Sentencia C-537 de julio 12 de 2006 

CORTE CONSTITUCIONAL

SALA PLENA

Sentencia C-537 de 2006 

Ref.: Expediente D-6007

Magistrado Ponente:

Dr. Humberto Antonio Sierra Porto

Demanda de inconstitucionalidad contra los artículos 337 de la Ley 600 (parcial) y 394 de la Ley 906 de 2004.

Demandante: Jesús Nelson Enrique Prieto Guerrero.

Bogotá, D.C., doce de julio de dos mil seis.

EXTRACTOS: «I. Texto de las disposiciones demandadas.

A continuación se transcriben la integridad de las normas acusadas de la Ley 600 de 2000 y 906 de 2004, subrayando los apartes demandados:

Ley 600 de 2000 

“Por medio de la cual se expide el Código de Procedimiento Penal”.

“ART. 337.—Reglas para la recepción de la indagatoria. La indagatoria no podrá recibirse bajo juramento. El funcionario se limitará a informar al sindicado el derecho que le asiste de guardar silencio y la prohibición de derivar de tal comportamiento indicios en su contra; que es voluntaria y libre de todo apremio; no tiene la obligación de declarar contra sí mismo, ni contra sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil, ni contra su cónyuge, compañero o compañera permanente; le informará la prohibición de enajenar bines sujetos a registro durante el año siguiente y el derecho que tiene a nombrar un defensor que lo asista, y en caso de no hacerlo, se le designará de oficio. Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo.

Si la persona se niega a rendir indagatoria, se tendrá por vinculada procesalmente y el funcionario le advertirá que su actitud la podrá privar de este medio de defensa.

De todo esto se dejará expresa y clara constancia desde el comienzo de la diligencia”

Ley 906 de 2004 

“Por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal”.

“ART. 394.—Acusado y coacusado como testigo. Si el acusado y el coacusado ofrecieren declarar en su propio juicio comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento serán interrogados, de acuerdo con las reglas previstas en este Código”.

(…).

V. Consideraciones y fundamentos

1. Competencia.

La Corte Constitucional es competente para conocer de la presente demanda en virtud del artículo 241, numeral 4º de la Carta.

2. Problemas jurídicos.

El ciudadano Jesús Nelson Enrique Prieto Guerrero demanda la inexequibilidad de las expresiones “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 de 2000, y “comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento” del artículo 394 de la Ley 906 de 2004, por considerar que las mismas vulneran los artículos 13, 29 y 93 constitucionales, al igual que los artículos 14.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y 8.2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Luego de examinar la inexistencia del fenómeno de la cosa juzgada constitucional, con base en lo decidido en las sentencias C-1287 de 2001, C-096 de 2003 y C-782 de 2005, en relación con la violación del derecho a la igualdad, el demandante sostiene que, para determinados efectos, en ambas normatividades el legislador indebidamente equiparó al indagado (L. 600/2000, art. 337) o al acusado (L. 906/2004, art. 394) con el testigo, “y por esta vía ofrecerles la facultad de servir de prueba contra un tercero”, siendo que existen numerosas e importantes diferencias entre ellos. En tal sentido explica que, mientras que el acusado es el sujeto de la acción penal, el testigo es ajeno a la misma; el indagado puede guardar silencio lo cual le está vedado a quien rinde testimonio, e igualmente, mientras que el testigo puede ser interrogado por todos los sujetos procesales, el indagado sólo lo es por el fiscal y no por el defensor del coimputado.

