Sentencia 9616 de agosto 29 de 1996 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

FALLA DEL SERVICIO

ACCIDENTES DE TRÁNSITO

EXTRACTOS: «La Sala comparte la valoración probatoria hecha por el tribunal de primera instancia en el sentido de que Fabio Jaramillo Acevedo fue lanzado por otro desde el andén hacia la calzada de esa vía pública, en el momento en que la máquina barredora de la demandada ejecutaba labores de limpieza, con el resultado fatal ya antes descrito. Pero no hace suya la perspectiva jurídica desde la cual se definió el asunto y por ello revocará la sentencia recurrida.

De un examen detenido de las circunstancias fácticas del caso y de los aspectos jurídicos de ellas desprendidos se tiene:

— A Fabio Jaramillo Acevedo, el occiso, le fue hallado en su sangre un nivel de alcohol de 125 mg%, que “equivale a una embriaguez aguda”, tal como lo informó el médico legista (fl. 169). Su estado de embriaguez lo confirma Elkin José Rivera Correa, compañero de Jaramillo Acevedo momentos antes de que este muriera. Ambos libaron aguardiente durante la noche del accidente.

— Cuando los peatones van por el andén de Palacé o carrera 50, la máquina barredora ruidosamente aseaba la calzada, en sentido de tránsito contrario al que estaba reglamentado.

— Los miembros de la pareja de peatones “discutían o alegaban” mutuamente, según se tiene establecido, cuando de repente uno de ellos, Fabio, fue arrojado por el otro a la calle, golpeándose contra la máquina barredora. Murió entre el cepillo del aparato.

— Ese otro se identificaría más tarde como Elkin José Rivera Correa, sobre quien recaen todos los indicios de ser el responsable de la caída de su compañero, tal como concluyó el a quo.

Lo anterior configura el hecho de un tercero con suficiente poder liberatorio en favor de la entidad demandada frente a las pretensiones formuladas por la actora. Se advierte en primer término cómo la pareja de transeúntes deam-bulaba en estado de embriaguez por la acera. Si bien ésta es el espacio de la vía pública reservada para los peatones, éstos tienen que usar la vía conforme con los reglamentos de tránsito y de policía. Deambular en estado de embriaguez es contravención a términos del artículo 207 del Código Nacional de Policía y denota por lo demás una actitud imprudente. El vehículo de la demandada transitaba por la calzada, espacio de la vía pública reglamentariamente asignado a la máquina. Lo hacia a muy baja velocidad pero en contravía. Este hecho resulta indiferente para valorar la participación de los protagonistas del insuceso porque cualquiera hubiera sido el sentido en que transitara la máquina (norte-sur, o sur-norte), la tragedia no se habría producido si no se hubiera dado el empujón que uno le propinó al otro, arrojándolo a la calzada, área no permitida ordinariamente para los peatones sino para cruzar de una acera a otra. El cruce de la calzada, y en general el uso de las vías por parte de los peatones debe hacerse conforme estas reglas:

“El tránsito de peatones por las vías públicas se hará ... por las aceras” (art. 120 C.N. de Tránsito).

“El peatón al atravesar una vía, lo hará por la línea más corta, respetando las señales de tránsito y cerciorándose de que no viene ningún vehículo que ofrezca peligro para el cruzamiento” (art. 121 ibídem).

“PRELACIÓN. Cuando el peatón tenga libre su vía, tiene prelación sobre los vehículos que van a cruzar” (art. 122, ibídem).

“Prohibiciones. Esta prohibido a los peatones:

1. Invadir la zona destinada al tránsito de ve-hículos” (art. 123, ibídem).

La calzada, justamente, es la “zona de vía normalmente destinada a la circulación de vehículos” según la definición consignada en el artículo 2° del Decreto 1344 de 1970, o Código Nacional de Tránsito.

