Sentencia 32912 de agosto 10 de 2010

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN PENAL

Casación Nº 32.912

Aprobado Acta Nº 256

Magistrado Ponente:

Dr. Sigifredo Espinosa Pérez

Bogotá, D.C., diez de agosto de dos mil diez.

EXTRACTOS: «Consideraciones de la Corte

Primer cargo. Falsos raciocinios

En orden a centrar el debate que se plantea, es necesario recordar que la condena se sustentó en los siguientes hechos indicadores que se declararon probados, y que mirados en conjunto llevaron al juzgador de segunda instancia a predicar certeza de la responsabilidad del procesado en el aludido atentado:

a) Al enjuiciado le molestaba la cercanía que, por razones de negocios y amistad, sostenía la víctima Elkin Yesid Barajas Pardo con Sofi Cristina Rendón Henao, su esposa.

b) Antes del 2 de abril de 2008, Jesús Amado Sarria Agredo amenazó de muerte, en varias ocasiones, a Barajas Pardo.

c) El enjuiciado reconoció que le debía dinero al agraviado.

d) Elkin Yesid Barajas Pardo le estaba imputando responsabilidad a Jesús Sarria por la pérdida de una importante suma de dinero —$ 95.000.000—.

e) El acusado citó a la víctima a la Fundación Santafé de Bogotá, en cuyas proximidades se produjo el atentado contra su vida.

f) Nadie diferente a Jesús Amado Sarria Agredo y a los involucrados directamente en el delito, sabía que la víctima se dirigía, la noche de los hechos, a la Clínica Fundación Santafé.

g) Momentos antes de abandonar la clínica, Sarria Agredo le preguntó a Elkin Yesid Barajas por qué puerta saldría.

h) Luego de ocurridos los hechos, Jesús Amado Sarria Agredo salió de la clínica y no volvió a acompañar a su cónyuge.

i) Las llamadas que recibió e hizo Jesús Amado Sarria de su teléfono celular el día de los hechos fueron borradas.

j) Elkin Yesid Barajas Pardo no tenía ningún otro inconveniente del que pudiera generarse un peligro para su vida.

h)(sic) Con posterioridad a los hechos, Jesús Amado Sarria Agredo intimidó a Elkin Yesid Barajas Pardo para que desistiera “de la denuncia o de la etapa del juicio”.

Pues bien, en este primer cargo el defensor de Jesús Amado Sarria Agredo denuncia la ocurrencia de una serie de falsos raciocinios en la valoración de algunos de los anteriores hechos indicadores, que le habrían impedido al fallador ver otras posibilidades diferentes a la que muestra al procesado como determinador del atentado contra la vida del señor Elkin Yesid Barajas Pardo.

Son múltiples y pacíficas las sentencias de esta Corte en las que se ha referido a los requisitos y valoración de la prueba indiciaria, entendida ésta como aquel medio cognoscitivo de proyecciones sustanciales que se identifica en el plano de lo general con la estructura del silogismo deductivo en el cual es dable identificar: (i) La premisa menor o hecho indicador, (ii) La premisa mayor o inferencia lógica en la que tienen operancia los ejercicios de verificabilidad de la sana crítica que se apoyan en leyes de la lógica, la ciencia y postulados de la reflexión y el raciocinio, y (iii) La conclusión o hecho indicado(1).

De igual manera se ha sostenido que los indicios pueden ser necesarios cuando el hecho indicador revela en forma cierta o inequívoca la existencia de otro hecho a partir de relaciones de determinación constantes como las que se presentan en las leyes de la naturaleza; y contingentes, cuando según el grado de probabilidad de su causa o efecto, el hecho indicador evidencie la presencia del hecho indicado.

A su vez, los últimos pueden ser calificados de graves, cuando entre el hecho indicador y el indicado media un nexo de determinación racional, lógico, probable e inmediato, fundado en razones serias y estables, que no deben surgir de la imaginación ni de la arbitrariedad del juzgador, sino de la común ocurrencia de las cosas; y de leves, cuando el nexo entre el hecho indicador y el indicado constituye apenas una de las varias posibilidades que el fenómeno ofrece(2).

También se resalta que en materia de prueba indiciaria, además de la acreditación del hecho indicante, de la debida inferencia racional fundada en las reglas de la sana crítica y del establecimiento del hecho desconocido indicado, cuando son varias las construcciones de ese orden, “es de singular importancia verificar en el proceso de valoración conjunta su articulación(3), de forma tal que los hechos indicadores sean concordantes, esto es, que ensamblen entre sí como piezas integrantes de un todo, pues siendo éstos fragmentos o circunstancias accesorias de un único suceso histórico, deben permitir su reconstrucción como hecho natural, lógico y coherente, y las deducciones o inferencias realizadas con cada uno de aquellos han de ser a su vez convergentes, es decir, concurrir hacia una misma conclusión y no hacia varias hipótesis de solución”(4).

En el presente evento, las críticas del censor a las conclusiones indiciarias del fallador, se tornan eminentemente artificiales porque pasan por alto hechos básicos acreditados en el expediente, que mirados en conjunto, conducían necesariamente a las conclusiones que se pretende demeritar.

Así, el primer cuestionamiento planteado advierte que si el móvil del procesado se derivó de los celos que sentía hacia la víctima por la cercanía con su esposa y de los problemas económicos suscitados con el mismo, no se aviene a la experiencia y al sentido común que el procesado haya elegido como escenario para perpetrar el crimen las inmediaciones del lugar donde pocos minutos antes había tenido un encuentro con su potencial víctima, pues, según el censor, lo que enseña la experiencia es que si se desea eliminar a una persona por interpuesta persona, se busque una “conveniente” distancia entre los autores materiales y el determinador, para dificultar su descubrimiento.

Lo primero que debe señalar la Sala es que no es posible, a partir de la simple presentación de supuestas reglas de la experiencia abstractas, hacer decaer la fuerza de un determinado indicio, o mejor, la inferencia que se extracta del hecho indicante, dado que en cada caso particular el indicio comporta mayor o menor capacidad suasoria, la más de las veces referida a la justificación que pueda darse al actuar o circunstancia que lo genera y a la concatenación con los demás hechos indicantes.

Precisamente para ello se ha instituido la necesidad de examinar la prueba en su contexto y generalidad, es decir, en conjunto, obligación que con mayor razón se impone respecto de este medio lógico de inferencia, en tanto, aisladamente mirado, sin precisar el ámbito que lo gobierna, cualquier inferencia indiciaria se muestra insuficiente o equívoca en sus efectos.

