Sentencia 5497 de octubre 20 de 2000 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

AGENCIA MERCANTIL

TERMINACIÓN POR EXPIRACIÓN DEL PLAZO DE DURACIÓN

EXTRACTOS: «1. A raíz del auge de las relaciones comerciales y de la incidencia que la economía tiene sobre el derecho, el legislador se vio precisado a regular positivamente las actividades de intermediación, dentro de las cuales se encuentra el contrato de agencia comercial (C. Co., arts. 1317 a 1337), en virtud del cual un comerciante, en forma independiente y de manera estable asume el encargo de promover o explotar negocios de otro comerciante (empresario), en una zona predeterminada del territorio nacional y en un definido ramo, como representante o agente de otro comerciante, o como fabricante o distribuidor de uno o varios productos del mismo.

Conforme a la definición legal, según lo ha entendido la corporación (sents., dic. 2/80 y ene. 26/82), el agente comercial asume el encargo de manera estable, siendo ésta una diferencia esencial entre el agente y el simple mandatario, pues mientras que éste no tiene encargo duradero, es decir, carece de estabilidad, porque “el objeto de la gestión que se le encomienda es la celebración de uno o más actos de comercio que agotados producen la terminación del mandato”, el agente comercial gestiona la promoción o explotación de negocios de manera sucesiva e indefinida, lo cual indica estabilidad, que es característica que igualmente permite diferenciarlo del comisionista, como también lo ha precisado la Corte.

Es entonces, la propia definición legal la que ofrece como características del contrato de agencia comercial, la exclusividad subjetiva de la intermediación e independencia del agente, de un lado, y la estabilidad de la relación contractual, de otro.

La estabilidad, que es la característica que interesa para el caso sub examine, significa continuidad en el ejercicio de la gestión, excluyente, por ende, de los encargos esporádicos, ocasionales o eventuales. Razones de orden público económico, pero también de linaje privado, justifican y explican esta particularidad, porque al lado de la importancia de la función económica de esta clase de intermediación, aparecen los intereses particulares del agente, quien por virtud de la independencia que igualmente identifica la relación establecida con el agenciado, se ve obligado a organizar su propia empresa, pues la función del agente no se limita a poner en contacto compradores y vendedores, o a distribuir mercancías, sino que su gestión es más específica, pues a través de su propia empresa, debe, de manera estable e independiente, explotar o promover los negocios del agenciado, actuando ante la clientela como representante o agente de éste o como fabricante o distribuidor de sus productos.

Con todo, la estabilidad nunca puede asimilarse a perpetuidad o permanencia, porque esta característica no se opone a una vigencia temporal del contrato, por cuanto el artículo 1320 del Código de Comercio, expresamente consagra como uno de los contenidos del contrato de agencia “el tiempo de duración” de “los poderes y facultades” conferidas al agente. De ahí, que anteladamente se haya dicho que la estabilidad excluye los encargos ocasionales o esporádicos, pero no la delimitación temporal del contrato, que la norma antes citada remite a la autonomía de las partes.

Además, tampoco puede olvidarse que de conformidad con el artículo 1324 ibídem, “el contrato de agencia termina por las mismas causas del mandato”, entre ellas “la expiración del término”, consagrada por el artículo 2189, ordinal 2º, del Código Civil, que es norma aplicable al mandato mercantil porque el Código de Comercio en manera alguna reguló un sistema de terminación del contrato de mandato, como uniformemente lo predica la doctrina nacional (C. Co., arts. 2º y 822). Por supuesto, que el artículo 1325 ibídem, establece un número taxativo de causales para la terminación unilateral y justificada del contrato de agencia comercial, unas alegables por el empresario y otras por el agente, pero sin que ninguna de ellas excluya la terminación por “la expiración del término” pactado, que además de constituir una ley del contrato tiene origen en la voluntad de sendas partes, pues son ellas, quienes dentro del ámbito de su autonomía y de la libertad contractual, deciden la estipulación del mismo.

Ahora, además de que el artículo 1320 ibídem, en forma expresa exige, como ya se anotó, que del contenido contractual haga parte “el tiempo de duración de las mismas…”, es decir, de “los poderes y facultades”, lo cual per se supone la legalidad del plazo, pues éste no se opone a la estructura jurídica-económica del contrato, y particularmente a la característica de estabilidad y a su ejecución sucesiva, tampoco cabe acerca del mismo, y por vía de principio general reproche de ilicitud alguno, salvo, claro está, que para la fijación del mismo obre alguna intención distinta permeada por el abuso del derecho o de la posición dominante, que no es el caso, porque la cláusula que en este evento se hace valer, está muy lejos de cualquiera de dichos motivos de responsabilidad, como bien lo concluyó la Corte Suprema de Justicia en sentencia de casación de 31 de octubre de 1995 (G.J. 2476, pág. 1269 y ss.), donde además admitió la procedencia de un término de duración en el contrato de agencia. De modo que pactar un término de duración, agregando la viabilidad de la prórroga automática por períodos iguales, “a no ser que cualquiera de las partes avise a la otra por escrito con treinta días de anticipación su deseo de darlo por terminado”, como reza la estipulación séptima del contrato que origina este proceso, entre otras cosas, cláusula proforma de este tipo de negociación, antes que verse allí un atentado a la ley, lo que denota, como lo acota la Corte en la sentencia referenciada, es una conducta de previsión que impide y aleja el abuso del derecho. “Es evidente que si, dice la Corte, como ocurre en este caso, como cláusula accidental de un contrato, se pacta que puede darse por terminado en forma anticipada, o no prorrogarse por un término igual al inicialmente convenido, siempre y cuando se dé aviso a la otra parte contratante con la debida anticipación. Es claro entonces que el ejercicio por una de las partes de esa facultad, no puede, ni de lejos constituir abuso del derecho”.

Por último, la posibilidad de que las partes acuerden para la duración del contrato de agencia un plazo o período de tiempo, pacíficamente lo admite la doctrina nacional y externa, aunque esta última, calificando el contrato de agencia como “contrato de duración”, dada la estabilidad que lo caracteriza, aboga por una práctica de “plazos largos” prorrogables y aun por contratos “por término indefinido”, caso en el cual su extinción requiere “de un preaviso escrito de las partes”. Particularmente Fernando Sánchez Calero, afirma que “Si no se fijó plazo alguno debe estimarse admisible la denuncia unilateral del contrato siempre que se comunique ese propósito a la otra parte con una razonable antelación” (Instituciones de Derecho Mercantil, pág. 375).

(...).

En consecuencia, como la terminación del contrato de agencia comercial se originó en una causal expresamente prevista en la ley, como fue la expiración del término de su duración, no existe la posibilidad, remota siquiera, de arribar a una conclusión distinta, como la pregonada por el recurrente, razón por la cual el fallador de instancia no incurrió en ninguno de los yerros de facto que se le atribuyen y que, por ende, lo hayan llevado a vulnerar indirectamente las disposiciones citadas en el cargo, ya sea por falta de aplicación ora por indebida aplicación.

Por lo mismo, si la llegada del término de vigencia del contrato de mandato es causal para que éste se termine (C.C., art. 2189, num. 1º) y si, de otro lado, el contrato de agencia comercial fenece por las mismas causales que termina el contrato de mandato, resulta explicable que el tribunal tampoco quebrantó de manera directa las disposiciones que se denuncian en el cargo».

(Sentencia de casación, octubre 20 de 2000. Expediente 5497. Magistrado Ponente: Dr. José Fernando Ramírez Gómez).

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