Sentencia 5638 de mayo 27 de 1993 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN LABORAL

SECCIÓN PRIMERA

PASTOR DE UNA IGLESIA

NO TIENE VINCULACIÓN LABORAL

EXTRACTOS: «De la documental en referencia se infiere con certeza que el señor Pablo Cuevas Capacho, durante todo el tiempo que estuvo vinculado a la Iglesia demandada, se desempeño como “pastor” o “ministro del culto” y que los ministros del culto son personas dedicadas a la predicación del evangelio; ello implica la dirección espiritual de los fieles o feligreses para lo cual se requiere de un trabajo completamente desinteresado, de entrega y de apostolado a través de una institución, como la demandada, con la organización propia de una Iglesia, sin ánimo de lucro.

La Corte tiene sabido y considerado que en veces la prestación personal de servicios obedece a relaciones de carácter espiritual que escapan por completo al ánimo especulativo pues tocan más bien con la vocación religiosa y las creencias y convicciones del individuo y sus tendencias de servicio a la humanidad. Es el caso del señor Pablo Cuevas que, como bien lo expresó él mismo al hacer dejación de su labor pastoral, le dedicó treinta años a “la obra del Señor” (ver fl. 52 C. ppal.).

Si el ad quem hubiera considerado con más detenimiento la relación sub-lite y lo que es propiamente la labor de un “pastor” de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia tal y como lo prevén los estatutos de esta última, así como lo expresado por el demandante para retirarse, hubiera concluido que realmente no existió contrato de trabajo.

Si la vinculación del actor con la Iglesia fue con el ánimo de estudiar el evangelio y predicarlo, entregándose a “la obra del Señor”, debemos concluir que entre las partes no hubo la intención de sostener un vínculo de carácter laboral sino la de cumplir con una misión de tipo religioso y ello es suficiente para desvirtuar la presunción que consagra el artículo 24 del Código Sustantivo del Trabajo porque se estableció el hecho contrario al presumido o sea que el servicio no se prestó bajo un régimen contractual laboral.

En desarrollo de la presunción legal que consagra dicho artículo 24, esta Sección de la Corte ha expresado reiteradamente que “tal presunción desplaza la carga probatoria en beneficio del trabajador; pero tal presunción puede ser desvirtuada si se demuestra, por ejemplo que quien prestó el servicio no tuvo el ánimo de obligarse para que se le retribuyera y obtener así una ganancia personal sino movido por fines altruistas, de filantropía o compañerismo. De manera que, cuando en un proceso se demuestra que el trabajo ha sido prestado en virtud de un ánimo diferente al de recibir un provecho personal, se destruye la presunción juris tantum del artículo 24” (Sentencia del 18 de febrero de 1985. Radicación 10.836).

