Sentencia 6996 de marzo 10 de 1993 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

•SALA DE CASACIÓN PENAL

COAUTORÍA

ACUERDO TÁCITO

EXTRACTOS: «a) Es verdad que jurisprudencial y doctrinariamente es aceptado que, en los casos de coautoría, del exceso responde quien se ha excedido. Lo que no es cierto es que en el asunto que nos ocupa haya habido exceso, pues está demostrado que el homicidio se cometió como una forma de coacción sobre los demás integrantes de la familia para obligarlos a decir en dónde se encontraban escondidas las armas, método que surtió pleno efecto y así se dejó consignado en la sentencia.

Para poder calificar el homicidio como un ‘’exceso’’, el demandante se limita a decir que el acuerdo era ir hasta la casa de la víctima a rescatar las armas, no a matar, planteamiento que no puede tener aceptación, pues también la jurisprudencia y la doctrina han sido muy claras al señalar que dentro del curso causal de la ejecución de lo pactado se puede presentar la necesidad de vencer un obstáculo o realizar acciones no expresamente acordadas, pero que sirven al fin propuesto, de las cuales son responsables todos los coautores. El ejemplo tradicional es como sigue: Varios sujetos realizan un asalto y para ello van armados. Así no lo hayan convenido expresamente, si alguno de ellos mata al celador del lugar para lograr el objetivo, la responsabilidad por el homicidio es de todos. Distinta sería la situación si uno de los asaltantes encuentra allí un enemigo personal y resuelve aprovechar la oportunidad para matarlo.

Sobre este tema es muy concreta la posición de la Corte en la cita que hace el Tribunal de una providencia de febrero 28 de 1985(*), con ponencia del Magistrado Luis Enrique Aldana Rozo, en cuya parte pertinente dice:

‘’En verdad que doctrina y jurisprudencia han aceptado que en los casos en que varias personas proceden en una empresa criminal, con consciente y voluntaria división de trabajo para la producción del resultado típico, todos los partícipes tienen la calidad de autores, así su conducta vista en forma aislada no permita una directa subsunción en el tipo, porque todos están unidos en el criminal designio y actúan con conocimiento y voluntad para la producción del resultado comúnmente querido o, por lo menos, aceptado como probable. En efecto, si varias personas deciden apoderarse de dinero en un banco pero cada una de ellas realiza un trabajo diverso: una vigila, otra intimida a los vigilantes, otra se apodera del dinero y otra conduce el vehículo en que huyen, todas ellas serán autores del delito de hurto. Así mismo, si a esa empresa criminal van armados porque presumen que se les puede oponer resistencia o porque quieren intimidar con el uso de las armas y como consecuencia de ello se producen lesiones u homicidios, todos serán coautores del hurto y de la totalidad de los atentados contra la vida y la integridad personal, aun cuando no todos hayan llevado o utilizado las armas, pues participaron en el común designio, del cual podían surgir estos resultados que, desde luego, se aceptaron como probables desde el momento mismo en que actuaron en una empresa de la cual aquellos se podían derivar’’.

b) No se desconoce en el fallo que la coautoría presupone un acuerdo de voluntades, pero no restringido de la manera como la presenta el casacionista a que sea expreso, sino admitiendo también el acuerdo tácito, el que surge en el desarrollo del delito planteado como empresa común y que no constituye respecto de ninguno de los intervinientes acontecimiento excepcional o insospechado.

¿Necesitaban los autores de este reprochable homicidio, que alguien les explicara que si se tomaban la casa del señor Antonio Morales a fuerza de disparos —“con vocación intimidatoria’’ como los llama el defensor— podría resultar muerta o lesionada alguna persona? Acordar obtener a sangre y fuego la devolución de las armas ¿requería además un convenio expreso sobre el homicidio cometido?

Con una concepción lógica y jurídica sobre el tema, es obvio que la respuesta a estos interrogantes será negativa».

(Sentencia de casación, marzo 10 de 1993. Radicación 6996. Magistrado Ponente: Dr. Ricardo Calvete Rangel).

ACLARACIÓN DE VOTO

Por sabido se tiene que la coautoría consiste en la ejecución mancomunada de un hecho punible, mediante la colaboración consciente y voluntaria de varios partícipes, quienes, desde distinta perspectiva, realizan la totalidad de la acción típica. El principio general es que cada autor sea responsable del resultado del hecho querido, dentro de la forma concreta planteada por la actividad delincuencial. Aquí termina su dolo. Los actos que por cuenta propia o aislada realiza un coautor con exceso doloso sobre el acuerdo típico no le son imputables a los restantes coautores, ni tal conducta puede gravitar sobre las espaldas de los otros intervinientes. Todo exceso no cubierto por el dolo inicial o realizado más allá del convenio aceptado genera responsabilidad únicamente para el autor del exceso.

Está en lo cierto el criterio de la Sala cuando pergeña el concepto de coautoría y concreta sus proyecciones para el caso de la especie. Pero algo más nos importa decir en esta materia. No creemos en acuerdos tácitos de coautoría. Esto no basta. Todo sujeto responde de la conducta dentro del ámbito de la decisión común acordada previamente. Por eso se habla de un dolo de realización. Es que en la coautoría todos son autores del hecho pero sobre la base de una cooperación consciente y querida, de un conocimiento del acuerdo recíproco y de una voluntad orientada a contribuir con la propia actuación al hecho que constituye el delito. Si los distintos sujetos operan sin este ligamen las responsabilidades serán diferentes. Naturalmente que puede hacerse extensivo al coautor, el ‘’exceso’’ del autor —siquiera sea como dolo eventual— cuando aquél tiene conciencia de la posibilidad de un resultado como probable o actúa consintiendo el hecho o le es indiferente la producción del mismo. En todo caso se conforma con el riesgo que la realización de la conducta representa.

El asunto es de subidísimo interés y enormemente debatible. Apenas se plantea.

Cordialmente,

Jorge Enrique Valencia M. 

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