Sentencia 4190 de abril 29 de 1994 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

COOPERATIVAS

DERECHOS DE LOS HEREDEROS DE LOS ASOCIADOS

EXTRACTOS: «1. De conformidad con el antiguo principio que suele enunciarse con ayuda de la fórmula latina “res inter alios acta aliis neque nocere neque prodesse potest”, es hoy verdad sabida que los efectos de los contratos son por lo general relativos y, en consecuencia, la fuerza vinculante que les es propia según los términos del artículo 1602 del Código Civil, tiene sin duda alguna un límite personal en tanto se circunscribe a los sujetos que en el acto han tomado parte, directamente o por medio de representante, y a aquellos que se tienen por continuadores de su personalidad en caso de muerte, es decir a los herederos de los contratantes, pues por obra de una ficción que se pone de manifiesto en distintos preceptos de los que constituyen significativa muestra los artículos 673, 1008 y 1155 del mismo código recién citado, después de su muerte el causante continúa viviendo jurídicamente en la persona de sus herederos para que puedan así subsistir también las relaciones patrimoniales transmisibles que a aquél lo ligaron en vida. Dicho en otras palabras, en el momento en que se adquiere la condición de heredero, en ese mismo instante se reciben todas esas relaciones, activas y pasivas, e inclusive las que a partir del fallecimiento y con ocasión de este pudieron haberse creado en torno al patrimonio hereditario; por efecto de la sucesión a título universal se produce, entonces, la asunción en conjunto de las situaciones relictas que supone la continuación virtual en el tiempo de la personalidad jurídica del causante en forma tal que el común de sus actos devienen actos propios del sucesor, reconociéndose a este último como acreedor en los créditos del primero y como deudor en las obligaciones a su cargo, hechura todo ello de un sistema legal bien conocido que la Corte ha descrito en la forma siguiente: “...La sucesión por causa de muerte es uno de los modos de adquirir el dominio según el artículo 673 del Código Civil. De ahí que en el momento de morir la persona, su patrimonio —noción que comprende todos los bienes y obligaciones valorables económicamente— se transmite a sus herederos, quienes adquieren por tanto, en la medida en que la ley o el testamento les asignen, el derecho de suceder al causante en la universalidad jurídica patrimonial. Bien puede decirse que sucesión, en sentido estricto, es la prolongación de la persona del difunto en sus herederos con todas sus vinculaciones jurídicas transmisibles, es decir como sujeto activo y pasivo de derecho privado. El patrimonio pasa, pues, por el fenómeno de la sucesión, de muerto a vivos...” (G.J., tomo LXX, pág. 52) y en este mismo orden de cosas, dijo años después esta corporación, “...como lo enseña el artículo 1155 del Código Civil, los asignatarios a título universal o herederos representan la persona del causante para sucederle en todos sus derechos y obligaciones transmisibles. Ellos reciben el patrimonio de su autor en la situación que tenía en el momento de morir este y, por lo tanto, los vinculan activa y pasivamente los contratos en que este intervino, como si hubiesen estado representados en ellos por aquél, y esos contratos les empecen o benefician de igual modo que a éste, salvo que se trate de derechos inherentes a la persona del mismo o cuyo ejercicio le sea estrictamente personal e intransmisible....” (G. J., tomo CXIX, pág. 198).

Es regla general, pues, que los herederos suceden al causante o autor en su “calidad jurídica”; pasan a subrogarlo si así puede decirse en la posición integral de contratante emanada de los negocios por él celebrados, salvedad hecha de aquellos eventos, excepcionales por cierto, en que esa especie de cesión, consecuencia forzosa del postulado de la transmisibilidad hereditaria aplicado al campo de las relaciones contractuales, no resulta posible dado el carácter instransmisible de esta última predicable en vista de su naturaleza propia, de la índole “personalísima” de determinados efectos que les son inherentes o, en fin, de la explícita voluntad de los estipulantes en tal sentido puesta de manifiesto. Con un contenido que de suyo es variable, pueden configurarse entonces prestaciones de origen contractual que por necesidad física o jurídica son de carácter vitalicio en tanto que suponen la existencia de cierta y determinada persona en consideración a la cual fueron establecidas, prestaciones que sin riesgo de segura desnaturalización, no son intercambiables desde el punto de vista económico y en consecuencia están llamadas a extinguirse con la muerte del titular como acontece, precisamente, con las participaciones de los asociados en las empresas cooperativas donde esa calidad se pierde, al tenor del artículo 25 de la Ley 79 de 1988, por muerte, por disolución si de entes moralmente personificados se trata, por retiro voluntario y por exclusión.

2. Significa lo anterior que la relación jurídica asociativa que de esa clase de organizaciones sin ánimo de lucro emerge (arts. 3º y 4º de la Ley 79 de 1988), dado el sentido de mutua colaboración que le es particularmente característico al acuerdo cooperativo sobre el que descansan, se disuelve y desaparece respecto del asociado que fallece, no obstante persistir para los demás que le sobreviven, y por lo tanto no es transmisible hereditariamente. En otros términos, porque es una relación estipulada “intuitu personae” como con acierto lo hizo ver la corporación sentenciadora en la providencia aquí impugnada, la verdad es que no pueden pretender los sucesores universales de aquel, situarse en su lugar para continuar hacia el futuro como “asociados” en la misma empresa, pero ello no implica en manera alguna que, por su causante o haciendo sus veces, no puedan ejercitar los derechos patrimoniales vinculados a la cooperativa que dicho causante tuvo, así como tampoco que no puedan ser llamados a responder por las obligaciones que frente a ella había contraído, puesto que una cosa es la calidad de “asociado” que se extingue por la muerte, el status personal no transmisible, y otra muy diferente la liquidación consecuencial de los derechos y obligaciones inherentes a la participación que a ese “status” corresponde, supuesto este último en el cual los herederos se colocan en la posición que tenía el socio fallecido y cuentan desde luego con la legitimación indispensable, tanto activa como pasivamente, para hacerla valer del modo que mejor convenga a las circunstancias de cada caso».

(Sentencia de casación, abril 29 de 1994. Expediente 4190. Magistrado Ponente: Dr. Carlos Esteban Jaramillo Schloss).

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