Sentencia 4959 de mayo 5 de 1998 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

Ref.: Expediente 4959

Magistrado Ponente:

Carlos Esteban Jaramillo Schloss

Santafé de Bogotá, D.C., cinco de mayo de mil novecientos noventa y ocho.

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En este orden de ideas y si como lo ha dicho la jurisprudencia, es verdad sabida que las relaciones sexuales que autorizan presumir una paternidad extramatrimonial son casi imposibles de demostrar por percepción directa, paras ellas de ordinario escapan a la observación de los testigos en sí mismas consideradas, también lo es que la legislación de 1968 permite establecerlas judicialmente, infiriéndolas; “del trato personal y social entre la madre y el presunto padre, apreciado dentro de las circunstancias en que tuvo lugar y según sus antecedentes, y teniendo en cuenta su naturaleza, intimidad y continuidad”, depuesto por testigos presenciales de los hechos que ellos narran y de los cuales puede llegarse a esta inferencia.

Lo cual significa que para dar por establecida judicialmente la presunción de paternidad en referencia, o sea la que tiene por base las relaciones sexuales entre el presunto padre y la madre del demandante por la época en que tuvo lugar la concepción de aquél, no es exigencia ni mucho menos indispensable que los testigos declaren que han visto los hechos constitutivos de tales relaciones íntimas; siendo necesario, eso si, que esas declaraciones testimoniales versen sobre hechos que sean indicadores de ellas, acontecidos en la época en que tales uniones pudieron tener ocurrencia según los términos del artículo 92 del Código Civil: “Sobre tales relaciones —ha dicho la Corte— no se puede dar testimonio sino por referencias resultantes de actos o hechos que los testigos hayan presenciado o percibido en los amantes de quienes se predican” (Cas. Civ., feb. 14, no publicada oficialmente), luego en este entendido, no es dable hacer de lado, como lo pretende el recurrente, los testimonios rendidos por Ana María Quiroga de Ariza, Marco Tulio Díaz, Ascensión Díaz de Cruz y Trino Ariza Ariza para tener por probadas en este proceso las relaciones sexuales acaecidas entre Jorge Ariza Reyes y Bárbara Quiroga por la época de la concepción del aquí demandante Jorge Enrique Quiroga, vale decir hacia mediados y finales del año de 1958 en la localidad de Vélez, trato del que toda la prueba producida apunta a demostrar que originó dicha procreación, ni menos todavía desestimar la demostración plena de aquella presunción de paternidad a la cual llegó el fallador de segunda instancia fundado principalmente en la ameritada información testimonial, unida a los demás elementos de convicción a que en su sentencia se refirió y cuya apreciación en conjunto pretende desvirtuar el censor desarticulándola, para así endilgarle errores probatorios de hecho cuya existencia tampoco puede tenerse por acreditada si se considera, como tiene que considerarlo la Sala, que “... no se requiere que los testigos que deponen sobre los hechos que permiten conjeturar la ocurrencia de ese trato carnal, expresen con precisión o digan también, señalando los respectivos días, cuándo se iniciaron o cuándo terminaron dichas relaciones sexuales. Nada importa para el caso, como ordinariamente suele acontecer, que los testigos desconozcan el día en que el trato carnal tuvo inicio o aquél en que cesó temporal o definitivamente. Lo importante, según lo imperado por la ley en el numeral 4º del artículo 6º de la Ley 75 de 1968, es que la convivencia sexual que haya tenido la madre con aquél a quien se señala como progenitor, coincide con cualquiera de los días que integran el período en que debió producirse la concepción del hijo cuya paternidad se investiga” (G.J. T. CXLV 111, págs. 11 y 12).

