Sentencia 7198 de mayo 25 de 2005 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

SEGURO DE VIDA

LA MUERTE POR SUICIDIO INCONSCIENTE ES UN RIESGO ASEGURABLE

EXTRACTOS: «Pasa a examinarse si el tribunal incurrió en los demás errores que se le imputan, al dejar por establecido que el riesgo de muerte por suicidio se encontraba cubierto y que el mismo fue involuntario.

2. Es indiscutible que la muerte, que es un hecho futuro, pero cierto, constituye un riesgo asegurable, en los términos del artículo 1054 del Código de Comercio. Mas, como la ocurrencia de todo riesgo no debe depender “exclusivamente de la voluntad del tomador, del asegurado o del beneficiario”, para que dé origen a la obligación del asegurador, surge el interrogante de si el suicidio responde al concepto jurídico de riesgo asegurable.

Desde luego que si quitarse la vida depende de la “voluntad del tomador”, la muerte causada por suicidio, entonces, no sería un riesgo asegurable. Pero como una persona puede suprimir su existencia sin que la voluntad juegue ningún papel, la doctrina ha distinguido el suicidio consciente del inconsciente, según el agente tenga capacidad para comprender el acto que pretende realizar.

Antígono Donati sostiene que el “suicidio presupone la voluntariedad del acto y ésta su conciencia; sin la conciencia no hay la voluntad. De la voluntad, en cambio, se diferencia la capacidad de entender y querer, que desaparece cuando hay una enfermedad mental, pero no cuando solamente existe un estado emotivo y pasional” (Los Seguros Privados, p. 460). Joaquín Garriges, por su parte, enseña que el “suicidio deja de serlo para el contrato de seguro sobre la vida cuando la voluntad está viciada. No hay suicidio si el suicida está loco o mentalmente desequilibrado; como no lo hay tampoco cuando no existe la voluntad de quitarse la vida, como ocurre con los actos imprudentes que ocasionan, sin querer, la muerte” (El contrato de Seguro Terrestre, p. 514).

En términos generales, en igual sentido se pronuncia la doctrina nacional (J. Efrén Ossa G., Teoría General del Seguro, pp. 100-102). El mismo autor, con cita de Antonio Mejía Jaramillo, que comparte, expresa que

“En cambio, el suicidio no deliberado, que es el producido en un estado en el que el asegurado no adquiere cabal juicio del alcance y la gravedad de su acto, es compatible con el seguro. Su calidad de inconsciente, o sea, la no intervención exclusiva de la voluntad del asegurado, al instante de darse la muerte, lo hace asegurable, no importa la época en que ocurra después de iniciado el seguro”.

Síguese de lo dicho que como el suicidio inconsciente, el cual se ubica en el terreno de la involuntariedad, es susceptible de seguro, es claro que cuando las pólizas de seguro de vida cubren el riesgo de muerte por suicidio, luego de transcurrido un período de carencia, esa exclusión temporal no puede aplicarse al suicidio que es compatible con el seguro. En otras palabras, los períodos de carencia se aplican al suicidio voluntario y no al inconsciente, porque como quedó explicado, el riesgo queda cubierto después de iniciado el seguro sin importar la época en que ocurra. Distinto es que, con independencia de su validez, acaecido el suicidio voluntario fuera del término excluido, las compañías de seguros “honren sus compromisos en ese sentido”, como se expresa en el cargo.

3. Así entonces, cualquier discusión sobre la vigencia de la condición particular quinta contenida en el anexo de 30 de octubre de 1987 (fl. 12, cdno. 1), referida al seguro de vida de grupo D-310, sobre que en “caso de suicidio de cualquier persona asegurada por esta póliza acaecido dentro del primer año siguiente a partir de la fecha de iniciación de su seguro, no hay lugar a indemnización por parte de la compañía”, condición que se dejó sin efecto según anexo Nº 6 de 1º de marzo de 1990 (fls. 17-20), resulta estéril a todas luces.

Si el tribunal concluyó que Jorge Enrique Pachón se quitó la vida de manera inconsciente, dadas sus condiciones físicas y síquicas, debe entenderse que ese riesgo nada tenía que ver con el período de carencia, porque el amparo estaba cubierto desde la iniciación particular del seguro. Por tanto, si equivocadamente interpretó en la póliza de seguro de vida de grupo y en sus anexos, cosa distinta, al menos en lo que hace relación a la controvertida condición especial quinta, la cual, como se dijo, se dejó sin efecto posteriormente, los yerros, por lo dicho, se tornan intrascendentes, pues la Corte en sede de instancia de todas formas tendría que concluir que la muerte por suicidio inconsciente, por llamarlo de alguna manera, era un riesgo asegurable.

4. Otra cosa es que Jorge Enrique Pachón se haya quitado la vida voluntariamente y no inconscientemente como lo concluyó el tribunal, fundado en el “dictamen pericial en torno a las condiciones síquicas y físicas del asegurado, respaldadas en un testimonio técnico que, por provenir de quien lo tratara desde tiempo antes a su fallecimiento no ofrece ni puede ofrecer los reparos que se le han endilgado, aquél es admisible para demostrar la involuntariedad del mismo”.

En el proceso existe la prueba de la muerte del asegurado, inclusive causada por suicidio, como lo revelan los restantes medios que el cargo singulariza. Pero como, según lo explica el autor nacional citado, al beneficiario le incumbe probar únicamente la muerte del asegurado, al “paso que al asegurador corresponde la de la causa exceptiva: el suicidio voluntario (C. de Co., art. 1077)” (p. 102), el éxito de la casación se supeditaría a que esas pruebas demuestren la voluntariedad del suicidio.

De manera que así se hubiere cometido algún error probatorio en la apreciación del dictamen pericial y en las pruebas que lo fundamentan, medios respecto de los cuales el tribunal concluyó que el suicidio había sido inconsciente, de nada serviría remover esos errores, si ninguna otra prueba demuestra la voluntariedad del suicidio. Por supuesto que los demás elementos persuasivos que singulariza el cargo lo que acreditan es la muerte por suicidio, pero no que el suicidio haya sido voluntario al “instante” de causarse, porque así los mismos medios narren episodios que revelen una vida normal del causante, o indicativos de una tendencia al suicidio, esto no lleva necesariamente a concluir que al momento de la muerte, el señor Pachón estaba en pleno uso de sus facultades mentales.

5. El cargo, en consecuencia, no prospera».

(Sentencia de casación, 25 de mayo de 2005. Expediente 7198. Magistrado Ponente: Dr. Jaime Alberto Arrubla Paucar).

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