Sentencia 4922 de octubre 21 de 1997 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

CONFESIÓN EXTRAJUDICIAL

CRÍTICA PROBATORIA

EXTRACTOS: «La Sala detiene su atención en el primero de los errores que el censor le endilga al Tribunal, consistente, como ya se vio, en el supuesto desconocimiento de una confesión extrajudicial que se afirma rendida por el pretendido padre a conocidos suyos, tesis que es a todas luces equivocada como pasa a verse a continuación.

Tiene dicho, en efecto, la Corte que “conforme a los principios que gobiernan la prueba testimonial, en la labor crítica de este medio de prueba el juzgador debe observar, a fin de determinar el grado de credibilidad o de convicción de las declaraciones, si el testigo percibió directamente el hecho sobre el cual depone, o si lo supo a través de otra persona, o si lo afirma por haberlo escuchado de la parte misma, en cuanto esta afirmación favorezca a ésta. Y en cuanto a las dos últimas hipótesis, tiénese dicho que, frente al riesgo de equivocación o mentira en que pueden incurrir estos deponentes, el vertido en el proceso por haberse oído de interpuesta persona, tiene muy poco o escaso poder de convicción; y que ningún valor demostrativo ostenta el que se rinde cuando la versión proviene de lo que le han expresado al declarante alguna de las partes” (Sent. 123 abr. 19/88 sin publicar), luego siguiendo este rumbo de indiscutible valor en la crítica judicial del testimonio, obligado resulta concluir que no cabe atribuirle el grado extremo de credibilidad pretendido por el censor a lo dicho por quienes se limitan a repetir lo que supuestamente les informó la persona a quien se le impute la paternidad que se investiga, de quien en virtud de su fallecimiento ocurrido con anterioridad al inicio del proceso, nada puede controvertirse, y esto deja por consiguiente sin posibilidad de verificación la versión suministrada por los testigos, versión a la que le cabe entonces la crítica hecha en su momento por el tribunal.

De otra parte, acerca del tema específico propuesto en la censura, los autores tienen dicho, al ocuparse de la confesión extrajudicial, que el juzgador debe siempre tener presente los riesgos de aceptar este tipo de prueba, consistentes en que “puede haberse recogido y después emitido de un modo incompleto, o puede tal vez estar mal interpretada” (Carlos Lessona, “Teoría General de la Prueba en Derecho Civil” t.1, pág. 573) o que puede no haber existido en ella animus confidenti pues “importa sobremanera que el interesado en aprovechar la confesión extrajudicial, acredite de modo completo el ánimo de confesar de su contrario, esto es, la seriedad de su conducta, de su obrar, pues es éste el medio de evitar abusos y arbitrariedades, ya que en la realidad de la vida social, de relación, son constantes las manifestaciones de las personas, desprovistas de verdadero alcance y que sólo son hechas para resolver situaciones transitorias, para esquivar compromisos, desechar pedimentos o excusar incumplimientos, etc. En consecuencia, no parece que sea lo correcto que en esta materia los funcionarios judiciales apliquen criterios de amplitud que llevan a calificar de ciertas, manifestaciones de naturaleza equívoca, dudosa, que en sí no ofrezcan alcance preciso” (Julio González Velásquez, “Manual Práctico de la Prueba Civil”, 1951, pág. 110). Dicho en otras palabras, es norma de generalizada aplicación en el común de los procesos tomar a la confesión extrajudicial realizada de viva voz y revelada mediante el dicho de testigos que manifiestan haberla escuchado, como una prueba débil en extremo —deficiente o incompleta según lo expresaba la legislación procesal de 1931— que por sí misma no convence y requiere de otros elementos demostrativos con los cuales haga juego para que pueda obtenerse la certeza que se busca, y por eso no es posible aceptar el intento por el que aquí parece propugnar el recurso, consistente en amalgamar la declaración de varios testigos sobre circunstancias ante ellos relatadas por el presunto padre hasta convertirlas en una supuesta confesión extrajudicial con alcance suficiente para acreditar por sí misma la filiación en disputa, todavía con mayor razón cuando por expreso y terminante mandato del artículo 6º, numeral 3º, de la Ley 75 de 1968, en controversias de esta clase las únicas confesiones extrajudiciales de paternidad admisibles son las escritas, no las que verbalmente aquél pueda hacer ante la parte contraria o ante terceros.

En fin, no con la intención de ser repetitivos sino con el fin de dejar completamente aclarado el punto, importa anotar que esta corporación también ha expresado que “no es acorde con los principios jurídicos en que descansa la prueba de confesión, el que una manifestación de esta clase, hecha sin fórmula ni solemnidad alguna que le dé caracteres de seriedad, haya de ser tenida como prueba contra quien la ha hecho”. (G.J. XXXI, pág. 28) y en la misma medida, en cita que de Mattirolo trae Lessona según pasaje transcrito en sentencia de casación de 5 de julio de 1935, se dice que “no se puede nunca atribuir la eficacia de una plena prueba legal a la confesión extrajudicial hecha a un tercero, por lo cual sería censurable en casación la sentencia que le reconociera fuerza de plena prueba, o presunción absoluta no impugnable por cualquier prueba contraria” (G. J. XLII, pág. 309), concepto plenamente válido en vigencia del artículo 604 del Código Judicial de 1931 y que cobra actualidad en virtud de que es la fuente conceptual de la que se alimenta el recurrente para sustentar el cargo que se estudia en el aparte correspondiente».

(Sentencia de casación, octubre 21 de 1997. Expediente 4922. Magistrado Ponente: Dr. Carlos Esteban Jaramillo Schloss).

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