SENTENCIA 6944 DE JUNIO 3 DE 1993

 

Sentencia 6944 de junio 3 de 1993 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

REPRESION DE DESORDENES

RESPONSABILIDAD POR DAÑO ESPECIAL

EXTRACTOS: «En el caso sub examine el ad quem encuentra que el presente conflicto de intereses se deja manejar con la filosofía jurídica que informa la RESPONSABILIDAD POR DAÑO ESPECIAL, que sitúa el asunto en la órbita de la responsabilidad objetiva.

Reiteradamente ha dicho la Sala que el principio de igualdad frente a las cargas públicas es un desarrollo de otro que resulta fundamental en el estado de derecho, esto es, al de IGUALDAD ANTE LA LEY. Esta verdad jurídica lleva a tratadistas como Aguiar Díaz a enseñar:

“Siempre que un individuo sea perjudicado en sus derechos como condición o necesidad del bien común, síguese que los efectos de la lesión o las cargas de su reparación deben ser repartidos entre toda la colectividad, esto es, satisfechos por el Estado, a fin de que de este modo se restablezca el equilibrio de la justicia conmutativa” (Tratado de la Responsabilidad Civil).

Con las declaraciones rendidas dentro del proceso por Rafael Barrera García, Margarita Rosa Bittar Suárez y José Aníbal Díaz Riveros, quedó debidamente demostrado que la fuerza pública, para hacerle frente a un problema de policía, de orden pú-blico, hizo uso de las armas, penetrando en algún momento a los predios de la Universidad Nacional, en cuyo interior resultó muerto el joven estudiante Yesid Francisco González.

Así las cosas, resulta bien probado que la Policía Nacional, para hacerle frente a la situación de orden público que se le presentaba disparó sus armas. Es posible que también lo hicieran los “encapuchados” y los estudiantes que incendiaron el vehículo de propiedad de la Empresa de Teléfonos de Bogotá. Pero lo que sí no se demostró fue que la víctima hiciera parte de la pandilla delincuente. La declarante Margarita Rosa Bittar Suárez es clara cuando dice que el joven era persona correcta, muy estudiosa y callada. Por ello, agrega, “pasaba casi inadvertido en la facultad”. Este comportamiento correcto aparece avalado en la carta que el señor rector de la Universidad Nacional, Dr. Fernando Sánchez Torres, envió al señor Francisco González, padre de la víctima, en la cual se lee:

“Con gran pesadumbre me dirijo a toda su familia para presentarles, en nombre de la Universidad Nacional de Colombia y en el mío propio, la más expresiva manifestación de condolencia por el fallecimiento de su hijo Yesid Francisco, alumno de la facultad de artes de nuestra institución.

Las circunstancias absurdas como encontró la muerte Yesid Francisco han sido públicamente repudiadas por las directivas de la universidad. Perder la vida en forma violenta dentro de un recinto destinado al pacífico quehacer intelectual es algo que cuesta trabajo entender y aceptar. Por eso el gobierno ha designado un juez investigador, con el fin de establecer la responsabilidad de quienes fueron los protagonistas de tan trágica jornada. Para ese efecto las directivas universitarias prestarán todo su concurso pues ellas, por haber sido totalmente ajenas, son las más interesadas en que se haga claridad sobre un hecho susceptible de ser explotado por distintas personas y con diferentes fines. Confiamos, pues, que el peso de la justicia caiga sobre los que han puesto luto en su familia y en nuestra universidad.

Al renovarle mi voz de pesar, me es grato suscribirme de usted con sentimientos de amistad y aprecio” (fl. 22 C. 1).

Para la Sala los estudiantes pacíficos de la universidad no tienen por qué soportar el daño que les causa el enfrentamiento de las fuerzas del orden con las del desorden. Sus predios tampoco deberían ser utilizados ni por los unos ni por los otros como campo de batalla. La universidad es un servicio público y está condicionada por la estructura del mundo como repertorio general de vivencias de todo orden, como lo recordara en su momento Ortega y Gasset, pero su razón de existir se centra en la docencia. “Propiamente, consiste en eso; todo el resto es lo que hace posible la docencia, lo que la completa, sus consecuencias y efectos”, destaca el filósofo citado. Los centros universitarios deben ser, en todo momento, sitios de peregrinación a la no violencia, que no es la no resistencia al mal, sino la resistencia sin violencia contra éste. También santuarios donde se oficia en la filosofía del respeto a la dignidad humana, a la cultura de la paz y del amor. Por ello cada vez que se invadan sus predios o sus aulas, se corre el riesgo de tener que indemnizar, a terceros inocentes, los daños causados».

(Sentencia de junio 3 de 1993. Expediente 6944. Consejero Ponente: Dr. Julio César Uribe Acosta).

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