Sentencia C-1111 de octubre 24 de 2001 

CORTE CONSTITUCIONAL 

SALA PLENA

Sentencia C-1111 de 2001 

Ref.: Expediente D-3505.

Magistrada Sustanciadora:

Dra. Clara Inés Vargas Hernández

Demandante: Rafael Yesid Sus Cabrera.

Acción pública de inconstitucionalidad contra el artículo 1042 del Código Civil.

Bogotá, D.C., veinticuatro de octubre de dos mil uno.

EXTRACTOS: «II. La disposición acusada

A continuación se transcribe el texto de la norma censurada por el actor:

“ART. 1042.—Los que suceden por representación heredan en todos casos por estirpes, es decir, que cualquiera que sea el número de los hijos que representan al padre o madre, toman entre todos y por iguales partes la porción que hubiere cabido al padre o madre representado.

“Los que no suceden por representación suceden por cabezas, esto es, toman entre todos y por iguales partes la porción a que la ley los llama, a menos que la misma ley establezca otra división diferente”.

(...).

VI. Consideraciones de la Corte Constitucional

1. Competencia.

Por dirigirse la acusación contra los apartes de una disposición legal, compete a esta corporación decidir sobre su constitucionalidad, al tenor de lo dispuesto en el artículo 241-4 de la Carta Política.

2. Lo que se debate.

Corresponde a la Corte determinar si el artículo 1042 del Código Civil desconoce el principio constitucional de la igualdad, al establecer que los que suceden por representación suceden “en todos casos” por estirpes, es decir tomando entre todos y por partes iguales la porción que le hubiere correspondido al padre o madre representado, sin importar el número de hijos que los representan, particularmente en aquellos eventos en los que concurren en distinto número a representar un heredero determinado.

Para despejar este interrogante se hace necesario indagar cuál es la razón de ser de la representación hereditaria, su sentido y finalidad y las condiciones que deben cumplirse para su configuración.

3. El derecho de representación hereditaria.

El derecho de representación es una institución de origen legal por medio de la cual determinadas personas que son descendientes de un mismo tronco o en concurrencia con herederos de otro tronco, ejercitan los derechos que en la sucesión abierta hubiera tenido su ascendiente fallecido antes que el causante, en caso de haberle sobrevivido a éste.

A diferencia del modo de heredar por derecho propio, que es la regla general en materia sucesoral y por cuya virtud los herederos de un mismo grado se dividen la herencia por cabezas ocupando cada uno su lugar, en la representación es presupuesto indispensable la pre-muerte de uno de los herederos, circunstancia que le permite a sus descendientes tomar en la herencia lo que le hubiera correspondido a aquél en caso de haber sobrevivido al de cujus. Además, para que se presente la representación es menester que el representado fallecido durante toda su vida haya gozado de su capacidad para heredar al de cujus, que el representante sea su legítimo descendiente y que el representante tenga un derecho personal (vocación) a la sucesión del causante.

La sucesión por representación constituye, pues, una excepción a la regla del grado, puesto que permite a los herederos —que sin ella quedarían postergados por otros de grado más próximo—, participar en la sucesión en concurrencia con estos últimos, y lo hacen representado a uno de sus ascendientes pre-muerto de igual grado que los herederos llamados a la sucesión.

Si bien los representantes tienen todos los derechos que hubiera tenido el representado de haber sobrevivido al causante, no pueden tener más que esos mismos derechos y cuando varios hijos representan a su padre no podrán recibir, entre todos, más que la porción que le correspondía a aquél. Por ello, cualquiera sea el número de los representados se contarán como uno sólo, por cuanto provienen de la misma estirpe, esto es, el autor común del que descienden los que realmente están llamados a recibir la herencia (1) .

(1) Debe precisarse que la renuncia a la sucesión del representado y la indignidad no son óbice para que proceda la representación. Sin embargo, el representante sí debe reunir las condiciones personales mínimas para heredar al difunto como es el de ser capaz. En este sentido se ha pronunciado la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia. Sentencia de junio 30 de 1981.

De ahí que el derecho de representación descarte de plano la regla de la igualdad de derechos hereditarios que resultaría en caso de la igualdad de grado. En cambio, la representación garantiza el derecho igual de las estirpes y de sus descendientes en la sucesión del causante. Lo anterior, porque la situación fáctica del representante es distinta a la del heredero representado, puesto que el primero deriva sus derechos directamente de la ley y no del representado.

De lo dicho se puede concluir que cuando el artículo 1042 del Código Civil emplea la expresión “en todo caso”, no hace otra cosa que indicar que en todos los eventos en que habiéndose cumplido los requerimientos exigidos por la ley, la representación se hace necesaria para garantizar un derecho igual a los representantes de cada estirpe y en forma ilimitada, ya que no solamente los hijos de los hijos o de los hermanos o hermanas del de cujus, sino también sus descendientes de cualquier grado podrán actuar como representantes.

Siendo la representación la división por estirpes que permite al representante ser llamado como tal a la sucesión pese a existir herederos de grado más próximo, queda en claro que el representante no tiene un derecho transmitido por el heredero sino un derecho personal derivado de la ley, siendo, en consecuencia su situación de hecho totalmente distinta a la del heredero, quien, dada su condición, está llamado a recibir la herencia por derecho propio.

Quizás, por seguir de cerca la tradición francesa, la ley haya considerado que la representación hereditaria constituye una ficción del legislador, cuyo efecto es hacer que los representantes ocupen el lugar, grado y derechos del heredero representado, lo cual ha conducido a que se presenten equívocos como el de pretender que los representantes —en hipótesis como la planteada por el actor—, sean llamados a recibir una herencia en las mismas condiciones en las que deben hacerlo los herederos por derecho propio (2) .

