Sentencia 4912 de noviembre 5 de 1997 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

Magistrado Ponente:

Dr. Rafael Romero Sierra

Ref.: Expediente 4912

Santafé de Bogotá, D.C., cinco de noviembre de mil novecientos noventa y siete.

EXTRACTOS: «Puesta la Corte en camino de dilucidar tal asunto, no puede dejar de resaltar, a propósito de la denominación que el propio código trae en el capítulo pertinente, que las dos situaciones tratadas por el tribunal están arropadas por igual con el nombre genérico de “servicios” inmateriales; no parece entonces seria ni sólida la distinción entre “obras” y “servicios” inmateriales. Por donde empieza a columbrarse que la diferencia que entre ellas pueda existir no ha de estar en la tangibilidad del servicio u obra material en que se apoyó el ad quem. Como en efecto no lo es, si se repara en que lo verdaderamente distinguible está en otro lado: depende es de si el servicio representa una actividad aislada o una “larga serie de actos”.

Ciertamente, corregir un impreso, o componer una obra literaria —ejemplos de los que se sirvió el legislador para ilustrar el artículo 2063—, son labores que implican una actividad que bien puede ser considerada como aislada, por supuesto que su ejecución es única, o de una vez.

Por contraste, el escritor asalariado para la prensa, el secretario, el preceptor, etc. —Ejemplificación traída por el otro artículo, el 2064—, realizan una labor continuada y reiterada, por un espacio de tiempo más o menos prolongado; vale decir, es tarea que no se agota en una actividad insular sino que, antes bien, es permanente, habida cuenta que supone el eslabonamiento de “una larga serie de actos”, cual lo señala expresamente la misma norma.

En este segundo evento, dada precisamente las características del servicio, en particular en cuanto concierne a la continuidad, es bien factible que aflore la subordinación en que se halla el operario frente al que se beneficia de su servicio. Razón por la cual se entiende que en tal caso bien puede existir es un contrato de trabajo, y que, por consiguiente, así como el de arrendamiento de criados domésticos, igualmente se trata de un capítulo que se sustrae del código civil para formar parte de ordenamiento jurídicos autónomos y diferentes.

Sentada la real diferenciación que existe en el punto, cumple decir ahora que, en síntesis, el ordenamiento jurídico civil no quedó regulando más que los servicios que se prestan sin subordinación del operario o artífice. O sea, cuando el encargo consiste en un servicio que intrínsecamente se presta sin sujeción al dueño de la obra, para lo cual goza el operario de cierta autonomía; en todo caso, y esto es sin duda lo más relevante, sin llegar a constituir una relación laboral. Para decirlo en breve, dentro de su marco normativo quedaron los servicios a que alude el artículo 2063 del Código Civil.

Y como tal norma autoriza la aplicación, en lo fundamental, de las disposiciones que disciplinan el contrato de confección de obra material, hay que convenir en que hoy, dentro de los confines del derecho civil, pierde relevancia el distinguir si la obra contratada consiste en una obra material o en una obra inmaterial, por supuesto que el tratamiento jurídico es prácticamente el mismo; aspecto en el que coincide el grueso de la doctrina; por lo que cabe concluir, entonces, que el tribunal fue desafortunado no solo en punto del motivo que adujo para establecer la cuestionada diferenciación, sino también en cuanto a la diferenciación misma que hizo entre obras y servicios inmateriales, desatino que, como ya se dijo, resulta intranscendente para determinar el desquiciamiento del fallo impugnado».

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