Sentencia 3688 de agosto 3 de 1993 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

CHEQUE GIRO

MODALIDADES

EXTRACTOS: «1. Es bien sabido que aun de tiempos remotos y prácticamente desde su origen, la actividad bancaria ha tenido, como una de las funciones económicas que por cierto mejor la caracterizan, la de intermediar en los pagos cumpliendo órdenes de sus clientes para así evitarles, en lo posible, el empleo de numerario en la liquidación de los negocios por ellos realizados. Y es en desarrollo de esta función que los establecimientos bancarios llevan a cabo las que en el lenguaje técnico se denominan “operaciones de giro”, es decir aquellos servicios que dentro del marco de contratos de mandato antecedentes, las mencionadas entidades prestan a quienes tienen necesidad de remitir dinero a otra plaza o, para expresarlo en términos si se quiere más simples, de efectuar pagos a distancia.

Así, pues, se habla de “giro” cuando los bancos reciben o cargan en la cuenta de sus clientes determinadas sumas que, por ser esa la voluntad de ellos en su condición de ordenantes, ponen a disposición de otra persona en lugar distinto, siendo entendido que en estas eventualidades lo que en realidad se presta es un servicio, habida consideración que el banco interviniente, a diferencia de lo que acontece cuando se trata de depósitos irregulares o de contratos de crédito en sentido estricto, no verifica adquisición ninguna de fondos ni tampoco los coloca, sino que se limita a emplear su propia capacidad técnica de manejo de asientos contables para lograr aquella finalidad “trayecticia”, cursando en consecuencia órdenes de pago a sus sucursales, agencias o corresponsales sin que medien remesas de dinero en efectivo, órdenes que naturalmente son documentadas y debe recibir el tercero beneficiario para con ellas, en el momento debido, al acreditar su derecho a obtener el pago por ese sistema dispuesto; y por lo que a la índole de esa documentación atañe, conviene observar que no siempre es igual ni su significación jurídica admite en todos los casos idéntico tratamiento, puesto que al lado de los giros bancarios comunes, existe y es utilizado con mucha frecuencia el que de acuerdo con los usos se suele llamar “cheque giro”, es decir un título valor que, a una, hace las veces de cheque y de giro en aras del buen fin de la operación por realizarse, instrumento que por tanto es producto de un sistema mucho menos enmarañado de lo que a primera vista parece y que al decir de los especialistas no es cosa distinta a la instrumentación cambiaria de la orden de giro mediante un cheque cuyas notas distintivas varían según las circunstancias:

“...Cuando el documento de giro se quiere instrumentar en un título valor, con las ventajas y prerrogativas que ello implica y con los riesgos que naturalmente supone, el banco utiliza con frecuencia el sistema de expedir un cheque de gerencia o de caja, o sea un cheque a su propio cargo, cuando el pago debe realizarse por una de sus oficinas, o la emisión de un cheque a cargo de un banco corresponsal con el cual tiene cuenta, cuando en la plaza destinataria no tiene oficina propia. Este cheque puede ser a la orden del solicitante, como sucedería cuando piensa viajar a otro lugar y prefiere llevarlo en lugar de numerario, o en favor de un tercero en cuyo caso el dador de la orden recibe el cheque y lo envía a su beneficiario para que éste proceda a cobrarlo en la plaza librada...” (Sergio Rodríguez Azuero, Contratos Bancarios, cap. XIX, num. 9.1.2.).

2. Definido como queda que el “cheque giro” es sin duda alguna un verdadero cheque destinado a satisfacer las exigencias propias de una operación de giro a cuya ejecución se comprometió el banco que emite dicho instrumento, por fuerza debe concluirse entonces que es posible restringir su negociabilidad como autoriza hacerlo para los cheques normales el artículo 715 del Código de Comercio y, además, revestirlo de algunas de las modalidades especiales que, en cuanto a la forma de pago de títulos de ese género, reconoce y regula la misma codificación (subsección III del cap. V —sección 3ª— del libro tercero, artículos 734 a 738), de donde se sigue que el libramiento de un “cheque giro”, cual ocurrió con el que dio lugar a la controversia en este expediente ventilada, puede hacerse con cruzamiento especial o general del documento junto con la mención explícita de ser para abono en la cuenta de determinada persona señalada allí como primero y único beneficiario posible del pago ordenado. Y de darse un supuesto con características semejantes, cobran vigencia desde luego las reglas que los recién mencionados preceptos consagran y de entre las cuales, por su mayor relevancia frente a la especie aquí en litigio, son de destacarse las que en apretada síntesis pasan a indicarse a continuación:

