Sentencia 7272 de septiembre 24 de 1993 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

•SALA DE CASACIÓN PENAL

PORTE DE ARMAS

CASOS DE COAUTORÍA

EXTRACTOS: «Las dos demandas formuladas presentan un mismo cargo, y la esencia de la inconformidad radica en que los defensores estiman que el punible de porte de armas de uso privativo de las fuerzas militares no era imputable a sus clientes, ya que esa conducta fue realizada únicamente por los individuos dados de baja en el momento de los hechos.

Según la sentencia se trata de una coautoría impropia, en donde hubo distribución de la actividad criminal, razón por la cual los diversos punibles en que incurrieron los considera imputables a todos los intervinientes.

Lo sucedido en el caso que nos ocupa consiste en que los antisociales fueron hasta el lugar convenido portando armas, algunas de uso privativo de las fuerzas militares y otras de defensa personal, las cuales utilizaron como medio para intimidar a las personas que se encontraban en el Banco y para tratar de huir de la acción de las autoridades. Si bien las de uso privativo de la fuerza pública fueron halladas en poder de los sujetos que perdieron la vida en el intercambio de disparos, no hay duda de que no llegaron allí como producto de una determinación individual, sino como parte de un plan preconcebido con una finalidad especial. El grupo de asaltantes portaba las armas que fueron decomisadas, independientemente de que al final de la refriega se estableciera que unos usaban unas de mayor poder que otras.

Limitar el alcance del verbo portar a la idea de llevar el arma en la mano, o en la cintura, o de alguna manera adherida al cuerpo, es restringir en forma indebida su significación jurídico-penal, pues porta no solo quien la lleva consigo, sino también todos aquellos que conocedores de esta circunstancia participan en la empresa delictiva común.

No tiene razón de ser admitir que si el arma es muy grande, un cañón por ejemplo y lo llevan entre cuatro personas, todos portan, en cambio si es pequeña, aunque hayan acordado llevarla con ellos, únicamente porta el que la tenga en sus manos. Para ilustrar lo errónea de esta posición bastaría tener en cuenta que en casos semejantes sería suficiente que sortearan quién toma el arma, para que en el evento de ser descubiertos la responsabilidad sólo recayera sobre esa persona.

Abundando en ejemplos, si a dos individuos que son sorprendidos momentos antes de realizar un atentado se les encuentra una granada u otro artefacto explosivo cuyo porte y eventual utilización acordaron, pero que sólo uno de ellos lleva consigo, la conducta de portar es imputable a los dos. Contrario sensu, si entre un grupo de personas que departen en un establecimiento abierto al público, o que comparten un transporte colectivo, una de ellas porta un arma sin permiso de autoridad competente, la responsabilidad es exclusivamente suya.

La interpretación que los dos demandantes hacen del verbo portar, a través de la cual le fijan un limitado alcance, les sirve de punto de partida para plantear que esa conducta sólo puede predicarse de quien físicamente tiene el arma, argumentación que no comparte la Sala por las razones expuestas en procedencia, y que permiten concluir que el cargo no prospera».

(Sentencia de casación, septiembre 24 de 1993. Radicación 7272. Magistrado Ponente: Dr. Ricardo Calvete Rangel).

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