Sentencia 6726 de noviembre 25 de 1992 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

•SALA DE CASACIÓN PENAL

HURTO CALIFICADO

VIOLENCIA SOBRE LAS COSAS

EXTRACTOS: «Se alega violación directa de la ley sustancial por aplicación indebida del art. 350 del C. P., pues se incurrió en el error de considerar por el juzgador como un delito de hurto calificado, aquello que sólo constituye un hurto simple.

Para el censor, el haber destrozado el interruptor o arranque del vehículo, desprendiendo los cables y haber efectuado una conexión directa para encender el automotor, ponerlo en movimiento y lograr por este medio su apoderamiento, no constituye empleo de violencia sobre las cosas, sino apenas el medio natural para efectuar la sustracción, oponiendo su parecer al del Tribunal, entidad que al examinar en su sentencia esta circunstancia calificadora del hurto, halló acreditada la violencia física a las cosas en la actuación de los acusados y anotó al respecto:

“Para poner en funcionamiento el motor de un vehículo —y el de autos no era excepción— técnicamente las casas fabricantes colocan un interruptor que se acciona mediante llaves. Este dispositivo sirve al mismo tiempo como seguridad, para que solamente quien está en posesión de la llave pueda accionarlo. En el evento que nos ocupa, los ladrones no usaron llaves, ni las genuinas ni otras falsas, sino que violentaron el dispositivo técnicamente instalado y lo reemplazaron por una rústica aunque eficaz conexión de cables, desde luego empleando la fuerza para superar la seguridad que la instalación original representaba. La modificación introducida en estas condiciones, tuvo importantísima repercusión sobre la cosa misma y también en el ámbito penal, como que constituye demostración plena de que estamos frente a un delito de hurto calificado ...”.

Para la Corte es indudable, que el Tribunal procedió con acierto, al considerar como calificado por la violencia sobre las cosas, el hurto consumado en las anteriores circunstancias.

Dispone el art. 350 del C. P. que el hurto será calificado cuando se cometiere con violencia sobre las personas o las cosas.

Constituye violencia sobre las cosas, cualquier acto de fuerza que se ejercite sobre el bien mismo, objeto de la sustracción o sobre las cosas que a manera de defensa privada han sido colocados por su propietario para su protección o defensa. En estas condiciones, la fuerza sobre las cosas tiene por objeto facilitar la labor de apoderamiento.

Como lo ha dicho la Corte, “el fundamento de la calificación estriba en que el delincuente vulnera con la violencia los obstáculos que la actividad de los particulares pone en juego para mantener la seguridad de sus cosas; es un quebrantamiento de las medidas precautelativas desarrolladas por ellos para evitar que sus intereses mobiliarios sean sustraídos fácilmente de sus ámbitos de vigilancia y custodia ...”.

Es indispensable además, que entre el empleo de la fuerza y el acto de apoderamiento exista una clara relación de causalidad, esto es, que la fuerza sea el medio para realizar la conducta.

No es indispensable para que la fuerza califique el hurto, que aquella sea la consecuencia de un gran despliegue de energía y vigor y que ocasione grave daño a las cosas predispuestas para la defensa del bien. Es suficiente, que el sujeto agente desarrolle una fuerza “anormal”, es decir, distinta a la que emplea el dueño del bien para remover y apoderarse de la cosa, aunque no demande gran esfuerzo físico como cortar una cadena que asegura la entrada al sitio donde se halla el bien, arrancar los cables de un aparato eléctrico, destrozar un candado, cortar las cuerdas de una cerca de alambre para sacar los semovientes del predio, romper los vidrios de un cofre o estuche o de la ventanilla de un automóvil, o anular las cerraduras de una puerta o escritorio, etc.

Y aplicando estos conceptos, se debe admitir que el delito que ocupa la atención de la Sala es un hurto calificado porque se hizo uso de un medio mecánico o eléctrico fraudulento; y mediante la fuerza se arrancó y destruyó la llave o suiche del encendido, avaluado en veinte mil pesos ($ 20.000), se desprendieron los cables y se efectuó una conexión directa, que puso en actividad el motor y facilitó la remoción y apoderamiento del vehículo incurriendo en la circunstancia de calificación que señala la ley.

Mediante este acto de fuerza se quebrantaron las seguridades del vehículo, predispuestas para que sólo el poseedor de la llave pudiera ponerlo en movimiento. Los delincuentes hicieron uso de imaginación, habilidad y esfuerzo para burlar las barreras que defendían la propiedad del automotor.

De ahí que no haya incurrido en error el Tribunal al señalar que los acusados en el caso de examen consumaron un hurto calificado dentro de las previsiones del art. 350 del C. P.».

(Sentencia de casación, noviembre 25 de 1992. Radicación 6726. Magistrado Ponente: Dr. Jorge Carreño Luengas).

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