a) En primer lugar, aun cuando el “cheque giro” no es de aquellos cuya negociabilidad se encuentra restringida de modo absoluto por expreso mandato de la ley, la función que a tal instrumento le corresponde cumplir en el campo de los servicios bancarios de caja exige que la persona del beneficiario del pago por realizarse, empleando el mecanismo de giro, aparezca identificada en el cuerpo mismo del documento, luego aparte de ser siempre de legitimación nominal y no manual como es propio de los títulos al portador, lo común es que, por voluntad de la institución bancaria que los emite, aquellos cheques no tengan aptitud para ser transferidos cambiariamente mediante endoso, efecto que se consigue insertando las menciones que según las particularidades de cada caso convengan mejor a los términos de acuerdo con los cuales la respectiva operación ha de ejecutarse, toda vez que, como se sabe, la limitación que por disposición del librador es introducida en la “endosabilidad” de los cheques, indefectiblemente no tiene los mismos alcances; al amparo del artículo 715 del Código de Comercio puede darse en forma absoluta “...evento en el cual, además de no poderse negociar el cheque, su tenedor legítimo sólo puede cobrarlo por conducto de un banco y no por ventanilla...”, o ser apenas relativa “...lo que sucede con la restricción que sólo afecta la negociabilidad misma del cheque y no la presentación y forma de cobro tal como ocurre cuando se incluye la cláusula o leyenda páguese únicamente al primer beneficiario, caso en el cual este último no puede negociarlo y sólo él puede cobrarlo, bien en forma directa presentándolo en la ventanilla o bien por conducto de un banco a través de la cámara de compensación...” (Casación Civil de 15 de febrero de 1991 sin publicar). Resumiendo, en los cheques giro que no son negociables por haberse insertado en ellos la mención de pago exclusivo al primer beneficiario, es por virtud de esta especial atestación que dicho beneficiario no puede sino acudir al banco librado para obtener el pago, pero no le es posible hacer al título objeto de endoso con finalidad circulatoria, vale decir de endoso distinto a aquel que, si fuere el caso, habría necesidad de efectuar únicamente para cobranza en favor de la institución bancaria por cuyo conducto sea presentado el cheque.

b) En segundo lugar, además de no ser negociable como consecuencia de llevar la mención examinada en el párrafo precedente, el cheque giro puede ser cruzado, y son bien conocidos los efectos que produce el empleo de esta modalidad, teniendo en consideración las disposiciones sobre el particular contenidas en los artículos 734 a 736 del Código de Comercio. Mediante el cruzamiento se reglamenta para restringirla, no la posibilidad de negociación cambiaria del instrumento, sino la forma en que ha de producirse su pago, toda vez que quien recibe un cheque así cualificado o lo adquiere con posterioridad, sabe que para hacer valer el derecho allí incorporado frente al banco girado, tiene que actuar a través de una institución crediticia que, a su turno y según se trate de cruzamientos especiales o generales respectivamente, puede ser específica o indeterminada, ello en el entendido que, en ambas hipótesis, el objetivo que con el cruzado de los cheques se persigue es el de reducir el riesgo de eventuales cobros por parte de tenedores espurios, en la medida en que por virtud de dicha modalidad es un banco la única persona que puede presentar el título en procura de obtener su recaudo normal, evitando al propio tiempo el desplazamiento físico de numerario puesto que son cheques destinados a terminar negociándose entre el establecimiento bancario que de sus clientes los recibe en depósito y el designado por el librador para realizar el pago, sometiéndose los dos al sistema de compensación bancaria.

