Sentencia 4467 de agosto 18 de 1995 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

DONACIÓN DEL DERECHO HEREDITARIO

NO ES NECESARIA LA INSINUACIÓN

EXTRACTOS: «El campo de la casación se reduce aquí a averiguar cuál fue el verdadero objeto de la donación que el Tribunal halló celebrada; sólo así se podrá examinar la necesidad o no de la insinuación para donar.

Y para ello nada más conveniente que acudir primeramente al texto mismo del contrato. Allí se plasmó, ad litteram, que lo que se transfería era “la cuota hereditaria que tiene y le corresponde o pueda corresponderle en los siguientes inmuebles”, los que fueron seguidamente especificados. De aquí, lo que es decir, del tenor contractual, así como de otros pasajes del contrato en los que se dijo que lo negociado fue eso mismo, o sea, no más que la cuota hereditaria, queda claramente establecido que el objeto donado lo constituye el derecho patrimonial anexo a la calidad de heredero. Siendo así, síguese que cuando el Tribunal adujo que “de los documentos se desprende nítidamente que lo que se compra y vende son cuerpos ciertos”, contrarió ostensiblemente lo que reza el contrato, cometiendo allí el yerro fáctico consistente en confundir la transferencia de derechos hereditarios con la de los bienes singularmente considerados, cuando es patente que el objeto de una y otra cosa difiere paladinamente. En verdad, cuando lo que se quiere transferir es el derecho que por herencia corresponde al enajenante, así sea vinculándose a bienes precisos, no son estos mismos los que se están negociando, sino el derecho de herencia; lo que ocurre es que la universalidad que caracteriza derecho semejante se contrae a lo que pueda corresponderle al enajenante en los inmuebles identificados. Pero de que esto sea así, no muta la naturaleza jurídica del derecho de herencia cuyo objeto no son las cosas singulares sino la universalidad jurídica.

Mas lo que es muy de notar ahora es que, como quiera que ello sea, el derecho hereditario negociado en tales condiciones no puede ser medido de antemano. Primeramente, porque existe la incertidumbre de que efectivamente el bien sea adjudicado al heredero enajenante; y, en segundo lugar, porque aun cuando así llegase a acontecer, de todos modos se desconoce a la sazón cuál será la extensión cuantitativa de lo que le cupiere al enajenante en ese específico predio.

Es evidente, pues, que ambas cosas conspiran contra la real y efectiva mensura del derecho contratado. Y si, como acá sucede, el negocio jurídico es el de donación, de contera se imposibilita saber a ciencia cierta si ha menester la insinuación, la que, como es bien sabido, solamente es imperiosa cuando el valor de lo donado supere cierto guarismo preestablecido en la ley.

Precisado entonces que el objeto de lo donado fue el derecho hereditario y no los bienes singularmente considerados, y que, por lo mismo, no había manera para desde allí establecer la cuantía del derecho, es natural concluir que tampoco había cómo definir la necesidad de la insinuación a que alude el artículo 1458 del Código Civil».

(Sentencia de casación, agosto 18 de 1995. Expediente 4467. Magistrado Ponente: Dr. Rafael Romero Sierra).

__________________________________