Sentencia 6353 de febrero 26 de 2001 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA

TESTIMONIO SOBRE HECHOS LEJANOS

VALORACIÓN

EXTRACTOS: «Ponderados y apreciados los testimonios en su real y auténtico contenido, se deduce que existió trato íntimo entre la pareja conformada por Gilberto y Josefina por la época en que ocurrió la concepción del demandante; de manera que aunque existen ciertas imprecisiones en cuanto a las fechas, se explican fácilmente por razón del tiempo transcurrido entre la ocurrencia de los hechos y el momento en que los testigos declararon sobre ellos; a ese respecto cabe recordar que la relación de la pareja se dio en la década del 50, y los testimonios se recibieron en 1995, cuando ya, los jóvenes de entonces, contaban con un promedio de edad de 65 ó 66 años.

Ese lapso de tiempo transcurrido explica que adicionalmente algunos testigos, en su afán de ser verídicos y eficaces para el descubrimiento de la verdad, se atrevan, además, a señalar precisas fechas, y por eso dan pie a que el investigador sospeche de sus versiones, lo que claramente implica que las circunstancias temporales indicadas por ellos no pueden ser determinantes en la apreciación de la prueba, con mayor razón cuando fue el propio juez quien se encargó de señalar un amplio límite temporal en la declaración, toda vez que los interrogatorios se iniciaron con la pregunta de si la pareja conformada por Gilberto y Josefina tuvo trato íntimo a partir del año de 1951.

En ese sentido, se ve curioso, por decir lo menos, la posición del Tribunal relativa a tildar de sospechosas las versiones que acreditan hechos acaecidos hace más de 40 años, prevalido de que siendo tan lejanos los recuerdan los testigos con alguna precisión, lo que, a juicio del fallador, imposibilita probar con ellos situaciones fácticas sucedidas en tiempo antiguo; según él, entonces, el grado de credibilidad depende de que en tales circunstancias los testigos no recuerden los hechos o de que los narren vagamente.

En orden a desquiciar esa arrevesada conclusión del sentenciador, precisa subrayar que, por el contrario, en la especie de este litigio, los testigos evidencian obvias imprecisiones en cuanto a ciertas fechas y algunos detalles, las que de no haberse dado los habría convertido, quizás allí sí, en testigos poco creíbles; se observa en todo caso que fueron contestes en afirmar que durante la citada década de los años 50, que por supuesto comprende la época de concepción de Édgar, Gilberto y Josefina conformaron una pareja con trato íntimo, a consecuencia del cual la última quedó en embarazo.

Esa certeza deviene del análisis individual y de conjunto que emana de las declaraciones vertidas por María Carmelina Garzón, Gustavo Antonio Jaramillo Castaño, Antonio de Jesús Colorado Sánchez, Pedro Luis Taborda Álvarez y Manuel Restrepo Díaz, como adelante se verá, sobre todo si se tiene en cuenta que para efectos de la demostración de la causal de paternidad consistente en las relaciones sexuales entre la madre y el supuesto padre, resulta casi imposible registrar la prueba directa de su ocurrencia, permitiéndose al efecto la demostración del trato personal y social del cual se puedan inferir; así, como desde antaño ha reconocido la jurisprudencia, se admite la prueba testimonial destinada a verificar los comportamientos o actitudes públicas y privadas de los amantes que en alguna forma evidencien o reflejen el trato sexual requerido para establecer la paternidad.

En la labor tendiente a apreciar tal prueba, el juez debe obrar con especial cuidado, porque si no es factible exigir uniformidad a declarantes que dada la diversidad de sus condiciones personales perciben en forma diferente las circunstancias fácticas, ni reclamar especial grado de fidelidad cuando el tiempo transcurrido entre el hecho que se investiga y el que declara el testigo impide reconstruir con nitidez el hecho objeto de investigación, tampoco puede catalogarse de sospechosa la versión de un grupo de personas que, en lo sustancial, narran hechos similares, porque es entendible que si el paso del tiempo borra los detalles y las particularidades, también puede aclarar el acaecimiento del hecho por probar, sin las aristas que en un momento determinado puedan enturbiar lo principal.

Adicionalmente, cabe recordar que la declaración de testigo no puede tomarse únicamente de una frase aislada, ni de las afirmaciones disgregadas de su declaración, sino que cada versión debe valorarse teniendo en cuenta la totalidad de las respuestas; amén de que deben ser apreciadas las condiciones sociales del deponente, porque mientras algunos adornarán con especial cuidado su exposición, otros rendirán un relato escueto sobre lo que se les interroga, todo lo cual conduce a que el juez debe velar por lograr un mesurado equilibrio en el estudio de las varias circunstancias de tiempo, modo y lugar que rodean al hecho investigado, de tal manera que no se vea precisado, como resultado de una severa crítica, a dejar sin valor testimonios que no podían ser rendidos en otra forma.

La premisa anterior tiene especial significación si se trata de procesos en que se ejerciten acciones de estado civil y particularmente de investigación de la paternidad, en los que, como lo ha reiterado esta corporación, el régimen probatorio “no puede exigirse con un criterio tan severo que llegue a establecer un sistema de tan extremado rigor que haga prácticamente irrealizable su comprobación judicial…”. (Sents. jul. 21/80, G.J. CLXVI, 79; dic. 1º/82 CLXV, 339).

En esa medida, se tiene que en cuanto a las relaciones sexuales que constituyen la base esencial de la demanda inicial de este proceso, los mencionados testimonios son eficaces y deben atenderse, pues dan las razones de sus afirmaciones; declaraciones que consideradas separadamente o en conjunto repercuten como claras, precisas y concomitantes, por lo que raya en contraevidencia la afirmación del sentenciador de calificarlas de sospechosas, contradictorias y ambiguas. En síntesis, todas las anteriores consideraciones dan pie para descubrir que el sentenciador incurrió en error de hecho manifiesto en la apreciación de la prueba testimonial».

(Sentencia de casación, febrero 26 de 2001. Expediente 6353. Magistrado Ponente: Dr. Silvio Fernando Trejos Bueno).

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