Sentencia 3027 de junio 6 de 1990 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN LABORAL

SECCIÓN PRIMERA

Rad.: 3027

Magistrado Ponente:

Dr. Ramón Zúñiga Valverde 

Acta número 21

Bogotá, D. E., seis de junio de mil novecientos noventa.

Edgar de Jesús García Ardila promovió juicio ordinario laboral contra la sociedad “Galpón Bellavista Ltda.”, dirigido a obtener la declaratoria de haber sufrido un accidente de trabajo con resarcimiento pleno y ordinario de perjuicios por la mediación de la culpa patronal en dicho accidente.

La demanda corresporidió al Juzgado Once Laboral del Circuito de Medellín que en sentencia del 23 de julio de 1988, decidió:

“Se declara que el accidente donde resultó lesionado el señor Edgar de Jesús García Ardila, fue ocasionado por culpa de Galpón Bellavista Ltda.

“Como consecuencia de la declaración anterior, la sociedad demandada reconocerá y pagará al señor García Ardila las siguientes sumas de dinero:

“a) Dos millones trescientos dieciocho mil setecientos noventa pesos con 25 centavos ($ 2.318.790.25) por concepto de perjuicios materiales;

“b) Doscientos sesenta y dos mil quinientos pesos ($ 262.500.00) por concepto de perjuicios morales.

“Costas a cargo de la parte demandada”.

La demandada interpuso el recurso de apelación.

Rituada la alzada el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín en sentencia del 24 de agosto de 1988, confirmó en todas sus partes la del a quo.

La misma parte recurrió en casación concedido y admitido por esta Sala de la Corte, que procede al examen de la correspondiente demanda conjuntamente con la réplica de oposición de la actora en el juicio.

A la demanda conformada por tres cargos impuso el siguiente

“A) Alcance de la impugnación.

“Solicito que se case totalmente la sentencia impugnada, para que la honorable Corte, constituida en Tribunal de instancia, revoque la sentencia de primer grado y absuelva a Galpón Bellavista Ltda., de todo cargo y condene en costas al actor.

“B) Enunciación.

“Acuso la sentencia de violar indirectamente la ley sustancial por aplicación indebida de los artículos 199 y 216 del Código Sustantivo de Trabajo, en relación con los artículos 63, 1613, 1614, 2341, 2347 y 2356 del Código Civil, los artículos 60, 61 y 145 del Código Procesal Laboral y el artículo 244 del Código de Procedimiento Civil; por haberlos aplicado a una situación de hecho diferente a la que emerge de las pruebas recogidas en el proceso, consecuencia de los siguientes errores:

“1. No dar por demostrado estándolo que el suceso imprevisto y repentino que le produjo al señor Edgar de Jesús García Ardila la pérdida de parte de su mano izquierda el 12 de diciembre de 1986 fue provocado por culpa grave de la víctima.

“2. No dar por demostrado estándolo que la imprudencia con que actuó el señor García, al tratar de sacar del molino una piedra estando éste en marcha, fue de tanta preponderancia en la ocurrencia del insuceso que lo dañó, que desvirtuó toda relación de causalidad con cualquier otro hecho u omisión de un tercero o de la empresa.

“3. Dar por demostrado sin estarlo que el patrono incurrió en hechos u omisiones que fueron causa eficiente del acaecimiento del accidente que lesionó al señor García.

“A estos errores de hecho llegó el ad quem por no haber apreciado la inspección judicial practicada por el a quo; como prueba calificada que abre paso al recurso y por haber apreciado indebidamente el dictamen pericial rendido por el ingeniero Luis Eduardo Bedoya Vargas y los testimonios de Francisco Antonio Bolívar Jaramillo, José Elkin Gómez Jaramillo, Pastor de J. Román Vélez y Marco Aurelio Muñoz Mazo.

“C) Demostración.

