Sentencia 5861 de febrero 26 de 2001 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

CONFESIÓN SOBRE RELACIONES SEXUALES

CARÁCTER INDIVISIBLE DEL AGREGADO SOBRE LA ÉPOCA EN QUE OCURRIERON

EXTRACTOS: «Las conclusiones que alcanzó el Tribunal, luego de analizar la prueba, para sustentar la declaración de paternidad que deprecó la menor Ana Isabel López Gutiérrez, bien pueden ser resumidas en los términos siguientes: que el demandado confesó haber sostenido relaciones sexuales con la madre de dicha menor; que al agregar a las relaciones confesadas la época de su ocurrencia, situándola no más allá de 1977, se torna divisible la confesión porque el agregado no está íntimamente relacionado con ella; que lo confesado no comporta negación indefinida y, por tanto, el confesante estaba obligado a probar que después de dicho año no sostuvo otros concúbitos con la madre de la actora, cosa que no hizo; que María Luz Amparo López merece credibilidad, pese a la tacha de su versión, por ser ésta exacta, responsiva y armónica con lo expuesto por el contradictor, quien declaró que en los primeros días del mes de julio de 1988 cambió de residencia y que en la mudanza fue ayudado por sus hermanas Katya y Elizabeth, así como con la versión de ésta última que corroboró tales hechos; y por último, que el incumplimiento del demandado al deber de colaborar para la práctica de la prueba genética, genera en su contra el indicio de tener por compatible la paternidad afirmada en la demanda.

3. Entiende la Corte que al escindir el Tribunal, en la confesión mencionada, las relaciones sexuales de la época de su ocurrencia, se yerra de manera evidente, pues, obvio, la faceta agregada jamás constituye una explicación que pueda ser desligada del suceso en sí. El contacto sexual hábil para procrear y la determinación del tiempo en que ocurrió, confesados por el demandado, quien expuso que el suceso se presentó “en el año de 1976 y no pasó más allá de 1977”, constituye inseparable unidad que no puede ser desmembrada sin atentar de manera grave contra el sentido común. Es que quien admite abiertamente las relaciones sexuales y localiza su acontecer dentro de un lapso cierto y definido, sin que éste comprenda la época en que se presume la concepción del hijo cuya paternidad se le atribuye, hace manifestación de un todo indivisible que, como tal, debe ser aceptado, pues la descripción del tiempo en que ocurrió el hecho a éste corresponde, aunque, en ese preciso aspecto, su nota peculiar sea diversa a la afirmada por la contraparte.

Siempre que el agregado corresponda al hecho confesado se estará en presencia de confesión indivisible. Quien confiesa puede suprimir del hecho adverso que acepta alguna de las notas que lo distinguen, o bien agregarle otras; también es posible que reduzca o aumente sus dimensiones objetivas o, inclusive, que las acepte, pero estableciendo al suceso un distinto escenario temporal o espacial. En la práctica, tales hipótesis encierran confesión no divisible puesto que ninguna de esas o semejantes adiciones se desconectan del hecho como tal. Por ello, la Corte ha dicho que “la inescindibilidad de la confesión es algo que debe ser mirado a la luz, no propiamente del carácter favorable que tenga la agregación que se introduce, sino de la íntima conexión que posea con el hecho confesado” (Sent. 53, feb. 26/51).

Desde luego que mal se procede al separar lo inseparable, para entender como veraz sólo aquello que grava al confesante y negarle credibilidad a cuanto lo favorece. En lo filosófico ello entraña notable injusticia y en lo probatorio constituye grave error. Y dentro del mismo orden de ideas que se trae, es claro que también erró el Tribunal al exigir prueba del hecho contrario a la adición sobre el momento de ocurrencia de las relaciones sexuales, como quiera que es la actora la obligada a probar el supuesto de hecho de la norma que consagra el efecto jurídico por ella perseguido (CPC, art. 177). Fuera de lo anterior, tampoco se trata de calificar el agregado como una negativa indefinida o no, pues haciendo parte integral de la confesión así debió ser entendido sin más.

