Sentencia sustitutiva 4533 de agosto 12 de 1997 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

INVESTIGACIÓN DE LA PATERNIDAD

PRUEBA DE GRUPOS SANGUÍNEOS

EXTRACTOS: «2. Conocer quiénes son sus progenitores es un derecho fundamental de la persona humana, claramente reconocido por las legislaciones modernas; mas, como la legislación vigente se apoya en que no existen medios absolutos y ciertos para establecer de manera positiva la paternidad, la concreción de aquel derecho ha sido restringida a la comprobación de determinadas presunciones sustanciales, las cuales fueron recogidas en el artículo 6º de la Ley 75 de 1968 que modificó el artículo 4º de la Ley 45 de 1936, consultando la realidad ordinaria de las relaciones humanas y de la ciencia, justificadas desde luego por la dificultad de una prueba directa acerca de la existencia de las relaciones que son el origen de la vida de un hijo, vale decir, las sexuales, generalmente por el secreto en que ellas se desenvuelven.

Del tenor de la demanda se colige que la pretensión tuvo como fundamento, el trato sexual entre la madre y el presunto padre en la época en que según el artículo 92 del Código Civil pudo tener lugar la concepción y el trato personal y social dado por el presunto padre a la madre durante el embarazo y el parto, circunstancias estas constitutivas precisamente de las causales en virtud de las cuales, una vez acreditadas, según los hechos específicos de cada una de ellas, permiten no sólo presumir la paternidad, sino que también autorizan su declaración judicial (L. 75 de 1968, art. 6º, nums. 4º, 5º y 6º, respectivamente).

3. De las pruebas que por mandato del artículo 7º de la ley citada son de forzosa práctica en todos los procesos de investigación de la paternidad o maternidad, a solicitud de parte, o de oficio cuando el juez lo considere útil, sin duda la más importante y reconocida entre las biológicas, es la de grupos sanguíneos, desarrollada a partir del descubrimiento de Landsteiner. Esta prueba ha permitido formular leyes y cuadros de paternidades posibles e imposibles, según la hemoclasificación conocida del hijo, la madre y el presunto padre, prueba respecto de la cual, cuando resulta positiva, se ha dicho por esta corporación que ella por sí sola no tiene la virtualidad de ubicar en el tiempo el trato sexual, fuera de no ser un “motivo autónomo o causal independiente que dé lugar a presumir la paternidad natural y, por ende, a declararla judicialmente con apoyo en este único medio de prueba”. En cambio, cuando el resultado es negativo, la prueba de grupos sanguíneos resulta eficaz para la exclusión de paternidad, pues, como lo tiene dicho la jurisprudencia desde el 11 de julio de 1958, si “bien el resultado positivo del examen de grupos sanguíneos, no excluye la posibilidad de que una persona sea el padre de un niño, ello no puede resolverse en la tesis de que tal resultado sea prueba científica de la paternidad de aquella. Sin duda que lo científico de la prueba es, tan sólo, su carácter negativo o excluyente”, o como recientemente se reiteró “el resultado de la prueba no señala paternidad, sino que la descarta” (los subrayados fuera de texto).

4. Los trabajos realizados sobre la materia, los cuales se reproducen en las obras especializadas, han comprobado que los hematíes de la sangre humana tienen un aglutinógeno (antígeno), y en correspondencia con él, hay en el plasma sanguíneo anticuerpos o aglutininas. Así, se ha encontrado dos aglutinógenos distintos, denominados A y B, que a su vez pueden manifestarse en los hematíes separadamente (A o B) o conjuntamente (AB), o faltar ambos, O, o sea, ni A ni B. El grupo sanguíneo en el sistema A B O está determinado por la existencia de tres genes diferentes, alelomorfos independientes; cada persona tiene uno de esos genes en sus células germinales. Por la dominancia de A y B, y la recesividad del O, las nueve combinaciones posibles dan lugar a seis genotipos (expresión genética de un factor) y cuatro fenotipos (expresión física apreciable de un factor genético) o grupos sanguíneos: A, B, AB y O, a partir de las cuales, independientemente de otros subgrupos o factores que no es menester mencionar, se han formulado los siguientes conceptos: 1) Las propiedades de los grupos A y B se heredan según las leyes de Mendel, como propiedades dominantes; por tanto, no pueden darse en los hijos si no existían en los padres. 2) El padre o la madre del grupo O no pueden tener un hijo del grupo AB; el padre o la madre AB no pueden tener un hijo O.