“El ad quem no se refirió para nada en su fallo a la inspección judicial practicada por el Juez de primera instancia, esto es, dejó de aplicar esta prueba, que es calificada por el artículo 7° de la Ley 16 de 1969 como una de las que pueden generar un error de hecho discutible en casación.

“Si el fallador cuestionado en este recurso extraordinario se hubiera ocupado del análisis de esa inspección habría hallado que la manera incorrecta y más peligrosa para sacar del molino donde se accidentó el trabajador las piedras que en él caían era, justamente, como este lo hizo, es decir, exponiendo sus manos a la acción de la máquina en movimiento; habría encontrado también, que la manera normal de sacar esas piedras, y la que a la vez evitaba todo riesgo, era hacerlo con el molino apagado; se habría percatado que para obtener esa plena seguridad para su acción extractora le bastaba al operario lesionado gritarle a su compañero encargado del control, distante apenas cinco (5) metros, que apagara el molino. Con estas conclusiones de hecho, habría encontrado que el proceder de la víctima, al no tomar tan elementales precauciones, fue más descuidado que el que las personas de poca prudencia suelen emplear en sus negocios propios o, lo que es lo mismo al tenor del artículo 63 del Código Civil, que la víctima incurrió en una culpa grave que fue la causa inmediata y eficiente de su mal suceder y que, por su preponderancia en el hecho lesivo desunió del resultado cualquier cadena causal anterior, restándole toda importancia (por falta de relación de causalidad) a cualquier hecho u omisión de la entidad patronal.

“La conclusión lógica a que habría llegado el ad quem si hubiera analizado la inspección judicial, lo habría situado ante la ausencia de la figura jurídica denominada accidente de trabajo, pues, según el artículo 199 del Código Sustantivo del Trabajo, una de las características necesarias para que se dé esa figura es que el accidente no haya sido provocado por una culpa grave de la víctima. Así mismo, y como consecuencia de lo anterior, no habría podido aplicar positivamente el artículo 216 del mismo Código, por ausencia de su principal presupuesto fáctico: La existencia de un accidente de trabajo. De la misma manera se habría abstenido de darle vigor a los artículos 1613, 1614, 2341, 2347 y 2356, que regulan la responsabilidad de quien causa daño a otro y el contenido del resarcimiento de ese daño.

“El error cometido por la falta de aplicación de la prueba calificada, sí es transcendente para la prosperidad del recurso, porque no está contradicho por lo que emerge de un análisis correcto de las no calificadas, según paso sucintamente a mostrar.

“Del dictamen pericial rendido por el ingeniero Luis Eduardo Bedoya Vargas, que no fue objetado por ninguna de las partes, se desprende con nitidez que el método completamente seguro para extraer piedras del molino donde ocurrió el accidente común es utilizando las manos, pero después de inactivarlo, y que el operario lesionado obró de manera negligentemente peligrosa cuando expuso sus manos sin realizar la simple diligencia de pedirle al maquinista que apagara el molino.

“Tan crasa culpa fue también, conforme lo permite vislumbrar la prueba de que se trata, la única causa eficaz del accidente, como que sin ella éste no habría sucedido.

“Otro tanto puede decirse de las declaraciones de Francisco Antonio Bolívar J., José Elkin Gómez J., Pastor de J. Román V. y Marco Aurelio Muñoz Mazo, pues todos coinciden en señalar que fue el propio García Ardila el que, asumiendo un cargo que no era el suyo realizó una operación excesivamente peligrosa, pudiendo evitarse todo riesgo con el simple silbido o grito a su compañero maquinista para que parara el molino. Los testimonios de esos cuatro declarantes son los que tienen más visos de veracidad, pues se trata de personas muy antiguas en la empresa, conocedoras al máximo de los sistemas de trabajo.

