SENTENCIA 7066 DE SEPTIEMBRE 24 DE 1992

 

Sentencia 7066 de septiembre 24 de 1992 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

FALLA DEL SERVICIO

CONFUSIÓN EN LA ENTREGA DE CADÁVERES

EXTRACTOS: «Cabe advertir, para evitar equívocos, que la falla del servicio planteada en el caso bajo estudio se refiere, no al deceso violento del soldado Fredy Orlando Jiménez Reyes cuando prestaba el servicio militar obligatorio, sino a la situación que vivieron sus padres y hermanos, como consecuencia de la entrega para sepultarlo de un cadáver correspondiente a otra persona.

De la anterior precisión deduce la Sala que para acreditar la falla de la administración se debía demostrar que el cadáver recibido por la familia Jiménez Reyes como del hijo y hermano, era diferente del que se había identificado por sus compañeros de armas, al que se le había practicado la respectiva necropsia y, desde luego, del familiar que había ingresado a prestar su servicio militar.

La Sala se muestra de acuerdo con la conclusión del Tribunal en cuanto a que el cadáver encontrado correspondía al soldado Jiménez Reyes. La prueba testimonial tomada en cuenta por el a-quo permite razonablemente llegar a dicha conclusión.

(...).

De las contradicciones que se acaban de relacionar entre las dos diligencias de necropsia aportadas con las copias del proceso penal, cuyo valor probatorio es ostensible, la Sala concluye que el cadáver sometido a la autopsia en Montería e identificado como el de Fredy Orlando Jiménez Reyes, es absolutamente distinto al que por parte del ejército le fue entregado para su sepultura a los familiares de aquél. No se requieren mayores conocimientos en medicina legal, porque la solución es de elemental sentido común, para entender que no fue de Jiménez Reyes el cadáver exhumado por cuanto difieren en el estado de la boca y dentadura, la una sin lesiones y en buen estado, la otra, con huellas de trauma y con prótesis total; son distintas en cuanto a la edad, pues mientras en la primera necropsia se alude a una persona joven de aproximadamente 20 años, edad que correspondía a la de Fredy Orlando, en la segunda, la edad está comprendida entre 25 y 40 años; y, para complemento, en la segunda necropsia se desconocen y niegan rastros de habérsele practicado una autopsia anterior, lo que permite concluir con certeza absoluta que era un cadáver diferente al de Jiménez Reyes.

De otra parte, las consideraciones del Tribunal en el sentido de reconocer la eficaz actuación del ejército “rescatándolo y enviándolo en un helicóptero a la ciudad de Montería para la respectiva necropsia”, que la hace un médico legista cuyo dictamen “debe presumirse verídico por parte del comandante del batallón”, no son de recibo para la Sala, por cuanto ningún cuestionamiento se hace al ejército por haber localizado el cadáver y haberlo enviado a Montería.

La razón verdadera de la demanda radica en la irregular actuación del ejército, no de los funcionarios de medicina legal, al permitir que el cuerpo sin vida de uno de sus soldados fuera confundido o suplantado con otro para devolvérselo a sus familiares. Se quedó corto el cuerpo armado al permitir tamaña confusión de cadáveres, precisamente para entregarle o devolverle erradamente a la familia los restos de quien habían reclutado pleno de vida para prestar su servicio militar. Aquí radicó precisamente la falla del servicio, hubo un mal funcionamiento en el manejo, traslado, ubicación y entrega del cuerpo del soldado fallecido.

Ahora bien, cabe meditar en la repercusión que el error de la administración debió tener sobre los padres y hermanos del soldado Jiménez Reyes. Estos ya estaban enterados del trágico final de su hijo y hermano, y tal circunstancia era suficiente para alterar el estado emocional de toda la familia. Pero, cuando ya resignados por su muerte y a última hora se les permite ver los restos mortales de Fredy Orlando, se ven obligados a experimentar el desconsuelo, la amargura, la incertidumbre y toda esa gama de angustiosos sentimientos inherentes a los estados emocionales que la desaparición de un ser querido genera en la persona humana. Si sufrieron por la muerte del hijo y del hermano, tal sufrimiento debió ser más intenso ante la burla cruel que impidió el velorio y las lágrimas frente al ataúd ocupado por un cuerpo extraño. Este es precisamente el perjuicio moral sufrido por los demandantes y él se originó en el descuido e irresponsabilidad del personal militar encargado de manejar el proceso de entrega del cadáver del soldado Jiménez Reyes a sus familiares. Se integran así los tres elementos que estructuran la responsabilidad de la administración por falla del servicio.

Establecida la responsabilidad administrativa se debe determinar si los demandantes acreditaron su derecho a ser indemnizados. Al respecto obran en el proceso a los folios 28 y 254 a 266, los registros civiles de matrimonio de los padres demandantes, de nacimiento de los hijos y de defunción de la víctima. Con base en estas documentales la Sala considera que se ha demostrado el parentesco entre el occiso y los demandantes y, por consiguiente, surge en favor de éstos el derecho a su indemnización por los perjuicios morales padecidos, los cuales la Sala estima en una suma equivalente en pesos a 500 gramos de oro fino para cada uno de los progenitores y a 250 gramos del mismo metal para cada uno de sus hermanos. Estas cantidades se consideran ajustadas a la circunstancia que rodea el caso, desde luego que no se trata de resarcir el daño moral ocasionado por la muerte de Fredy Orlando Jiménez Reyes, sino por la equivocación del Ejército Nacional al no haber restituido el cadáver correspondiente a sus familiares, como se lo imponen sus deberes, sino uno bien diferente, como ha quedado plenamente establecido en el plenario».

(Sentencia de septiembre 24 de 1992. Expediente 7066. Consejero Ponente: Dr. Daniel Suárez Hernández).

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