Sentencia 5430 de junio 28 de 2000 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

TERCERO AD EXCLUDENDUM

SÓLO PUEDE ALEGAR POR LO SUYO

EXTRACTOS: «1. El despacho delantero de los cargos que denuncian errores in judicando nada de raro tiene en este preciso caso, por la circunstancia especialísima de que quien recurrió en casación es el tercero ad excludendum, calidad esta que impone analizar, ante todo por mandato de la ley (CPC, art. 53), la suerte de las pretensiones propias que envuelven tal tipo de intervención, a las cuales apuntan dichos cargos, que no aquel que, planteando, es cierto, un yerro in procedendo, no tendría más injerencia, cual brillará cuando sea ocasión, que en la relación material de las partes iniciales del proceso. Dicho en breve, advenedizo tal, no puede alegar sino en lo suyo; y en cuanto fracase en su intento, vedado está para cuestionar lo que consintieron sus contendores, desde luego que no recurrieron en casación, conforme pasa a descubrirse.

Cierto que, particularmente por razones de economía procesal, se permite que un sujeto, de quien formalmente no se tenía noticia en el juicio, irrumpa en éste, comoquiera que nadie lo invitó, para que encare a las partes iniciales reclamándoles por el derecho material que disputan; como aborda el proceso, con aspiraciones muy suyas, suele decirse que blande pretensiones autónomas, en el sentido de que no se pone de lado de nadie, ni del actor ni del demandado. Antes bien, arrostra y se enfrenta a todos. Asume una actitud irreductible. Punto de vista que autoriza a decir que él depende de sí mismo, es decir, de su propia suerte.

Esa es la razón por la cual puede señalarse sin ambages que la característica más acusada de tal linaje de intervención es la repulsa que su pretensión denota frente a las ya deducidas en el juicio. No quiere aliarse con nadie; antes bien, con alarde, bien pudiera decirse, de “pendenciero”, emplaza a las partes preexistentes a que rivalicen con él, a intento de derrotarlas a todas, sin excepción.

De este modo, el interviniente acaba por agrandar la pelea formada enantes, y por ahí derecho dilata el themadecidendum, para que aprovechándose el cauce procesal desbrozado por otros, se defina de una vez por todas a cuál de los contendientes, incluido él, asiste la razón. Permitiéndose semejante ingreso procesal, se cumplen dos fines: uno público, dado que se muestra aprecio por el postulado de la economía procesal, haciéndose que el trámite rinda lo más posible; y uno privado, en cuanto que sin desconocer que el tercero podría perfectamente formar su proceso aparte, procura conjurar los perjuicios que le acarrearía entre tanto la victoria de alguna de las partes.

Ensanchamiento semejante trae consigo una alteración en la actividad juzgadora del fallador. Ya hay algo más por decidir; empero, no siempre ha de decidirlo todo; ni podrá hacerlo indistintamente. Quiérese subrayar a este respecto que el juzgador ha de guardar un orden lógico, fallando primero lo concerniente al tercero; lo que es decir, de quien a todos retó, porque los motivos recién expresados ponen al descubierto que muy puesto en razón es creer que si, como es irrecusable, el interviniente propone una pretensión que excluye las de los demás, el definir su suerte es prioritario, pues sólo ante su fracaso tiene sentido desplazarse a perquirir por la relación material que riñen los iniciadores del pleito. No es caprichoso ni vano, entonces, la disposición legal que manda observar ese preciso orden de la actividad juzgadora (CPC, art. 53).

De este modo se comprueba que si aquí el único recurrente en casación es el susodicho tercero, la Corte no debe parar mientes más que en aquellos cargos contentivos de ataques en que el tercero propende por lo suyo, que son los tres edificados en la causal primera de casación; y en el evento que falle en su gestión impugnaticia, es asunto concluido. Lo demás no es de su incumbencia.

Y se habla así porque la interviniente que, como se ha venido reiterando, reclama la reivindicación del bien diciéndose dueña del mismo, en el cuarto cargo, abandona, como se ve en el extracto que de él se hizo, su posición inicial y plantea una incongruencia del fallo cuestionando por qué si a Frank lo demandó Andrés para que restituyera no más que el 50% de la cosa, se lo condenó a restituirle el 100%, lo que no estaba pedido en la demanda introductoria.

Si, pues, la pregunta es qué tiene que ver la eventual posesión de Osejo con el derecho de dominio que Marcela vino a proponer en el proceso, antójase que carece de interés para pedir como en dicho cargo cuarto pide, o, cuando menos, resulta inaceptable semejante viraje por el cual más parece presentarse a última hora como coadyuvante de Osejo.

Todo autoriza pensar que el tercero ad excludendum no debe preocuparse sino por poner orden en su casa, que no en la ajena».

(Sentencia de casación, junio 28 de 2000. Expediente 5430. Magistrado Ponente: Dr. Manuel Ardila Velásquez).

_____________________________