Sentencia 5656 de enero 13 de 2003 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

PATERNIDAD EXTRAMATRIMONIAL DECLARADA FRENTE A HEREDEROS

LA CADUCIDAD DE EFECTOS PATRIMONIALES SÓLO OPERA EN LA SUCESIÓN DEL PADRE

Rad.: Expediente 5656

Magistrado Ponente:

Dr. Jorge Antonio Castillo Rugeles

Bogotá, Distrito Capital, trece de enero de dos mil tres.

Aborda la Corte la tarea de proferir la sentencia sustitutiva de rigor, dentro del proceso ordinario seguido por Octavia Castellanos Avendaño frente a Félix Arcadio Castellanos Avendaño, Margarita Echeverry de Castellanos y herederos indeterminados de Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño.

Antecedentes

Para efectos de relatar el historial del litigio, y en obsequio a la brevedad y al ejercicio racional de la actividad judicial, se prevaldrá la Corte, en lo pertinente, de la sinopsis elaborada en la sentencia que, en su oportunidad, desató el recurso de casación. La situación, entonces, es la siguiente:

1. Correspondió al Juzgado Segundo Promiscuo de Familia de Armenia, diligenciar la demanda en virtud de la cual la demandante impetró que, “...con citación y audiencia del señor Félix Arcadio Castellanos Avendaño y la señora Margarita Echeverry, todos mayores de edad, vecinos y residentes, el primero en el municipio de Sevilla (Valle), en calidad de hijo legítimo del causante señor Heliodoro Castellanos y la segunda residente en Armenia (Q.), como esposa del causante señor Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, a su vez hijo legítimo del mencionado Heliodoro Castellanos, a quienes citó como demandados, se hagan las siguientes o semejantes declaraciones:

“a) Declarar que la señora Octavia Castellanos Avendaño, de las condiciones civiles ya anotadas, es hija extramatrimonial del causante señor Heliodoro Castellanos, concebida en relaciones sexuales extramatrimoniales como consecuencia de su unión libre sostenida con la señora Maximina Avendaño.

“b) Que por su condición de hija extramatrimonial del señor Heliodoro Castellanos y de hermana por parte de dicho padre, del causante señor Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, tenga derecho a heredar de este último lo que le corresponde en la sucesión tramitada en el Juzgado Primero Civil del Circuito de Armenia (Q.) y protocolizada en la Notaría Segunda de Armenia (Q.).

“c) Disponer que se rehaga la partición de bienes dentro de la sucesión del señor Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, para que se adjudique a mi mandante la cuota que le corresponde.

“d)...e)...”.

2. Apuntaló tales pedimentos en los siguientes supuestos fácticos:

La demandante nació el 31 de diciembre de 1913, como fruto de las relaciones sexuales extramatrimoniales de Heliodoro Castellanos y Maximina Avendaño, quienes convivieron por varios años, siendo que aquél reconoció ante familiares, amigos y allegados a Octavia como su hija, prodigándole, además, actos propios de padre, tales como haber atendido desde el nacimiento sus necesidades de vestuario, alimentación y asistencia médica y aceptando que fuera bautizada con el nombre que hoy la distingue, incluyendo su apellido.

Heliodoro convivió con Maximina en el municipio de Sutamarchán hasta el fallecimiento de ésta; y, posteriormente, contrajo matrimonio con la hermana de aquélla Belarmina Avendaño, quien fue la persona que crió a la demandante, siempre bajo la protección de su padre quien le suministraba lo necesario para su subsistencia. En marzo de 1949 Heliodoro optó por establecerse, junto con su familia, la demandante inclusive, en la vereda de “AIegrías” del municipio de Sevilla (Valle), época durante la cual continuó proporcionándole su cuidado y atención; y en 1952, le entregó una casa y una porción de tierra cercana a la casa principal para que se fuera a vivir allí con su prole, que entonces ya existía, absteniéndose en todo caso, de otorgarle la escritura pertinente, no obstante que afirmaba que le daría a su hija lo que le correspondía por haberle ayudado a trabajar y hacer un capital.