El transitar en sentido contrario al reglamentado, sería de interés si en este caso se discutiera la prelación del peatón sobre el vehículo, o versara sobre las reglas aplicables al cruce de vías por parte de aquél. Pero no es así.

Ambos usuarios de la vía estaban en el área propia de sus dominios. El peatón Fabio Jara-millo Acevedo en el andén y el conductor de la barredora, Ricardo Antonio Agudelo M. sobre la calzada. Inopinadamente y de improviso, Fabio fue lanzado desde la acera a la calzada por Elkin José Rivera Correa, su acompañante, con el trágico resultado que originó este proceso. La Sala estima que la acción del tercero fue la causa exclusiva y determinante de la muerte de Fabio Jaramillo Acevedo, con suficiente entidad para exonerar a las Empresas Varias de Medellín. Refuerza lo anterior las siguientes apuntaciones de la doctrina:

Sobre la conducta y responsabilidad el peatón los MAZEAUD afirman:

“Durante mucho tiempo la jurisprudencia afirmó los derechos del peatón y rehusó, salvo imprudencia característica, reconocer la culpa de la víctima. Pero muy pronto las decisiones que proclamaban el derecho del peatón de pasearse libremente y afirmaban que las “las vías públicas están abiertas al tránsito de los peatones”, tanto como al de los automovilistas, fueron haciéndose cada vez más raras. Se aceptó entonces que el peatón, tanto como el automovilista, está obligado a ser prudente: a velar por su propia seguridad y por la de los demás usuarios de las vías públicas. La calle ya no es del peatón, cuyo dominio está limitado a las aceras” (MA-ZEAUD, Henri y León, Compendio del tratado teórico y práctico de la responsabilidad civil delictuosa y contractual. Tomo II. Colmex, México, 1945, pág. 30).

Y sobre el manejo del hecho del tercero cuando median presunciones de responsabilidad, como sería el caso de la falla presunta, comentan:

“¿Cuándo podrá decirse que el demandado ha establecido que el hecho del tercero es la única causa del perjuicio? Es aquí donde surgen las divergencias. Algunos consideran que el hecho de un tercero sólo puede estimarse como causa única del perjuicio cuando tiene los caracteres de un evento de fuerza mayor; cuando es imprevisible e invencible.

Pero esta tesis no es aceptada unánimemente. Para muchos el hecho de un tercero, aunque no tenga los caracteres de fuerza mayor, puede considerarse como la única causa del perjuicio y, por consiguiente, puede destruir la presunción de responsabilidad”. (MAZEAUD, o.p. cit, pág. 96).

En el sub-lite, haya ido o no en contravía la máquina de la entidad demandada, el accidente se habría producido porque el peatón fue lanzado por un tercero identificado hacia la, en ese momento, exclusiva zona de tránsito de la máquina barredora. No cabe duda de la situación imprevista e invencible en que se vio el conductor del aparato que además iba a baja velocidad, lo que confirma lo sorpresivo de la caída de la víctima, tanto que aquél no pudo hacer maniobra alguna para evitar atraparla.

La Sala reafirma el criterio de que tratándose de falla presunta, sólo la causa extraña libera al demandado. Pero ello no significa que en cualquier accidente de tránsito, sólo porque el vehículo oficial sea el instrumento de la lesión, se desdeñen las defensas que puede oponer su guardián.

Estas ameritan en todo caso un estudio de los hechos para deducir y delimitar lo más exactamente posible, la participación de todos los protagonistas del suceso y en consideración de todas las circunstancias de tiempo, modo y lugar en las que se presentó.

En el sub judice está demostrada la acción de un tercero como causa eficiente, exclusiva y determinante de la muerte de la víctima del accidente, lo cual rompe el nexo causal entre el daño y el hecho del demandado y por lo mismo habrá de revocarse el fallo apelado».

(Sentencia de agosto 29 de 1996. Expediente 9616. Consejero Ponente: Dr. Carlos Betancur Jaramillo).

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