De la injustificada equiparación que el legislador estableció entre las figuras del indagado/acusado y el testigo, cuando quiera que el primero de ellos, en el curso de la diligencia de indagatoria o durante el juicio oral, decida imputar a un tercero un hecho delictivo, según el ciudadano demandante, se derivan los siguientes efectos, contrarios al derecho de defensa del coimputado (art. 29 constitucional) y al derecho al debido proceso, en los términos de los artículos 14.2 del PIDCP y 8.2 de la CADH: (i) imposibilidad jurídico-legal de solicitar que el coimputado-testigo sea llamado nuevamente a declarar, como quiera que la persona que fue acusada por éste no se encuentra presente durante la indagatoria, tampoco puede solicitar la ampliación de la misma ni llamarlo a declarar como testigo; (ii) mientras que el testigo puede ser contrainterrogado y tiene el deber de contestar, el coimputado no puede hacer lo propio en relación con los hechos relatados por el indagado o acusado; y (iii) se presenta una inversión de la carga de la prueba, ya que, en la práctica, la persona que en el curso de una diligencia de indagatoria o durante el juicio oral resultó siendo acusada por la comisión de un delito por el indagado o acusado no sólo no puede contrainterrogarlo sino que además debe buscar las pruebas de su inocencia.

A manera de síntesis de su demanda, el ciudadano argumenta que, en los términos del artículo 337 de la Ley 600 de 2000 el abogado del coacusado no puede solicitar la ampliación de la indagatoria ni la citación del indagado como testigo, a efectos de poder contrainterrogarlo en relación con la acusación vertida contra su defendido, en tanto que el artículo 394 de la Ley 906 de 2004, conduce a que, en relación con el acusado que imputa un hecho a un tercero durante el juicio oral, no existe garantía alguna de que nuevamente “se ofrezca” a declarar, pudiendo así ser contrainterrogado. De igual manera, cabe precisar que en el texto de su demanda el ciudadano no explicó las razones por las cuales, en su opinión, el legislador habría vulnerado el artículo 93 superior.

En relación con los argumentos planteados por el demandante, los intervinientes, en su gran mayoría, coinciden en afirmar que efectivamente no ha operado el fenómeno de la cosa juzgada constitucional. Por el contrario, sus posiciones resultan ser muy disímiles en lo que atañe a las vulneraciones a la Constitución y a los tratados internacionales sobre derechos humanos alegadas por el ciudadano Prieto Guerrero.

Así pues, la fiscalía considera que el legislador no equiparó al indagado/acusado con el testigo, y por ende, el cargo por vulneración al derecho a la igualdad no está llamado a prosperar. Con todo, le da la razón al demandante en cuanto a la imposibilidad que existe para el coimputado en la Ley 600 de 2000 para citar a ampliación de indagatoria a quien lo acusó durante la misma, con el fin de poder contrainterrogarlo, motivo por el cual solicita integrar la unidad normativa con el artículo 342 (1) y declarar que dicho derecho no le asiste exclusivamente al indagado. Por el contrario, según la fiscalía, tal situación no se presenta en la Ley 906 de 2004, por cuanto en la misma no está prevista la indagatoria y durante las diligencias previas al juicio oral las declaraciones rendidas no lo son bajo juramento.

El Ministerio del Interior y de Justicia, por su parte, alega la imposibilidad de adelantar un juicio de igualdad como el propuesto por el demandante, ya que se trata de dos sistemas procesales completamente distintos. Agrega que, en los términos de la Ley 600 de 2000 el indagado que acusa a un tercero, previamente es sometido al juramento, quedando por lo tanto compelido a decir la verdad e igualmente su declaración deberá ser valorada en conjunto con las demás pruebas. De igual manera, durante el juicio oral, quien acusa a otro tampoco puede faltar a la verdad.

El Instituto Colombiano de Derecho Procesal es de la opinión de que no le asiste la razón al demandante por cuanto quien declara contra otro durante una indagatoria es considerado por la doctrina como un “testigo sospechoso”, cuya declaración además deberá ser analizada conjuntamente con todo el acervo probatorio.

Por el contrario, algunos intervinientes coadyuvan la demanda sosteniendo que efectivamente las normas acusadas conducen a vulnerar el derecho de defensa de quien es acusado por otro, bien sea en el curso de una diligencia de indagatoria o en el juicio oral, por cuanto no se le permite contrainterrogarlo.