En diciembre de 1966, Octavia marchó, junto con sus hijos a Bogotá, pero 6 meses después, exactamente el 5 de julio de 1967, regresó al lado de los suyos puesto que sus hermanos Félix Arcadio y Domingo Gonzalo, debido a que Belarmina había fallecido, la llamaron y le manifestaron que la iban a ayudar dándole una tierra para que la cultivara, y unas vacas, y que aportarían para el estudio de su hija, nada de lo cual cumplieron, motivo por el cual, seis meses después, regresó a esta ciudad.

Del matrimonio de Heliodoro Castellanos, quien falleció el 4 de noviembre de 1957, y Belarmina Avendaño, nacieron Luis Eduardo, Domingo Gonzalo, Pedro Octavio, Uvaldina de las Mercedes y Félix Arcadio Castellanos Avendaño, de los cuales únicamente sobrevive éste, siendo que Domingo Gonzalo, cuyo óbito acaeció el 3 de septiembre de 1989, fue el último en fallecer. El proceso que liquidó su sucesión se adelantó en el Juzgado Primero Civil del Circuito de Armenia, y se protocolizó en la notaría 2ª de esa misma ciudad.

Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño contrajo matrimonio en 1971 con la demandada Margarita Echeverry, sin haber dejado descendencia. Al momento de su muerte, era propietario de los inmuebles cuyas especificaciones reseña la demandante.

3. Posteriormente la actora adicionó sus pedimentos en el sentido de dirigir las pretensiones, también, contra “...los herederos y demás personas indeterminadas y para ello solicito su emplazamiento...“.

4. Enterados los demandados de las pretensiones que se les enfrentaron, se opusieron a las mismas mediante escritos separados, coincidiendo en todo caso, en que dijeron desconocer los hechos concernientes con las relaciones sexuales de Heliodoro y Maximina, y al trato que aquél le prodigaba a la demandante. Los demás hechos los aceptaron. La demandada Margarita Echeverry propuso las excepciones que denominó “Falta de legitimación por pasiva“ y “Caducidad de la acción de filiación extramatrimonial“, las cuales hizo consistir, la primera, en que por no ser heredera de Heliodoro Castellanos, no podía dirigirse contra ella la acción de filiación, y la segunda, en que habiendo fallecido el mencionado causante en 1957, había caducado la aludida acción por no haberse intentado en los dos años siguientes.

El demandado Félix Arcadio Castellanos Avendaño, propuso, a su vez, la excepción de caducidad de los efectos patrimoniales que la demandante pudiese tener en la sucesión de Domingo Gonzalo Castellanos, la cual apoyó en que habiendo fallecido este último “2 años, nueve meses y trece días“ antes, los efectos de ese carácter habían caducado, amén de que el deceso de Heliodoro Castellanos se produjo 34 años y 7 meses atrás.

5. Surtido el emplazamiento de los herederos indeterminados de Domingo Gonzalo, y agotadas las demás ritualidades legales, a la primera instancia puso fin el a quo , mediante sentencia inhibitoria, decisión que fue confirmada por la Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Armenia al despachar el recurso de alzada propuesto por la parte actora. A su vez, la Corte, mediante sentencia del 6 de febrero de 2001, casó la sentencia de segundo grado y, previamente a adoptar la decisión de su incumbencia, decretó algunas pruebas, las que fueron recaudadas.

En ese orden de ideas, se impone decidir lo pertinente.

Consideraciones

Dilucidados como se encuentran los reparos que los juzgadores de instancia enfilaron en torno a la presencia de los presupuestos procesales, se impone a esta corporación adoptar la decisión de mérito pertinente.

