Sentencia 4739 de mayo 13 de 1998 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL y AGRARIA

PARTICIÓN DE LA HERENCIA

DISTRIBUCIÓN EQUIVALENTE Y JUSTA ENTRE LOS HEREDEROS

EXTRACTOS: «1. A pesar de la significativa importancia que para el partidor deben tener las pautas contenidas en el artículo 1394 del Código Civil, estas no asumen, ni pueden hacerlo, el carácter de normas estrictamente imperativas, sino que más bien se ofrecen como arquetipos encaminados a que el trabajo de partición refleje de manera palpable los principios igualitarios y de ecuanimidad que las inspiran, es decir, que la partición se constituya en un acto justo de distribución de la herencia.

Miradas, incluso, a simple vista expresiones tales como “si fuera posible”, “se procurare”, “posible igualdad”, contenidas en su texto, ellas ponen de presente cómo el legislador tuvo como propósito cardinal, sentar unas reglas de innegable valía en el campo axiológico, pautas que deben ser atendidas por el partidor con miras a distribuir de manera equivalente y justa entre los herederos los bienes de la masa sucesoral, pero cuya aplicación y ámbito de influencia está signada inevitablemente por las precisas y propias circunstancias de cada caso particular, por lo que, dada su ductibilidad, solo excepcionalmente y frente a una ostensible arbitrariedad, pueden servir en casación de soporte a un cargo por infracción de norma sustancial.

“En la equidad natural —ha dicho la Corte— se informan las reglas atinentes a la partición. Pero como son innumerables las diversas situaciones de orden público que, suelen presentarse, el legislador para atender a todas ellas se limita por lo común a señalar los principios generales aplicables para conseguir que exista equivalencia y semejanza entre los diversos lotes sacados de la masa partible. Por lo general, tales preceptos envuelven poderes discrecionales para el juzgamiento en la instancia y, por lo mismo, rara vez permiten sustentar en casación la causal primera, desde luego que se trata de recursos extraordinario, y no de tercer grado en el proceso. Así, cuando el artículo 1394 del Código Civil, en su regla séptima, habla de que ha de guardar la posible igualdad, adjudicando a cada uno de los consignatorios cosas de la misma naturaleza y calidad que a los otros, o haciendo hijuelas o lotes de la masa partible, y en la regla 8ª expresa que en la formación de los lotes se procurará no solo la equivalencia sino la semejanza de todos ellos, marca apenas una directriz general, de la que arrancan los poderes discrecionales del sentenciador en la instancia, sin perjuicio de que con fundamento en las mismas normas puedan los interesados reclamar contra el modo de composición de los lotes, según lo previsto en la regla 9ª. Pero el debate al respecto, salvo arbitrariedad manifiesta queda cerrado definitivamente en la instancia...” (Cas. julio 18 de 1969, Cas. febrero 29 de 1988).

2. En todo caso, en el asunto sub júdice, entendió el tribunal que la partición se ceñía a lo dispuesto por el numeral 7º del artículo 1394 del Código Civil, pues el partidor “....guardó perfecta igualdad, ya que adjudicó a cada uno de los consignatarios cosas de la misma naturaleza y calidad, procurando no solo la equivalencia, sino también la semejanza entre ellos”, inferencia que, confrontada con la partición sometida a su examen, no se evidencia como errónea o contraria a la ley. En efecto, no puede perderse de vista que mediante decisión del 6 de septiembre de 1988 (fl. 17 cdno. 3), el tribunal sentó, de manera definitiva, las reglas a las cuales debía someterse el partidor en cumplimiento de su encargo. Dijo al respecto que debía acatarse lo ya ordenado, destacando que en “la distribución de bienes a los herederos debe tener en cuenta no solamente que a cada uno le corresponda suma igual, sino que su valor esté equitativamente representado teniendo en cuenta la calidad de los bienes a partir”, o sea, que debía atenderse a la “naturaleza” de los activos de la sucesión, de modo que a los adjudicatarios le correspondiese cosas de similar sustancia, regla esta que, sin lugar a dudas, fue respetada por el auxiliar de la justicia.

Ciertamente, al paso que a la heredera Vesga Parra se le adjudicó un lote, a los demás herederos les correspondió por lo menos un apartamento, bienes estos que indudablemente son de la misma naturaleza pues nadie podría controvertir su calidad de inmuebles. luego fluye de lo anterior que las distintas hijuelas son patrimonial y jurídicamente semejantes, dándosele así un trato igualitario a todos los herederos; por supuesto que no existe motivo alguno que permita pensar que con la adjudicación a uno de ellos del lote de Normandía, resultasen lesionados Los demás, pues no obra en el expediente prueba que ponga de presente desproporción entre el precio de aquel inmueble con los apartamentos asignados a los demás.

3. De otro lado, el adecuado discernimiento: que al numeral 7º del artículo 1394 del Código Civil compete, no permite inferir que contenga un mandato insoslayable al partidor para que establezca comunidades ordinarios entre los consignatarios mediante la adjudicación “en común y proindiviso” de los bienes que conforman la masa sucesoral, pues no alude a la asignación de cuotas o partes de uno o más bienes de la herencia, además que carecería de sentido la alocución “posible igualdad” puesto que por tratarse de un fraccionamiento inmaterial o meramente ideal de la especie, la adjudicación siempre sería matemáticamente igualitaria. Tampoco es posible colegir, si se enlaza con las normas que le son afines, que la susodicha regla tenga por finalidad la de instruir al partidor para que forme comunidades entre los herederos, sino que, más bien, partiendo del presupuesto de que exista una pluralidad de especies de naturaleza y calidades similares, manda que, en cuanto sea posible, a todos los herederos se les atribuyan cosas sustancial y cualitativamente iguales.

El ordenamiento civil, por el contrario, se muestra refractario a una interpretación de ese talante, toda vez, que, en principio, rechaza la imposición de comunidades, regla que permite deducir la exigencia del expreso acuerdo entre los herederos al respecto, al paso que, antes que optar por la constitución de un régimen de copropiedad sobre un bien indivisible de la sucesión, el numeral 1º del artículo 1394 ibídem, prefiere la venta del mismo.

Por consiguiente, el cargo no prospera».

(Sentencia de casación, mayo 13 de 1998. Expediente 4739. Magistrado Ponente: Dr. Jorge Antonio Castillo Rugeles).

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