Sentencia 4544 de abril 23 de 1998 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

ACCIÓN DE SIMULACIÓN

TAMBIÉN PROCEDE CUANDO HUBO MOTIVOS ILÍCITOS

EXTRACTOS: «1. Es, ciertamente, sensato inferir que las relaciones jurídicas no están signadas únicamente por criterios prácticos y racionales que las despersonalizan para reducirlas a meros vínculos patrimoniales, frente a los cuales ninguna trascendencia podrían tener las reglas morales, ya que estas, por el contrario, subyacen de manera palpable en el ordenamiento legal como un criterio regulador que impide el abuso de las formas jurídicas, a las cuales, por el contrario, le dan contenido y sustancia.

Principios de tanta importancia para el derecho como el de la justicia y el equilibrio en las relaciones contractuales, el de la relatividad de los derechos, el de la apreciación de los móviles negociales, la protección de la buena fe y el repudio del dolo y la malicia, entre otros, ponen de manifiesto que las reglas morales penetran profundamente las estructuras jurídicas, dotando los fines patrimoniales o económicos que persiguen de contenidos axiológicos.

Y es, justamente, una regla moral la que inspira el artículo 1525 del Código Civil, en cuanto dispone que “no podrá repetirse lo que se haya dado o pagado por un objeto o causa ilícita a sabiendas”, constituyendo así la consagración legislativa del principio Nemo auditur. Sin embargo, la prohibición de repetir lo que se haya dado o pagado por un objeto o causa ilícita a sabiendas, establecida en el aludido precepto, no tiene cabida en materia de simulación, de un lado, porque dado su carácter sancionatorio, no puede aplicarse analógicamente y, de otro, porque, como lo ha sostenido la Corte, produciría consecuencias enojosas y conduciría a situaciones injurídicas, como la de afianzar los negocios simulados, en lugar de destruirlos, amén de que aparejaría un enriquecimiento injusto del simulante demandado quien, de todas formas, es coautor, o por lo menos cómplice, del acto ilícito.

En efecto, si bien es cierto que esta corporación hace más de treinta años admitió que la acción de simulación debía serle negada a quien la hubiese propiciado por motivos ilícitos, no es menos cierto que dicha posición dejó de prevalecer, al ser modificada en jurisprudencia posterior, que todavía conserva vigencia, plasmada en la sentencia de 18 de diciembre de 1964 y prohijada en ocasiones posteriores, más recientemente en sentencia, aún no publicada, dictada el 24 de febrero de 1994.

Se dijo entonces, y hoy se ratifica, que

“Si se llegara a admitir la aplicación de la regla Nemo auditur en el campo de la simulación, sobrevendría el caso de que el simulante actor, advertido por ello del posible insuceso de su pretensión, procuraría omitir u ocultar en su demanda toda referencia al móvil ilícito y alegarla una causa simulandi lícita y también ficticia. En este supuesto corresponderá al simulante demandado descubrir y probar el verdadero móvil ilícito, a fin de evadir la restitución de los bienes recibidos en apariencia. Esto sería escandaloso, y resultaría doblemente inmoral que al demandante se le rechazara su acción por alegar un móvil ilícito y que, en cambio, al demandado se le permitiese acudir a ese mismo móvil para exonerarse de la restitución y consolidar el enriquecimiento injusto, obteniendo así un premio a su deslealtad y a su mala fe. Sería contrario a la justicia y a la más simple lógica que entre las partes simulantes no pudiera alegarse la simulación ilícita como acción, pero que sí se la pudiese invocar y hacer valer como excepción”.

Y más adelante se agregó:

“Denegar la repetición o la restitución de bienes en materia de simulación ilícita, equivaldría a hacer ilusoria la acción correspondiente, y ello cuando la propia ley da margen al negocio simulado, reconociéndole efectos jurídicos entre las partes que lo conciertan. Esa denegación quebrantaría aquel principio que ordena preferir la realidad a la apariencia; (plus valere quod agitur quam quod simulator)...” (G.J. CIX, 199).

Desde luego que la negación de la acción de simulación a quienes acuden a ella por motivos ilícitos apareja una solución, ella sí en verdad inmoral, en cuanto desemboca en la tolerancia del abuso de la confianza que los simulantes se han depositado, permitiéndosele, además, a quien no tiene ningún derecho a ello, aprovecharse del fraude para enriquecerse maliciosamente, todo contrariando, por supuesto, la regla “nemini sua fraus patrocinari debet”.

2. En fin, no obstante la validez de la jurisprudencia que hoy se ratifica, lo cierto es que en el asunto que ahora se despacha, el fraude a los acreedores que, según se dijo, motivó la simulación, fue apreciado por el Tribunal en su exacto sentido, es decir, como un indicio de la misma, sin que pueda verse en él la consumación de una ilicitud porque el deudor, según se desprende de los documentos que obran al folio 288 y ss. del cuaderno Nº 3, pagó las obligaciones por las cuales era ejecutado, además que, de no haber sido así, habría incumbido a los acreedores ejercitar la acción pertinente destinada a impedir que el acto ilícito se hubiese consolidado, es decir, demandando la simulación, no solidificándola como la censura lo propone».

(Sentencia de casación, abril 23 de 1998. Magistrado Ponente: Dr. Jorge Antonio Castillo Rugeles).

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