•Sentencia 5162 de junio 16 de 1999

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

LEGITIMARIOS PRETERIDOS EN EL TESTAMENTO

CASOS EN QUE ES INOFICIOSA LA ACCIÓN DE REFORMA

EXTRACTOS: «Apoyándose en la definición que suministra el artículo 1274 del Código Civil, leída en armonía con el artículo 1276 ibídem que hace referencia al caso de los legitimarios preteridos o silenciados en el testamento, ha sostenido en forma constante la jurisprudencia (G.J., tomos LIV, pág. 39, LXIV, pág. 485 y CLIX, pág. 185) que ante una situación de esa índole, si a la simple omisión se limita, la esterilidad de la acción de reforma del testamento se hace manifiesta, porque entonces, por mandato expreso de la segunda de las normas citadas, habrá de entenderse que el preterido ha sido instituido heredero ipso jure en su legítima, bien sea en la rigorosa o en la efectiva cuando a esta última hubiere lugar (C.C., art. 1275), derechos estos para cuya satisfacción práctica dispone dicho legitimario de las acciones derivadas de su condición de heredero, incluida naturalmente la de petición de herencia si se le negare tal condición. Pero llegado a este punto el análisis y siguiendo igualmente pautas trazadas por la doctrina de esta corporación, conviene anotar que al principio en cuestión no puede convertírsele en objeto de indebida generalización para hacerlo actuar, cual infalible dogma, en casos concretos como el que estos autos ponen de presente; en orden a determinar la procedencia del ejercicio de la acción de modificación del testamento, es imperativo distinguir entre el significado que tiene la simple omisión de un legitimario (preterición) y esa misma omisión unida al menoscabo de legítima que de ordinario se configura cuando se atribuyen cuotas de la correspondiente asignación forzosa a personas extrañas o a herederos no legitimarios, toda vez que “... si hay menoscabo con preterición, la acción de reforma es la pertinente ...” (G.J., t. LXXVI, pág. 104).

En la especie de cuyo estudio ahora se ocupa la Corte, no obstante decir la demandante que en la “legítima rigorosa” se centra cuanto ella pide en la sucesión testada de su padre, la demanda, en el capítulo petitorio y en el hecho “décimo”, expresa con claridad suficiente algo en verdad muy diferente al pretender, en perjuicio de las otras dos hijas extramatrimoniales del causante instituidas como herederos testamentarios, el reconocimiento de la mitad legitimaria incrementada efectivamente con la cuarta de mejoras en su integridad, circunstancia esta de la que se sigue que si bien se trata de un supuesto de preterición de quien es legitimario sobreviniente (G.J. tomos XXXVII, pág. 32 y XCI, pág. 416) por no encontrarse definida, al momento de efectuarse el testamento, la filiación paterna en la que la aludida condición legitimaria trae su causa de conformidad con el artículo 1240 del Código Civil reformado por el artículo 9º de la Ley 29 de 1982, también es cierto que aquella, en la medida en que se cree con derecho exclusivo sobre las tres cuartas partes de los bienes que constituyen el patrimonio herencial, no se contenta con recibir su legítima rigorosa tal y como ella es concebida por el inciso 1º del artículo 1242 del Código Civil (redacción del art. 23 de la L. 45/36) y basada en ello, en defensa de una asignación que a su juicio el testador estaba obligado a hacer con el alcance apuntado, es que solicitó la modificación del acto testamentario mediante una pretensión que requiriendo desde luego adecuada respuesta en las sentencias de instancia, en lo que a su fundamento concierne ofrece muy serias dudas si se tiene en cuenta, cual lo hace ver con acierto el recurrente en casación, que la “legítima” a que se entiende llamado el hijo extramatrimonial preterido no puede ser otra distinta a la que, en términos estrictos, señala la ley cuando los instituidos en el testamento son también descendientes a quienes el testador podía legítimamente mejorar, toda vez que en situación semejante no media motivo valedero para privar de eficacia a las disposiciones en que el testador, con observancia de la ley, asignó las cuartas de mejoras y de libre disposición, cuotas hereditarias éstas en que no es indispensable que la institución respectiva se haga por medio de fórmulas rituales o sacramentales que el ordenamiento positivo no impone; “... es suficiente —al tenor de conocidas enseñanzas de jurisprudencia— con que aparezca claramente expresada la voluntad del testador respecto de esa institución especial...”, por manera que si en el caso de autos el causante Marco Vidal Zuleta Ocampo designó como herederas universales de todos sus bienes a sus hijas Sara Gloria y Luz Adiela Zuleta Salazar, ha de entenderse entonces, en consonancia con dicho principio, “... que con toda nitidez ha expresado su deseo de que los reciban todos y de que se les adjudiquen sin restricción alguna. Si luego comparecieren otros asignatarios forzosos, es de rigor aceptar el extremo de que estos sólo pueden reclamar y recibir la cuota correspondiente a sus legítimas rigorosas, que es lo único en que la ley los protege y limita la libertad del testador. Y fluye la conclusión de que una vez reconocidas tales legítimas rigorosas, el saldo de la masa partible debe adjudicarse a los herederos universalmente instituidos...” (G.J., t. L, pág. 106)».

(Sentencia de casación, junio 16 de 1999. Expediente 5162. Magistrado Ponente: Dr. Carlos Esteban Jaramillo Schloss).

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