5. Según Uribe Cualla, el análisis comparativo de los grupos sanguíneos conocidos de la madre, el hijo y el presunto padre, asegura con certeza la exclusión de la paternidad, pero en modo alguno la afirma (pág. 645). Ahora, como en el proceso se estableció que la madre de la demandante y el presunto padre tienen un mismo grupo sanguíneo, vale decir, “O” con factor Rh positivo, resulta bien claro que en sus hijos no se puede transmitir los grupos dominantes “A” ni “B”; en consecuencia, como la actora tiene grupo sanguíneo “B” con factor Rh positivo, es apenas obvio que no puede tener por padre al demandado, pues como lo indicó el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Seccional Córdoba, si la demandante posee grupo sanguíneo “B” con factor Rh positivo, su madre “no podrá ser “O”, A ni “AB”, ya que de padre con grupo “O” y madre con grupo “O”, en todos sus hijos se transmitirá ese grupo “O”; cuando se combina un padre “O” con madre “A”, los hijos pueden ser “O” u “A” y la combinación de padre “O” con madre “AB” los hijos son “A” o “B”” (fol. 31, C-Trib.).

6. Como se observa, para excluir la paternidad natural con base en el análisis de los grupos sanguíneos, sólo se necesitaba conocer el correspondiente a la madre, el hijo y el presunto padre, pues los demás elementos para negarla, son reglas de antemano establecidas por la ciencia y la biología, de ahí que la sentencia del Tribunal fue casada simplemente porque en el expediente no se encontraba materialmente el dictamen científico relacionado con la hemoclasificación del demandado Dámaso Tercero Caldera Díaz, practicado por la perito Gloria Elisa Mattos Vertel.

6.1. La citada prueba fue allegada legalmente al expediente y objetada por la parte demandante, fundamentalmente porque no aparece memoria en el proceso de los exámenes realizados por la perito para llegar al resultado informado y porque no se indicó si ella directamente practicó las pruebas de laboratorio, simplemente los documentos determinan que “tomó una muestra de sangre (...). Pero tomar una muestra de sangre no es hacer un examen”.

Lo anterior claramente pone de presente que la objeción por error grave resulta infundada, porque si la perito clasificó al demandado en el grupo sanguíneo “O” factor Rh positivo, ello supone que no solamente tomó la muestra, como así se acepta por el objetante, sino que aplicó sus especiales conocimientos a ese propósito. Si bien, en el informe no se señaló el método utilizado, ello atañe más a un aspecto formal de la prueba, entre otras cosas cumplido en la oportunidad procesal para su complementación (fls. 70, 72 y 74, C-Corte), que a una manifiesta disparidad entre las conclusiones del dictamen y la realidad, único evento en que, conforme lo establece el artículo 238, numeral 5º, del Código de Procedimiento Civil, el error grave se configuraría, o como lo dijo la Corte en auto de 8 de septiembre de 1993, evocando doctrina anterior,

“(...) “si se objeta un dictamen por error grave, los correspondientes reparos deben poner al descubierto que el peritazgo tiene bases equivocadas de tal entidad o magnitud que imponen como consecuencia necesaria la repetición de la diligencia con intervención de otros peritos” (G.J., T. LII, pág. 306) pues lo que caracteriza desaciertos de ese linaje y permite diferenciarlos de otros defectos imputables a un peritaje, “es el hecho de cambiar las cualidades propias del objeto examinado, o sus atributos, por otras que no tiene; o tomar como objeto de observación y estudio una cosa fundamentalmente distinta de la que es materia del dictamen, pues apreciado equivocadamente el objeto, necesariamente serán erróneos los conceptos que se den y falsas las conclusiones que de ellos se deriven””.