Un error adicional de la sentencia es el de entender que, por no ser imposible, María Luz Amparo López Gutiérrez compartió la habitación de Fernando Hely Mejía la noche del 2 de julio de 1988, todo porque ella conocía la mudanza del demandado en esas calendas y el hecho de haber sido ayudado, entre otras personas, por sus hermanas Elizabeth y Katya Mejía Álvarez. Aquel aserto carece de respaldo en las pruebas que militan en el expediente, y éste no contiene elemento alguno que lleve a tal conclusión por el camino de la lógica. La declarante Katya Mejía Álvarez, citada por el Tribunal como testigo que “describió con detalle” la mudanza del demandado en julio de 1988, tampoco menciona la presencia de María Luz Amparo López Gutiérrez en ese evento, aunque sí expresa que Amparo Quintero, íntima de Fernando Hely para esa época, estuvo presente en el mismo. La posibilidad de que María Luz Amparo López hubiera compartido la alcoba con el demandado, en esa fecha, no implica entonces que tal hecho esté demostrado ni él encuentra sustento en la circunstancia, subjetiva por lo demás, de que las hermanas del contradictor no reprochaban a su consanguíneo porque trataba sexualmente a Amparo Quintero.

De modo análogo, no hay forma de comprobar que realmente en los últimos años, en especial durante el tiempo en que debió ser concebida la actora, la madre de ésta y el demandado hayan mantenido un trato del cual pudiera desprenderse la relación sexual propia para procrearla; conclusión que no se ve alterada por el indicio de la falta de asistencia del demandado a la práctica del examen, que debió ser practicado en los años 1991 o 1992.

Estando comprobado que el fallo de segunda instancia cometió los errores que le atribuye la censura, y siendo estos trascendentes porque de manera inexorable condujeron a tener por establecidos, sin estarlo, los supuestos que estructuran la presunción de paternidad extramatrimonial por la causal aquí alegada, no queda camino distinto al de casarlo y proceder a dictar sentencia sustitutiva.

Sentencia sustitutiva

1. En lo relativo a las pretensiones de la demanda y los hechos que las sustentan, así como la posición del demandado, la Corte, para obrar en el marco de la economía procesal, tiene por reproducido aquí cuanto expuso en el capítulo dedicado a los antecedentes. Las partes se hallan legitimadas en la causa, y los presupuestos procesales que permiten decidir el fondo no ofrecen reparo, luego, considerando además que no hay motivos para la nulidad de lo actuado, se aborda el análisis necesario para decidir en sede de instancia.

2. Como causa de la pretensión demandada se aduce la prevista en el numeral 4º, artículo 6º, de la Ley 75 de 1968, a cuyo tenor se presume la paternidad natural y procede su declaración judicial, cuando, entre la madre y el presunto padre, hayan existido relaciones sexuales por la época en que pudo tener lugar la concepción a términos del artículo 92 del Código Civil. La norma agrega que dichas relaciones podrán inferirse del trato personal y social que ellos se hayan prodigado a la sazón.

3. Se halla legalmente probado que la actora nació el 14 de marzo de 1989 y que es hija de María Luz Amparo López Gutiérrez. Cabe pues afirmar que su concepción debió ocurrir entre el 17 de mayo y el 14 de septiembre de 1988, aplicando la regla de derecho presumida en el artículo 92 del Código Civil.

4. El demandado, al responder la demanda, niega la paternidad y el hecho de haber sostenido trato carnal con la madre de la demandante. Esta posición fue variada en el curso del proceso, como quiera que, al responder interrogatorio de parte, confesó que sí sostuvo relaciones sexuales con ella, en el año 1976, en Chinchiná, y sin que ellas se dieran después de 1977.

Hizo pues el demandado confesión indivisible, pues acepta que trató sexualmente con María Luz Amparo López Gutiérrez pero limitando su ocurrencia a “no más allá de 1977”, con lo que integra una unidad jurídica indivisa desde que tal adición es inseparable del hecho confesado, cual igualmente lo es la ubicación del lugar en que ese trato carnal se produjo. En consecuencia, de conformidad con lo previsto al punto en el artículo 200 del Código de Procedimiento Civil, el íntimo ligamen que ata el agregado y la confesión obliga a considerarla como un todo monolítico y, en consecuencia, de allí no puede extraerse la prueba de la causa que se afirmó para pedir la declaratoria de paternidad, como que ésta reclama, en el caso, la demostración del concúbito de la pareja entre el 17 de mayo y el 14 de septiembre de 1988 y éste, a todas luces, no surge allí.