1. La petición de filiación. Acatando lo dispuesto en el inciso segundo del artículo 10 de la Ley 75 de 1968, la parte actora demanda la reclamación de estado frente a los herederos del fallecido padre pretenso, concretamente, contra Féix Arcadio Castellanos, de quien se dijo, y se probó, ser hijo de éste, razón por la cual, tal aspecto del proceso no merece reparo alguno, como oportunamente se advirtiera.

2. De otro lado, si bien en la demanda incoativa del proceso no se indicó con precisión, que el estado de hija también se reclamaba en frente de Margarita Echeverry, de quien, en todo caso, sí se pidió la cuota hereditaria que podría corresponderle a la actora en la sucesión de su hermano (cónyuge de dicha demandada), lo cierto es que, de haber sido esa la intención de la demandante, deducida de su escrito de réplica a las excepciones propuestas por los demandados (fl. 188, cdno. 1), la mencionada demandada carecería de legitimación para soportar tal pedimento de la accionante, habida cuenta que la condición que de ella se predicó, esto es, la de esposa y heredera de Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, no la acredita, per se, como heredera de Heliodoro Castellanos; desde luego que no se dijo, ni mucho menos se probó, que éste la hubiese instituido como tal, o que su cónyuge le hubiese transmitido el derecho de heredar a su padre.

En síntesis, el carácter de cónyuge y heredera de Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño que de la demandada Margarita Echeverry se invocó en la demanda y se probó en el proceso, no apareja, por sí mismo, que deba igualmente tenérsele como heredera de Heliodoro Castellanos, padre de su fallecido esposo, puesto que, para que así ocurriese, debió afirmarse y demostrarse que aquél la instituyó como tal, o que ese derecho le fue transmitido por su causante, lo cual no aconteció.

No obstante, la anterior aseveración carece de mayor trascendencia, habida cuenta que la mencionada demandada debe enfrentar, en todo caso, como adelante se verá, la pretensión de petición de herencia igualmente aducida por la demandante.

3. La posesión notoria del estado de hija extramatrimonial. Aun cuando es palmario que la demandante aludió a las relaciones extramatrimoniales sostenidas por Maximina Avendaño, su madre, y Heliodoro Castellanos, y de las cuales dijo ella ser fruto, lo cierto es que el centro de gravedad de su reclamación reposa sobre la alegación de la posesión notoria de su calidad de hija del mencionado señor, causal que, como pasa a demostrarse, fue probada en el proceso.

En general, poseer un estado no es otra cosa que el hecho de actuar y ser tratado como suele suceder cuando el mismo está definitivamente establecido, lo cual apareja, obviamente, la posibilidad de disfrutar de las ventajas que de ese estado se derivan y cumplir las obligaciones que el mismo comporta.

En tratándose de la posesión del estado de hijo extramatrimonial, el artículo 6º de la Ley 45 de 1936, señala que dicha situación se configura cuando “el respectivo padre o madre haya tratado al hijo como tal, proveyendo a su subsistencia, educación y establecimiento, y en que sus deudos o amigos o el vecindario del domicilio en general, lo hayan reputado como hijo de dicho padre o madre, a virtud de aquel tratamiento“; posesión que, a la luz del artículo 398 del Código Civil, modificado por el artículo 9º de la Ley 75 de 1968, “deberá haber durado cinco años continuos por lo menos“, y se probará “por un conjunto de testimonios fidedignos que la establezcan de modo irrefragable“ cual lo dispone el artículo 399 del señalado código.

4. De ahí que la jurisprudencia de la Corte, apoyándose en ese conjunto de preceptos, hubiese precisado repetida e inalteradamente que el trato, la fama y el tiempo son los elementos estructurales de la posesión notoria del estado de hijo extramatrimonial.

