, unos iban de pie y otros sentados sobre los equipos recostados a las barandas, yo iba al lado izquierdo como en la mitad, yo iba parado sostenido de la baranda, a la final estaba el finado SL Yan Echeverry de pie prendido sobre la baranda (...) (fl. 130, cdno. 2).

Por su parte, el ex soldado José Olmedo Pavi Mazuera dijo que el vehículo en el que se movilizaban fue golpeado en el costado posterior izquierdo por un camión que transportaba caña, lo que produjo que el soldado Echeverry saliera expulsado hacia la carretera, sufriendo graves lesiones que horas más tarde le produjeron la muerte. Sostuvo que después de un procedimiento de inteligencia se logró establecer que el carro que los colisionó era un trailer que pertenecía al Ingenio Central Tumaco. En cuanto a la ubicación de los soldados en el vehículo oficial manifestó que el occiso iba de pie sobre el costado posterior izquierdo sujetado de una baranda, la cual se desprendió por el impacto del trailer y lo arrojó a la carretera, aunque aseguró que ese no era su puesto habitual, pues la víctima era el radio operador y como tal debía ir en la parte frontal del automotor, al pie de la cabina, para facilitarle el radio al comandante cuando este lo llegase a requerir. Indicó que normalmente se movilizaban en el vehículo oficial un grupo aproximado de 16 soldados, cómodamente ubicados, y que este era conducido por el dragoneante Victoria Rivera, actividad que realizaba desde hace 7 u 8 meses aproximadamente, quien nunca había tenido percance alguno en la conducción del vehículo oficial. Adicionalmente aseguró:

"La orden era de ir parados, recostados a las barandas y estar alertas, los soldados que van en la parte de adelante pegados a la cabina van con los fusiles en posición de defensa y los demás estamos alerta (...) El SL. Yan Echeverry iba parado, prendido de la última baranda de la carrocería, cuando la mula le pegó a la carrocería le pegó a esa baranda y la desprendió y fue cuando él salió y cayó al piso, él no llevaba su equipo en ese lugar, los demás sí íbamos con el equipo en el piso de la pick up e íbamos sentados sobre ellos (...) (fl. 126, cdno. 2).

Por despacho comisorio fueron practicados los siguientes testimonios:

El ex soldado Dagoberto Victoria Rivera, quien conducía el vehículo oficial el día de los hechos expresó:

"(...) Salimos de Palmira hacia Florida, íbamos más o menos saliendo de Palmira, por el barrio el Paraíso y de Pradera venía un carro cañero en sentido contrario hacia donde yo iba, cuando nos encontramos el carro pasó, yo sentí un ruido en la parte trasera del carro, y en eso los demás soldados me tocaron el capó y que se había caído el finadito (...) La causa fue que el carro cañero le dio a la parte trasera del vehículo en que viajábamos, le dio a la carrocería (...) Le safo (sic) de la parte izquierda las dos últimas barandas (...) Yo digo que la mula se salió o (sic) ocupó espacio del que me correspondía, porque yo iba bien aorrillado (sic) por la vía (...) La carretera la estaban arreglando, estaba en mal estado, la carretera es de dos carriles, una para cada sentido (...) las condiciones climatológicas eran buenas, la carretera estaba seca, no había llovido, la carretera no estaba iluminada, y no habían obstáculos en la vía, el tránsito era normal (...) el camión era con barandaje, llevaba carpa recogida en la parte de arriba, el piso era de tabla, no tenía bancas, ellos iban sentados sobre el equipo de campaña, no tenía puertas traseras, no tenía cinturones de seguridad, las medidas de seguridad las que uno se podía brindar, aclaro que para abordar estos carros nosotros recibimos un entrenamiento para abordar y desbordar (sic) el vehículo (...) Yo iba despacio porque la carretera no se prestaba para correr, iba a unos 50 kilómetros por hora aproximadamente (...) La contraguerrilla PAU siempre viajaba en estos vehículos, los cuales están asignados para dicha contraguerrilla (...)" (fl. 308, cdno. 2).