“Las otras declaraciones, aunque parecen adversas a la demandada, no alcanzan a desvirtuar la culpabilidad de García que se infiere de todas las demás: Alberto Muñoz Muñoz admite que Edgar García se ocupaba de un oficio diferente al que se le había asignado ese día, que si se hubiera apagado el molino no habría ocurrido el accidente; Luis Hernando Colorado reconoce: ‘... en Galpón Bellavista para poder sacar la piedra tiene que parar la máquina...’ ‘... para parar la máquina se le dice al maquinista...’ ‘... Cuando él grito (se refiere a García) para que le apagarán era que ya había agarrado la mano. El antes de que lo agarrara la máquina no avisó que apagaran...’ ‘... Con la máquina apagada no se presenta accidente’.

“De todas las pruebas surge la culpabilidad de Edgar García en la ocurrencia de su accidente; brota también que esa culpa es grave porque su descuido no lo cometen ni siquiera los hombres poco cuidadosos cuando se ocupan de sus propios negocios.

“Si el ad quem hubiera apreciado la inspección judicial de cuyo análisis no se ocupó y hubiera estimado debidamente las otras pruebas no calificadas, no hubiera incurrido en los errores de hecho que se le endilgan en la enunciación de este cargo y, aplicando debidamente las normas señaladas en el encabezamiento, habría concluido que el accidente que nos ocupa no fue de trabajo y que su causa eficiente no fue ninguna culpa patronal. Consecuentemente habría absuelto a la empresa demandada.

“Sírvanse casar la sentencia acusada y, en sede de instancia, revocar la sentencia de primer grado y absolver a Galpón Bellavista Ltda., de los cargos de la demanda original”.

Se considera: 

La réplica de oposición aprecia que la proposición jurídica aparece conformada; por disposiciones civiles que regulan la culpa civil extracontractual, en tanto que de lo que se trata en este negocio es de culpa contractual originado en el contrato de trabajo.

Esto es rigurosamente cierto. Empero, estima la Sala que la proposición júrídica enlista entre las normas violadas los artículos 199 y 216 del Código Sustantivo del Trabajo, reguladoras del accidente de trabajo y de la indemnización plena y ordinaria que aparejan tales accidentes cuando en su ocurrencia aparece comprobada la culpa de la patronal, de esta suerte, la proposición jurídica aparece completa y amerita del examen del cargo en el fondo.

El cargo que se estudia, presentado por la vía indirecta, atribuye al sentenciador tres yerros fácticos originados en la falta de apreciación de la inspección judicial practicada por el a quo, pues de haberse “ocupado de su análisis había hallado que la manera incorrecta y más peligrosa para sacar del molino donde se accidentó el trabajador las piedras que en él caían era, justamente, como este lo hizo, es decir, exponiendo sus manos a la acción de la máquina en movimiento; habría encontrado también, que la manera normal de sacar esas piedras, y la que a la vez evitaba todo riesgo, era hacerlo con el molino apagado; se había percatado que para obtener esa plena seguridad para su acción extractora le bastaba al operario lesionado gritarle a su compañero encargado del control, distante apenas cinco (5) metros, que apagara el Molino...”.

El atento estudio de la sentencia impugnada permite a la Sala concluir que, efectivamente, el ad quem no apreció la inspección ocular visible a folios 40 a 41 del cuaderno número 1, lo cual conduce a la Sala también al estudio pormenorizado de dicho medio instructorio, en relación con el accidente de trabajo que dio origen al juicio entre las partes.

La culpa comprobada del patrono o su exoneración son situaciones concretas e individualizadas en cada caso. Y es así, como en la exoneración de la patronal ha de demostrarse que en las circunstancias de modo, tiempo y lugar del accidente se tomaron todas las precauciones encaminadas a lograr hasta máximo su ocurrencia.

En el sub exámine, fundamentalmente se dedujo la culpa empresarial de los testimonios rendidos por diferentes personas próximas del accidente; prueba que la censura pretende destruir con la inspección ocular de cuyo examen se desprende, como hecho ajeno el accidente en sí mismo pero que en lo esencial se refiere al manejo y método en la producción de ladrillos dentro de la empresa, explicadas con apoyo en testimonios de diversas personas, entre otros el del representante empresarial.