Véase cómo bajo esa lógica, no podría, por ejemplo, aducirse como indicio el de presencia en el lugar de los hechos o el de motivación, pues, siempre será factible afirmar que no en todos los casos, y ni siquiera en la mayor parte de ellos, que una persona se encuentra en el lugar de los hechos o posee motivos para delinquir, delinque. De esa manera, cuando se particulariza el indicio, mirándolo insularmente, este pierde su verdadera naturaleza demostrativa.

Y ello es precisamente lo que busca el demandante cuando ataca de manera aislada cada una de las conclusiones del tribunal, pasando por alto que los múltiples indicios aducidos por el juzgador, fueron examinados en su contexto integral, en conjunto, ejercicio único que dio lugar a la conclusión de la responsabilidad del procesado en el atentado contra la vida del señor Elkin Barajas.

De esa manera, en el primer cuestionamiento arriba especificado, el demandante pasa por alto una serie de hechos indicantes traídos a colación por el tribunal para soportar su tesis de que el hallarse el señor Elkin Yesid Barajas en la Clínica Fundación Santafé, no tuvo otra razón distinta a la necesidad de ejecutar en ese lugar el atentado contra su vida.

Así fue analizado el punto en el fallo impugnado:

“Con relación a la cita en la Fundación Santafé de Bogotá, el día de los hechos, la Sala estima creíble que Jesús Amado Sarria Agredo fue quien programó el encuentro en dicho lugar a las 8:00 p.m., como lo refirió el ofendido. De otra manera no se explica a qué se debió la concurrencia de Elkin Barajas a la clínica, pues ni siquiera Jesús Sarria manifiesta que haya ido a visitar a Sofi Rendón, como podría ser puesto que eran amigos.

“En cambio, no merece credibilidad la afirmación del acusado en el sentido de que citó a Elkin Yesid en la clínica, cuando éste ya había llegado a la misma, por la misma razón antes señalada. Es que si el motivo hubiera sido el de la cirugía de Sofi Rendón, al menos le habría preguntado por ella a Sarria Agredo, hecho para nada referido por éste, no obstante la extremada minuciosidad de detalles con las que rindió su testimonio.

“Aunado a lo anterior, el acusado niega que el día de los hechos, a las 5:30 p.m., haya llamado al ofendido a ponerle la cita en la clínica. No obstante, el análisis link de llamadas corrobora el dicho de Elkin Yesid Barajas, toda vez que dicha llamada efectuada por el acusado, sí aparece registrada.

“Además, según la declaración de la señora Emaud Henao de Rendón, cuando Elkin Yesid llegó a la clínica, le dijo que estaba ahí porque don Jesús lo citó en ese lugar, puesto que tenían que hablar del asunto de las esmeraldas con la señora Claudia y el marido de ella.

“Adicionalmente, resáltese que, según la declaración de Elkin Barajas, nadie diferente al procesado sabía de la hora en que llegaría a la Fundación Santafé (...).

“Así, entonces, habiendo expuesto Elkin Barajas que él no le comunicó a nadie sobre la cita acordada con Jesús Sarria, sin que éste a su vez haya referido haberle transmitido tal información a otra persona, ha de declararse probado que nadie diferente a los antes nombrados y a los involucrados en el delito tenían conocimiento de la presencia de Elkin Barajas en el lugar y a la hora de los hechos.

“Según Jesús Sarria, es inconcebible que él le haya preguntado a Elkin Barajas por dónde iba salir a la clínica, ya que en ese momento la única puerta abierta era la de urgencias. No obstante, hay que tener en cuenta que cuando la víctima dio razón de esa pregunta, le causó extrañeza. “Se me hizo extraño”, dijo. Pues bien, ninguna extrañeza tenía que generarle si la pregunta realmente no le hubiera sido formulada...”(5).

De esa manera, la inferencia lógica se construye a partir del análisis de una serie de hechos probados, a saber: a) que la presencia del señor Barajas en la Clínica Fundación Santafé la noche del atentado, no tuvo otro origen distinto a la cita que le hizo el procesado Sarria Agredo; b) que nadie diferente al procesado, la víctima y a los involucrados en el delito sabían de dicha reunión; y c) que a Barajas Pardo le causó extrañeza la pregunta realizada por Sarria Agredo sobre la puerta que utilizaría para salir de la clínica.

La comprobación de estos tres aspectos que sustentan la inferencia final no se encuentra sometido a duda, pues como lo recalcan la procuradora y el fiscal delegado, de tales hechos dio razón la víctima Elkin Barajas Pardo, cuya credibilidad no merece cuestionamiento, a más de que muchas de sus afirmaciones aparecen respaldadas por otros medios de prueba técnicos y testimoniales.

En primer lugar se tiene la prueba técnica llevada a juicio a través de la declaración de Martha Lucía Vanegas Toro, perito experta en análisis link, quien de manera clara y objetiva declaró que del cruce de información obtenida de la empresa de telefonía Comcel, según los datos reportados del registro de llamadas entrantes al abonado celular de la víctima, porque extrañamente la empresa Movistar no reportó las de la línea del procesado en la fecha de los hechos, se verificó la existencia de una llamada originada del abonado Nº 3176354312 que figura a nombre de la organización “Mundo Cristiano” y que para la fecha de los hechos portaba el procesado Sarria Agredo, hacia el abonado celular Nº 3102180643 que para la misma época portaba Barajas Pardo, a las 17:30 horas del 2 de abril de 2008, esto es, 5:30 de la tarde de la fecha del atentado, con una duración de 683 segundos.

De esta prueba técnica, como lo destaca el fiscal delegado, emerge incontrovertible que Elkin Yesid Barajas Pardo sí recibió las llamadas que dijo de Jesús Amado Sarria Agredo, pese a la negativa de éste en juicio oral, quien sin razón atendible respondió durante su interrogatorio que “...yo durante el día no le realicé ninguna llamada al señor Barajas”, limitándose a admitir sólo la llamada registrada por los mismos medios a las 19:57 horas de esa misma fecha, aduciendo que su señora le pidió que arreglaran el asunto de las esmeraldas con los comisionistas y que por eso se comunicó con Elkin, quien le dijo que estaba en la clínica, razón por la que lo invitó a que se vieran en “cinco minutos...para que llamemos a Claudia y Álvaro, los comisionistas y miremos cómo se resuelve esa situación de las esmeraldas”(6).