El ex soldado Gregorio Torres Hurtado mencionó:

"(...) Venía un tren cañero en dirección de Aguaclara a Palmira e hizo un quite a un hueco, uno de los vagones pegó en la parte de atrás sobre la varilla del carro, camioneta pick up 350 del Ejército Nacional (...) íbamos como catorce o quince soldados con el comandante del pelotón, nos dirigíamos hacia Florida a una operación, Yan iba prendido de la última varilla y cayó al pavimento y cuando nosotros nos bajamos estaba al lado derecho como a dos metros (...) sí lo pude observar porque yo estaba de pie y con las luces de ambos vehículos se podía observar, el conductor del tren cañero no se dio cuenta que nos golpeo pues siguió su marcha y yo di su número en el Batallón (...) él siempre se hacía en la parte de adelante, ese día cambió con un soldado, se hizo en la parte de atrás al lado izquierdo y sentado sobre el equipo y eso me consta porque yo iba al frente de él (...) En la cabina iban el motorista y el teniente y en la parte de atrás íbamos más o menos de 14 a 15 soldados, regularmente siempre viajábamos la misma cantidad en la camioneta (...) PREGUNTADO. Indique sí (sic) es costumbre o por el contrario esporádico que soldados viajen en el volco o parte de la carrocería de estos vehículos militares. CONTESTÓ. Sí, es una costumbre así para cuando suceda un hecho de enfrentamiento haya facilidad de reaccionar (...) es permitido viajar de pie (...)" (fl. 274, cdno. 2).

El ex soldado Jhon Henry Escobar Bastidas narró que el vehículo oficial en el cual se movilizaba él y varios soldados fue golpeado en la parte posterior izquierda por un camión que transportaba caña de azúcar, y que debido al impacto, el soldado Yan Echeverry salió expulsado y cayó al suelo, sufriendo heridas de consideración que le produjeron la muerte. Sostuvo que el soldado Echeverry iba dormido, pues el grupo de soldados que viajaba en el vehículo oficial se encontraba bastante extenuado por la falta de sueño. Más adelante dijo:

"El carro salió a una velocidad normal (...) Más bien el vehículo contrario si venía a una velocidad excesiva lo cual hizo el choque más fuerte (...) Todos veníamos sentados, excepto Echeverry quien venía en cuclillas agarrado de una varilla del vehículo del extremo izquierdo (...) PREGUNTADO. ¿Con qué medidas de seguridad contaba este vehículo en la parte en que ustedes se desplazaban? CONTESTÓ. No, no existían medidas de seguridad, puesto que debemos reaccionar inmediatamente ante un ataque de enemigos (...) tenía la capacidad para transportar una sección con su equipo, una sección conformada por 16 soldados (...)" (fl. 291, cdno. 2).

De conformidad con el informe rendido por el Ejército Nacional y las declaraciones acabadas de citar pueden extraerse las siguientes conclusiones:

El 27 de febrero de 1997 un grupo de uniformados pertenecientes al Batallón Codazzi con sede en Palmira, departamento del Valle, fue comisionado para el cumplimiento de una misión oficial consistente en adelantar operativos de seguridad y brindar apoyo a la unidad denominada Arpón 1, en el municipio de Florida, departamento del Valle. Para tal propósito se dispuso que un contingente de soldados se desplazara en dos camionetas pick-up, cada una con capacidad para 16 soldados con sus respectivos equipos de campaña.

El soldado Yan Echeverry abordó uno de los automotores oficiales y se ubicó en la plataforma, al igual que lo hicieron sus compañeros de misión. El vehículo salió en horas de la noche con rumbo al municipio de Florida. A los pocos kilómetros de haber partido, la camioneta en la que se movilizaba el citado soldado habría sido impactada en la parte posterior izquierda por un camión de dos vagones que transportaba caña de azúcar, el cual se desplazaba en sentido contrario. Como consecuencia del impacto, el soldado Echeverry, quien iba sujetado de una varilla, habría salido despedido del automotor sufriendo lesiones de consideración que le produjeron la muerte minutos después.

Según los testigos, la vía en la que ocurrió el accidente estaba compuesta por dos carriles en sentido contrario, era pavimentada, pero presentaba algunos huecos. A pesar de que la carretera era un poco oscura, las condiciones de visibilidad eran buenas, pues la situación climatológica que imperaba en el momento lo permitía y el vehículo oficial llevaba las luces encendidas y se movilizaba a una velocidad moderada.