En estas condiciones, la prueba, alejada del hecho concreto del accidente, carece de virtualidad para demostrar el cuidado y diligencia del patrono en la presunción del accidente sufrido por el accionante.

Consecuencialmente, de haberse apreciado por el Tribunal, resultaba ineficaz e intrascendente para exonerar a la patronal de la culpa en la ocurrencia del insuceso. Y así, pues, su falta de apreciación no conduciría ni conduce a los yerros fácticos indicados en el cargo que por lo discurrido, no está llamado a prosperar.

“Segundo cargo:

“Acuso la sentencia impugnada de violar indirectamente la ley sustancial por aplicación indebida del artículo 2357 del Código Civil, que no lo aplicó siendo aplicable, por no haber deducido, erróneamente, la situación de hecho regulada por él. Esta violación de medio produjo también la aplicación indebida del artículo 216 del Código Sustantivo de Trabajo, en relación con los artículos 63, 1613, 1614, 2341, 2347 y 2356 del Código Civil, los artículos 60, 61 y 145 del Código de Procedimiento Laboral, y el artículo 244 del Código de Procedimiento Civil, por haberlos aplicado sin tener en cuenta la compensación de culpas de que trata la norma primeramente citada.

“Incurrió el ad quem en la aplicación indebida que se aduce por haber cometido los siguientes errores de hecho.

“1. No dar por demostrado estándolo que Edgar de J. García Ardila se expuso imprudentemente a que le ocurriera el accidente en el que perdió parte de su mano izquierda el 12 de diciembre de 1986, en un molino de la empresa demandada.

“2. No dar por demostrado estándolo que la culpa de la víctima del tal accidente fue de tal entidad que primó como concausa más eficiente que la del patrono en el acaecimiento del insuceso.

“A estos errores de hecho llegó el juzgador de segunda instancia por no haber apreciado la inspección judicial practicada por el a quo, como prueba calificada que abre paso al recurso y por haber apreciado indebidamente el dictamen pericial rendido por el ingeniero Luis Eduardo Bedoya Vargas y los testimonios de Francisco Antonio Bolívar Jaramillo, Alberto Muñoz Muñoz, José Elkin Gómez Jaramillo, Luis Hernando Colorado Acevedo, Pastor de J. Román Vélez y Marco Aurelio Muñoz Mazo.

“C) Demostración.

“De la inspección judicial inapreciada se desprende que la manera incorrecta y más peligrosa para sacar del molino donde se accidentó el trabajador las piedras que en él caían era, justamente, como éste lo hizo, es decir, exponiendo sus manos a la acción de la máquina en movimiento; que la manera normal de sacar esas piedras sin correr ningún riesgo era hacerlo con el molino apagado; que el operario con muy poco esfuerzo (le bastaba gritarle a su compañero distante sólo 5 metros) habría logrado evitar todo riesgo pidiendo que se apagara el molino. Estas constancias del Juez a quo indican, sin sombra de duda, que el señor García, cuando no tomó tan sencillas y elementales providencias se expuso imprudentemente al accidente del que salió perjudicado, con lo que el ad quem habría tenido que aplicar, en su sentido positivo, el artículo 2357 del Código Civil y habría reducido la condena en la proporción imputable a la culpa de la víctima, aplicando también las demás normas que se señalan como violadas en el sentido de ajustarlas a la conclusión fáctica correcta indicada aquí.

“Los errores de hecho anotados transcendieron notoriamente en la cuantificación de la condena dictada contra Galpón Bellavista Ltda., pues quedaron a su cargo la totalidad de los perjuicios, cuando debieron ser compartidos con la propia víctima, por su crasa imprudencia; y resultan reconfirmados del análisis debido de las demás pruebas recogidas, así:

“Del dictamen del perito ingeniero brota que el método seguro para sacar las piedras del molino es apagándolo antes; que es muy fácil para el extractor de piedras lograr que el molino se apague, pues le basta pedírselo al maquinista situado a corta distancia; que con el molino parado es imposible que hubiera ocurrido el accidente que provocó esta acción resarcitoria; y que si el operario se accidentó fue porque metió la mano mientras el molino funcionaba, en un acto claramente imprudente.