De esa manera, refulge incontrovertible el dicho del señor Elkin Barajas en cuanto a la causa de su presencia en la Fundación Santafé en horas de la noche del 2 de abril de 2008, pues además de la comprobación de la llamada que dice recibió del procesado para ponerle la cita, otras circunstancias permitían deducir que nada distinto a ello explicaba su concurrencia a ese lugar, porque como bien lo destacan algunos de los no recurrentes en la audiencia de sustentación del recurso extraordinario, para esa fecha el señor Barajas ya había cumplido con la visita protocolaría a su amiga Sofi Rendón, al punto que la propia señora Emaud Henao, madre de aquella, al rendir su testimonio afirmó que cuando vio a Yesid Barajas esa noche en la clínica, le causó sorpresa, razón por la que le preguntó el motivo de su “nueva” visita, informándole éste que había concurrido a una cita con Sarria(7).

Aunado a ello se tiene como otro hecho indicador, que el objeto de la cita, esto es, solucionar el conflicto surgido a raíz de unas esmeraldas que la víctima había entregado a Claudia Patricia Silva y Álvaro Muñoz para su venta en España, por intermediación de Sarria Agredo, nunca se cumplió, como lo señaló Barajas en su declaración y lo admite el procesado cuando refirió que al encontrarse con aquél se limitó a hacer una llamada a los comisionistas para una futura entrevista.

Los restantes hechos, esto es, que nadie diferente al procesado, la víctima y a los involucrados en el delito sabían de dicha reunión y que a Barajas Pardo le causó extrañeza la pregunta realizada por Sarria Agredo sobre la puerta que utilizaría para salir de la clínica, se acreditaron debidamente con el testimonio del último, el cual, se reitera, le mereció con razón toda credibilidad al tribunal, no sólo en estas, sino también en otras importantes circunstancias relatadas en el juicio oral, como se verá más adelante.

En ese contexto, ninguna consistencia tiene la conclusión valorativa que pretende sacar avante la defensa, porque el conjunto de los hechos indicantes lleva a inferir, como lo hizo el tribunal, que el propósito de Sarria Agredo con la cita engañosa que le hizo a Elkin Barajas en la Fundación Santafé, no era distinto al de atraerlo hasta el lugar en donde se llevaría a cabo el atentado contra su vida, sitio que como lo recuerda el fiscal delegado ya había sido objeto de estudio por los sicarios, pues el 31 de marzo de 2008, cuando el señor Barajas acudió por primera vez a la clínica para efectuar la visita protocolaria a la señora Sofi Rendón —de la cual sabía perfectamente el procesado con antelación como lo da a entender en su declaración—, al salir de ella, observó movimientos sospechosos de quienes se movilizaban en una camioneta, razón por la cual decidió cambiar su ruta y dejar su carro, como lo declaró su esposa Delmis Yaneth González Gil en la audiencia de juicio oral.

Además, tiene razón la procuradora delegada cuando advierte que en el fondo, el censor aplica un sofisma, porque desconoce que el rol que ejerce el determinador es distinto al del autor material, siendo posible que el último quiera evitar que el hecho criminal ocurra en unas circunstancias de proximidad tal que permitan su identificación; en tanto que para el determinador deja de ser relevante estar o no en el lugar de los hechos, precisamente porque él los ejecuta a través de otro.

Por lo tanto, la hipótesis sostenida por el tribunal, en nada contradice las reglas de la experiencia ni las pautas de la lógica, mientras que el raciocinio propuesto por el censor no es admisible frente a la contundencia de los hechos indicadores analizados.

Las anteriores razones sirven igualmente para desechar el cuestionamiento a la conclusión derivada de las amenazas que Jesús Amado Sarria lanzó contra la víctima, de las cuales aduce el demandante que se descarte la inferencia de allí extractada porque quien así actúa “siempre o la mayoría de las veces, cuando determina a otro de una u otra manera a ejecutar la amenaza, no va a disponer que se haga poco después de que se han encontrado en un sitio público, a la vista de testigos y menos si el determinador no sabe a ciencia cierta si el amenazado ha dado o dio a conocer con anterioridad las amenazas de que fue objeto a otras personas”.

Recuérdese que frente a las amenazas que Jesús Sarria le hizo al ofendido, el tribunal concluyó que “...la experiencia enseña que algunas veces quien amenaza de muerte a otra persona efectivamente ejecuta el ultimátum(8).

La argumentación del demandante, que pretende complementar la regla aplicada por el ad quem incluyéndole circunstancias de tiempo y lugar del cumplimiento de la amenaza y la previa publicidad de la misma, no acredita en forma alguna que la inferencia del sentenciador sea errada, pues la conclusión que opone a ella no se aviene a una máxima de experiencia en los términos en que la ha definido la jurisprudencia, esto es como generalizaciones que se hacen a partir del cumplimiento estable e histórico de ciertas conductas similares, que no funciona por sí sola sino que lo hace como un enlace lógico o como parte del razonamiento que vincula datos indicadores que conducen a hechos desconocidos.

Las amenazas efectuadas por el procesado a la víctima, no pueden mirarse aisladamente, sino dentro del contexto de una serie de hechos indicantes que unidos llevan a concluir que el procesado buscó la mejor oportunidad para asegurar la ubicación de la víctima en condiciones que facilitaran el homicidio y que dejaran a salvo a su determinador de cualquier sospecha en su contra, por lo que la supuesta regla de la experiencia que expone el demandante, en lugar de favorecerlo lo delata, porque lo que buscó el procesado, además de atraer a la víctima al lugar adecuado para su ejecución, era predisponer una coartada encaminada a evidenciar que no pudo ser él autor material del crimen, precisamente porque se hallaba en compañía de la víctima, en lugar público, instantes antes de ejecutarse el crimen.

De esta manera, tendría algún valor suasorio esa supuesta regla de la experiencia construida por el demandante, si se acusara al procesado como autor material directo del homicidio, pero, precisamente, por lo obvio de la situación a éste se le atribuye autoría mediata en calidad de determinador, por lo que los hechos demostrados, lejos de corroborar las exculpaciones de la defensa, robustecen la tesis de la regla de la experiencia construida por el tribunal.

En tercer lugar, el demandante cuestiona la inferencia derivada de un supuesto interés de Sarria Agredo en acabar con la vida de Elkin Yesid por las desavenencias derivadas de los préstamos que la víctima le había hecho al procesado y por los $ 95.000.000 del valor de las esmeraldas que juntos entregaron a los comisionistas Patricia Silva y Álvaro Muñoz, diciendo que el tribunal se apartó de la consideración que trajo el juzgado de primera instancia, según el cual no es compatible con la experiencia que alguien que haya sido objeto de amenazas le preste dinero a quien lo amenaza.