3. Menos atendibles resultan los reparos que atinentes a afirmadas contradicciones entre sí y con otras declaraciones, le atribuye el recurrente en casación a los testimonios que dan razón tanto de las circunstancias que permiten inferir relaciones sexuales como la posesión notoria, puesto que si en verdad puede encontrarse entre dichas versiones alguna oposición o contrariedad, ésta no es en ningún caso de tal trascendencia que obligue a restarles a todas credibilidad, habida cuenta que en lo sustancial, la diversidad existente es adminiculativa, más no obstativa, si se toma en consideración que, como lo ha dicho la Corte, los testimonios pueden ofrecer ciertas imprecisiones y contradicciones, pero éstas pueden tener explicación lógica ya que “... teniendo en cuenta el largo tiempo transcurrido entre los hechos que narran los testigos y el momento en que declararon es apenas natural que sus relatos ofrezcan ciertas lagunas y contradicciones. Lo sospechoso, lo inverosímil, habría sido lo contrario. De conformidad con los dictados de la crítica testimonial, si tales declaraciones hubiesen sido coincidentes hasta en sus más mínimos detalles, habrían carecido de toda credibilidad. Los varios integrantes de un grupo de testigos no pueden tener idéntico recuerdo de un mismo acontecimiento percibido por ellos, ni poseen la misma memoria, ni todos los hechos que percibieron pueden ser conservados en la mente y avocados y relatados luego con igual nitidez” (Cas. Civ., 1977, sep. 30, no publicada oficialmente).

En fin, siguiendo igualmente criterios de jurisprudencia reiterados por esta Sala en oportunidades varias, vale recordar que “si el testigo ha de dar la razón de su dicho y si, en principio esta razón ha de ser explícita o sea formalmente referida, no repugna que ella esté implícita en los términos de la exposición misma, tomada en su conjunto; y si tratándose de una declaración cuyos varios puntos, por razón de la materia estén íntimamente enlazados entre si, la razón de una de las respuestas podría encontrarse en la contestación dada a otro de los puntos”, luego como lo enseña la doctrina, “cuando se trata de la prueba testimonial, no se pueden analizar aisladamente unos pasajes de la declaración - método al que aquí acude el recurrente sino que debe serlo en su conjunto para deducir su verdadera justificación” ( G.J. Tomo CVI, pág. 140), todo ello en consonancia con la idea general según la cual, en el régimen de prueba de la paternidad extramatrimonial “no puede exigirse un criterio tan severo que llegue a establecer un sistema de tan extremado rigor que haga prácticamente irrealizable su comprobación judicial. Por esto la ponderación de los testimonios que la acreditan tiene que quedar a la cordura, perspicacia y meditación del jugador, quien tiene que analizarla con ponderada ecuanimidad de criterio, considerando las circunstancias personales de cada testigo, el medio en que estos actúan; evaluándolos no uno a uno sino en recíproca compenetración de sus dichos, a fin de determinar hasta dónde han de ser pormenorizados los datos que cada testigo aporte, y, en fin, a sopesar todos los elementos de juicio que le permitan el convencimiento interior afirmativo o negativo de la filiación impetrada” (G.J. CLXVI, pág. 79 y CLXV, 339, entre muchas otras).

4. Conclusión de todo lo expuesto es, entonces, la de que al dar por demostrados los hechos sobre los que opera la presunción de paternidad extramatrimonial fundada en relaciones sexuales habidas entre Bárbara Quiroga y Jorge Ariza Reyes por la época en que tuvo lugar según la ley la concepción del aquí demandante Jorge Quiroga, que apoyó el Tribunal no sólo en la prueba testimonial producida sino en esta unida o agregada para formar un conjunto lógicamente coherente con todos los demás elementos probatorios que de la causa hacen parte, se impone concluir que el fallo proferido no incurrió en ningún yerro de hecho, muchísimo menos con categoría de manifiesto. Y si esta conclusión del tribunal no es contraevidente, sino que se ajusta a lo que realmente el mérito probatorio de los autos indica, ella por sí solo es suficiente para mantener la sentencia impugnada, incluso si fuere necesario prescindir de la otra causal sustentada en la posesión notoria del estado de hijo, esto por cuanto, como se sabe de vieja data, las presunciones de paternidad que consagra el artículo 60 de la Ley 75 de 1968, si bien son diversas y corresponden a circunstancias de variada estirpe jurídica, no son acumulativas sino alternativas, por lo que para dictar una sentencia estimatoria que haga esa declaración, basta la demostración de los hechos que tipifican una solo de ellas y no es necesaria, paras así no lo exige la ley, la concurrencia en su integridad de las que invoca en la demanda correspondiente la persona que reclama la filiación. Estas causales o motivos, si bien son taxativos, no son o requieren ser necesariamente concurrentes para justificar la declaración, según lo tiene sentado la Corte (Cfr., Tomos G. J. CXXXIX, pág. 767. CXL 111, pág. 845, reiteradas en Cas. Civil. 1991, sep. 9).

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