Se encuentra acreditado que algunos de los uniformados iban sentados, mientras que otros iban de pie, como era el caso del soldado Echeverry Lozano quien estaba ubicado en el costado en el que habría sido impactado el automotor oficial por el camión que transportaba caña. Se puede inferir asimismo de las declaraciones citadas que la víctima se encontraba sujetada de una varilla, la cual fue desprendida por el impacto de los vehículos, provocando la caída del soldado.

Los actores estimaron que se encontraba acreditada la responsabilidad de la entidad demandada con fundamento en que el soldado Echeverry Lozano perdió la vida en un accidente de tránsito cuando se movilizaba en un vehículo del Ejército Nacional, el cual era conducido por un miembro de dicha institución, aunado al hecho de que la víctima estaba prestando servicio militar obligatorio.

A juicio de la Sala, se encuentran acreditados en este caso los elementos que configuran la responsabilidad del Estado si se tiene en cuenta que la muerte del soldado Yan Echeverry Lozano produjo un daño antijurídico a los actores, el cual resulta imputable a la entidad demandada habida cuenta que el soldado aludido se encontraba prestando servicio militar obligatorio y perdió la vida en un accidente de tránsito cuando cumplía órdenes de sus superiores, en horas del servicio y en ejercicio del mismo.

El Tribunal Administrativo del Valle del Cauca, en la sentencia que negó las pretensiones de la demanda, manifestó que el accidente en el que perdió la vida el joven soldado se debió a la presencia de una causa extraña, como lo es el hecho exclusivo de un tercero, teniendo en cuenta que el vehículo oficial en el cual se movilizaban los militares fue impactado por un camión que transportaba caña de azúcar, lo que provocó que el citado soldado cayera al suelo y sufriera heridas de consideración que le produjeron la muerte.

A propósito de lo decidido por el tribunal, los recurrentes manifestaron que la demandada no alegó ni acreditó la causa extraña, razón por la que el a quo no podía declararla de oficio, a lo cual habría que decir que en virtud de lo dispuesto por el artículo 164 del Código Contencioso Administrativo, el juez decidirá en la sentencia sobre las excepciones propuestas y sobre cualquiera otra que encuentre probada en el evento de que las pruebas aportadas al plenario así lo indiquen.

En lo que atañe al hecho de un tercero, la Sala ha reconocido que este factor de exoneración tiene como función principal la de impedir la configuración de la denominada relación de causalidad, razón por la cual los daños experimentados por la víctima no pueden ser reconducidos desde el punto de vista puramente material a la conducta del demandado; sin embargo, si la ocurrencia fáctica no puede atribuirse de manera íntegra y exclusiva al hecho del tercero, el fenómeno jurídico que se configura no será la causal de exoneración total del hecho de un tercero(11).

Tratándose de soldados conscriptos que sufren daños en ejercicio de actividades que son consideradas peligrosas, las cuales no asumen por su propia voluntad o iniciativa sino por la imposición del Estado, este último tiene la obligación de extremar al máximo las medidas de protección y seguridad de los subordinados en la medida en que se trata de personas sometidas a su custodia y cuidado, de tal suerte que no es posible afirmar simple y llanamente que la sola constatación de la existencia de una aparente causa extraña como origen o fuente material o fenomenológica en relación con los daños ocasionados a conscriptos, es suficiente para que estos sean considerados como no atribuibles ¾por acción u omisión¾ a la administración pública. Se requiere, además, en estos eventos, que la entidad demandada acredite que su actuación no contribuyó en la producción del daño, motivo por el cual no le es imputable fáctica o jurídicamente hablando.

Lo puntualizado, en la medida en que es posible que la causa directa, inmediata y material del daño sea la actuación de un tercero o de la propia víctima, pero tal resultado perjudicial tenga una relación mediata con el servicio que estaba desarrollando el soldado conscripto, motivo por el cual la entidad no puede desprenderse de su responsabilidad por cuanto también puede serle atribuible jurídicamente el daño(12).

En el sub judice se demostró, de conformidad con las pruebas válidamente recopiladas en el proceso, que el joven Yan Echeverrry Lozano era un soldado conscripto, y que el día de los hechos se encontraba en horas de servicio cumpliendo una misión oficial, y que su muerte se produjo al caer del vehículo oficial en el cual se movilizaba luego de que este impactara con otro automotor; es decir, en este caso no es posible desligar la muerte del soldado conscripto con la actividad de la administración, pues la víctima fue expuesta a un riesgo superior al que estaba en la obligación de soportar, y ello desencadena la responsabilidad de la demandada.