Esgrime también que en el fallo subyace una violación al principio de no contradicción porque más adelante, en su argumentación, el tribunal negó credibilidad al procesado cuando afirmó que después del atentado Elkin Yesid Barajas Pardo le hizo préstamos por la suma de $ 466.000.000, aduciendo que no era admisible que la víctima le hubiera prestado dinero a quien sabía atentó contra su vida, y menos sin respaldo documental alguno.

El móvil por las desavenencias dinerarias aparece precedido de las siguientes reflexiones:

“...para el tribunal, el testimonio de Elkin Yesid Barajas merece credibilidad. En efecto, aparte de la imprecisión sobre la cantidad de dinero adeudada por Jesús Amado Sarria Agredo, su declaración fue clara, coherente y sin contrariedad alguna con las reglas de la sana crítica, al tiempo que el defensor a lo largo de su contrainterrogatorio no logró poner en evidencia ninguna mentira en la que hubiera podido incurrir el declarante...

“La a quo puso de presente que no se aviene a la experiencia que alguien preste dinero a quien lo amenaza. Empero, en el caso en concreto, este razonamiento no resta credibilidad al testimonio de Elkin Yesid Barajas Pardo, puesto que, de un lado, la negociación de las esmeraldas tuvo lugar en junio de 2007, fecha anterior a las intimidaciones; de otro, no puede soslayarse que los préstamos también beneficiaban a Sofi Cristina Rendón Henao, con quien la víctima sostenía relaciones de amistad y de negocios por espacio de 18 años. Cabe aclarar que, según la versión de Elkin Barajas, no todos los préstamos fueron directamente en efectivo, sino que hubo algunos materializados en el pago de facturas, de servicios y de obligaciones varias en cabeza de Jesús Amado Sarria Agredo...

“En lo que atañe al dinero restante, como ya fue reseñado, Barajas Pardo no fue claro a la hora de indicar la cuantía. No obstante, el mismo enjuiciado reconoció que Elkin Yesid le hizo varios préstamos y que para el 31 de marzo de 2008, en todo caso le debía $ 31.900.000.

“En consecuencia, con razón jurídica o sin ella, lo cierto es que para la época de los hechos, además del dinero entregado a título de préstamo, Elkin Barajas le estaba atribuyendo responsabilidad a Jesús Sarria por los $ 95.000.000 de las esmeraldas, dado que fue por su gestión que aquél se las entregó a Claudia Silva y Álvaro Muñoz, quienes finalmente ni las devolvieron ni se las pagaron.

“Por el contrario, el tribunal no le da credibilidad al acusado, en lo referente a que después del atentado, Elkin Yesid le hizo préstamos que ascienden a $ 446.000.000. De una parte, porque a juzgar por la experiencia, es inconcebible que estando convencido de que tras el atentado estuvo Jesús Sarria, le haya prestado semejante suma; de otra porque igualmente, según la experiencia, no es usual que le haya entregado tanto dinero sin respaldar el crédito en algún documento”.

En estas afirmaciones del tribunal se distingue con claridad que uno es el préstamo que aduce la víctima —con aceptación del procesado— le hizo a Sarria Agredo antes de la tentativa de homicidio materializada en su contra, por un valor de $ 31.900.000, sin incluir el monto de las esmeraldas que fueron entregadas a unos vendedores intermediarios a través del procesado, y otro el supuesto préstamo por la suma de $ 466.000.000 a que alude el procesado como efectuado por Barajas, después del atentado contra su vida.

De allí que razón asiste a la procuradora delegada cuando descalifica la pretendida violación al principio de no contradicción, porque una cosa es el préstamo antes del atentado y otro, muy distinto, el que supuestamente tuvo lugar después del hecho criminal.

La ocurrencia del primero no puede ponerse en tela de juicio, pues fue el mismo procesado quien reconoció que Elkin Yesid le hizo varios préstamos y que para el 31 de marzo de 2008 le debía $ 31.900.000. Aunado a ello, no existe duda del problema suscitado a raíz del incumplimiento del pago del lote de esmeraldas que Barajas entregó por intermediación de Sarria a Claudia Silva y Álvaro Muñoz, deuda que la víctima sumó a la que tenía con él el procesado para totalizar las cuentas pendientes hasta la fecha del atentado.

De esa manera, sobre los préstamos de dinero y demás favores de carácter económico que Barajas hizo a Sarria Agredo antes de la ocurrencia de los hechos, militan las declaraciones de la víctima y las del procesado, quien además admitió que en múltiples oportunidades él y su esposa Sofi se habían servido de Elkin Yesid para hacerse a favores de esa índole y que por el negocio de las esmeraldas tenía una “deuda moral” con Barajas.

Además, si algún préstamo o favor económico se dio después de ocurrida alguna de las amenazas, pero antes de su materialización, ha de considerarse, como lo hizo el fiscal delegado, que los préstamos y favores obtenidos por Sarria de Barajas lo fueron siempre por razón de la cercanía comercial y de amistad que mantenía éste con la señora Sofi Rendón, esposa del primero, así los mismos beneficiaran al procesado.

En cambio, con razón negó el tribunal todo crédito al dicho de Jesús Amado Sarria cuando sostiene que después de la tentativa de homicidio que afectó a Barajas, éste le siguió haciendo préstamos que ascendieron a la suma de $ 446.000.000, pues la más elemental lógica llevaba a descartar un comportamiento favorable o amistoso hacia la persona respecto de quien le abrigaba la certeza de haber sido el determinador del atentado contra su vida, certeza que en su agonía transmitió, entre otros, al subteniente Yesid Fernando Cepeda Benítez, quien atestiguó que cuando Barajas era trasladado a la sala de urgencias gravemente herido, a punto de entrar en shock, le dijo que el responsable del atentado era un señor llamado Jesús, quien se encontraba en la habitación 4025 de la misma clínica(9).

Por lo tanto, las conclusiones del tribunal en este punto no se fundan en yerros de lógica, pues en el análisis no se evidencia contradicción alguna, porque una y otra posición corresponden a la valoración de situaciones marcadamente diferentes.

Finalmente, el demandante acusa al tribunal de haber violado las reglas de la experiencia al otorgar credibilidad a la víctima cuando dijo haber sido objeto de intimidaciones por parte de Jesús Amado Sarria para que se abstuviera de declarar en juicio, pues, según el censor, era evidente el interés del afectado en que la situación de la persona que señaló como determinador del ataque contra su vida apareciera más comprometida, buscando los medios para que así fuera.

Para fortalecer su tesis, sostiene que el fallador desconoció una regla de la experiencia, según la cual si el responsable de un delito quiere evitar que se demuestre esa calidad en un juicio mediante la amenaza, no va a acudir a medios “tan burdos” como el envío de un sufragio o a llamadas directas, por la elemental consideración de que esas actitudes lo estarían delatando.