En consecuencia, junto a los cheques cruzados comunes, bien que lo sean de modo general o especial para designar con mayor o menor amplitud el banquero autorizado para presentarlos al cobro, pueden darse los cheques cruzados y emitidos a favor de determinada persona, evento en el cual el importe del título no puede ser recibido más que por esa persona nominalmente identificada en cuya cuenta, la institución bancaria que efectúe la referida presentación a través de la cámara de compensación, debe ingresar la cantidad recaudada.

c) Finalmente y en orden a reforzar las garantías destinadas a precaver el peligro que representa la cobranza indebida de un cheque, además de cruzarlo y restringir su libre negociabilidad con la mención de ser pagadero únicamente al primer beneficiario, el ordenamiento positivo (art. 737 del Código de Comercio) permite que el librador prohíba el pago en efectivo y le imponga al banco librado la obligación de asegurarse que ese pago, realizable mediante un simple asiento contable, lo reciba una persona conocida para dicha entidad y respecto de la cual tiene buenas referencias, resultado que se logra insertando en el cuerpo del documento la expresión “...para abono en cuenta” u otra cualquiera que en la práctica haga sus veces. En efecto, cuando de esta variante de cheques se trata, aquel mandato legal es categórico en el sentido de disponer que la liquidación de tales títulos ha de cumplirse por medio de un asiento de contabilidad hecho por el propio banco girado y no por otra institución bancaria diferente, consistente dicho asiento en un abono en la cuenta que allí tenga o abra el legítimo tenedor, lo que trae como consecuencia que el pago sólo se haga a un cliente no desconocido para el banco y de cuya honorabilidad pueda dar fe; y este objetivo concreto es inocultable pues a lograrlo apuntan las reglas especiales que disciplinan los cheques “para abono en cuenta”, reglas que la doctrina jurisprudencial ha compendiado sobre la base de advertir que en esta materia ha sido propósito indubitable del legislador “...el de que el banco librado no pague dichos cheques en dinero efectivo, sino que lo haga mediante abono en la cuenta del tenedor del mencionado título y, en el evento de que no la tenga, la que al efecto le abra el mismo banco. Y como consecuencia de la forma especial como se encuentra revestido el cheque para abono en cuenta, se obtiene entonces la garantía de que su importe no será pagado en efectivo a ningún tenedor, lo cual entraba o dificulta la posibilidad de cobro por tenedores ilegítimos. De suerte, entonces, que el cheque para abono en cuenta debe consignarse en el mismo banco librado, lo cual descarta que el tenedor pueda obtener su pago a través de otro banco intermediario o pueda acudir al cobro por cámara de compensación, pues en este punto la legislación colombiana, que siguió plenamente la pauta señalada en el proyecto Intal (art. 129), como quiera que ofrecen la misma redacción, es clara en establecer que para el caso en que el librador o el tenedor prohíban que el cheque se pague en efectivo mediante la inserción de la expresión para abono en cuenta u otra locución equivalente, el banco librado sólo podrá pagar el cheque abonando su importe en la cuenta que lleve o abra el tenedor...” (G.J., tomo CLXVI, pág. 201), luego es claro que teniendo la modalidad comentada un propósito característico como es el de procurar la utilización del cheque por poseedores de conocida probidad para el banco librado, lleva ella consigo secuelas de significativa importancia en cuanto atañe a la posición jurídica de los interesados, ya que además de restringir al máximo el derecho al pago desde el punto de vista de la legitimación activa, supone para el banco en mención un serio incremento del deber de diligencia profesional a su cargo y de cuya inobservancia es responsable, tanto en los términos particulares del artículo 738 del Código de Comercio como en los del conjunto de normas comunes que definen y regulan el contenido obligatorio del contrato de cuenta corriente bancaria».

(Sentencia de casación, agosto 3 de 1993. Expediente 3688. Magistrado Ponente: Dr. Carlos Esteban Jaramillo Schloss).

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