Sentencia 4370 de junio 14 de 1995 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

CUENTA CORRIENTE BANCARIA

PACTO ACCESORIO DE DEBITACIÓN

EXTRACTOS: «1. Los bancos como instituciones intermediarias de crédito, cumplen esa función social, de un lado mediante la captación de dineros del público, en forma masiva y profesional y, de otro lado, situando esos dineros en poder de quienes los requieren para el cumplimiento de actividades económicas o la satisfacción de necesidades inmediatas, servicios estos remunerados, en ambos casos, mediante el pago de intereses a quien deposita tales dineros en la institución bancaria o, mediante el cobro de los mismos a quienes los utilizan por adquirirlos en virtud de un crédito.

Las operaciones bancarias han sido clasificadas por la doctrina en activas y pasivas, teniendo en cuenta para el efecto la posición en que jurídica y contablemente se encuentra al realizarlas el establecimiento bancario. Así, cuando quiera que éste recibe depósitos en dinero o títulos valores se constituye en deudor del depositante y, por ello tales operaciones se denominan “pasivas”, al paso que cuando concede créditos en cualquier forma que ello ocurra, el banco en cuestión es acreedor en la relación obligacional que surge de tales operaciones, las que por lo mismo, son denominadas “activas”.

2. El contrato de cuenta corriente bancaria, regulado por los artículos 1382 a 1392 del Código de Comercio, resulta ser por su propia naturaleza un contrato de carácter autónomo, con perfiles singulares que lo distinguen del simple depósito mercantil del que se ocupa el mismo código en su título VII del libro cuarto, al igual que es también diferente de la llamada cuenta corriente mercantil, reglamentada por el título XII del mismo libro del código en mención.

2.1. En virtud de su objeto y finalidad socioeconómica, el contrato de cuenta corriente bancaria permite al cuentacorrentista consignar dinero y cheques, así como disponer de sus depósitos, total o parcialmente, no sólo mediante el giro de cheques sino, también, de cualquiera otra manera previamente convenida con el banco (C.Co., art. 1382).

2.1.1. Ello indica que, por regla general, el contrato de cuenta corriente sólo permite la disposición de fondos mediante cheques o debitaciones autorizadas por la ley, razón por la cual toda situación diferente desborda este marco y puede dar lugar a la responsabilidad del banco por los perjuicios ocasionados precisamente cuando éste sin autorización legal o convencional alguna, haga disposiciones de fondos de una cuenta bancaria ajena. Y ello acontece con las debitaciones hechas por un banco no habiendo autorización legal o convencional para ello, caso en el cual le es suficiente al demandante negar su existencia, pues por ser indefinida queda relevado de su prueba (CPC., art. 177).

2.1.2. Una de las formas que pueden convenirse para la disposición de fondos en una cuenta corriente es la de debitación, esto es, aquel convenio o pacto accesorio a un contrato de cuenta corriente en virtud del cual en forma concurrente o posterior, el cuentacorrentista autoriza al banco para que de sus fondos se haga el descuento de determinada suma de dinero por algún concepto determinado que puede consistir en un traslado a otra cuenta propia o ajena, o para cancelaciones de deudas propias o ajenas, o para giro de cheques a otras personas, etc.

Pues bien, este convenio consensual se estructura cuando las voluntades de las partes contratantes exteriorizan la autorización y correspondiente aceptación de la debitación, cuya conformación inicial por no ser prohibida puede ser completa o completable. Porque bien puede suceder que dicho convenio inicial comprenda no sólo la voluntad de autorizar la debitación, sino también los aspectos de esta última, como ocurre con la cantidad, oportunidad y demás circunstancias de la debitación, así como lo concerniente a la destinación y demás aspectos de las operaciones bancarias posteriores. Pero también puede ocurrir que inicialmente se otorgue una autorización en blanco, esto es, aquella que simplemente autoriza la voluntad a que se haga la debitación, en la cuenta bancaria, porque en tal evento, conforme a criterios legales análogos (C.Co., arts. 622, y 822 y 2º) y la doctrina universal, queda entonces autorizado el banco para proceder a completar, como lo es el contrato principal, los demás aspectos conforme a las instrucciones restringidas o libres dadas por el cuentacorrentista, por lo que será en ese momento en que quede completo el convenio de debitación, es decir, cuando el banco llene verbalmente o por escrito la autorización recibida o simplemente la materialice en la operación de debitación correspondiente.

De allí que conformado dicho convenio de disposición especial de fondos de cuenta corriente, su cumplimiento queda enmarcado dentro de la ejecución debida del contrato de cuenta corriente bancaria. Pero quien alegue un incumplimiento para deducir la responsabilidad bancaria correspondiente debe comprobar que se desatendió todo lo pactado en la forma inicial, o que se violaron las instrucciones dadas para completar la autorización de debitación dada previamente en blanco (CPC., art. 177). Sin embargo, el referido cumplimiento o incumplimiento del pacto de debitación deja a salvo el tratamiento jurídico con la consiguiente responsabilidad que eventualmente pueda generarse y alegarse con relación a algunos negocios jurídicos u operaciones bancarias, que, como consecuencia de aquella debitación, debieran efectuarse, transformarse, ejecutarse o extinguirse posteriormente, como suele ocurrir con las compras de bienes o la constitución de depósitos a término con la suma debitada de los fondos de la cuenta corriente.

2.2. Ahora bien, por cuanto este contrato se perfecciona por el simple consentimiento de las partes, el acuerdo para disponer de los fondos depositados por el cuentacorrentista en forma diferente al giro de cheques, tampoco exige formalidades especiales para que surta efectos jurídicos y, respecto de su prueba, expresó la Corte en sentencia de 31 de marzo de 1981 que “si no hay manera de acreditar esa convención con prueba de confesión, de testigos o documental, resulta que es posible hacerlo por la vía de la inferencia, probando que ya en ocasiones anteriores, sin protesta de ninguna de las partes y, antes bien, con su beneplácito, se había dispuesto de saldos por medio distinto al giro de cheques. Así, cuando se comprueba que el cuentacorrentista había obtenido del banco la aceptación anterior para mover su cuenta logrando el traslado de fondos suyos a otras cuentas, queda acreditado ese pacto, mientras no se demuestre por el cuentacorrentista, que por orden suya posterior se dio por terminado ese acuerdo para regresar al movimiento de la cuenta sólo a través del giro de cheques. Y es más, un contrato de depósito en cuenta corriente bancaria, celebrado por escrito puede ser modificado por acuerdo de las partes expresado verbalmente” (G.J., T. CLXVI, Nº 2407, años 1980 y 1981, págs. 405 y 406)».

(Sentencia de casación, junio 14 de 1995. Expediente 4370. Magistrado Ponente: Dr. Pedro Lafont Pianetta).

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