Como se dijo ab initio, el Estado debe asumir los riesgos que se crean para quienes prestan el servicio militar obligatorio como consecuencia de la realización de las diferentes tareas que se les asignan, como cuando el daño es causado por ejemplo en ejercicio de una actividad considerada peligrosa, como es el caso de la conducción de vehículos automotores, teniendo en cuenta que dicha actividad entraña un riesgo al cual se expone la víctima por imposición del Estado, y que en el caso de los conscriptos el mencionado riesgo no es asumido voluntariamente.

En consecuencia, la Sala revocará la sentencia de 19 de abril de 1999 proferida por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca mediante la cual se negaron las pretensiones de la demanda, habida cuenta que se acreditó en el proceso que la muerte del soldado Yan Echeverry Lozano es imputable a la entidad demandada. Siendo consecuente con lo anterior, la Sala confirmará la sentencia de 17 de septiembre de 2004 en cuanto el citado tribunal declaró la responsabilidad de la entidad demandada por la muerte del soldado mencionado.

Indemnización de perjuicios

Perjuicios morales

El primer grupo familiar, correspondiente a la demanda formulada el 6 de junio de 1997, está conformado por Luis Carlos Echeverry, padre de la víctima, Luis Carlos, Liceth Fernanda, Alex Mauricio y Luis Felipe Echeverry Penilla, hermanos paternos, Carmen Mireya Lozano Polanco, madre, Yuli Paulin Lozano, Juan Manuel y Daniel Valdez Lozano, hermanos maternos, Ofelia Echeverry, abuela, según se desprende de la demanda y de los poderes debidamente otorgados al apoderado (fls. 27 a 60, cdno. 4).

Los demandantes pidieron por dicho concepto una suma equivalente, en pesos, a 2.021 gramos de oro para cada uno de ellos (fl. 29, cdno. 4).

Está demostrado que la víctima era hijo de Luis Carlos Echeverry y Carmen Mireya Lozano Polanco según el registro civil de nacimiento proveniente de la Notaría Segunda de Palmira, departamento del Valle (fl. 19, cdno. 4).

Se encuentra acreditado, igualmente, que Luis Carlos, Liceth Fernanda, Alex Mauricio y Luis Felipe Echeverry Penilla son hijos de Luis Carlos Echeverry fruto de la relación con la señora Rubby Penilla Orejuela según se infiere de los registros civiles de nacimiento provenientes de la Notaría Segunda de Palmira, departamento del Valle, en su orden (fls. 5 a 11, cdno. 4).

También está probado en el plenario que Yuli Paulin Lozano, Juan Manuel Valdez Lozano y Daniel Valdez Lozano son hijos de Carmen Mireya Lozano Polanco, según los registros civiles de nacimiento provenientes de la Notaría segunda de Palmira, departamento del Valle (fls. 13 a 17, cdno. 4).

De igual forma se demostró que Luis Carlos Echeverry es hijo de Ofelia Echeverry Castañeda, según el registro civil de nacimiento proveniente de la Notaría Segunda de Palmira, departamento del Valle (fl. 21, cdno. 4).

Acreditado el parentesco de los demandantes con Yan Echeverry Lozano, puede inferirse, aplicando las reglas de la experiencia, que los actores citados tenían un nexo afectivo importante con la víctima que determinaron la existencia de lazos de alianza y solidaridad entre estos, y que por lo tanto aquellos sufrieron un profundo dolor y pesar con la muerte trágica del citado joven. Pueden considerarse suficientes, entonces, las pruebas del parentesco aportadas al proceso para tener demostrado el daño moral reclamado por los demandantes, así como las declaraciones de Omaira Vanegas de Giraldo, María Paulina Domínguez Manzano y Alberto Vélez Castañeda, quienes dijeron conocer a los miembros de la familia Lozano Echeverry y manifestaron que la muerte del joven soldado afectó significativamente a todos sus miembros (fls. 46 a 54, cdno. 5).

