Sentencia 4540 julio 10 de 1995 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

EXIGIBILIDAD DE OBLIGACIONES CONTRACTUALES

DIFERENCIA ENTRE INCUMPLIMIENTO Y MORA

EXTRACTOS: «1. Por sabido se tiene que los contratos han de ser ejecutados de buena fe y son, tal cual lo dispone el artículo 1602 del Código Civil, una ley para las partes, esto es que su voluntad las vincula entre sí a tal grado que sólo pueden liberarse de las obligaciones surgidas del contrato mediante la “prestación de lo que se debe”, es decir, por la solución o pago efectivo, según las voces del artículo 1626 del mismo Código.

1.1. Acorde con tales postulados, el artículo 1546 de ese estatuto autoriza al contratante cumplido, en los contratos sinalagmáticos, a impetrar la resolución o el cumplimiento del mismo por el contratante incumplido, y en ambos casos con la indemnización de perjuicios correspondiente, norma que guarda estrecha relación con lo preceptuado por el artículo 1608 del Código Civil, en cuyos tres numerales el legislador definió cuándo se encuentra en mora el deudor.

La mora del deudor no puede en ningún caso confundirse con el incumplimiento de las obligaciones contractuales, como quiera que aquella, como lo tiene por sentado la jurisprudencia de esta Corporación, consiste en “el retraso, contrario a derecho, de la prestación por una causa imputable a aquél” (casación 19 de julio de 1936, G.J. t. XLIV, pág. 65), en tanto que el incumplimiento es la inejecución de la obligación debida, ya sea ésta positiva (dare, facere) o negativa (non facere).

1.2. Significa entonces lo anterior que exigibilidad y mora de la obligación son dos nociones jurídicamente diferentes. La primera se predica de las obligaciones puras y simples, esto es, las que no se encuentran sometidas a plazo, condición o modo, ya porque nunca han estado sujetas a una cualquiera de estas modalidades, ora porque éstas ya se realizaron y, por ello el acreedor se encuentra autorizado a exigir al deudor su cumplimiento, aun acudiendo para el efecto a la realización coactiva del derecho mediante la ejecución judicial; la mora, en cambio, supone el retardo culpable del deudor en el cumplimiento de la obligación, y para constituir en ella al deudor, se requiere que sea reconvenido por el acreedor, esto es, que se le intime o reclame conforme a la ley la cancelación de la prestación debida. De tal suerte que, sólo a partir de surtida la interpelatio puede afirmarse que el deudor incumplido además ostenta la calidad de deudor moroso, momento éste a partir del cual puede exigirse el pago de perjuicios conforme a lo dispuesto por los artículos 1610 y 1615 del Código Civil, o reclamarse el pago de la cláusula penal, que entonces se torna exigible de acuerdo con lo preceptuado por los artículos 1594 y 1595 del Código Civil.

1.3. Como se ve por lo expuesto, si una de las partes contratantes incumple con sus obligaciones, el acreedor, por el solo hecho de este incumplimiento no puede reclamar el pago de los perjuicios que le hubieren sido causados con él, pues para ello se requiere constituir en mora al deudor.

1.3.1. Sin embargo, en manera alguna puede aseverarse que el acreedor se encuentre entonces impedido para exigir el cumplimiento de la prestación que se le debe, pues este derecho surge de la exigibilidad de la obligación pactada en el contrato y no de la existencia de la mora, que son, sin duda, fuentes diferentes. Porque desde aquel momento pueden los contratantes reclamar el cumplimiento de la obligación contractual cuya certeza jurídica resulta indiscutible, o bien en caso de falta de certeza jurídica sobre su existencia o sobre alguno de sus elementos, pueden los contratantes solicitar previamente la declaración de su existencia jurídica y su posterior cumplimiento, o simplemente solicitar este último bajo la condición implícita de que se establezca dicha certeza.

1.3.2. En ese orden de ideas, resulta claro que la mora, si la obligación es dineraria, supone, necesariamente, que se encuentre plenamente determinada, es decir que con certeza se halle establecido cuál es su monto, asunto este sobre el cual, desde antiguo tiene dicho la Corte que “la mora en el pago sólo llega a producirse cuando exista en firme una suma líquida” (sentencia de casación, 27 de agosto de 1930, G.J. t. XXXVIII, pág. 128).

2.2. No asiste en este punto la razón al impugnador, pues parte de la base de que para exigir el cumplimiento de la obligación contractual se hace necesario requerir al otro contratante, requerimiento que, como ya se observó, sólo es indispensable conforme a la ley para reclamar la indemnización de perjuicios, conforme a lo establecido por los artículos 1610 y 1615 del Código Civil, dado que son diferentes, de un lado la fuente de la obligación contractual y su exigibilidad y, de otro, la indemnización de perjuicios y la mora. Por ello, resulta un imperativo lógico jurídico concluir que si del contrato nacen obligaciones y, si del incumplimiento de éstas surge para uno de los contratantes el derecho a reclamar la prestación que se le debe, ello no se encuentra supeditado a la constitución en mora del deudor por uno cualquiera de los eventos previstos para el efecto por el artículo 1617 del Código Civil, dado que la fuente de la obligación principal es el contrato válidamente celebrado y no la mora del deudor la que, en cambio, sí resulta indispensable cuando se reclama la indemnización de perjuicios».

(Sentencia de julio de 1995. Expediente 4540. Magistrado Ponente: Dr. Pedro Lafont Pianetta).

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