Sentencia 5223 de noviembre 16 de 1999 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

APRECIACIÓN RAZONADA DE LA PRUEBA

DIFERENCIAS CON LA ÍNTIMA CONVICCIÓN

EXTRACTOS: «1. La apreciación razonada de la prueba, o, lo que es lo mismo, la sana crítica de ésta, presupone que el fallador, teniendo por derrotero únicamente las reglas de la lógica, de la ciencia y de la experiencia que, según su entender, sean aplicables a un determinado caso, goza de libertad para valorarla, cuidándose, claro está, de exponer razonadamente el mérito que le asigne a cada prueba. A tal sistema de valoración alude el artículo 187 del Código de Procedimiento Civil.

La íntima convicción connota, a su vez que “...La ley no pide cuenta a los jurados de los medios por los cuales llegan a adquirir el convencimiento; ni les prescribe reglas de que deban deducir la plenitud y suficiencia de las pruebas; les ordena sólo interrogarse a sí mismos en silencio y en el recogimiento, e investigar en la sinceridad de su conciencia, qué impresión han hecho en su espíritu las pruebas creadas contra el acusado y las producidas en defensa de este....”, es decir, “...únicamente les hace esta pregunta, que encierra toda la medida de sus deberes: “¿Tenéis vosotros una convicción íntima acerca de los hechos sobre los cuales se os interroga?”” (L. 57/887, art. 304).

Si bien, en una y otra el supuesto común es la libertad del juzgador para apreciar la prueba, tal casualidad, en todo caso, no puede llevar a concluir que se trata de dos modalidades de un mismo sistema, pues lo cierto es que las diferencias entre ellas se encuentran nítidamente marcadas por su propia naturaleza. En efecto, al paso que en la primera la autonomía del juez encuentra límite en los dictados de la experiencia, en las reglas de la ciencia y de la lógica, y en el principio de la necesidad de la prueba; amén de que siempre debe exponer razonadamente el mérito que le asigne a cada prueba, a la segunda solamente le preocupa que el juzgador, en la intimidad de su conciencia, adquiera la convicción necesaria para proferir un veredicto, sin inquirir, por tanto, sobre la forma como llegó a tal persuasión.

2. En el asunto sub judice, es evidente que el tribunal relacionó todas las pruebas que tuvo en consideración para proferir su fallo, exponiendo, en la forma exigida por la ley, el mérito que le atribuía a cada una de ellas, razón por la cual debe colegirse, sin abrigar dudas al respecto, que dio cabal cumplimiento a lo dispuesto por el artículo 187 del Código de Procedimiento Civil.

(...).

En este orden de ideas, es obvio entender que la alusión que en la sentencia se hace a “la íntima convicción” a que llegó la Sala de decisión, no tiene connotación distinta que la de hacer patente aquel estado de conciencia que alcanzaron sus integrantes una vez agotada la libre apreciación razonada de la prueba obrante en el proceso, sin que guarde relación alguna con el sistema de valoración de la prueba que lleva ese nombre y al cual aquí se ha hecho mención».

(Sentencia de casación, noviembre 16 de 1999. Expediente 5223. Magistrado Ponente: Dr. Jorge Antonio Castillo Rugeles).

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