El primero, es decir, el trato, se relaciona con la actitud del padre frente al hijo, en cuanto aquél hubiese provisto a su subsistencia, educación o establecimiento, siendo estos, necesariamente, los criterios medulares que lo definen, al punto de resultar insuficientes otras manifestaciones distintas que, aun cuando puedan denotar vinculaciones familiares entre ellos y, por ende, contribuir a redondear su prueba, nunca la suplen; por supuesto que más que prodigarle un trato afectuoso, un padre, dentro de sus posibilidades, vela por su hijo, lo alimenta, lo viste y cuida de su supervivencia, a la par que se interesa porque aprenda una profesión u oficio y, desde luego, le ayuda a que se establezca, vale decir, a que tome las riendas de su destino.

“Habrá, por cierto, situaciones en las que, tal como la jurisprudencia de la Corte lo ha denotado, esos tres aspectos no se den de manera concatenada; pero cuando tal acaezca, la razón de ser de la disgregación deberá contar con prueba satisfactoria a fin de que el juzgador, en su prudencia, la evalúe y concluya que, ello no obstante, sí existe el trato de padre a hijo”. (Sent. oct. 12/95, exp. 4122).

La fama, por su parte, es la conciencia que se arraiga, frente a parientes, conocidos y amigos, del vínculo paterno-filial, precisamente por causa del comportamiento público y notorio del que arriba se ha hecho mención. Y, por último, el elemento tiempo, exige que tanto el trato como la fama hayan perdurado por más de cinco años.

5. Emprende la Sala, entonces, la tarea de examinar si de los diversos medios de prueba aportados al proceso se infiere la posesión notoria de la calidad de hija de Heliodoro Castellanos que la demandante aduce.

Al respecto, dijo el testigo Julio Alberto Gómez Silva (fl. 25, cdno. 2), que conoció al presunto padre en el año de 1950 en el corregimiento de Alegrías, municipio de Sevilla, lo mismo que a sus hijos Gonzalo, Félix y Luis Eduardo. Que a Octavia, quien no era hija de su esposa, pero que éste la reconocía como hija suya, la tuvo en su casa, “casi hasta que falleció“ y los hermanos la reconocían como su hermana. Agregó más adelante que “... la veía allí en (esa) casa como cualquier padre con su hija y lo mismo con la señora de Heliodoro aunque no era su hija, se veía un trato afectuoso (...) que duró hasta que falleció Heliodoro, este trato perduró por espacio de más de cinco años“. Aseveró, igualmente, que éste trataba a la demandante ante “todo el mundo“ como a su hija y que “... le proporcionaba todo lo necesario para su subsistencia ... (inclusive), le hizo a Octavia una casita a la orilla de la carretera...“. En fin, que ella era la única mujer de la familia, y la mano derecha de su padre.

El declarante José Olegario Gómez Silva, por su parte, narró que conoció a Heliodoro Castellanos alrededor de 1947, cuando éste llegó al corregimiento de Alegrías con su esposa y su hija; que lo visitaba a menudo porque, además de haber sido vecinos, tuvieron una “buena amistad“. Que le oyó decir que se sentía “completo“ porque la hija le ayudaba mucho, más aún, dada la avanzada edad de su esposa, por lo que su hija era “el yunque“ allí, pues ella atendía a todos los trabajadores. Que él la presentaba como su hija y la trataba como lo hace un padre; y que cuando se radicaron en esa región, Octavia contaba una edad que oscilaba entre 35 y 40 años. Puntualizó, igualmente, que “Heliodoro le ayudaba económicamente a su hija (...) Octavia, porque él la quería mucho. El tratamiento de padre a hija de don Heliodoro para con Octavia duró (hasta) que él falleció, ya que éste fue muerto en forma violenta en la casa de ellos“.

A su vez, la señora Rosa Elena Sandoval de Sandoval refirió que conoció a la familia del mencionado Heliodoro cuando se radicaron en el corregimiento de Alegrías, porque fueron vecinos; que éste “velaba por todos los gastos de esa hija, hasta a mi me pagó comida para el nieto, es decir para el hijo de Octavia, cuando él hizo el primer año de escuela, porque yo vivía más cerca de la escuela...“. También señaló que ella vivió en la casa de su padre, “donde todos vivían“, hasta que el hijo se la llevó. E, inclusive, que “los niños de doña Octavia trataban a don Heliodoro de “papito””. Y que aunque, “de pronto quería más a los hijos que tuvo con (su) esposa..., a doña Octavia la quería mucho“, que le llevaba cosas a ella y su hijo, como ropa, por ejemplo.