Respecto de la cuantía de la indemnización de este perjuicio inmaterial debe recordarse que, de conformidad con lo expresado en sentencia del seis de septiembre de 2001, esta Sala ha abandonado el criterio según el cual se estimaba procedente la aplicación analógica del artículo 106 del Código Penal de 1980, para establecer el valor de la condena por concepto de perjuicios morales; se ha considerado, en efecto, que la valoración de dicho perjuicio debe ser hecha por el juzgador, en cada caso, según su prudente juicio y se ha sugerido la imposición de condenas por la suma de dinero equivalente a cien salarios mínimos legales mensuales en los eventos en que aquel se presente en su mayor grado de intensidad(13).

Teniendo en cuenta los parámetros atrás señalados, la Sala condenará a la demandada a pagar la suma de 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Luis Carlos Echeverry y Carmen Mireya Lozano Polanco, a cada uno de ellos, y la suma de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Luis Carlos Echeverry Penilla, Liceth Fernanda Echeverry Penilla, Alex Mauricio Echeverry Penilla, Luis Felipe Echeverry Penilla, Yuli Paulin Lozano, Juan Manuel Valdez Lozano, Daniel Valdez Lozano y Ofelia Echeverry, a cada uno de ellos.

El segundo grupo familiar, correspondiente a la demanda formulada el 15 de febrero de 1999, está conformado por Alexandra Echeverry Lozano y Luis Antonio Valdez Lozano, hermanos, y María Polanco, abuela, según se desprende de la demanda y de los poderes debidamente otorgados al apoderado (fls. 1 a 6, 23 a 55, cdno. 1).

Los demandantes pidieron por dicho concepto una suma equivalente, en pesos, a 2.021 gramos de oro para cada uno de ellos (fls. 25, 26, cdno. 1).

Por su parte, el tribunal condenó a la demandada a pagar la suma de 25 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Alexandra Echeverry Lozano, Luis Antonio Valdez Lozano y María Polanco, a cada uno de ellos (fl. 176, cdno. 3).

Se encuentra acreditado que Alexandra Echeverry Lozano es hija de Carmen Mireya Lozano Polanco y Luis Carlos Echeverry según el registro civil de nacimiento proveniente de la Notaría Segunda de Palmira, departamento del Valle (fl. 8, cdno. 1).

Asimismo se acreditó que Luis Antonio Valdez Lozano es hijo de Carmen Mireya Lozano Polanco según registro civil de nacimiento proveniente de la Notaría Segunda de Palmira, departamento del Valle (fl. 10, cdno. 1).

También se demostró que María Polanco Moreno es la madre de Carmen Mireya Lozano Polanco según el registro civil de nacimiento proveniente de la Notaría Única de Guaduas, departamento de Cundinamarca (fl. 17, cdno. 1).

De conformidad con lo anterior, se tiene que Alexandra Echeverry Lozano y Luis Antonio Valdez Lozano son hermanos del soldado fallecido, y que María Polanco Moreno es la abuela del anterior.

Los recurrentes pidieron que se condenara a la demandada a pagar la totalidad de las sumas solicitadas en la demanda teniendo en cuenta que se encontraba acreditado el parentesco de los actores con el soldado Yan Echeverry Lozano, así como el profundo dolor que padecieron con su muerte trágica.

Las mismas razones que se adujeron para indemnizar al grupo anterior serán tenidas en cuenta en este caso para condenar a la entidad demandada. En consecuencia, la entidad aludida deberá pagar por concepto de perjuicios morales la suma de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Alexandra Echeverry Lozano, Luis Antonio Valdez Lozano y María Polanco Moreno, a cada uno de ellos, por el dolor que debieron padecer como consecuencia de la muerte del soldado Yan Echeverry Lozano.

Finalmente, toda vez que para el momento en que se profiere este fallo, el artículo 55 de la Ley 446 de 1998 indica que sólo hay lugar a la imposición de costas cuando alguna de las partes haya actuado temerariamente y, en el sub lite, ninguna procedió de esa forma, no habrá lugar a imponerlas.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. REVÓCASE la sentencia de 19 de abril de 1999 proferida por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca mediante la cual se negaron las pretensiones de la demanda; en su lugar,

2. DECLÁRASE la responsabilidad de la Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional por la muerte del soldado Yan Echeverry Lozano en hechos ocurridos el 27 de febrero de 1997.

