Sentencia 4731 de enero 28 de 1994 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN CUARTA

BILLETES EMITIDOS POR EL BANCO DE LA REPÚBLICA

NO SON CONVERTIBLES EN ORO

EXTRACTOS: «El billete presentado, así como todos los billetes que emite el Banco de la República, no es más que uno de los documentos constitutivos de moneda de papel que el ban-co lanza a pública circulación, al igual que la metálica, por autoridad de la ley en su condición de banco emisor, consagrada tanto en la Constitución derogada, con desarrollo entre otras normas en la Ley 7ª de 1973, y más claramente en la nueva Carta Política en el artículo 371.

El billete no es un documento de deber, ni un título valor y menos aún un título ejecutivo. Mal puede atribuírsele al texto en él estampado, las consecuencias jurídicas de las obligaciones inter-partes, contenidas en aquellos, ni pretender que incorporan su valor en forma igual o similar al que se atribuye a los títulos valores, ni constituye título que pueda presentarse a juez alguno para forzar su pago o conversión en otra especie.

A ninguno de tales instrumentos es equiparable el billete que el banco emite, no en su condición de persona jurídica con capacidad de adquirir derechos y obligaciones, sino como emisor autorizado de la moneda y precisamente de la moneda legal colombiana, o sea, la única a la cual la legislación del país le atribuye poder liberatorio de las obligaciones, esas sí contraídas en aquellas clases de instrumentos.

La moneda, o sea, el “signo representativo del precio de las cosas para hacer efectivos los contratos y los cambios” (Diccionario de la Lengua Española), constituye una de las más claras y elementales manifestaciones del poder estatal. La soberanía monetaria le ha correspondido y sigue correspondiéndole a la Nación y por ello jurídicamente no puede encasillarse en campos distintos. Todo lo que corresponde a la moneda pertenece al derecho público y las leyes y normas que regulan, tanto la metálica como la de papel, no pueden juzgarse ni interpretarse con las mismas normas que regulan las expresiones de voluntad consignadas en otro tipo de instrumentos como los de deber.

Las previsiones contenidas en el artículo 3º de la Ley 167 de 1938, en las cuales se ha apoyado en forma insistente el actor, se referían precisamente a aquel tipo de obligaciones en el evento de que se hubieren contraído “...en otras monedas de oro...”, pero no a las que corresponden al banco con relación a sus propios billetes. Por ello tales previsiones no le son aplicables al banco con relación a sus propios billetes con los cuales no está adquiriendo aquel tipo de obligaciones, así diga en ellos que pagará al portador tantos pesos oro.

Por vía de interpretación de la citada Ley de 1938, mal puede darse por restablecido el sistema de conversión de los billetes que de tiempo atrás había sido sustituido por la legislación colombiana, como en forma nítida lo aclaró la Corte Suprema de Justicia en el fallo del 25 de febrero de 1937 en el cual declaró la exequibilidad del artículo 2º de la Ley 46 de 1933, junto con otras normas, y que, con relación al tema de la convertibilidad (en oro o en cualquier otro bien) de los billetes expresó:

“El artículo 2º de la Ley 46 de 1933 determina el valor de la moneda nacional en curso en relación con el oro amonedado, tanto colombiano como extranjero, y modifica, en lo relativo al pago de las obligaciones contraídas en valutas extranjeras, las disposiciones legales vigentes en ese entonces, en el sentido de establecer el momento que debe tenerse en cuenta para ser reducidas a moneda colombiana (...).

La Ley 25 de 1923 concedió el privilegio al Banco de la República de emitir billetes de banco, con curso a la vez facultativo y de caja, esto es, con carácter de recusable por parte de las personas y de obligatoria admisión en las arcas nacional, departamentales y municipales.

La Ley 82 de 1931 confirió a los billetes del Banco de la República curso legal, es decir poder liberatorio absoluto, salvo que “por contratos se estipule expresamente otra cosa”.

Desde cuando se estableció el Banco de la República hasta el 24 de septiembre de 1931, funcionó en el país el sistema conocido con el nombre inglés de “gold specie standar”, cuya esencia consiste en que el precio del oro, el valor del oro en unidades monetarias está fijado por la ley, y eso determina el valor de la unidad monetaria misma (...).

A partir del Decreto 1683 de 1931, se inició el sistema denominado “gold exchange standar”, el cual había sido previsto por las Leyes 25 de 1923 y 28 de 1931. El gold exchange standar es un medio práctico de economizar el uso del oro en la aplicación del patrón de oro. Se puede compararlo al pago de saldos, por cheque, entre bancos, en la oficina de compensación, en lugar de solucionarles en dinero efectivo. Se hace uso del oro en los negocios internacionales como uno de los medios de cambio, pero éste es un medio de cambio, no entre diferentes mercancías (salvo indirectamente), sino entre monedas diferentes.

Según ese sistema, teóricamente no todo el oro se atesora por el banco emisor, sino que se invierte en colocaciones a corto término en pla-zas extranjeras, ganando interés. El banco emi-sor regula el cambio ofreciendo las divisas apreciadas y demandando las divisas despreciadas. Exporta también el oro (el cual en ningún caso se acuña), cuando ello es necesario, para restablecer el equilibrio en esa combinación.

Entendiendo por curso forzoso la dispensa del banco emisor de la convertibilidad de sus billetes, con el citado decreto no se modificó el curso legal del billete, pero tácitamente adquirió curso forzoso el crédito que esos billetes representan.

Con lo dicho queda demostrado por qué ra-zón el inciso segundo del artículo que se analiza se limitó a fijar el valor de la moneda nacional en circulación, en relación con el oro acuñado colombiano y extranjero”. (Mg. Ponente: Dr. Juan Francisco Mújica).

Finalmente se precisa que una cosa es la definición de la unidad monetaria colombiana y la expresión de su valor equivalente en oro, consagrados en el artículo 1º de la Ley 90 de 1948 y otra, la posibilidad de la convertibilidad de los billetes emitidos por el Banco de la República.

Si esta última dejó de existir, según el transcrito análisis de la Corte Suprema de Justicia y si, por otra parte, la ley le atribuyó al billete el curso forzoso, resulta jurídicamente válida la conclusión de que el billete en sí mismo es moneda, o sea, instrumento legal que puede utilizarse para toda clase de pagos en el territorio nacional, con poder liberatorio ilimitado, como acertadamente lo expresó desde un principio el Gerente General del Banco de la República.

En conclusión, la Sala respalda plenamente la determinación del Banco de la República de negarse a convertir uno de sus billetes en oro o en su equivalente en moneda legal al precio de éste, por cuanto tales billetes constituyen en sí mismos la moneda legal colombiana, susceptible sólo de cambiarse, por su valor nominal, por otros billetes de igual naturaleza emitidos por el mismo banco y por ello comparte las juiciosas razones expuestas por el banco y acogidas por el tribunal en la sentencia apelada que, en consecuencia, deberá confirmarse».

(Sentencia de enero 28 de 1994. Expediente 4731. Consejero Ponente: Dr. Jaime Abella Zárate).

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