Setencia 304-2005 de agosto 14 de 2008 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN SEGUNDA - SUBSECCIÓN A

HIJOS ESTUDIANTES BENEFICIARIOS DE PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES

Entre los 18 y los 25 años de edad hay suspensión temporal de las mesadas mientras no se estén educando.

EXTRACTOS: «En virtud del artículo 47 de la Ley 100 de 1993, por la cual se creó el sistema de seguridad social integral y se dictaron otras disposiciones, se regularon de la siguiente manera las previsiones sobre sustitución pensional:

“ART. 47.—Beneficiarios de la pensión de sobrevivientes. Son beneficiarios de la pensión de sobrevivientes:

a) (...).

b) Los hijos menores de 18 años; los hijos mayores de 18 años y hasta los 25 años, incapacitados para trabajar por razón de sus estudios y si dependían económicamente del causante al momento de su muerte; y, los hijos inválidos si dependían económicamente del causante, mientras subsistan las condiciones de invalidez; (...)” (se resalta).

Una intelección adecuada de la disposición anterior permite inferir que se es beneficiario de la pensión de jubilación siempre y cuando la persona se encuentre dentro de los supuestos normativos que allí se manejan, respetando obviamente el estricto orden de sucesión establecido por el legislador.

Si se trata entonces de un hijo que se encuentra naturalmente dentro del orden de sustitución pensional ha de acreditarse además que se es menor de edad, o que se es inválido por disminución de su capacidad psíquica o física sin importar la edad, o que a pesar de haber cumplido los dieciocho (18) años o más de edad se es estudiante y que dependía económicamente del causante; y que mientras se permanezca en una de tales condiciones se hará merecedor a dicha prestación social periódica.

En tanto subsista (1) una de tales situaciones especiales previstas en la ley, no podría verse privado de la pensión de sobreviviente el beneficiario, pues la finalidad de su reconocimiento y pago no es otro que el de mantener un estatus económico que le permita al hijo —menor, inválido o incapaz en razón de sus estudios— continuar proveyéndose aun después de desaparecer su progenitor, pues el legislador quiso razonablemente que se le protegiera ante el hecho cierto de no poder proveerse por sí mismo.

En tal caso, si el hijo incapacitado por razones de sus estudios dependía económicamente del causante tendrá derecho a recibir la respectiva pensión hasta tanto cumpla la mayoría de edad o hasta terminar sus correspondientes estudios, independientemente de si los mismos se realizan de manera continua o discontinua, esto es, si se suspenden o no, pues en estos eventos la entidad de previsión social o la que haga sus veces reconocerá dicha prestación social solo si se está cumpliendo con un compromiso académico como estudiante en un establecimiento educativo reconocido por el Ministerio de Educación Nacional, es decir, mientras se encuentre cursando un programa académico acreditado.

Tal acreditación de estudiante demanda desde luego la aportación de una certificación formalmente expedida por un establecimiento educativo reconocido y autorizado para impartir el servicio público de educación.

En otras palabras, si al momento de cumplirse la mayoría de edad (18 años) el hijo no se encuentra cursando programa académico alguno no significa que haya perdido el derecho a ser beneficiario de la sustitución pensional, simplemente no se le reconocerán las respectivas mesadas hasta tanto inicie o reanude sus estudios, pues el presupuesto exigido en la norma es que se demuestre la condición de estudiante para que se le respete y garantice un derecho adquirido por ostentar esa calidad y como consecuencia a conservar las prerrogativas y beneficios que de allí se derivan.

Es importante aclarar que la situación de hijo beneficiario —incapacitado por razones de sus estudios— se mantendrá solo hasta que cumpla los veinticinco (25) años de edad, en virtud de lo dispuesto en el artículo 47 —lit. b)— de la Ley 100 de 1993.

[...].

En cuanto a la prescripción, la Sala dirá que si bien la oportunidad para reclamar un derecho pensional se extingue en tres (3) años contados a partir del momento en que la respectiva obligación se haya hecho exigible (D. 1848/69, art. 102), lo cierto es que existe una excepción a la regla general, contenida en los artículos 2541 y 2530 del Código Civil, y es que cuando se trata de un menor de edad dicho fenómeno jurídico se suspende a su favor. Es decir que el señalado término extintivo no resulta aplicable cuando se tiene menos de 18 años de edad, el cual solo empieza a regir cuando se ha llegado a este ciclo de vida.

En esas condiciones, la persona que disfruta del derecho pensional (post mortem) que le otorga la Ley 12 de 1975 —y demás normas que le sucedieron o subrogaron— continuará beneficiándose de dicha prestación social no obstante haber llegado a la mayoría de edad y hasta cuando cumpla los 25 años, siempre que su situación se subsuma dentro de los presupuestos normativos señalados en la Ley 100 de 1993 (art. 47).

En conclusión, si el derecho pensional no ha prescrito, pero no había sido posible adelantar estudios por razones de fuerza mayor o caso fortuito (v.gr. económica o de salud) y aún no se han cumplido los 25 años edad como fecha límite para ser beneficiario, pero dentro de ese lapso se inician o retoman los estudios, se insiste, es legítimo ordenar el reconocimiento y pago de la pensión de sobreviviente.

Pero aún más, la regla jurídica no advierte que la interrupción de los estudios o su iniciación con posterioridad a los 18 años de edad conlleve la pérdida del derecho a la sustitución de la pensión, esto es, que se constituya en una causal de extinción. Podría más bien hablarse de una suspensión temporal de las mesadas pensionales mientras la persona no se esté educando».

(Sentencia de 14 de agosto de 2008. Radicación 0304-2005. Consejero Ponente: Dr. Alfonso Vargas Rincón).

(1) Presente subjuntivo. Proviene del verbo subsistir que significa permanecer, durar una cosa o conservarse. Diccionario de la lengua española, Real Academia Española. Vigésima Primera Edición, pág. 1912.

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