Así mismo, la testigo Tulia Elisa Rivera Páez (fl. 147, cdno. de la Corte), relató que conoció a la demandante en la vereda “El Pedregal“ de Sutamarchán, porque ella es hija de Heliodoro Castellanos; que como quedó huérfana a edad “muy tierna“, la crió su tía Belarmina, esposa de aquél. Posteriormente, al ampliar su testificación (fl. 197, ibíd.), precisó que afirmaba que ella era hija de aquél porque fue criada por éste y por su esposa Belarmina Avendaño, quien, a su vez, era tía de Octavia Castellanos, y que de “ninguna manera tengo duda que doña Octavia Castellanos Avendaño era hija y además reconocida porque fue levantada ahí en la casa de Heliodoro Castellanos, ya cuando ella fue grandecita era negociante en losa y cebolla para el Puente Nacional, pero ella llegaba a la casa de Heliodoro Castellanos“. Agregó que el trato que éste le prodigaba era “demasiadamente pésimo“, ya que era “fregado“ con ella, “él la reconocía como hija sí pero era demasiadamente fregado la estropiaba siempre“, es decir, que era “drástico y tenaz con ella“.

Puntualizó, más adelante, que Heliodoro Castellanos era quien atendía las necesidades de alimentación, vestuario, droga y atención médica de la demandante, “porque ella vivía allá con ellos“, y que cuando se fueron para el Valle la llevaron; que el nombre de Octavia Castellanos Avendaño, le correspondía “como hija de Heliodoro Castellanos y Maximina Avendaño que era hermana de Belarmina Avendaño“ y que, precisamente, aquél “...le daba protección de todo, lo que un padre hace con su hijo, como alimentación, vestido, droga, médico, lo único que no le dieron fue estudio, pero de resto como padre de familia responsable“; que “ la puso a vivir dentro de la misma finca una casa, pero que me conste que le dio tierra no“; y, finalmente, que “tanto aquí en Boyacá como en el Valle“, trataba a los otros hijos de Heliodoro Castellanos” como a sus hermanos y ellos la reconocían como hermana, pero el trato no era normal, la reconocían sí“.

El testigo José Ignacio Russi Páez (fl. 150, cdno. de la Corte), narró que los padres de la accionante eran Heliodoro Castellanos y “Maximina o Baldomera“, ya que eso hace bastante y uno no recuerda bien“; que aquél “la trataba como su hija que era, (pero) Heliodoro era un viejo bravo, terrible“, y “ella era la escoba del viejo, todo tenía que hacer como hija, los trabajos del hogar“. En audiencia posterior (fl. 202, ibíd.), se ratificó en todo lo que había declarado hasta el momento, “por ser la verdad y como lo he sostenido Octavia Castellanos era (hija de) Heliodoro Castellanos“, que éste la quería mucho por ser la única mujer habida de su unión con Maximina Avendaño; que él “siempre manifestaba que era Octavia su hija, además la tenía como la llave de su casa, como tenían obreros, Octavia era la que administraba todo“, y como vivía en su casa, “es lógico que le haya dado lo que necesitaba su hija, ya que era su mano derecha, su llave ... Ahí comían de lo mismo hecho por la muchacha o sea Octavia quien era la que mandaba en la casa de su padre, el vestido se lo compraba su padre. Es decir la quería muchísimo y le daba lo que necesitaba”. Que luego la llevó con el resto de su familia al Valle, “como es su hija“; pero “aquí en Sutamarchán (él) decía que (su) ojo derecho ... era su hija Octavia, pero ya en después que se fue no doy fe“; además que ella ayudó a criar a sus hermanos y “les lavaba la ropa aquí en Sutamarchán, les lavaba la ropa“, al paso que estos la querían como su hermana.