De acuerdo con las consideraciones precedentes concluye la Sala que se encuentran demostrados los yerros de hecho que el cargo plantea en los numerales 2, 3 y 4. Esta conclusión puede respaldarse o sustentarse solventemente con los testimonios de otros pastores de la misma Iglesia, los cuales puede la Sala entrar a analizar luego de referirse a la prueba calificada como lo ha venido haciendo. Por ejemplo, el señor Luis Enrique Varela D., respecto de su labor como pastor dice que partió de una determinación completamente voluntaria de entregarse “por entero a trabajar dentro de la Iglesia Pentecostal Unida obedeciendo a un llamado que uno sintió” (folios 124 c. ppal.); Octavio Valencia R., expresa: “Yo como todos los pastores de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia nunca firmamos contratos de trabajo sino que según los estatutos aceptados por el Gobierno nos dedicamos voluntariamente al estudio y predicación del evangelio, yo llegue a la Iglesia en razón de fe, creí y luego fuí estimulado a compartir la experiencia de la salvación con otros y naturalmente una organización que es la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia me aceptó en ese sentido voluntario para enseñar la palabra y compartirla con otros” (folio 130 vto. c. ppal.); Isauro Mina G., igualmente expone que la afiliación con la Iglesia “es voluntaria. Voluntariamente nos comprometemos al estudio de la Biblia y a la predicación de ésta a favor de los hombres... no existe con el predicador ningún contrato de trabajo, ya que lo que recibe el predicador, son las ofrendas, diezmos voluntarios que dan los creyentes... el patrón que tenemos nosotros, todos los predicadores, es Dios, con El es nuestro compromiso...” (folio 101 vto. y 102 c. ppal.). Alcibíades González B. declaró: “... ningún miembro del consistorio, ni el pastor, ni nadie que trabaje dentro de la organización Iglesia Pentecostal Unida de Colombia recibe sueldo como retribución o como salario... la Iglesia a nivel local, la que uno pastorea, los feligreses lo sostienen con los diezmos y donaciones voluntarias... es una organización sin ánimo de lucro a nivel nacional, con fines espirituales, educativos y filantrópicos... se sostiene con el diezmo de las entradas de las iglesias locales... y con donaciones voluntarias de la gente... como nosotros salimos a trabajar en el ministerio de la Palabra de Dios —o sea la evangelización— no teníamos ninguna promesa, salimos por fe sin ninguna promesa. Entonces viendo que salíamos con las manos limpias organizamos esa corporación y de allí adquirimos una cantidad de beneficios... estoy consciente que no firmé contrato de trabajo, y nunca he firmado una nómina de trabajo...” (folio 116 y ss.). Y Alcibíades Muñoz V., expresa: “...allí lo que se hace se hace por convicción y llamamiento espiritual o lo que podríamos decir vocación” (folio 128).

La misma prueba testimonial demuestra también que entre las labores del pastor, fuera de la evangelización, están igualmente las de dirigir la construcción de templos, visitar a los enfermos, darle orientación a los fieles, celebrar bautizos, matrimonios y honras fúnebres, actividades y ceremonias de carácter puramente espiritual que la gente espera que sean practicadas y le sean oficiadas sin pretensiones especulativas; sobre el particular declaran también Blanca Nubia Toro (folio 102 vto), Silvestre Charry B. (folio 113), Abelardo Porras M. (folio 120) y Alcibíades Muñoz V. (folio 128).

Del acervo probatorio se infiere que el servicio del “pastor” no lo demanda propiamente la institución sino los feligreses “que lo requieren en cualquier momento”, como lo dice Silvestre Charry B. (folio 113), y son éstos, quienes con sus diezmos, votos y donaciones, contribuyen al sostenimiento tanto de la Iglesia como de sus pastores; por lo tanto es impropio interpretar que el pastor recibe un salario con la acepción de quien se vincula por contrato de trabajo.

No desconoce la Corte que el asalariado con frecuencia también se desempeña con vocación y que en el trabajo humano se presenta un elemento sicológico muy importante que emana de la necesidad de sentirse útil y participante dentro del conglomerado social; pero, aún así, el fin primordial de quien vende su aptitud laboral es la contraprestación económica o material; en cambio quienes se entregan a la obra de dirigir y orientar espiritualmente a la humanidad, no persiguen fines materiales.

Como es obvio, tampoco se configura la subordinación jurídico-laboral en este tipo de relación, aun cuando la organización eclesiástica tenga una jerarquía bien definida a la cual se somete el “pastor”; se trata de un gobierno religioso e institucional que no toca propiamente con reglamentos de trabajo sino que entraña el reconocimiento o grado de dignidad eclesiástica y el sometimiento a ciertas pautas de comportamiento que comprometen al “afiliado” desde el punto de vista espiritual.

Debemos concluir, entonces, que conforme al estudio hecho en casación, no se comprobó que hubiera existido contrato de trabajo entre las partes y resulta pertinente que, luego de infirmar el fallo recurrido, en sede de instancia, la Corte revoque la sentencia de primer grado y proceda a absolver de todo cargo a la parte demandada».

(Sentencia de mayo 27 de 1993. Radicación 5638. Magistrado Ponente: Dr. Jorge Iván Palacio Palacio).

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