Sentencia 7638 de diciembre 16 de 1992 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

FALLA DEL SERVICIO

DISPAROS EN RETENES MILITARES

EXTRACTOS: «Para la Sala la sentencia será confirmada porque hace suya la perspectiva que manejó el Tribunal, ya que el caso puede subsumirse dentro del régimen de la responsabilidad presunta y porque no se probó ninguna de las causales que dicho régimen establece como de exoneración, sea la fuerza mayor, la culpa exclusiva de la víctima y el hecho, también exclusivo y determinante, de un tercero.

Aunque el proceso podía dar pie a pensar que se dio la culpa de la víctima y esto con base en las decisiones penales que exoneraron de responsabilidad a los agentes que intervinieron en el retén, dicho extremo no se comprobó adecuadamente y suprueba no puede limitarse al dicho de los militares involucrados en la investigación, quienes en su indagatoria, sin juramento como es obvio, y sin la obligación de declarar contra sí mismos, no iban a cometer la torpeza de confesar su ligereza y con ella su posible condena penal.

La Sala una vez más quiere insistir y recordar que los retenes policiales no pueden ser patíbulos de ejecución para quienes, por inadvertencia o por temor (hoy más que nunca justificado ante los “retenes” de la delincuencia organizada vestida con uniformes militares) desacaten la orden de detenerse para una requisa.

Se hace esta advertencia porque el temor de los automovilistas que transitan por las vías nacionales, puede en cierto grado justificar o atenuar el desacato que eventualmente pueda presentarse, pero que en ninguna forma justifica disparar a matar a quien no acate la orden de “pare” impartida desde un retén, muchos de ellos instalados sin la debida señnalización.

Aquí la autoridad debe dar un gran ejemplo y no rebajarse al nivel de los delincuentes. Existen medios civilizados para lograr su cometido por parte de aquélla y en esos medios (disparar bajo, a las llantas, por ejemplo) la pena de muerte no cabe, así sea mucha la zozobra y el miedo que también pueden vivir los militares.

La orden de disparar ante el desacato en un retén parece que está haciendo carrera. Y decisiones como ésta precisamente tratan de evitar que se vuelva patente de corso.

Por lo demás, no es creíble la versión de que los agentes tuvieron que disparar por la “presentación” del vehículo (¿cuál?) y porque éste fue acelerado y se les vino encima. Y no lo es porque ninguno de los agentes resultó lesionado ni siquiera en forma leve. La coartada, como configurativa de una legítima defensa subjetiva, se cae por su base porque la reacción de la autoridad que dice tuvo que defenderse no fue proporcionada a la agresión y tampoco existe la prueba, que corría a cargo de la nación, de que los agentes se vieron en la necesidad “de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual inminente”.

Muestran las pruebas, por el contrario, que los agentes del orden dispararon cuando el vehículo los había sobrepasado. Por esa razón, aunque fuera cierto que el vehículo se les vino encima desacatando la orden de “alto”, pasado el peligro no tenían por qué cobrar, vindicativamente, la agresión antecedente o el desacato; circunstancia que borra o hace desaparecer la coartada exculpativa alegada.

No; los mismos agentes dan a entender en su declaración que le dispararon al vehículo una vez pasó por el retén y que era sospechoso porque estaba destartalado. ¿Cuál legítima defensa, se pregunta la Sala? Nada de esto, sólo ligereza y falta de profesionalismo. Este hecho lo corroboran las declaraciones contestes de los señores Barreto Cubides, Víctor M. y Pastor Sánchez, pasajeros del vehículo.

Tampoco es creíble que alguien con una pierna enyesada y con muletas, haya agredido a un pelotón de soldados y menos que le hubiera imprimido una velocidad excesiva a un vehículo en esas condiciones. Y pese a los esfuerzos de los militares por encuadrar la legítima defensa ni siquiera le encontraron armas a los pasajeros del Fiat de “sospechosa presentación”.

Miedo y ligereza ante un vehículo que circulaba así porque estaba en proceso de reparación, precisamente en el taller de la víctima y que esa noche lo sacó para transportar al señor Barreto Cubides, quien tenía su auto en reparación en el mismo taller. (Ver declaraciones a folios 22 y siguientes).

Para la Sala los testimonios de Barreto C. y Pastor Sánchez son serios y convincentes, contestes, sin dejar margen a dudas corroboran el dicho de los soldados que intervinieron en el operativo no sólo en cuanto a que ellos fueron los autores de los disparos fatales, sino que estos se hicieron luego de que el vehículo sobrepasó el retén.

Además, y en esto coinciden los dos declarantes citados, ni siquiera oyeron la orden de alto que se les dio. Estos testimonios, unidos a los de los soldados, muestran más bien una situación de prevención especial en los agentes del orden, un miedo que ya raya en lo patológico».

(Sentencia de diciembre 16 de 1992. Expediente 7638. Consejero Ponente: Dr. Carlos Betancur Jaramillo).