“El testigo Francisco Antonio Bolívar J. dice: ‘... yo no lo tenía haciendo ese oficio (se refiere a Edgar García y a la extracción de piedras del molino) ... no tenía porque estar Edgar García en ese oficio... él (García) para sacarle la piedra metió la mano, ese molino el maquinista lo para, para sacarle la piedra. Seguramente que Edgar no le hizo señas al maquinista para que parara el molino ... Para mi concepto la culpa del accidente fue del propio trabajador, y por lo que yo pude percibir para los otros trabajadores la culpa del accidente fue del trabajador...’.

“Este testimonio es claramente indicativo de que Edgar García expuso imprudentemente al accidente que le costó parte de su mano izquierda.

“Alberto Muñoz Muñoz, pretende en su declaración endilgarle toda la culpa del accidente a la empresa, pero, aún tal vez a su pesar, reconoce hechos que demuestran que el propio trabajador fue imprudente. Admite, por ejemplo, que García no había sido designado por el patrono para realizar la tarea donde se lesionó, sino que él, por su propia cuenta y riesgo, se ocupó de él. Por otra parte, este testigo pone tanto ahinco en culpar a la empresa que se vuelve sospechoso de parcialidad, máxime cuando reconoce que no vio nada del accidente, que no ha desempeñado el oficio de sacador de piedras del molino, que trabaja aparte en una sección distinta, que no sabe si el accidentado tenía experiencia en ese oficio.

“José Elkin Gómez Jaramillo, compañero del accionante y especial conocedor del asunto por ser el operador de la máquina encargado de apagar el molino cuando hay que sacarle piedras, dice, entre otras cosas: ‘... allá (en Galpón Bellavista) ponen a destaquiar (sic) los molinos, y entonces él me dice a mi que le pare para sacar la piedra, cuando me dicen que le pare, yo le paro y hay veces que la sacan con el molino prendido ... él (se refiere a García) en ese momento no me avisó que parara la máquina... honestamente me imagino yo que sí hubo imprudencia de él (se refiere a García), porque el trabajador con que yo contaba en ese momento no estaba ahí... Edgar García no había trabajado antes en ese puesto destaqueando... A mí como maquinista me dieron la orden de que tenía que parar el molino para que los trabajadores sacaran la piedra, cuando estaba taquiada... si me avisa yo la apago (se refiere a García y al molino). Luis Hernando Colorado Acevedo muestra en su declaración una marcada tendencia en pro del accionante y culpa de los hechos debatidos a la empresa, no obstante no haber desempeñado nunca oficios en el molino. Sin embargo de esto, tampoco desvirtúa la existencia de los errores de hecho indicado en la enunciación del cargo, por el contrario, de su dicho también se infiere que García se expuso imprudentemente al accidente, dice: ‘... en Galpón Bellavista para poder sacar la piedra tiene que parar la máquina para sacar la piedra, para parar la máquina se le dice al maquinista... cuando él (se refiere a García) gritó para que le apagaran era que ya le había agarrado la mano. El antes de que lo agarrara la máquina no avisó que apagaran... Con la máquina apagada no se presenta el accidente’.

“Para Pastor de J. Román Vélez: ‘... para sacar la piedra del molino hay que pararlo... El destaquiador debe dar aviso al maquinista para parar la máquina, hay una distancia de cinco metros más o menos, el destaquiador y el maquinista se ven donde trabajan y el destaquiador tiene que gritar para que paren la máquina... Edgar se accidentó en un puesto que no era el de él. Cuando hay que destaquiar, hay que avisarle al maquinista para que pare la máquina, no se saca piedra con la máquina en movimiento. ... Yo sé que tiene que apagarla para que no lo coja, eso lo sabe todo el mundo, deben saberlo’. Agrega que si Edgar García hubiera pedido que apagaran el molino antes de intentar sacarle las piedras, este no lo coge.