Finalmente, la deponente Efigenia Russi Viuda de Páez (fl. 206 in fine), relató que “Octavia Castellanos vivía en la finca “El Reposo”, con su padre que era Heliodoro Castellanos, la mamá se llamaba Maximina Avendaño, y como esta señora murió, a Octavia la crió Belarmina Avendaño, que era hermana de Maximina, ellos, su padre Heliodoro y Belarmina, la criaron, y fue la persona que les hizo hacer el capital mientras vivieron en Sutamarchán, toda la vida con Heliodoro Castellanos y Belarmina Avendaño, después ya se fueron para el Valle y ella siguió trabajando (...) como lo venía haciendo aquí en Sutamarchán, ella nunca se separó de su padre. Aquí en Sutamarchán fue una esclava completa con su padre Heliodoro Castellanos, ella ayudaba para todos los trabajos con obreros, mercado“.

Además, que éste “la reconocía como hija que era, y ella era la que hacia todos los oficios en la casa, y a todo el mundo decía que era su hija“; que él era “muy responsable porque era su hija, si le daba de todo, ahí en la casa ... vea el fue tan responsable con su hija que todas las épocas de su vida las vivió con ella y además le proporcionaron todo como le debe hacer un padre responsable como fue Heliodoro con Octavia Castellanos, le dieron lo necesario ...“.

6. Como es palpable, los señalados testigos, que ciertamente son dignos de credibilidad, ponen de presente que Heliodoro Castellanos trató a la demandante, desde que nació y prácticamente hasta cuando él falleció (en 1957), es decir, por algo más de 40 años, como su hija, viviendo a su lado, velando por su alimentación, vestuario y establecimiento, al punto de haberle construido, ya mayor, una casa en su finca para que ella viviera allí, comportamiento que fue público y notorio y con el que dejó una profunda e indeleble impresión de su paternidad.

Si bien los deponentes refieren que aquél no se preocupó por darle educación a su hija, tal omisión está lejos de desdecir la paternidad en este caso concreto, ya que los declarantes, al unísono, ponen de presente que ella se convirtió en “su mano derecha“, en “su llave“, en “el yunque“, y que su tesonera colaboración contribuyó a que él pudiese amasar su fortuna, es decir que Heliodoro Castellanos se preocupó más, como era usual por la época, por hacerse a la fuerza laboral de su hija, para que le apoyase en sus labores agrícolas o domésticas, antes que pensar en su educación.

7. A esas testificaciones se suma el indicio derivado de la circunstancia de que el padre pretenso hubiese aceptado que la accionante llevase desde el bautismo su apellido; así como las consecuencias de índole probatoria adversas a los demandados, que se desgajan de su inasistencia injustificada a la audiencia de interrogatorio de parte que en forma verbal les formularía el apoderado de la demandante (fl. 54, cdno. 2).

Conclúyese, entonces, que ese haz probatorio acredita plenamente la posesión notoria del estado de hija extramatrimonial de la demandante respecto del fallecido Heliodoro Castellanos.

8. La caducidad de los efectos patrimoniales del fallo. En tratándose de las secuelas derivadas de las decisiones judiciales en las que se declare la paternidad extramatrimonial reclamada por el actor frente a los herederos de su fallecido padre, o por los sucesores del hijo fallecido, es claro que, como en tales eventos ha desaparecido uno de los legítimos contradictores, la misma solamente podrá tener los alcances señalados en el artículo 10 de la Ley 75 de 1968, según el cual, tal sentencia “no producirá efectos patrimoniales sino a favor o en contra de quienes hayan sido parte en el juicio, y únicamente cuando la demanda se notifique dentro de los dos años siguientes a la defunción“.