Aquí tampoco encuentra la Sala acreditado yerro alguno, pues la existencia de las maniobras intimidatorias se sustenta en las aseveraciones confiables y coherentes de la víctima, como se reseña en la sentencia:

“En cuanto a las intimidaciones posteriores a los hechos con el objeto de que Elkin Barajas se abstuviera de declarar en el juicio oral, además de que se introdujo el sufragio recibido por aquél, destacase que ninguna razón conduce a pensar que se trate de una especulación del ofendido, mientras que es entendible que el procesado haya negado esos hechos, dado su preponderante interés dentro del proceso”.

Además, el tribunal dio por probado que Elkin Barajas Pardo no tenía otro inconveniente del cual se generara un riesgo para su vida, porque así lo sostuvo en el proceso y en ello fue secundado por el dicho de su hermano Edwin Yamel Barajas, quien dio cuenta de la ausencia total de enemigos o problemas de aquél con otras personas, agregando que ejercía su actividad comercial de una manera limpia y desprovista de inconvenientes.

Y no puede pasarse por alto que previamente al atentado, Sarria Agredo ya había mostrado, de frente, una actitud claramente intimidante contra Barajas, pues en varias oportunidades le lanzó serias amenazas e improperios por el disgusto que le producía el permanente contacto que mantenía con su esposa Sofi Cristina Rendón Henao.

Así, se destaca en la sentencia que en la declaración durante el juicio oral Elkin Yesid Barajas Pardo(10) relató que recibió tres amenazas de Sarria Agredo: la primera, el 2 de septiembre de 2007, cuando se encontraba en el edificio World Trade Center, y el procesado le solicitó que se abstuviera de realizar una negociación que le implicaría viajar a otra ciudad con la señora Sofi, ya que no se sentiría tranquilo sabiendo que su esposa pasaría el fin de semana fuera del hogar, seguidamente de lo cual le advirtió que: “ningún hombre que ha puesto sus ojos en mi mujer está vivo”(11).

La segunda tuvo lugar el 17 de enero de 2008, fecha en la que Barajas recibió una llamada de Sarria, dirigiéndole las siguientes palabras: “gran marica, ¿qué es lo que usted pretende?, ¿qué son esos mensajes que usted le coloca a mi señora?... Cuándo él regrese a Colombia efectivamente yo me voy a enterar realmente quién es Jesús Sarria”(12). La llamada intimidante, agregó Barajas, se suscitó a consecuencia del mensaje de texto que él le mandó a la señora Sofi, excusándose por la inasistencia a una fiesta de entrega de regalos a la que ella lo había invitado, dándole a entender que prefería retirarse de su vida para evitar problemas.

La tercera amenaza ocurrió el 30 de marzo de 2008, fecha en la que Sarria Agredo lo llamó a su celular solicitándole que le comunicara a la señora Sofi Rendón, puesto que sabía que estaban juntos. Al increparlo por dicho atrevimiento, comenta la víctima, el procesado le dijo: “las cosas no se van a quedar así”, tras lo cual le “colgó”.

Ese comportamiento ex ante que se acreditó probado en la sentencia, demuestra que el procesado no tenía frente a su víctima recato por ocultar su ánimo pendenciero, razón por la cual no pueden desconocerse las amenazas posteriores, que le atribuye la misma víctima, con base en una supuesta regla de la experiencia que no funciona en este caso, porque el procesado nunca ocultó su identidad para exteriorizar ese ánimo criminal contra Barajas, de donde es altamente probable que las amenazas se hayan reiterado después del fallido intento de acabar con su vida, buscando, en esta ocasión, intimidar a la víctima para que se abstuviera de señalarlo como determinador del hecho.

En esas condiciones, ante la inexistencia de los errores de valoración aducidos, no prospera el cargo.

Segundo cargo. Falsos juicios de identidad

1. Denuncia el censor que el tribunal tergiversó el testimonio de la señora Emaud Henao Rendón, cuando le atribuye a ésta haber dicho que “Jesús Amado podía sentir celos infundados, ya que su hija es una mujer de negocios que suele llegar tarde a la casa por razones de trabajo”, y que su yerno “siempre se sentía incómodo por ser un hombre mayor mientras que su hija es joven”, pues cuando se le puso de presente la entrevista que había rendido el 18 de abril de 2008, en ningún momento admitió que el procesado podía tener celos infundados, ni que él siempre se sentía incómodo por ser hombre mayor y Sofi Cristina una mujer joven, sino que dio su propia perspectiva de la situación, pero aclarando que nunca se enteró de problemas de esa naturaleza.

Escuchado el registro del mencionado testimonio, encuentra la Sala que no existió la tergiversación denunciada, pues si bien es cierto que la testigo pretendió negar lo dicho en una entrevista rendida durante la etapa investigativa, sobre la incomodidad de su yerno por la cercanía que había entre su hija Sofi y Elkin Yesid, al serle puesto de presente el documento que contenía la misma, con el objeto de refrescar su memoria, admitió las circunstancias afirmadas por el fallador, como se deduce de la siguiente secuencia de su dicho en el juicio oral:

“Fiscal: Cómo es la relación de Sofi con Elkin Yesid?

Testigo E.H.R.: Buena porque es una amistad de trabajo.

Fiscal: Existe alguna incomodidad o ha tenido conocimiento de alguna incomodidad por parte de don Jesús con respecto a la amistad de Sofi Cristina y de Yesid?

Testigo E.H.R.: Pues no.

Fiscal: Su señoría, para efectos de refrescar la memoria de la testigo me permito hacer uso de la entrevista que se le recepcionara a doña Emaud el 18 de abril de 2008 (a la testigo se le pone de presente el documento y después de que reconoce su firma en él, se le solicita que de lectura al penúltimo folio en la parte final, tres últimas líneas, a partir del punto donde dice “preguntado”).

Testigo E.H.R.: Lee: “Ha escuchado usted algún comentario de problemas por la relación comercial que existe entre su hija Sofi y el señor Yesid por parte del señor Jesús Amado Sarria. Contestó. Si, él realmente se siente incómodo porque es un hombre mayor, mi hija es una mujer joven y puede hasta pensar cualquier cosa”. No, esto no lo dije yo.

Fiscal: Qué fue lo que usted dijo exactamente entonces?