“Marco Aurelio Muñoz Mazo dice: ‘Cuando una persona va a sacar piedra le tiene que pedir al maquinista que pare el molino, en todo el tiempo que llevo en la empresa siempre se ha hecho así, es que para uno sacar una piedra le tiene que pedir al maquinista que pare el molino. Es el primer accidente que se ha presentado en el tiempo que yo llevo acá (32 años), ... el comentario fue que (García) no pidió que pararan la máquina y metió la mano con la máquina prendida’.

“Como puede verse, de todas las pruebas, calificadas para casación o no, se desprende que el trabajador accidentado pudo haber evitado su mal si hubiera actuado con un mínimo de prudencia. Si el ad quem hubiera tenido en cuenta la inspección judicial y hubiera apreciado debidamente las demás pruebas, habría abordado a la misma conclusión y hubiera aplicado correctamente las normas de derecho sustancial reseñadas en el encabezamiento de este cargo, reduciendo la condena que le impuso al patrono demandado en la proporción imputable a la concausa agregada por el perjudicado.

“Sírvase casar la sentencia acusada y disponer en su lugar que tanto el patrono como el trabajador son culpables de la lesión de éste, rebajando la condena de Galpón Bellavista Ltda., en el porcentaje que su buen juicio les indique, dada la preponderancia de las dos culpas en el acaecimiento del accidente”.

Se considera:

En este segundo cargo, el acusador impuso el siguiente alcance de la impugnación:

“Solicito que se case totalmente la sentencia impugnada, para que la honorable Corte, constituida en Tribunal de instancia, revoque la sentencia de primer grado y declare: ‘Que el accidente en cuestión ocurrió por concurrencia de culpas del trabajador afectado y el patrono; que la culpa de la víctima fue más grave que la patronal y debe éste responder en porcentaje menor que aquél, definiendo en su sano criterio cual es esa proporcionalidad’”.

Replica el opositor “que el litigio no fue propuesto sobre la existencia de una culpa del empleador y de otra del demandante, susceptibles de compensarse para graduar la indemnización...” De consiguiente cordina el opositor “es inaceptable que en la demanda de casación se pretenda cambiar las peticiones con que se trabó la litis, para solicitar en instancia, casada la sentencia del ad quem, la declaración de haber existido culpas concurrentes que aminoren la indemnización a que fue condenada la empresa”.

Examinada la demanda y su contestación, se observa por la Sala que en las instancias no fue objeto de cuestionamiento la situación de culpa compartida. Accionante y accionado se le atribuyeron mutuamente, sin limitaciones.

En estas condiciones, el cargo que se estudia contiene “hecho nuevo”. Es decir, la culpa compartida.

La inadmisión de medios nuevos en casación es regla que se impone no solamente a las partes litigantes sino también al Juez; constituye una excepción que debe ser declarado aún de oficio por la Corte, si el opositor al recurso se abstiene de oponerla, que no es el caso de estudio.

Doctrina y Jurisprudencia han sido uniformes en desechar los medios nuevos, aspectos lácticos y probatorios dentro del recurso de casación, porque quien lo invoca, en puridad de verdad pretende la variación de la causa petendi, lo cual equivale al rebasamiento de los lindes demarcados en el campo de la actividad de la Corte en el recurso extraordinario. Y por lo demás y aprecia la Sala como esencial es que el medio nuevo, aducido y estudiado en casación, violaría el derecho de defensa, porque la parte contra quien se aduce no tuvo en instancia, precisamente por no haberse planteado en ella, la oportunidad para contradecirlo. Además frente al medio nuevo se pretermitieran las instancias correspondientes de su juzgamiento.

Como quiera que lo que se persigue en este cargo es la casación total de la sentencia, para en sede de instancia graduar la responsabilidad de cada una de las partes en el accidente, situación presentada como hecho nuevo, el cargo no prospera, en consecuencia.

