Sentencia 4503 de octubre 17 de 1997 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

Magistrado Ponente:

Dr. Nicolás Bechara Simancas

Ref.: Expediente 4503

Santafé de Bogotá, D.C., diecisiete de octubre de mil novecientos noventa y siete:

(...).

7.2. Uno de los supuestos de simulación relativa es el que toca con los sujetos contratantes, fenómeno conocido como “simulación por interposición fingida de persona”, consistente en hacer figurar como contratante a quien no ostenta realmente esa calidad, con el propósito previamente acordado de ocultar a quien sí está vinculado efectivamente por la negociación, suplido en ella de manera aparente y pública por un contratante imaginario con motivo del acuerdo simulatorio que en tal sentido se dio entre quienes en él participaron. No es suficiente, sin embargo, que ese contratante aparente o imaginario aparezca actuando solamente para ocultar a quien en realidad lo hace por él para que se estructure la simulación, sino que es preciso que concurran los restantes elementos que caracterizan esta figura jurídica, esto es, la existencia de un acuerdo simulatorio trilateral para que tal cosa se dé entre ese prestanombre y los contratantes reales de la negociación, es decir entre el interponente, la persona interpuesta y el tercero; sin que para su formación se requiera en ningún caso, como requisito adicional, que el primero de ellos tenga algún grado de parentesco con el último.

De consiguiente, tampoco resulta acertada la exigencia hecha por el tribunal en la sentencia aquí combatida, que igualmente se corrige, en el sentido de reclamar como elemento adicional configurativo de la simulación un necesario vínculo de parentesco entre el interponente y el tercero; entendimiento que lo llevó justamente a descartar en el caso de este proceso el acuerdo simulatorio deprecado, porque al tenor de sus propias expresiones “...los vendedores de los inmuebles cuya transferencia se impugna, son terceras personas que no tienen ningún vínculo familiar con la familia Sánchez Díaz...” (se resalta) y más aún que aparentemente se hubiese exigido por el mismo sentenciador “...el triángulo de ventas de padres a terceros y de estos a los hijos de los primeros”, porque acorde con lo ya expresado esta última circunstancia no se torna imprescindible.

(...).

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