Testigo E.H.R.: Pues el señor me preguntó a mí y me dijo: Señora Emaud, usted cree que el problema del señor Sarria y la señora y la esposa, es por cuestión de celos? Le dije, no, absolutamente. Entonces él me dijo, no será por celos? No cree usted que pueda ser por celos? Entonces yo le dije: Pues mi yerno es un hombre adulto, muy mayor, mi hija es joven, posiblemente, por qué no? Puede ser. Pero que yo me entere, no (...).

Fiscal: Qué quiso decir usted con esa afirmación?

Testigo E.H.R.: Que de pronto sí podía sentir él como celos, pero realmente no unos celos mal fundados por lo que mi hija es una mujer de negocios, ella no andaba consiguiendo marido, mi hija no andaba consiguiendo marido, ella estaba en su trabajo y es su trabajo y al hombre, pues a los hombres no les agrada mucho tampoco pues que llegue y que la esposa no esté, pero si el trabajo se lo amerita tiene el hombre que consentir en eso, de que si mi esposa está trabajando y llega retardada es porque estaba trabajando.

Fiscal: No más preguntas señoría”(13).

De allí que aunque la testigo trató de acomodar a los intereses del procesado lo que había dicho en esa entrevista, lo cierto es que termina admitiendo que su yerno sí podía estar sintiendo celos porque su hija era una mujer de negocios, joven, mientras que su yerno es un hombre adulto “muy mayor” y tal vez no le gustaba llegar a casa y no encontrarla.

Por lo tanto, nada tergiversó el tribunal y menos cuando el móvil de los celos fue analizado en conjunto con la evidencia de que durante el período enero-mayo de 2008 se registraron 1.416 llamadas telefónicas entre Barajas Pardo y Sofi Rendón, y que sus relaciones comerciales los obligaban, en algunas ocasiones, a viajar juntos fuera de la ciudad:

“...el motivo de las amenazas, según su dicho, se contrae a que Sarria Agredo sentía celos por la cercanía que tenía con la señora Sofi Rendón, aserto que para nada resulta infundado, si se tienen en cuenta los siguientes hechos: i) de acuerdo con el análisis link de llamadas telefónicas(14), resulta innegable el permanente contacto que tenía la esposa del acusado con la víctima, al punto que entre los dos se registra un total de 1416 llamadas entre enero y mayo de 2008; ii) como lo expresó la señora Emaud Henao Rendón, madre de Sofi Cristiana, Jesús Amado podía sentir celos infundados, ya que su hija es una mujer de negocios que suele llegar tarde a la casa por razones de trabajo; además, según esta testigo, él siempre se sentía incómodo por ser un hombre mayor, mientras que su hija es joven(15); y iii) las relaciones comerciales sostenidas entre Elkin Yesid Barajas Pardo y Sofi Cristina Rendón Henao hacía que salieran de la ciudad juntos(16)”.

De esa manera, no se acredita la distorsión del testimonio de la señora Emaud Henao y tampoco tiene ningún peso la alegación del censor en cuanto a que no se demostró el conocimiento de Sarria sobre las múltiples llamadas que ocurrían entre Sofi Rendón y Elkin Yesid Barajas, pues lo cierto es que el procesado sí conocía la cercanía entre aquellos y esa situación le mantenía incomodo, porque así se lo exteriorizó al propio Barajas, cuando en tres oportunidades lo llamó de manera amenazante.

El defensor califica como ilógico el razonamiento del tribunal según el cual la primera amenaza de Sarria Agredo hacia la víctima se suscitó cuando se enteró de que por la relación comercial entre Sofi y Elkin, debían hacer un viaje de negocios en septiembre de 2007, pero permitió, sin problema alguno, que en febrero de 2008 fueran hasta la capital del departamento de Amazonas, sin que mediara desafío o advertencia alguna, o escena de celos.

En este punto, el censor desconoce que fue el mismo procesado, quien afirmó la ocurrencia de ese viaje a Leticia, sobre el cual la víctima no reportó reclamo alguno de parte del procesado. Así lo relató el procesado en el juicio oral:

“(...) yo hablaba frecuentemente con mi esposa y tengo aquí presente que el 11 de febrero me hablé con mi esposa, mi esposa me dijo: te acuerdas del viaje a Leticia que tengo que hacer a comprar los relojes y un oro, lo voy a realizar, estoy buscando con quien dejar los niños. Gustadito mi socio está enfermo del corazón, no puede ir, me voy a ir con Yesid. Le dije, bueno mi amor, si te vas a ir con Yesid no hay ningún problema, me dijo ella; le dije cuándo viajas? Me dijo, viajo el 15, yo viajo el 15, tenemos que ir hasta límites del Brasil y entonces regreso, si puedo hacer un viaje relámpago regreso el 26 por la noche o si no el 17. Le dije, listo mi amor no hay ningún problema si tu vas a viajar, y mi esposa viajó con el señor Elkin Yesid Barajas, aquí están las facturas originales de compra de tiquetes (...)”(17).

En realidad aquí no se demuestra error alguno del tribunal, sino que se pretende descalificar lo que la evidencia enseña, no otra cosa que la constante perturbación del ánimo de Sarria Agredo a consecuencia de la estrecha relación que mantenía su esposa Sofi con Elkin Barajas, realidad que no sólo se acredita con las afirmaciones de la víctima y de la suegra del procesado, sino con las propias aseveraciones de Sarria cuando al interior del juicio oral pretendió explicar la llamada que hizo a Barajas días antes del atentado, compeliéndolo, en evidente estado de alteración anímica, a que le comunicara con su esposa porque estaba seguro de que se encontraba con él en ese instante.

Sobre el punto, el fiscal delegado ante la Corte puso en evidencia que al inicio de su declaración en el juicio oral, Sarria narró una historia bastante fantasiosa en la cual indicó que en esa oportunidad su esposa se encontró con Elkin Yesid y que él tenía conocimiento de ello porque ella le había indicado que “iba a compartir con él la palabra del señor”, admitiendo haber realizado la llamada, pero atribuyéndole otro contexto.

Por lo tanto, no se evidencia tergiversación en la prueba que acredita la existencia de los celos, como uno de los motivos determinantes de la conducta del procesado.

2. El segundo falso juicio de identidad denunciado, recae sobre la declaración de la testigo Martha Lucía Vanegas Toro, técnico del CTI de la Fiscalía, quien se encargó de efectuar el análisis link del teléfono móvil que usaba el procesado para la fecha de los hechos, y de cuya evidencia concluyó el tribunal que las llamadas entrantes y salientes del 2 de abril de 2008 del celular del procesado fueron borradas, y que ello fue obra del acusado porque nadie más tenía interés en esa circunstancia.