Relativamente a la caducidad de los derechos de índole económico a los que el trasuntado precepto alude, ha dicho esta corporación que “... así como los efectos patrimoniales derivados de ese fallo (el de filiación, se puntualiza), por mandato legal, sólo pueden redundar a favor o en contra de las personas legitimadas para sostener el pertinente litigio, según la definición dada para el punto en el inciso 2º del artículo 10 de la Ley 75 de 1968, y que además hayan sido parte en el proceso adelantado, lo propio hay que decir, por lógica, de la caducidad capaz de eliminarlos y, por lo tanto, ésta no puede extenderse más allá, de modo que pueda terminar aprovechando a terceros desprovistos de aquella legitimación y por lo tanto también ajenos a la referida controversia, impidiendo así que prosperen eventuales pretensiones de contenido económico, sucesorales o de otra naturaleza, hechos valer por el hijo independientemente de su condición de heredero del padre muerto y que, cual ocurre por ejemplo en el derecho de representación consagrado en el artículo 1041 del Código Civil, tomen causa directamente en el estado de familia que resulta de aquella filiación reconocida en providencia judicial“ (Sent. ago. 26/93, exp. 3616).

De manera, pues, que la caducidad de los efectos patrimoniales que devienen de la sentencia que declara la filiación extramatrimonial, se encuentran referidos, por mandato del artículo 10 de la Ley 75 de 1968, solamente a la sucesión del declarado padre, sin que sus secuelas deletéreas se extiendan a relaciones distintas, entre otras cosas, porque dicha acción se adelanta contra los herederos y el cónyuge del padre natural fallecido, en su condición de tales, motivo por el cual son los derechos sobre la herencia de aquél los que dicha caducidad aniquila. Infiérese, por consiguiente que “... la caducidad de los efectos económicos derivados de la sentencia de filiación se hallan circunscritos a la sucesión del padre premuerto y son de presente (...), en este sentido resulta inadmisible que a los derechos en la sucesión de otras personas, distintas del padre (fallecido), no pudiera optar dicho hijo precisamente alegando tal carácter, y menos con el argumento de que no fueron vinculadas al proceso de filiación a las personas con quienes llega a compartirlos y quienes a la sazón de la acción de filiación no eran herederos del padre fallecido ni, por ende, legitimados allí por pasiva...“( Cas. feb. 25/2002).

9. Vistas así las cosas, la caducidad a que se ha venido refiriendo la Corte, no tiene cabida en el supuesto fáctico de este asunto, en el que la demandante no pretende heredar a su padre, sino a un hermano fallecido ulteriormente, es decir, en tratándose de una relación patrimonial totalmente distinta a la filial, aun cuando indirectamente relacionada con ella.

10. De la pretensión de petición de herencia. Ha sostenido la Corte que “cuando el actor y el demandado en un proceso de petición de herencia son herederos concurrentes, cada uno en determinada cuota de la herencia, lo que el demandante pretende no es otra cosa que se le reconozca su derecho en esa parte de la universalidad sucesoria y por lo tanto, que se verifique la partición con arreglo a la ley, razón por la cual no puede la sentencia que se profiera en un proceso de tal índole entrar a distribuir y adjudicar los bienes que conforman la masa sucesoral... “Ciertamente, cuando la acción de herencia se traba entre coherederos, su finalidad específica no es la de que al accionante, desalojado de la posesión de su cuota hereditaria por los otros, se le asignen determinadas cosas singulares de las adjudicadas a aquellos o cuotas pro indiviso de esas cosas singulares, apedazándose así la composición de la hijuela a que tiene derecho y producción de este mismo resultado en la estructura de la hijuela de los demás. Sino que, en tal caso, es el de que al peticionario se le satisfaga, con ajuste a los preceptos rectores de la materia, su participación en la herencia sin perjuicio de los derechos de los demás herederos, resultado integral a que sólo podrá llegarse mediante un acto de partición celebrado con la presencia de todos los interesados y consentido por estos o aprobados por el juez”... (CXXXII pag. 254)“ (Sent. mar. 11/94, exp. 3272); todo esto sin perjuicio, claro está, de lo que los coherederos acuerden expresamente, pacto que se echa de menos en este asunto.