3. CONDÉNASE a la Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional a pagar, por concepto de perjuicios morales, la suma de 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Luis Carlos Echeverry y Carmen Mireya Lozano Polanco, a cada uno de ellos, y la suma de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Luis Carlos Echeverry Penilla, Liceth Fernanda Echeverry Penilla, Alex Mauricio Echeverry Penilla, Luis Felipe Echeverry Penilla, Yuli Paulin Lozano, Juan Manuel Valdez Lozano, Daniel Valdez Lozano y Ofelia Echeverry, a cada uno de ellos.

4. MODIFÍCASE la sentencia de 17 de septiembre de 2004 proferida por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca mediante la cual se declaró la responsabilidad de la entidad demandada por la muerte de Yan Echeverry Lozano; en su lugar,

5. CONDÉNASE a la Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional a pagar, por concepto de perjuicios morales, la suma de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes para Alexandra Echeverry Lozano, Luis Antonio Valdez Lozano y María Polanco, a cada uno de ellos.

6. ABSTIÉNESE de condenar en costas a la demandada.

7. Ejecutoriada esta providencia, DEVUÉLVASE el expediente al tribunal de origen.

8. Dése cumplimiento a lo dispuesto en los artículos 176 y 177 del Código Contencioso Administrativo, para lo cual se expedirá copia de la sentencia de segunda instancia, conforme con lo dispuesto en el artículo 115 del Código de Procedimiento Civil. Para tal efecto, el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca cumplirá los dictados del artículo 362 del Código de Procedimiento Civil.

Cópiese, notifíquese, cúmplase y publíquese».

(5) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 30 de julio de 2008, expediente 18.725.

(6) En sentencia de 10 de agosto de 2005, expediente 16.205, la Sala al resolver la demanda instaurada con el fin de obtener la indemnización de los perjuicios causados por las lesiones sufridas por un soldado, quien en cumplimiento de la orden proferida por su superior jerárquico, de realizar un registro de área en horas de la noche, al saltar un caño se cayó y golpeó contra una piedra, consideró: "... la causación de los daños material, moral y a la vida de relación tienen sustento, en este proceso, en el actuar de la administración de sometimiento del soldado conscripto a una carga mayor a la que estaba obligado a soportar, cuando en el cumplimiento de la misión conferida a él por el comandante del escuadrón 8 de contraguerrillas de registro del área general del municipio de Paz de Ariporo dentro del servicio y con ocasión de él, se tropezó cayendo contra la maleza, lesionándose el ojo derecho".

(7) En sentencia de 28 de abril de 2005, expediente 15.445, dijo la Sala: "En el tema de la responsabilidad patrimonial del Estado la jurisprudencia ha aplicado varios títulos jurídicos de imputación en relación a los conscriptos. Generalmente se acude al de daño especial cuando el "daño" tiene su causa en el rompimiento de la igualdad frente a las cargas públicas. Sin embargo cuando la causa de los daños se origina en otro tipo de hechos, según estos debe aplicarse el de falla probada cuando la irregularidad administrativa produjo el daño y el de riesgo cuando los conscriptos sufren daños con causa y por razón del servicio que provienen o de la realización de actividades peligrosas o de la utilización de artefactos que en su estructura son peligrosos... Ha partido de la regulación legal especial contemplada para la fuerza pública y en especial para los conscriptos, y ha concluido que cuando las pruebas soni indicadoras de que los hechos ocurrieron por el riesgo a que fueron expuestos los conscriptos no se requiere realizar valoración subjetiva de conducta del demandado; que sólo es necesario demostrar: el ejercicio por parte del Estado de una actividad de riesgo en desarrollo del servicio militar prestado ¾o por su destinación o por su estructura¾; el daño antijurídico; y el nexo de causalidad eficiente y determinante entre ese riesgo y el daño causado al conscripto; y que el demandado sólo se exonera por causa extraña, es decir por el hecho exclusivo del tercero o de la víctima y fuerza mayor".

(8) Expediente 11.401.

(9) Sentencia de 15 de octubre de 2008, expediente 18.586.

(10) Sentencia de 6 de junio de 2007, expediente.

(11) Sentencia de 14 de agosto de 2008, expediente 16.413.

(12) Sentencia de 15 de octubre de 2008, expediente 18.526.

(13) Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 6 de septiembre de 2001, expediente 13.232-15.646, actor: Belén González y otros - William Alberto González y otra.