Sobre el punto, se lee en la sentencia que:

“En lo atinente a las llamadas telefónicas entrantes y salientes de la línea utilizada por el acusado, según la declaración de Martha Lucía Vanegas Toro, en los registros de Movistar, precisamente el 2 de abril de 2008, no aparece relacionada ninguna llamada recibida ni originada, mientras que, conforme a la información suministrada por Comcel, el acusado sí realizó llamadas de su teléfono celular, como también recibió.

“Por tanto se impone la conclusión de que las llamadas efectuadas y recibidas por Jesús Sarria, a través de su teléfono celular, el día 2 de abril de 2008, fueron borradas (...).

“De otro lado, estando probado que las llamadas entrantes y salientes del celular que portaba el acusado el día de los hechos fueron borradas, se infiere que ello fue obra del sindicado, dado que nadie más podía tener interés en ese hecho. Ahora, conforme a la experiencia, nadie ejecutaría un hecho de esa naturaleza si no le perjudicara, lo que, a su vez, permite extraer que el registro de esas llamadas, o el de algunas de ellas, no le convenían al enjuiciado, de donde puede concluirse que algunas estaban relacionadas con la tentativa de homicidio de la que fue víctima Elkin Yesid Barajas Pardo”.

Verificado el desarrollo del juicio oral, se advierte que a través del testimonio de la técnico del CTI Martha Lucía Vanegas Toro, se allegaron los registros de llamadas entrantes y salientes de los abonados celulares que para la fecha de los hechos usaban tanto el procesado Jesús Amado Sarria Agredo, como la víctima Elkin Yesid Barajas Pardo y la señora Sofi Cristina Rendón, esposa del procesado, registros que dejaron en evidencia que para el día 2 de abril de 2008, no se reportaron llamadas entrantes y salientes de la línea celular Nº 3176354312 a nombre de la organización “Mundo Cristiano”, que admite el procesado era de su uso exclusivo en esa fecha, cuando de manera contraria, el análisis de los reportes de los celulares de Elkin Barajas y Sofi Rendón, registraba llamadas entrantes y salientes de ese celular para aquella fecha.

Conforme con esa realidad, en su declaración, la técnico Vanegas Toro manifestó que no sabía si la ausencia de ese reporte fue a consecuencia de un error involuntario de Movistar, “o por razones que se desconocen se borraron”, siendo clara en señalar que no podía ser ella quien estableciera la causa de esa omisión.

A partir de esta afirmación, el censor pretende que prevalezca la incertidumbre que pone de presente la testigo en cuanto a las razones que llevaron a la omisión del reporte de las llamadas, porque, dice, cabe la posibilidad de que ello haya obedecido a un error de la telefónica, o que, incluso, no se hubiesen realizado las llamadas.

La Sala advierte que la conclusión del tribunal en el sentido de que las llamadas fueron borradas y que ello sólo pudo provenir del procesado, es fruto de una inferencia lógica a partir de la demostración directa de que ninguna llamada entrante o saliente fue reportada como efectuada del celular del procesado en la fecha de los acontecimientos, a pesar de estar acreditado con el reporte de otras compañías telefónicas, que de su línea sí salieron y entraron llamadas a los celulares de su esposa Sofi y de la víctima Elkin Yesid.

De esa manera, el tribunal no tergiversó el testimonio de la técnico del CTI, sino que de la existencia de un hecho probado del que dio cuenta la misma, infirió que esa ausencia de información le era conveniente exclusivamente a la teoría de la defensa, pues como lo destaca el fiscal delegado ante la Corte, por vía de este vacío no sólo quedaba sin conocerse con qué personas, diferentes a su esposa y a la víctima, sostuvo conversaciones el procesado en la fecha de los acontecimientos, sino que además se buscó, infructuosamente, que no se descubriera que él había llamado a la víctima para citarla en el lugar en cuyas inmediaciones se llevó a cabo el atentado, aspecto que siempre negó, bajo el errado convencimiento de que no se iban a obtener datos que desvirtuaran esa afirmación.

Así las cosas, el ataque se torna equivocado por la vía del falso juicio de identidad, porque finalmente, de existir algún yerro, éste no corresponde a la objetividad en la lectura de la prueba, sino a la inferencia que de ella extrajo, en el campo netamente valorativo, el tribunal.

Por lo demás, la insinuación que hace el demandante sobre la posibilidad de que ninguna llamada se hubiera hecho, no obedece a la realidad, pues de la circunstancia de que la testigo haya dicho que el borrado de la información pudo obedecer a una circunstancia accidental o a un error de la compañía telefónica, estándole prohibido realizar inferencias o atribuir connotaciones penales a los hechos, no puede extractarse la inexistencia de las llamadas específicas a los abonados telefónicos de la esposa del procesado y de la víctima, pues, parece obvio, si no se hubiesen realizado, ninguna posibilidad existiría de su registro en los teléfonos receptores.

En consecuencia, no prospera la censura.

3. En último lugar, se acusa al tribunal de haber distorsionado, por mutilación, el testimonio de Elkin Yesid Barajas Pardo, porque en su valoración sólo se tuvo en cuenta lo expuesto al inicio del juicio, donde mencionó todas las llamadas recibidas de Sarria, pero no el contenido de las entrevistas anteriores, incorporadas legalmente al debate oral para refrescar su memoria, en las cuales el testigo nada dijo de la llamada de Sarria a las 5:30 p.m., sino que apenas mencionó la efectuada a las 19:40 ó 20:00 horas, para ponerle la cita que tenía como objeto llamar a los comisionistas Claudia y Álvaro, y no encontrarse con ellos, como lo refirió 7 meses después.

Para responder el cargo, basta señalar que el demandante desconoce que la existencia de la llamada del abonado celular de Sarria al de Barajas, a las 5:30 p.m. del 2 de abril de 2008, se acreditó, primordialmente, con el resultado del análisis link, el cual, pese a la negativa del procesado, da razón de la existencia de la misma, aspecto que es claramente verificable en los registros introducidos en el curso del juicio oral a través del testimonio de la técnico del CTI Martha Lucía Vanegas Toro.

De esa manera, la circunstancia de que el testigo Barajas hubiese hecho mención o no de ella en la entrevista que se afirma introducida en el juicio para refrescar su memoria, no tiene ninguna incidencia en la contundencia de la prueba que da razón de su ocurrencia.