(2) Julien Bonnecase, refiriéndose a la fórmula de la representación adoptada por el artículo 739 Código Civil Francés ha expresado: “Es criticable, pues califica la representación como una ficción: la considera como un artificio del legislador, consistente en suponer que una persona no ha muerto. No es una ficción, sino una disposición orgánica de la ley. Además esta definición es muy amplia: principalmente no es cierto que la representación sitúe al representante en el grado del representado. Puede definirse como el beneficio en virtud del cual el heredero obtiene, en concurso con herederos más próximos en grado, la parte de herencia que debería corresponder a su autor, de no haber muerto antes”. (Negrillas fuera de texto).

La verdad es que en el supuesto de hecho del artículo 1042 del Código Civil no existe nada contrario a la realidad que deba ser amparado con una ficción legal, por cuanto el representante no goza de sus derechos como heredero del representado, sino que ejercita los derechos personales que le otorga la ley. No es, pues exacto afirmar que la representación ocurre como si el representante sobreviviera o mejor dicho, estuviera vivo aún en la sucesión del de cujus. En suma, lo que sucede simple y llanamente en la realidad es que el representante se supone toma el lugar y grado del representado.

4. El caso concreto.

Hechas las anteriores precisiones, para la Corte es evidente que en el supuesto de la representación hereditaria regulado en el artículo 1042 del Código Civil, no se incurre en violación alguna al principio fundamental de la igualdad. En efecto, habiéndose establecido que la situación fáctica del representante es totalmente distinta de la del heredero que representa en la sucesión del causante, es evidente que aquél no puede pretender que se le asimile a éste sino a costa de transgredir, paradójicamente, el tuitivo de la igualdad, puesto que en todos los casos en que ocurre la pre-muerte del representado pero no la de los demás coherederos, habría que repartir la herencia por cabezas disminuyendo la porción correspondiente a estos últimos, solución realmente contraria a la equidad.

Igualmente en el evento en que concurren representantes de coherederos, pero en distinto número por cada uno de éstos, se llegaría a la misma situación de inequidad, por cuanto el derecho de todos los representantes es de igual naturaleza en el sentido de que, no obstante diferir en número por cada representado, tratan de hacer valer un derecho personal que les reconoce la ley y no un derecho propio como el que le asiste al heredero en relación con el de cujus.

En consecuencia, la circunstancia de que en la sucesión del causante se lleguen a presentar representantes en distinto número por cada coheredero representado, no puede acarrear la transmutación del derecho personal del representante en un derecho propio derivado de la condición de heredero, toda vez que de llegar a este extremo habría que concluir que en una sucesión son equiparables los derechos de los herederos con los de sus representantes, con lo cual se da al traste con la representación hereditaria que es una figura de innegable utilidad en materia sucesoral, según se analizó.

La jurisprudencia constitucional ha expresado en forma constante que para que se configure una violación al principio de la igualdad contemplado en el artículo 13 de la Carta Política, es menester que el trato diferencial que instituye determinado precepto legal esté desprovisto de una justificación objetiva y razonable en tanto y en cuanto no persiga un fin legítimo o carente de una relación razonable de proporcionalidad entre los medios empleados y el fin perseguido.

En el caso del artículo 1042 del Código Civil la distinción entre la sucesión por representación y la sucesión por cabezas tiene un fundamento diáfano que es la condición que en cada una de estas hipótesis ostentan las personas que son llamadas a recibir una herencia: el primer caso, los representantes —que no son herederos del causante— adquieren su vocación herencial en razón de la pre-muerte del heredero y mientras este hecho no sucede son titulares de algo semejante a una simple expectativa. En el segundo caso, los herederos están llamados por derecho propio y cierto a recibir su porción hereditaria, puesto que respecto de ellos es que opera la transmisión de los bienes de una persona con ocasión de su deceso.

De manera que si la transmisión de los bienes del causante se cumple respecto de sus herederos, y los representantes carecen de esta condición, mal haría en extendérselas a éstos tal prerrogativa, ya que se les estaría reconociendo una condición que no pueden ostentar en la sucesión del de cujus.

No escapa a la Corte que en materia de sucesiones el legislador cuenta con amplia libertad de configuración, claro está, dentro de los límites de la Constitución, que para el caso que se examina no han sido desconocidos por la ley, toda vez que a los representantes no ha hecho otra cosa que concederles la facultad de ejercer los derechos que en determinada sucesión le correspondían al heredero pre-muerto al causante, fórmula que a través de los años ha sido aplicada sin problema alguno por los operadores jurídicos pertenecientes al sistema romano-germánico de legislación.

Finalmente, debe advertir la Corte que por vía de la acción de inconstitucionalidad no es admisible darle solución a un caso especialísimo como el que plantea el actor, al igual que no puede solucionarse ningún otro problema práctico que ofrezca la debida aplicación de la ley, ya que éste no es el objeto de la acción ciudadana ni del control que le corresponde desarrollar a la Corte Constitucional en los estrictos y precisos términos del artículo 241 de la ley fundamental.

Por las anteriores razones la Corte declarará ajustado al ordenamiento superior el artículo 1042 del Código Civil.

VII. Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional de la República de Colombia administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE:

Declarar EXEQUIBLE el artículo 1042 del Código Civil.

Notifíquese, cópiese, publíquese, comuníquese e insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional».

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