Sentencia 9852 de noviembre 26 de 1997 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

•SALA DE CASACIÓN PENAL

TENTATIVA DE HOMICIDIO

DETERMINAClÓN DE LA INTENCIONALIDAD DEL AGENTE

EXTRACTOS: «Primer cargo: Los argumentos a que acude la recurrente para fundamentarlo no son nuevos dentro del proceso. Se presentaron insistentemente en las instancias y fueron desestimados, como igualmente lo serán por la Corte en atención a su manifiesta improcedencia.

Tratar de demostrar simplemente a partir del resultado del dictamen médico legal que la conducta del procesado: Ramírez Goez, en lo atinente al disparo que realizó, nunca paso “en peligro de muerte” a José Leonid Duarte, para de ahí concluir que tal comportamiento ha debido adecuarse al tipo de lesiones personales y no al de homicidio en la modalidad de tentativa, es un desacierto. Lo que evidencia dicho peritazgo es la materialización de una agresión, su resultado objetivo, y éste por sí mismo opera como un elemento de juicio importante, pero no definitivo, para la determinación de la intencionalidad del agente. Es la concatenación de los actos, la suma de episodios, el contexto en que se desarrollaron y la manera como tuvieron ocurrencia, lo que permite en últimas inferir, asociado naturalmente todo ello al resultado físico producido, el designio del sujeto realizador de la conducta.

Derivar sin otra consideración de un dictamen médico legal que la víctima no estuvo en peligro de muerte porque el mismo día del atentado salió del hospital, como lo predica la recurrente, es juzgar el hecho por el resultado, desconociendo de tajo el concepto jurídico de tentativa y de paso la concepción culpabilista del Código Penal.

En el caso examinado quedó claro que el procesado, con el propósito de despojar a la víctima de su motocicleta, la intimidó con arma de fuego y ante la resistencia que recibió como respuesta, le disparó. Lo hizo a corta distancia, dirigió evidentemente el ataque a una zona vital y simplemente la suerte y el movimiento natural del cuerpo del agredido, fueron las circunstancias que evitaron que el impacto penetrara a solo unos milímetros de donde ingresó, Io que seguramente le hubiera causado la muerte.

No era entonces derivable una conclusión distinta a que la intención de Davinson Alexander Ramírez fue matar a José Leonid Duarte, sin que sea razonable argüir como fundamento para disolverla el hecho de que no haya realizado otros disparos. Es simplemente absurdo pensarlo, como igual lo es echar de menos una prueba científica dirigida a determinar si la herida sufrida por el lesionado “comprometió órganos vitales”, cuando es materialmente claro que eso por fortuna no sucedió, pues de lo contrario otras hubieran sido las consecuencias.

Por lo demás resulta propicio advertir, con el Procurador Delegado, que olvidó la recurrente que en tratándose de la causal 3ª de casación, debe cumplirse como requisito necesario “...la demostración de la irregularidad afirmada como constitutiva de la nulidad del proceso, de manera tal que la única vía para subsanarla sea esa, precisamente porque ello implica el desconocimiento de las bases fundamentales de la instrucción y el juzgamiento o la vulneración de garantías fundamentales de los sujetos procesales.

Por ello, si se trata de error en la selección del tipo objetivo, es fundamental para que prospere el reproche, demostrar con argumentos jurídicos serios, por qué no se dan los elementos estructurantes del tipo erróneamente seleccionado, y en esa medida también hacer lo propio con el delito que en criterio del casacionista ha debido imputarse, lo que indudablemente no se satisface con meras afirmaciones genéricas y reiterativas de lo alegado en las instancias”.

No prospera por lo tanto el cargo principal».

(Sentencia de casación, noviembre 26 de 1997. Radicación 9852. Magistrado Ponente: Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar).

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