Sentencia 5851 de octubre 30 de 2001 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

ESTIPULACIÓN POR OTRO

OBLIGACIONES DE LAS PARTES

EXTRACTOS: «De conformidad con el principio nemo alienum factum promittere potest, nadie puede quedar obligado sin su consentimiento. De ahí que para que una persona se obligue es necesaria la concurrencia de su voluntad, dirigida a la aceptación de una prestación de dar, hacer o no hacer.

En los términos del artículo 1507 del Código Civil (*) , convencionalmente resulta lícito que uno de los contratantes, llamado prometiente, prometa al otro, denominado promisario, que un tercero, de quien no es legítimo representante, dará, hará o no hará alguna cosa en su favor. En este evento, el tercero no asume ninguna obligación mientras no medie su ratificación, y si ésta no se produce, el prometiente debe indemnizar al promisario los perjuicios resultantes de la falta de ratificación de aquél.

(*) El artículo 1507 del Código Civil dice: “Siempre que uno de los contratantes se compromete a que por una tercera persona, de quien no es legítimo representante, ha de darse, hacerse o no hacerse alguna cosa, esta tercera persona no contraerá obligación alguna, sino en virtud de su ratificación; y si ella no ratifica, el otro contratante tendrá acción de perjuicios contra el que hizo la promesa” (N. del D.).

En aplicación del principio inicialmente señalado, el tercero que ha de dar, hacer o no hacer alguna cosa, según el compromiso de uno de los contratantes, no contrae obligación alguna sino por la ratificación de la promesa hecha en su nombre, pues sólo a través de ella manifiesta al promisario su voluntad de obligarse directamente con él. Por efecto de la ratificación el contrato se forma directamente entre ellos, y el tercero originario queda obligado a satisfacer la prestación ofrecida, comprometiendo su propia responsabilidad en el evento de desatenderla.

El prometiente a su turno, se obliga de manera personal con el promisario a obtener el asentimiento del tercero por quien hizo la promesa, es decir, a que éste se obligue, no a que cumpla la prestación en la cual consiste la obligación. Más que la obligación del tercero, su compromiso estriba en que se produzca la ratificación por el promisario. Asume así una obligación de hacer consistente en obtener que el tercero se obligue a la prestación. En consecuencia, su compromiso queda satisfecho cuando el tercero acepta obligarse, así desatienda su obligación, pues en esta hipótesis, como se mencionó, se compromete la responsabilidad del tercero, no la del prometiente, quien por efecto de la ratificación resulta ajeno al contrato formado entre promisario y tercero.

La índole de la obligación del prometiente, ha señalado la Corte, “...es particular, y consistiendo en la obtención de una autorización o ratificación válida en el fondo o en la forma, constituye una obligación de obtener determinado resultado, en forma que si no se obtiene, por cualquier causa que sea, según los principios generales, se incumple, dando lugar naturalmente a las consecuencias que el derecho contractual asigna al cumplimiento” (G.J. t. LXV, pág. 626).

(...).

Aunque la obligación aceptada por el tercero puede revestir cualquiera de las modalidades señaladas (dar, hacer o no hacer), su compromiso es distinto del asumido por el prometiente, que se contrae, como se especificó líneas atrás, a obtener la ratificación del tercero, su asentimiento a obligarse con el promisario, es decir, a una obligación de hacer.

Ello desde luego, no constituye óbice para que en desarrollo del principio de la autonomía de la voluntad, los contratantes convengan por virtud de otro pacto, en que la obligación del prometiente se extienda adicionalmente a procurar el hecho del tercero, vale decir, a que el tercero cumpla la obligación que acepta contraer».

(Sentencia de casación, octubre 30 de 2001. Expediente 5851. Magistrado Ponente: Dr. José Fernando Ramírez Gómez).

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