SENTENCIA 6637 DE MARZO 16 DE 1992

 

Sentencia 6637 de marzo 16 de 1992 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

FALLA DEL SERVICIO EN EL ISS

ERRORES EN EL MANTENIMIENTO DEL EQUIPO QUIRÚRGICO

EXTRACTOS: «Con relación al primer aspecto, es decir, el de la responsabilidad del Instituto de Seguros Sociales, considera la Sala que en este punto debe confirmarse el fallo apelado, porque la decisión correspondiente se acomoda no sólo a los principios y orientaciones jurisprudenciales del Consejo de Estado sobre la responsabilidad por falla del servicio, sino que también es producto de un acertado análisis crítico de la prueba testimonial y documental obrante en el proceso.

En efecto, se encuentran probados los siguientes hechos:

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5. Que Julio Roberto Barrera Mesa falleció el 12 de marzo de 1987, a causa de “shock séptico por abceso subfrénico, bronconeumonía anoxia cerebral”. (Fol. 4).

6. Que el deceso de la víctima “fue por una encefalopatía anóxica que tuvo efectos esencialmente mortales” . (Acta de necropsia. Fol. 166).

7. Que los médicos Ana Ligia Uribe López (anestesióloga), Amadeo Alarcón Piedrahita (especialista ortopedia y traumatología) y Fabio Alberto Maya Aristizábal (misma especialidad), eran funcionarios del Instituto de Seguros Sociales.

8. Que los profesionales antes relacionados declararon sobre lo sucedido y en lo pertinente así:

a) Fabio Alberto Maya Aristizábal:

“... Cuando ya trataron de investigar por la causa del paro, parece que hubo una confusión en el suministro de oxígeno con el óxido nitroso y esa fue la causa del paro cardíaco... Sí, se comentó que había entrado o mejor, que habían trabado las conexiones de oxígeno y óxido nitroso del techo del salón de cirugía... La complicación fue inmediata al parecer por el problema de suministro de gases...”. (Fols. 173 a 176).

b) Ana Ligia Uribe de Arango:

“Al administrarle oxígeno al 100% el paciente se iba tornando cianótico... debido a que a mí todavía me quedaba duda de que hubiera algo raro en esas conexiones, mandé por otra máquina de anestesia, me la trajeron y la conecté al paciente con oxígeno l00% . El paciente empezó a responder... ya investigando o revisando las conexiones nos dimos cuenta que estaban las tomas en el techo invertidas, de oxígeno y óxido nitroso... mas, hizo primero la anoxia cerebral que el paro. Cuando un paciente recibe óxido nitroso al 100% se hace primero el daño cerebral que el paro cardíaco... Días antes del accidente, en otra sala de cirugía necesitaron otra máquina de anestesia y llevaron la de esta sala. Cuando volvieron a traer la máquina hicieron las conexiones invertidas... al estar trocadas las tomas de oxígeno y óxido nitroso, cuando se abre el flujómetro del oxígeno para suministrar oxígeno al paciente, lo que está saliendo es óxido nitroso y al abrir el flujómetro de óxido nitroso lo que está pasando al paciente es oxígeno...”. (Fols. 178 a 182).

c) Amadeo Alarcón Piedrahíta:

“Hice preguntas, averiguaciones sobre qué pudo haber pasado y me dijeron que le estaban posiblemente insuflando más CO2 que oxígeno... Ya en una reunión que nos hicieron en el ISS fue donde escuché que las mangueras estaban conectadas en el sitio que no correspondía...”. (Fols 182 a 184).

9. Que el paciente ingresó al centro hospitalario en condiciones normales de salud—salvo lo referente al objetivo de su internamiento quirúrgico—, y que a raíz del procedimiento de cirugía o anestesia, entró en una gravísima crisis que culminó con su deceso. Así se deduce de la historia clínica de Julio Roberto Barrera Mesa (fols. 194 a 298), y se complementa con las conclusiones del médico legista autor de la necropsia.

De los hechos relacionados y comprobados, surge en forma nítida la falla o falta del servicio a cargo del Instituto de Seguros Sociales, por cuanto a causa de errores y equivocaciones en los servicios de cirugía y anestesia, se les suministró al occiso Barrera Mesa óxido nitroso en lugar de oxígeno, comportamiento equivocado éste que originó las graves lesiones que condujeron al fallecimiento de la víctima.

No se trata en este caso de cuestionar el comportamiento de los cirujanos o de la anestesióloga, cuya culpa por no resultar evidente, sirve de fundamento a la defensa de la entidad demandada. Desde luego que las obligaciones en estos casos son de medio y no de resultado, pero no puede esto significar que el acierto de los médicos y la ausencia de culpa en sus procedimientos exonere automáticamente a la administración, cuando, como en el caso que se estudia, resulta ostensible un descuido, una equivocación, un error, eventualmente originado en el mantenimiento del equipo quirúrgico del hospital (falla del servicio) y ajeno a la conducta de los profesionales intervinientes en el tratamiento quirúrgico. Dentro del normal desarrollo de las funciones hospitalarias, se encuentra el suministro normal a los pacientes de las drogas, alimentos, atenciones y servicios adecuados para conservar su salud y mantener su integridad y su vida. Consecuencialmente, si se presenta un accidente así sea involuntario, atribuible al establecimiento hospitalario, configurando así la falla del servicio como ocurre en este caso, resulta entonces comprometida su responsabilidad y, por consiguiente, le corresponde o debe asumir la obligación indemnizatoria que aquella le genera.

Para la Sala resultan ostensibles la irresponsabilidad, falta de diligencia y cuidado por parte de quienes directa o indirectamente prestaron el servicio de mantenimiento y utilizaron las fuentes de oxígeno y óxido nitroso en forma equivocada. Es inconcebible que en una institución hospitalaria donde el ente demandado atiende diariamente a numerosos pacientes en el cuidado y mantenimiento de su salud e integridad físicas, se produzca una falla como la advertida en el caso bajo estudio. Ciertamente no hay lugar a considerar que hubo en este asunto causal exonerativa de responsabilidad, porque lo único que aparece evidente es la ausencia de precauciones por parte del equipo médico que insufló erradamente el óxido nitroso y un total descuido por parte de quienes hicieron las instalaciones que conducían los gases mencionados y, de manera especial, por quienes irresponsablemente invirtieron los conductos de oxígeno y óxido sin detenerse a considerar que su conducta podría generar gravísimas y mortales lesiones en quien utilizara los servicios de salud prestados por los seguros sociales.

La Sala no pretende desconocer que por esencia, las intervenciones quirúrgicas conllevan un alto riesgo para la salud del paciente del cual no se puede culpar a quienes las efectúan con el cumplimiento de las precauciones y procedimientos correctos y adecuados, según el caso, porque en estas intervenciones no es físicamente posible garantizar el éxito de las mismas. Sin embargo, cuando se observan descuidos, errores y omisiones como sucede en el sub-lite, se impone concluir que no todo el procedimiento fue acertado.

que faltó revisión previa del equipo y, por consiguiente, se dio la falla del servicio generadora de la responsabilidad del establecimiento demandado.

Dada entonces la falla del servicio hospitalario de cirugía a cargo del Instituto de Seguros Sociales, así como el deceso accidental de Barrera Mesa, o sea el hecho dañoso, la relación de causalidad surge también con incuestionable claridad, pues el daño no se habría producido sin aquella, integrándose así los elementos configurativos de la responsabilidad.

(Sentencia de marzo 16 de 1992. Expediente 6637. Consejero Ponente: Dr. Daniel Suárez Hernández).

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