También desconoce el demandante que el tribunal descartó credibilidad al dicho del acusado cuando dice que citó a Elkin Yesid en la clínica cuando éste ya había llegado a la misma, porque nada explicaba su presencia en el lugar, puesto que ni siquiera Sarria manifestó que hubiere concurrido a visitar a Sofi Rendón, “como podría ser puesto que eran amigos”, advirtiendo, además, que la misma suegra del procesado, Emaud Henao, dijo en su declaración que Elkin Yesid le manifestó que había concurrido a la clínica porque “don Jesús” lo había citado en ese lugar, puesto que tenían que hablar del asunto de las esmeraldas con la señora Claudia y el marido de ésta.

Por tales razones, se reitera, ninguna relevancia tiene frente a la credibilidad otorgada al testimonio del señor Elkin Yesid Barajas, las omisiones que se le atribuyen en las entrevistas que se dicen incorporadas en el curso de su declaración en el juicio oral, para refrescar su memoria.

Tercer cargo. Falso juicio de existencia por omisión

En este último cargo el censor acusa al fallador de haber omitido la valoración del testimonio de Edwin Yamel Barajas Pardo, hermano de la víctima, quien relató que con posterioridad al hecho, el sábado 5 de abril de 2008, se reunió en el restaurante Kokoriko de Unicentro con Jesús Amado Sarria y su esposa, para dialogar sobre la sindicación que le hacía su colateral por el atentado sufrido.

Según el demandante, esa omisión no dejó advertir que si Sarria se sintiera culpable del hecho, no habría accedido, sin mayor resistencia ni dificultad, a encontrarse con familiares de su supuesta víctima, en un lugar público, a plena luz del día, cuando la experiencia enseña que quien orquesta la realización de una conducta criminal, lo que busca es huir inmediatamente para no ser capturado, y no, al contrario, ir a confrontar a sus acusadores.

La Corte encuentra que esa regla de la experiencia no aplica para el caso concreto, por la obvia razón de que parte de un presupuesto fáctico errado, en tanto, ya la Corte ha discernido acerca de la diferencia que representa no actuar directamente como ejecutor material, sino recurrir a un tercero para obtener el resultado buscado.

Entonces, si se dijera que el acusado fue quien de propia mano ejecutó el crimen, alguna fortuna podría comportar la que postula regla de la experiencia el demandante, evidente como surgiría que ese avistamiento o reconocimiento implicaría, a título de única vía para obtener la impunidad, huir.

Pero sucede que lo analizado advierte de un actuar taimado del procesado frente a los cercanos a la víctima —en el entendido que estimaba pronta o cuando menos probable la muerte de ésta— tal cual arriba ha sido descrito, e incluso se refuerza con la manera en que, tan pronto la víctima recibió los disparos mortales y señaló como autor del hecho a Sarria Agredo, éste, desde luego buscando prefabricar una coartada de inocencia, pretendió denunciarlo por un supuesto delito de calumnia.

En consecuencia, la regla de la experiencia carece de sustento, y además, ese encuentro con el hermano de la víctima, necesariamente se inscribe en el comportamiento general del procesado, encaminado a desviar la atención respecto de su responsabilidad como determinador de la tentativa de homicidio.

Por lo tanto, la valoración del hecho puesto de presente por el testigo Edwin Yamel Barajas Pardo, no modifica en nada la postura valorativa asumida por el tribunal en el fallo impugnado.

De la misma manera, el censor acusa al fallador de omitir la estimación del testimonio del intendente de la policía Milton Francisco Paz Torres, quien relató las circunstancias que rodearon la ejecución de la orden de captura que pesaba contra Jesús Amado Sarria, efectuada en el Aeropuerto El Dorado, el 18 de abril, cuando aquél se disponía a viajar a la ciudad de México.

Según el censor, con este testimonio se acreditaba que Sarria Agredo no buscó fugarse de inmediato, sino que su viaje a México obedecía a compromisos previamente adquiridos.

La Sala apoya en este punto el criterio expuesto por la procuradora en cuanto a la falta de acreditación de la trascendencia de esa particularidad de la captura del procesado el 18 de abril en el Aeropuerto El Dorado, cuando se disponía a viajar a México.

Realmente, ese insular aspecto tampoco cambia la postura valorativa del tribunal, pues como lo reseña el fiscal delegado ante la Corte, ninguna prueba se aportó sobre los motivos del viaje, como para siquiera tratar de desvirtuar lo que podía verse como una necesidad, apremiante, de abandonar el país, ya que para entonces las pesquisas investigativas habían avanzado, al punto que todo se enrrutaba(sic) contra el procesado.

En esas condiciones, encuentra la Sala que mirados en su conjunto los indicios deducidos por el tribunal, sobre cuya construcción no se acreditaron los errores de valoración denunciados, convergen a señalar, sin dubitación alguna, que fue el procesado Sarria Agredo, quien a través de una trama previamente urdida, en combinación de motivos crematísticos y pasionales, determinó a un tercero para dar muerte a Elkin Yesid Barajas, con tan mala fortuna para sus intereses, que el cometido no se cumplió cabalmente, lo que permitió a la víctima realizar el directo señalamiento a partir del cual pudo determinarse su responsabilidad en el delito.

En conclusión, ante la improsperidad de los cargos formulados, no se casará el fallo impugnado.

En mérito a lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE:

NO CASAR el fallo impugnado.

Cópiese, notifíquese y devuélvase al tribunal de origen.

Cúmplase».

(1) Sentencia de casación del 2 de septiembre de 2009, Radicado 29.221.

(2) Ver, entre otras, casación del 3 de diciembre de 2009, Radicado 28.267.

(3) Cfr. Nueva Teoría de la Prueba. Dellepiane Antonio. Editorial Temis S.A. 1991, págs. 87-92.

(4) Sentencia de casación del 3 de diciembre de 2009, ya citada.

(5) Folios 35 y 36 cuaderno del tribunal.

(6) Minuto 24:10, CD. 27, video 1.

(7) Minuto 30:00, CD. 24.

(8) Folio 41 cuaderno del tribunal.

(9) Cd. 15, minuto 31:47.

(10) CD 21, 22 y 23.

(11) Minuto 01:14:00, CD 21, video 2.

(12) Minuto 01:18:12, ibídem.

(13) CD 24, minuto 43:31.

(14) Fls. 262 y 263.

(15) Minuto 44:15 y 45:17, CD 24, video 3.

(16) “El mismo Jesús Amado Sarria, en su declaración aseveró que en febrero su esposa viajó con Elkin Yesid a Leticia (minuto 29:45, CD 27, video 19). De igual manera, el ofendido indicó que en septiembre de 2007, debía realizar un viaje de negocios con Sofi Rendón, hecho que motivó la primera amenaza por parte de Sarria Agredo”.

(17) CD 27, archivo 1, minuto 31:05.