5. Los testimonios vertidos al proceso por Rosa Helena García Martínez, José Humberto Muñoz Hurtado, Germán González Castaño y Nohemy Londoño, quienes dicen conocer a la pareja, no refieren trato personal y social para la época en que se presume la concepción de la actora. Narran sí hechos equívocos de amistad, por fuera de la citada ubicación temporal y, por lo mismo, carentes de eficacia frente al objeto concreto de la prueba.

Las declaraciones de Amparo Quintero, Juan Carlos Escobar Rendón y Luis Edilberto Herrera Morales, amante del demandado la primera y galeno que atendió el alumbramiento de la actora el último, nada prueban en lo relacionado con el trato personal y social del cual pueden inferirse las relaciones sexuales, y mucho menos demuestran a éstas.

La versión de Katya Mejía Álvarez, tachada de sospechosa por su consanguinidad con el demandado, demuestra sí que en los primeros días de julio de 1988, junto con su hija y una hermana suya, colaboró al trasteo y cambio de residencia que entonces realizó Fernando Hely Mejía. Además, prueba que en esos días el contradictor estuvo acompañado de Amparo Quintero, su amante, y, al no incluir la presencia de la madre de la actora, excluye a ésta de su participación en la mudanza y de que entonces hubiera compartido lecho con él.

En contrario declara la madre de la menor promotora del proceso, en cuanto afirma que la noche del 2 de julio de 1988 sostuvo relaciones carnales con Fernando Hely Mejía, para lo cual ingresó al dormitorio que ocupaba éste en su nueva residencia. Se muestra la testigo enterada de la fecha del trasteo, de la localización de la nueva vivienda del demandado y de la ayuda que éste recibió de parte de sus hermanas en esa tarea, aspectos estos que bien pudo haber conocido por medio distinto al directo y que, en todo caso, carecen de la fuerza necesaria para deducir de ellos el ayuntamiento sexual que pregona la declarante, sin otra prueba que apuntale su veracidad. Esta es la prueba que se echa de menos y que en sana crítica no puede ser deducida de ese equívoco conocimiento.

6. Está demostrado que el presunto padre no colaboró para la práctica de la prueba antropoheredobiológica, como mínimo en los casos de excusas no respaldadas con incapacidades médicas. En este aspecto fue correcta la apreciación del sentenciador al deducir indicio que él mismo calificó de contingente, el que, desde luego, resulta insuficiente para deducir que las mentadas relaciones sexuales sí se produjeron, pues no es necesario y en tal virtud su fuerza probatoria pende de la consistencia que otras pruebas, aquí ausentes, le comuniquen.

Es claro que no cabría afirmar que el mentado indicio lleva a sostener la compatibilidad de la paternidad alegada, a semejanza de que así hubiese resultado tras la práctica de los exámenes ordenados en autos. El legislador regula el alcance del indicio y lo sujeta a que se aprecie sí, pero “según las circunstancias”, de conformidad al texto del inciso segundo del artículo 7º de la Ley 75 de 1968.

7. Por último, la constancia expedida por el demandado el 25 de enero de 1991, declarando que conoce a María Luz Amparo Gutiérrez hace más de diez años, ningún hecho distinto acredita.

Del análisis conjunto de la prueba mencionada no surge la convicción necesaria para acceder a la declaratoria de paternidad que reclama la actora, quien, sin duda, no satisfizo la carga de probar el supuesto de hecho de la norma que consagra el efecto jurídico por ella perseguido. Ninguna certeza hay acerca de relaciones sexuales entre María Luz Amparo López Gutiérrez y Fernando Hely Mejía por la época en que fue concebida la menor demandante, ya sea inferidas del trato personal y social o bien demostradas con prueba directa.

La conclusión anotada apareja forzosamente la confirmación de la sentencia de primera instancia, en la medida que ella desestimó las pretensiones y fulminó condena en costas».

(Sentencia de febrero 26 de 2001. Expediente 5861. Magistrado Ponente: Dr. Nicolás Bechara Simancas).

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