6.2. El dictamen rendido por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Seccional Córdoba, fue objetado por haber tenido en cuenta como fundamento de sus conclusiones sobre exclusión de paternidad, una prueba de hemoclasificación que no aparecía materialmente en el proceso, como fue la practicada al demandado, y otra, de la misma índole, respecto de la cual no se había conferido el respectivo traslado, vale decir, la correspondiente a la madre de la demandante, de donde se desprende, entonces, que el error endilgado no es autónomo, sino que depende de otras consideraciones. Sin embargo, como la Corte no sólo incorporó la que no se había allegado, sino que respecto de una y otra confirió el respectivo traslado, confirmándose en ambas el mismo resultado, es decir, el mismo que tuvo en cuenta medicina legal en el análisis comparativo, no puede sostenerse que la conclusión contenida en dicho dictamen es manifiestamente contraria a la realidad.

Así las cosas, la objeción formulada por esos aspectos resulta infundada. Igualmente lo es cuando como fundamento de ella se trae a cuento circunstancias ajenas a su práctica, relacionadas exclusivamente con la evacuación del dictamen para establecer el grupo sanguíneo del demandado, respecto del cual también se formularon objeciones sin resultado positivo alguno. Además, las conclusiones de exclusión de paternidad no son meras suposiciones, sino que resultan de la aplicación de conceptos elaborados por la ciencia, los cuales la parte objetante no aparece descalificando.

6.3. Por lo demás, la conclusión probatoria acerca de la clasificación del grupo sanguíneo de la señora Beliasar Jiménez de La Ossa y Tercera del Socorro Caldera Jiménez o Jiménez, no se puso en duda por ninguna de las partes del proceso. Luego, al resultar infundada la objeción formulada contra la prueba de hemoclasificación tomada al demandado Dámaso Segundo Caldera Díaz, indubitablemente quedó establecido que los padres, de la demandante poseen un mismo grupo sanguíneo, “O” Rh positivo, mientras que ésta tiene uno distinto (dominante), “B” Rh positivo. Si ello es así, se concluye, por lo visto, que el demandado no puede ser el padre de aquélla.

6.4. De otro lado, es importante resaltar que desde el momento de haberse decretado la práctica de la prueba sobre huella genética de DNA, en especial, el examen VNTRS y/o STRS, o la análoga (HLA), la parte demandante adoptó una conducta totalmente pasiva, negligente, pese al esfuerzo de la Corte a ese propósito. Además, si se quería despejar cualquier duda sobre la paternidad investigada, inclusive sobre el grupo sanguíneo del demandado, no se encuentra explicación alguna a ese comportamiento de la parte, mucho menos cuando debió aprovechar que para la época el presunto padre aún no había fallecido, pero muy seguramente ello se debió al temor de confirmarse el resultado de las demás pruebas sanguíneas.

7. En consecuencia, siendo negativo a la paternidad natural reclamada, el análisis comparativo de los grupos sanguíneos de la madre de la demandante, de ésta y del presunto padre, no se hace necesario entrar a estudiar cada una de las causales de presunción de paternidad aducidas, por aparecer desvirtuadas con la prueba pericial practicada, razón por la cual la sentencia impugnada debe ser revocada en todas sus partes, para, en su lugar, absolver a la parte pasiva de las pretensiones formuladas».

(Sentencia sustitutiva, agosto 12 de 1997. Expediente 4533. Magistrado Ponente: Dr. José Fernando Ramírez Gómez).

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