SENTENCIA 7176 DE DICIEMBRE 14 DE 1992

 

Sentencia 7176 de diciembre 14 de 1992

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

FALLA DEL SERVICIO

ACCIDENTES OCASIONADOS POR ESCOLTAS MOTORIZADOS

EXTRACTOS: «Según se desprende del expediente resultó bien probado: a) Que el señor Juan Bautista Narváez murió en accidente de tránsito al ser atropellado por un vehículo oficial de placas MD 34-25, Renault 4, adscrito al DAS, en la ciudad de Pasto el día 7 de abril de 1989 (Avenida Los Estudiantes con la carrera 34);

b) Que el vehículo oficial venía, cuando atropelló al mencionado señor, a velocidad superior a la permitida, en seguimiento del vehículo Mercedes Benz en que viajaba el señor Ministro de Agricultura, a quien servía de escolta, y

c) Que el señor Narváez contaba al morir 89 años de edad y estaba acompañado, al momento del accidente, de su nieto Carlos, quien a la sazón era un niño.

Para la Sala el asunto es bastante claro y puede de manejarse con apoyo en la tesis de la responsabilidad presunta; derivada del ejercicio de una actividad peligrosa por parte de la administración.

Régimen de responsabilidad que sólo le permitía a la entidad demandada exculparse probando que el hecho no le era imputable porque se produjo por fuerza mayor, culpa exclusiva de la víctima o el hecho de tercero, también exclusiva y determinante.

Estima esta Sala que la administración no probó ninguna de las causales indicadas y ni siquiera la culpa de la víctima. Aunque se pretende decir que sí se dio esta causal, dada la edad avanzada del señor Narváez (su paso cansado y torpe), las pruebas muestran otra realidad y permiten un enfoque más humano y considerado, máxime cuando se probó que el vehículo del DAS venía con especial apuro, ya que escoba escoltando un automotor de mucha más potencia y cilindrada que lo había dejado atrás (más de cien metros).

No se probó el estado de embriaguez del señor Narváez que insinúa la demandada y no puede calificarse como culpa suya que su paso fuera lento y cansado. Por el contrario, su estado merecía la máxima consideración por parte de los automovilistas.

El anciano y el niño merecen esa especial protección de todos, la que se olvida con gran frecuencia por los conductores de automotores, quienes estiman que las vías sólo son para ellos y que los transeúntes son estorbos que no merecen ningún respeto.

Y frente a los escoltas motorizados pasa algo peor. Para ellos no existen las reglas del tránsito. Sólo el personaje que va adelante merece la vía, la vida y el respeto. Es tan cierto esto que se han convertido, en algunas ciudades, en una nueva y real amenaza no solo para los demás automovilistas, sino para los peatones que, cada vez tienen menos espacio para circular.

El asunto es tan claro que aún puede manejarse desde la perspectiva de la falla del servicio-ordinaria, no solo por la velocidad del vehículo de escolta, sino por las características mismas de este automotor y del servicio que prestaba. Causa o un poco de risa pensar que un poderoso auto Mercedes Benz, de alta cilindrada, puede ser escoltado por un modesto Renault 4. Baste recordar que cuando el accidente se produjo este automóvil a trataba inútilmente de darle alcance al mercedes el que transitaba unos 100 metros más adelante. El servicio de escolta así prestado no tiene razón de ser y no deja de ser un remedo o una simple una apariencia sin ninguna importancia práctica.

Los perjuicios

El a quo condenó tanto al pago de los perjuicios morales como de los materiales. Sobre los primeros la Sala no encuentra reparo alguno. La condena impuesta a favor de los hijos legítimos del señor Juan Bautista Narváez se estima ajustada a la orientación jurisprudencial de la corporación. Y en el presente caso la equivalencia de 1.000 gramos oro para cada uno está bien justificada por el gran dolor que produce la muerte de un abuelo, máxime lúcido y de buena salud. Abuelo, así, que era el centro de la casa y la adoración de los hijos y nietos.

Sobre los perjuicios materiales la Sala sí tiene reparos, ya que no solo no se comprobaron sino que tampoco resultaron creíbles ni razonables. El abuelo estaba pensionado y es fácil pensar que no era una carga para su familia pero tampoco una fuente de ingresos para ésta.

Además, no fue lógico el tribunal cuando luego de escribir que los actores no cumplieron la carga de la prueba que les incumbía en materia de perjuicios materiales, concluye que se debe tramitar el incidente para su concreción.

Esta conclusión muestra un claro desfase. Sólo es posible el incidente cuando resulta probado el perjuicio pero no su cuantía».

(Sentencia 14 de diciembre de 1992. Expediente 7176. C.P. Carlos Betancurt Jaramillo).