Sentencia 3469 de agosto 5 de 1993 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

ACCIÓN REIVINDICATORIA DEL HEREDERO

CONTRA UN TERCERO ADQUIRENTE

EXTRACTOS: «1. Para la defensa de sus intereses cuenta el heredero, de manera principal, con las acciones de petición de herencia y reivindicatoria. El reglamento legal de ambas hállase en el capítulo IV del título VII del libro 3 del C.C. (arts. 1321 a 1326).

La primera la debe plantear el actor en frente de quien, diciéndose heredero, pretende y ocupa la herencia, para que se le reconozca o se le admita su calidad de heredero, concurrente o exclusivo, y, subsecuentemente, se le restituyan los bienes hereditarios (art. 1321).

La segunda va enderezada en contra de aquellos terceros que, por haber pasado a sus manos, estén en posesión de cosas reivindicables pertenecientes a la herencia (art. 1325).

2. Sin que haya necesidad en esta oportunidad de profundizar en los rasgos caracterizadores de una y otra acción, y, por ende, en las diferencias que las separan, interesa, sí, poner de relieve que la legitimación en la causa por pasiva en la petición de herencia le corresponde al denominado heredero aparente o putativo, y que, en cambio, en la reivindicación, el pasivamente legitimado es el tercero en su escueta condición de poseedor.

El heredero putativo que es vencido en la acción de petición de herencia queda, como se ha señalado, obligado a restituirle al heredero verdadero las cosas de la herencia por él ocupadas. Pero si las ha enajenado o se han deteriorado en su poder, debe estarse a lo previsto en el artículo 1324, de acuerdo con el cual el heredero aparente que de buena fe ha ocupado la herencia, será responsable por las enajenaciones o deterioros siempre y cuando aquellas o estos lo hubieren hecho más rico; mas si en dicha ocupación se ha comportado de mala fe, responderá por todo el importe de las enajenaciones o deterioros.

En el anterior orden de ideas, la regla general estriba en que el heredero putativo responde ante el heredero verdadero por la cosa, o por su valor si las hubiere enajenado; pero, en este último supuesto, deja de hacerlo si, a más de que su ocupación de la herencia hubiere estado signada por la buena fe, no se hizo más rico con el producto de la enajenación o con el deterioro de la cosa.

Aun cuando parezca reiterativo, ya que implícitamente está indicado en lo acabado de anotar, importa recalcar que si la cosa está en poder del heredero putativo debe devolvérsela al heredero verdadero, independientemente de la buena o mala fe con que haya procedido al ocupar la herencia, pues en un evento tal este aspecto únicamente se mira para lo relacionado con la restitución de frutos y el abono de mejoras, por virtud de la remisión que a las normas pertinentes hace el artículo 1323. Y, por cierto, sostener cosa diferente equivaldría, ni más ni menos, que a hacer nugatoria la acción de petición de herencia.

Por su lado, el tercero vencido en la acción reivindicatoria que le haya instaurado el heredero queda, como todo poseedor que en su contra ve prosperar una pretensión de tal naturaleza, constreñido a la restitución de la cosa a la masa herencial, o, en su caso, al heredero adjudicatario. Aun cuando —también hay que señalarlo— se ha sostenido que con relación a él no puede pasar la acción reivindicatoria si ha adquirido la cosa del heredero aparente con buena fe exenta de culpa. Mas este punto no requiere dilucidación en el caso sub júdice, en razón de que la tesis central del recurrente, en ambos cargos, apunta es hacia una aplicación extensiva del artículo 1324, el cual, en su sentir, debería cobijar, en la exención de responsabilidad que establece, no sólo al heredero putativo que ha enajenado una cosa perteneciente a la herencia, sino también al adquirente de la misma.

3. No obstante, resulta de la más completa obviedad decir que con apoyo en el artículo 1324 no es posible sostener que el adquirente de la cosa enajenada por el heredero putativo queda también eximido de responsabilidad en frente del heredero verdadero y, por ende, liberado de restituirla a la masa herencial. Nada hay en la mencionada regla legal que permita llevar las cosas hasta una hipótesis semejante. Cabalmente, porque la aludida norma le impide al heredero verdadero exigirle responsabilidad al putativo cuando en favor de éste confluyan las circunstancias allí previstas, es por lo que aquel, con base en lo previsto por el artículo 1325, cuenta con la posibilidad de enderezar la pretensión reivindicatoria en frente del tercero adquirente. Y si, por consiguiente, el tercero pudiera también ampararse en la salvedad instituida en el artículo 1324 para enervar la reivindicación, se estaría con ello, prácticamente, dejando sin sentido el artículo 1325 y el derecho que en pro del heredero verdadero en él se consagra.

Unas son las condiciones en que el heredero putativo puede hallarse en frente del heredero verdadero, y otras las que le incumben, también ante éste, al tercer adquirente. Las del primero no se comunican al último, puesto que son pre y posnegociales, es decir, no son propias del negocio ajustado entre el heredero putativo y el tercero. De esta manera, la buena fe es un requisito que el heredero putativo debe exhibir respecto de la ocupación de la herencia, sin que, por ese motivo, pueda el tercero articularse con ella: Su buena fe será de otra estirpe como que tendrá que ver con la certidumbre, más o menos lograda, de que su enajenante era realmente dueño de la cosa. En cuanto a que el heredero putativo no se haya hecho más rico con el producto de la enajenación, es algo que únicamente a él se le acomoda o proporciona, pues una vez recibido el precio de la enajenación, ni el adquirente ni nadie podrá interferir en la destinación que al mismo llegue a darle; en consecuencia, el no enriquecimiento que de ella pueda derivarse no se transmite al tercero, ni influye sobre la relación que en un momento dado pueda surgir entre él y el heredero verdadero con ocasión de la restitución del bien, la cual, dícese de nuevo, cuenta con específica regla legal.

En síntesis y conclusión, si la posición del tercero adquirente no queda cobijada por la previsión normativa del artículo 1324 del C.C., el Tribunal no pudo caer en la violación de este precepto cuando dejó de darle la connotación propuesta por el recurrente en ambos cargos».

(Sentencia de casación, agosto 5 de 1993. Expediente 3469. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

__________________________________