Conclúyese, entonces, que la sentencia del 18 de diciembre de 1989, aprobatoria de la partición de la herencia del finado Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, y en la cual fueron adjudicados los bienes que la conformaban a la cónyuge sobreviviente, señora Margarita Echeverri Buitrago y a un hermano de aquél, Félix Arcadio Castellanos Avendaño, es inoponible a la demandante, lo que la legitima para exigir que dicho acto partitivo se efectúe con su intervención y atendiendo las normas que disciplinan la distribución de la herencia. No sobra destacar, de todos modos, que en el libelo incoativo del proceso se dijo que tales bienes se encontraban en poder de los reseñados demandados, aseveración que estos no refutaron, amén de que dejaron de asistir al interrogatorio de parte al que fueron citados, omisión de la que se desprende la admisión presunta de tal circunstancia.

Igualmente, en relación con los frutos que la accionante reclama, es patente que “es en el proceso de sucesión, cuando se rehaga la partición, que deberán tasarse y valorarse“ (Sent. mar. 27/2001, exp. 6365), entre otras cosas, porque mientras no se rehaga el acto partitivo, no se tiene certeza de cuáles son los frutos que deberán justipreciarse y restituirse. En todo caso, para el efecto, se tendrá a los demandados como poseedores de buena fe, pues no se desvirtuó la presunción que en ese sentido los cobija (C.C., art. 769, en concordancia con lo dispuesto en el art. 1323 ejusdem).

Es palmario, así mismo, que los herederos indeterminados del causante Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño carecen de legitimación para enfrentar la pretensión de petición de herencia, pues ese pedimento debe enderezarse contra los herederos que ocupen la herencia, lo que no podría predicarse de los indeterminados, amén de que en este caso los bienes de la sucesión están en posesión de los demandados.

Finalmente, ya examinó la Corte lo concerniente con la caducidad y la legitimación de las partes, cuestiones estas sobre las que se fundamentan las excepciones de los demandados, las cuales, por consiguiente, quedan despachadas al abrigo de las consideraciones que en su momento se expusieron.

Así las cosas, se revocará la sentencia de primer grado y se dispondrá, en su lugar, lo pertinente.

Decisión

En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, en sede de instancia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE:

1. REVÓCASE la sentencia del 30 de enero de 1995, proferida por el Juzgado Segundo Promiscuo de Familia, en este proceso.

2. DECLÁRASE, en su lugar, que Octavia Castellanos Avendaño es hija extramatrimonial del finado Heliodoro Castellanos, líbrense, subsecuentemente, las comunicaciones pertinentes.

3. DECLÁRASE, no probada la excepción de caducidad propuesta por los demandados.

4. DECLÁRASE, igualmente que en la citada condición, y dada su calidad de hermana del fallecido Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, la mencionada señora Octavia Castellanos Avendaño, tiene derecho a heredar a éste último.

5. ORDÉNASE que se rehaga la partición de los bienes de la sucesión de Domingo Gonzalo Castellanos Avendaño, a fin de que se adjudique a la demandante Octavia Castellanos Avendaño la cuota que le corresponde en la anotada calidad de hermana paterna del causante.

6. DECLÁRASE que la demandante Octavia Castellanos Avendaño tiene derecho a que se le restituyan los bienes que se le adjudiquen, junto con los frutos correspondientes, en la forma señalada en la parte motiva de este fallo.

7. CONDÉNASE a los demandados a pagar las costas de primera y segunda instancia, exceptuando las originadas en el emplazamiento de los herederos indeterminados y los honorarios y demás emolumentos que al curador ad litem. que se les designó correspondan, gastos que debe afrontar la demandante.

Notifíquese.

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