Sentencia 3950 de mayo 30 de 1994 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

PERJUICIOS MORALES

TASACIÓN

EXTRACTOS: «Ha dicho la Corte, reiterando una invariable posición jurisprudencial, lo siguiente:

“....Para la satisfacción del daño moral, no proveniente de infracción de la ley penal o de casos expresamente considerados en el Código de Comercio o en otras leyes, reafirma su tesis de que para regular el monto de cualquier perjuicio moral subjetivo, los jueces civiles no están ligados por lo que dispone el artículo 95 del Código Penal, ni por lo que ahora dispone en sus artículos 106 y 107; el monto de ese daño moral por ser inconmensurable, no puede ser materia de regulación pericial, sino del arbitrium judicis; que aunque el daño moral subjetivo no puede ser totalmente reparado, sí pueden darse algunas satisfacciones equivalentes...” (Cas. Civ. 2 de julio de 1987, G.J. t. CLXXXVIII, pág. 19).

2.2. Así, pues, el ataque a la sentencia en lo tocante con el monto de los perjuicios morales, considerado él de manera autónoma, según la prescripción normativa arriba citada, está llamado a prosperar; el Tribunal, como se viene diciendo, en lugar de aplicar el arbitrium judicis con miras a establecer la suma en dinero destinada a brindar alguna morigeración o atenuación del daño moral, optó por acoger el criterio de los peritos en el punto, en lo que, a no dudarlo, cometió un desacierto de carácter probatorio que, con violación medio de los artículos 233 y 241 del Código de Procedimiento Civil, lo condujeron a la transgresión de las reglas legales citadas en el cargo. Desacierto, se dice, porque la verdad es que los peritos no pueden ser vistos o reputados como mejor calificados que el juez para dar la medida de un aspecto tan delicado y sutil, desde luego que es éste en quien confluyen todas las condiciones adecuadas para que defina el punto, por conocer todos los matices factuales del proceso y, además y por sobre todo, por ser el llamado a declarar el derecho del caso concreto.

Siendo la prueba pericial inidónea para establecer la cuantía del perjuicio moral, la Sala revocará en el punto lo resuelto por el a quo. Mas consecuente con el criterio de que esa cuantía se tasa según el prudente criterio del juzgador, la Sala, con miras a avaluarla, tiene en cuenta los siguientes factores, que son propios de este caso: La víctima es una persona que, cuando sufrió el accidente, se hallaba en plena adolescencia. Las lesiones que padeció, a más de severas, fueron permanentes y limitativas de funciones básicas de la vida, como que consistieron en el acortamiento del miembro inferior izquierdo y anquilosis sacroilíaca y coxofemoral izquierdas y pérdida de un testículo (fl. 62, C.4). Ello, desde luego, tiene que ser causa de un gran dolor, amén de la generación de perjuicios de otra índole; ese sufrimiento es tanto mayor cuanto que, como se acaba de señalar, quien lo padece es una persona joven que ve frustradas muchas expectativas que la vida le ofrecía si no hubiera quedado reducida a una condición que es lamentable, sin ningún género de dudas. Por lo tanto, estima la Sala que esos perjuicios morales son tasables en la suma de cuatro millones de pesos ($ 4.000.000) m/cte».

(Sentencia de casación, mayo 30 de 1994. Expediente 3950. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

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