Sentencia 4722 julio 21 de 1995 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

SOCIEDADES EN LIQUIDACIÓN

SON SUJETOS PROCESALES

EXTRACTOS: «1. Las personas jurídicas, como las naturales, nacen y mueren; he ahí los extremos dentro de los cuales se considera que están dotadas de personalidad jurídica. En general, unas y otras gozan de los mismos atributos. Para no mencionar aquí sino lo necesario, todas ellas, mientras vivan, tienen cuando menos la capacidad de goce, es decir, son sujetos con aptitud para ser titulares de derechos. Tórnase irrecusable, entonces, la afirmación de que también tienen aptitud para ser sujetos del proceso.

Ahora bien; el punto que concierne a esta litis es el de la extinción de las personas; y al paso que él no suscita mayor dificultad en tratándose de las naturales, ya respecto de las jurídicas se presta a controversia.

Así, a diferencia de las personas naturales, las sociedades comerciales deben saber cuándo perecen; la duración de su vida no puede estar en el limbo; la ley exige, por el contrario, que se conozca cuándo ocurrirá su extinción; más aún: que se sepa desde su propio nacimiento —y no aproximadamente sino con toda certeza—, comoquiera que entre los requisitos que enuncia para su constitución está el de que se exprese “La duración precisa de la sociedad” (C. Co., art. 110, num. 9).

Porque ello es así, y porque además la ley enlista expresamente como causal de disolución el hecho del “vencimiento del término previsto para su duración” (art. 218, num. 1º, in fine), se creyó en un momento dado que la sociedad quedaba literalmente extinguida allí mismo; pensábase, ciertamente, que fenecía de un solo golpe, pues el significado mismo de “disolver”, así lo indicaba. Criterio que, sin embargo, no satisfacía del todo, porque entonces quedaba sin explicar, entre otras cosas, cómo aún después se notaba la existencia de los órganos de la sociedad; ¿que sólo era para efectos de liquidarse? convenido; pero lo evidente es que seguían operando. Y no explicaba, así mismo, que fuera la propia ley la que la mirase con personalidad jurídica, señalando que, a despecho de su disolución, “conservará capacidad jurídica” (art. 222 del mismo código), aunque fuere únicamente para los actos necesarios a su inmediata liquidación; y qué pensarse en relación con el deber que tiene el liquidador de “continuar y concluir las operaciones sociales pendientes al tiempo de la disolución” (art. 232 ejusdem).

Fue preciso, así, admitir que tras la disolución, la sociedad entraba en un período de supervivencia; que la disolución no era el propio fin de la persona jurídica, sino apenas el comienzo del fin, desde luego que se la veía entrar en una especie de letargo, porque evidentemente se producía una alteración profunda en su trasiego vital, en particular porque, agotado su objeto social, ya no disponía de una capacidad vigorosa sino restringida; simplemente vivía para morir, esto es, para liquidarse. Entendióse entonces que la verdadera y propia extinción de la sociedad ocurría a partir de la liquidación total de la misma.

Criterio que prohijó esta corporación al sostener desde hace largo tiempo que la liquidación de la sociedad “es un estado legal de su existencia” (XLII, 614), y que “en tanto que la liquidación no haya concluido, el ser moral, la sociedad, subsiste activa y pasivamente, para los terceros y para los asociados” (XLV, 760). Y al aseverar en otra ocasión más fresca, que “la disolución no se confunde con la extinción de la sociedad, puesto que ésta indudablemente continúa con vida jurídica como tal, así sea únicamente para finalizar las operaciones en curso y alcanzar la meta de su liquidación” (Cas. Civ., sent. de 23 de junio de 1982).

Siendo que una sociedad en liquidación, aunque disuelta, supervive, despréndese como corolario que de ella no puede predicarse la inexistencia. Está dotada aún de personalidad jurídica y, por ende, perfectamente susceptible de ser un sujeto procesal. Puede demandar y ser demandada».

(Sentencia de casación, julio 21 de 1995. Expediente 4722. Magistrado Ponente: Dr. Rafael Romero Sierra).

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