SENTENCIA 7364 DE DICIEMBRE 14 DE 1992

 

Sentencia 7364 de diciembre 14 de 1992 

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

RESPONSABILIDAD ADMINISTRATIVA

DAÑOS OCASIONADOS CON VEHÍCULOS

EXTRACTOS: «La jurisprudencia ha sido reiterada al señalar los alcances de la falla del servicio y al indicar que la tesis presenta dos clases bien diferentes, así: una, la falla del servicio anónima, en la cual no es posible o fácil detectar al funcionario que con su conducta comprometió la responsabilidad del ente al que está adscrito. Para algunos, en este sentido, la falla es objetiva. Y otra, conocida como la falla del servicio del funcionario, en la que las cosas se facilitan desde el punto de vista probatorio porque el agente público es conocido. En esta hipótesis, se habla de falla subjetiva.

Normalmente, es esta última la que se maneja cuando los daños son causados por la conducta irregular o ilegal de un miembro de las fuerzas armadas. Pero no significa esto que cuando falte la identificación del agente la falla del servicio no pueda reconocerse.

Y es esta la situación que revela el caso en estudio. Para la Sala no existe duda que la muerte del señor Reinaldo Gordillo López la causó, en accidente de tránsito, un miembro de la policía nacional no identificado en autos.

En estos extremos le da plena credibilidad a los testimonios de Nelson Quintana Orozco (a folios 13 y siguientes del c. Nº 2), José Alirio Robayo (a folios 18 y siguientes) y José Heberney Montoya Naranjo (a folios 24 y siguientes), quienes son contestes en estos hechos fundamentales:

a) Que un señor, que luego se identificó como Reinaldo Gordillo, fue atropellado en la carrera 8a con la calle 12 de Pereira cuando trataba de cruzar la calzada; b) Que el vehículo causante de la tragedia era una motocicleta de la policía, con la leyenda correspondiente; c) Que el conductor de la misma era un agente de la policía, quien portaba uniforme completo y su arma de dotación; d) Que el agente, luego del accidente, tomó la moto y se retiró, sin prestar auxilio al lesionado, pretextando que tenía que entregar el servicio porque estaba sobre el tiempo.

Los testigos, como se dijo, son contestes sobre este extremo, sus dichos son coherentes y razonados y no existe razón alguna para considerarlos sospechosos.

No comparte la Sala las razones que tuvo el Tribunal para restarle toda credibilidad a los testimonios indicados atrás.

No está comprobado que el señor José Alirio Robayo estaba borracho cuando ocurrió el accidente (o porque estaba bebiendo no pudo ver nada) porque llevaba varias horas ingiriendo bebidas alcohólicas, como lo afirma el a-quo.

Este exagera un tanto la nota porque si bien Robayo afirma que estaba tomándose unas cervezas en compañía del señor Marcolfo Medina, igualmente narra que luego de cerrar la prendería donde trabajaba, a eso de las 6 y media de la tarde, se puso a conversar en la esquina con el señor Medina y más tarde entraron al café.

¿De dónde sacó el Tribunal que el testigo llevaba varias horas bebiendo?

Que son sospechosas las declaraciones de Nelson Quintana Orozco y José Heberney Montoya, dice el Tribunal, porque solo aparecen declarando en esta oportunidad “y la forma como fueron vinculados hace que sus afirmaciones no merezcan credibilidad”.

Para la Sala el a-quo peca por ligereza y por falta de lógica, ya que negarle la credibilidad a un testigo porque declara por primera vez, no es serio ni constitutivo de motivo de parcialidad.

Nadie ignora y menos el Tribunal que el colombiano es alérgico a declarar en asuntos penales, por desidia, pereza o temor y con mayor razón cuando el involucrado en la comisión de un delito es un agente de policía. Es triste reconocerlo pero la gente le tiene miedo al ánimo revanchista de los agentes del orden.

¿Cuál es la forma como fueron vinculados los testigos que hace poco creíble sus declaraciones? No entiende la Sala esta apreciación y debió, dentro de la lógica del Tribunal, poner en conocimiento de la justicia penal tales hechos.

Además, ¿quién vincula un testigo al proceso?

Pues, el juez, por petición de la parte o de oficio. No puede olvidarse que es el juzgador quien maneja la prueba y que es él el que razonadamente le da mérito o no. Pero no puede restarle credibilidad con observaciones de poca entidad, intrascendentes y gratuitas. Esa no es la sana crítica porque ésta es razonada, lógica y seria.

Que los testigos no dicen la verdad porque el hijo de don Bernardo, en la clínica, el día del accidente, afirmó que no sabía quien había atropellado a su padre.

!Vaya conclusióon! Como si el conocimiento no se pudiera obtener con posterioridad, luego de las investigaciones que lógicamente debieron hacer los familiares.

Que los testigos no son creíbles porque los familiares no pusieron la denuncia penal contra los agentes. Pues bien. Es lamentable que no lo hubieran hecho. Pero en Colombia ya nadie denuncia o declara, o casi nadie, porque la credibilidad en la autoridad se ha perdido, unida al riesgo que corren los declarantes o denunciantes. Es esta una realidad que abruma, pero este no es un Estado ideal (solo un Estado aterrado) y la desprotección de jueces y testigos es la regla general.

Para la Sala se dio la falla del servicio en su modalidad de presunta (más técnicamente de responsabilidad presunta) por la utilización de un vehículo (motocicleta) que mostró el ejercicio de una actividad peligrosa. Falla que no requería la demostración de la culpa del conductor ni el exceso de velocidad, sino sólo el daño y la relación causal. Y la administración sólo se podía exonerar demostrando la causa extraña, o sea la fuerza mayor, la culpa exclusiva de la víctima o el hecho del tercero, también exclusivo y determinante; ninguna de cuyas causales resultó probada».

(Sentencia de diciembre 14 de 1992. Expediente 7364. Consejero Ponente: Dr. Carlos Betancur Jaramillo).