Sentencia 5103 de noviembre 18 de 1999 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

VICIOS OCULTOS DE LA COSA VENDIDA

CASOS EN QUE PROCEDE UNA INDEMNIZACIÓN COMPENSATORIA

EXTRACTOS: «1. El contrato de compraventa obliga al vendedor principalmente, no sólo a entregar materialmente la cosa vendida al comprador y hacerle tradición de la misma, sino a garantizarle su aprovechamiento y utilidad, lo cual implica que la cosa que se entrega esté en el estado que más convenga al uso que naturalmente le corresponde, es decir, sin defectos o vicios que lo impidan o lo mengüen de manera anormal.

Si el vendedor entrega una cosa con vicios de naturaleza intrínseca, que además de reunir las condiciones exigidas por los artículos 1915 del Código Civil o 934 del Código de Comercio, según el caso, le impiden al comprador el beneficio o uso señalado, éste cuenta con la tutela jurídica para pretender la resolución del contrato, o la rebaja del precio a su justo valor (acción estimatoria o quanti minoris), desde luego, perseverando en el contrato y conservando la cosa.

Tales pretensiones pueden formularse autónoma e individualmente, o acumulándoles una pretensión eventual consecuencial que tenga como objeto la indemnización de los perjuicios, siempre que el vendedor haya conocido o debido conocer los defectos de la cosa al tiempo de la negociación, pues como lo tiene definido la doctrina de la corporación, “...sin embargo de que ambas hallan su razón de ser en la garantía que gravita sobre el vendedor en favor del comprador, es lo cierto que la presencia del vicio oculto no da lugar, per se, a la indemnización de perjuicios; ésta, como se acaba de anotar, depende del conocimiento que el vendedor hubiera tenido o debido tener, al tiempo del contrato, del vicio o defecto, en lo cual se palpa una diferencia cardinal con la acción resolutoria común (C. de Co., arts. 870, y C.C. 1546), pues en ésta el resarcimiento sí está ligado, sin consideraciones adicionales, al incumplimiento de la obligación en el que se hace descansar la resolución”. (Cas. Civ., ago. 12/88).

Ahora, bien puede ocurrir que dada la magnitud del vicio que presenta la cosa, ésta definitivamente quede inutilizada para servir al fin que naturalmente le corresponde. En estas circunstancias, razonablemente debe entenderse que el comprador no estaría interesado en conservarla en su poder con la consecuente subsistencia de la relación negocial, caso en el cual quedaría descartada la llamada acción estimatoria o quanti minoris, para dar paso a una pretensión autónoma (compensatoria), destinada a obtener la indemnización de los perjuicios, daño emergente y lucro cesante, sufridos como consecuencia de la inejecución de la obligación del vendedor de entregar la cosa en el estado que garantice el aprovechamiento y la utilidad que la naturaleza de ella indique. Pero igualmente esa ejecución imperfecta eventualmente puede dar lugar a la pretensión autónoma en los términos vistos, con exclusión de una principal que tenga como objeto la resolución del contrato, cuando como tuvo oportunidad de decirlo la Corte (Sent. nov. 3/77, mediante la cual se rectificó la doctrina que venía desde el 13 de julio de 1907), “la cosa ha perecido”, o cuando “se estipuló que la cosa sólo podía ser dada o ejecutada” dentro de cierto tiempo y el deudor dejó pasar éste sin “darla o ejecutarla”, pues “Transcurrido este tiempo, el acreedor pierde todo interés en recibir la cosa, porque ya no le sirve y el contrato lo autoriza expresa o implícitamente para exigir indemnización compensatoria, o sea, se repite, “el precio de la cosa” más el valor de los perjuicios de la mora”.

En la sentencia referenciada, la Corte, concluyendo, luego de distinguir en materia contractual entre la indemnización moratoria y la compensatoria, la primera explicada en la falta transitoria del pago y la segunda por la inejecución absoluta o imperfecta de la obligación, considera que en los casos en que no se justificaría obligar al acreedor a exigir la ejecución de un objeto que ya no le interesa, es claro que tiene derecho a demandar directamente, en cumplimiento del correspondiente contrato, una indemnización compensatoria que comprenda todo el daño emergente y todo el lucro cesante sufridos por él como consecuencia de la inejecución absoluta o imperfecta de la obligación, sin que sea necesario pedir la resolución del contrato, que es cosa enteramente diferente y que puede no convenirle. Por ello, agrega la Corte, el artículo 1546, da la opción de pedir la resolución o el cumplimiento, y una manera de cumplir el contrato es pagando el deudor al acreedor la indemnización compensatoria, es decir, los perjuicios padecidos, que deben ser demostrados cualquiera sea la causa del incumplimiento del contrato».

(Sentencia de casación, noviembre 18 de 1999. Expediente 5103. Magistrado Ponente: Dr. José Fernando Ramírez Gómez).

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