Tercer cargo:

“Alcance de la impugnación:

“Solicito que se case totalmente la sentencia impugnada, para que la honorable Corte, constituida en Tribunal de instancia, revoque la sentencia de primer grado y declare: Que el accidente en cuestión ocurrió por concurrencia de culpas del trabajador afectado y el patrono; que la culpa de la víctima fue más grave que la patronal y debe éste responder en porcentaje menor que aquél, definiendo con su sano criterio cual es esa proporcionalidad.

“Enunciación:

“Acuso la sentencia impugnada de violar la ley sustancial por infracción directa del artículo 2357 del Código Civil; infracción de medio que, a su vez, produjo la indebida aplicación del artículo 216 del Código Sustantivo del Trabajo, en relación con los artículos 63, 1613, 1614, 2341, 2347 y 2356 del Código Civil, por haberlos aplicado sin tener en cuenta la compensación de culpas de que trata la norma primeramente citada.

“Demostración:

“Al margen de todo reproche sobre el análisis de las pruebas, es lo cierto que el honorable Tribunal Superior de Medellín encontró que el trabajo que realizaba García exigía mucho cuidado ‘por el peligro que presentaba en razón a las revoluciones de los cilindros o rodillos trituradores de la máquina; pero el cuidado, más debía ser de la empresa frente a los trabajadores que ocupaba en ella’.

“Esto en buen romance significa que para el ad quem tanto el trabajador como el patrono tenían que tener cuidado en la operación de ese molino, aunque éste en mayor grado que aquél; significa también, lógicamente, que ambos faltaron al cuidado que les correspondía y por eso ocurrió el accidente.

“Así las cosas, hay que concluir que el fallador de segundo grado encontró que de facto se daban los presupuestos exigidos por el artículo 2357 del Código Civil y, sin embargo de esto, no lo aplicó al caso controvertido, porque le pareció que entre los dos que debían aportar su atención y cuidado y no lo hicieron, era el patrono el que mayor grado de cuidado tenía que tener.

“El artículo 2357 del Código Civil, es claro al definir que la apreciación del daño está sujeta a reducción cuando el que lo ha sufrido se expuso a él, así su culpa sea menor que la del otro agente. Contra esta clara norma se pronunció el fallador criticado y dejó de aplicarla, por ignorarla, o por no haberla tenido presente en el momento de emitir su decisión, o por rebeldía. Lo cierto del caso fue que no la aplicó a pesar de que dedujo los hechos regulados por ella, y esto constituye un caso típico de infracción directa de la ley sustancial, que hace atendible este cargo.

“La infracción directa anotada fue el medio que llevó al Tribunal Superior de Medellín a aplicar el artículo 216 del Código Sustantivo del Trabajo y las normas civiles que define la responsabilidad y el contenido de los perjuicios sin tener en cuenta la reducción legal inaplicada”.

Se considera:

El censor entiende que el Tribunal estableció que el manejo de la máquina en cuestión exigía de mucho cuidado y de tal conclusión infiere que el fallador implícitamente reconoció que el trabajador había obrado imprudentemente. Observa la Sala que la deducción del recurrente carece de todo fundamento por cuanto si el Tribunal estableció que el manejo de la máquina requería de mucho cuidado, ello en modo alguno podía implicar que haya dado por establecido el descuido del trabajador generador de la culpa compartida de que trata el artículo 2357 del Código Civil que por lo dicho no se infringió en el concepto indicado en la censura.

El cargo no prospera, en consecuencia.

En mérito de lo expuesto la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, no casa la sentencia impugnada.

Costas a cargo de la parte recurrente.

Cópiese, notifíquese y devuélvase el expediente al Tribunal de origen.

Ramón Zúñiga Valverde, Francisco Escobar Henríquez, Jorge Iván Palacio Palacio. 

Consuelo Garbiras Fernández, Secretaria.

(Sic) 60. Gaceta Judicial (Laboral)