Finalmente, la vista fiscal solicita a la Corte declarar exequibles las disposiciones acusadas. A su juicio, en los términos de la Ley 600 de 2000, cuando el indagado decide formular una acusación contra un tercero, concurren en él las calidades de sujeto procesal y de testigo, no pudiendo faltar a la verdad en relación con los hechos cuya responsabilidad le imputa a otra persona. De igual manera, de conformidad con la Ley 906 de 2004 si una persona durante el juicio oral acusa a otra, y con base en tal declaración se inicia una nueva investigación penal, deberá repetirse tal declaración en el correspondiente proceso. Aclara además que debería distinguirse entre la situación que se presenta cuando el indagado acusa a otra persona por hechos relacionados con su propio proceso (coimputado) cuando lo es en relación con otros hechos ajenos al mismo. De igual manera, considera que la acusación formulada por el demandante no es clara ya que de las normas demandadas no se deriva que se presente una inversión de la carga de la prueba ni que no se pueda solicitar la ampliación de la indagatoria.

En este orden de ideas, la Corte deberá examinar, (i) si los argumentos planteados por el demandante, en el sentido de atacar la constitucionalidad de dos normas legales diferentes en sus contenidos y alcances, pertenecientes a sistemas procesales penales completamente distintos, constituyen o no un verdadero cargo de inconstitucionalidad por violación del artículo 13 superior; (ii) si en relación con la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, ha operado o no el fenómeno de la cosa juzgada constitucional, con base en lo decidido en las sentencias C-1287 de 2001 y C-096 de 2003; (iii) si respecto al mismo segmento normativo, el legislador realmente no previó, debiendo hacerlo, la posibilidad de contrainterrogar a quien declara contra otro en una indagatoria, vulnerando de esta manera el artículo 29 superior en concordancia con los artículos 14.3 del PIDCP y 8.2 de la CADH; (iv) si en relación con la expresión acusada del artículo 394 de la Ley 906 de 2004 ha operado el fenómeno de la cosa juzgada constitucional teniendo en cuenta lo decidido en Sentencia C-782 de 2005.

3. Ausencia de cargo de inconstitucionalidad por violación del derecho a la igualdad.

La Corte considera que los planteamientos del demandante, en el sentido de atacar la constitucionalidad de dos normas legales pertenecientes a sistemas procesales penales completamente distintos, empleando para ello los mismos argumentos y términos de comparación, implican un indebido planteamiento de un cargo de inconstitucionalidad por violación del derecho a la igualdad, por las razones que pasan a explicarse.

A lo largo de toda su demanda, el ciudadano pretende estructurar un cargo de inconstitucionalidad por violación del artículo 13 superior, empleando para ello, de manera indiscriminada y confusa los términos “indagado”, “coimputado”, “acusado”, “coacusado” y “testigo”, sin reparar en las notorias y fundamentales diferencias existentes entre cada una de estas figuras procesales, dados los distintos contextos normativos en los cuales se encuentran inmersas cada una de ellas. En efecto, en diversas ocasiones, la Corte ha resaltado las numerosas particularidades que, partiendo del Acto Legislativo 3 de 2002, ofrece el nuevo sistema procesal penal acusatorio (2) , en relación con aquél de carácter mixto que inicialmente fue concebido en el texto de la Constitución de 1991, desarrollado por el decreto 2700 de 1991, el cual fue objeto de algunas modificaciones, no estructurales, mediante la Ley 600 de 2000.

Con todo, es preciso aclarar que las notorias diferentes que ofrece cada uno de los sistemas procesales no es óbice para dar aplicación al principio de favorabilidad penal. En tal sentido, la Corte en Sentencia C-592 de 2005 estimó que “las normas que se dictaron para la dinámica del sistema acusatorio son susceptibles de aplicarse por favorabilidad a casos que se encuentren gobernados por el Código de Procedimiento Penal de 2000, a condición de que no se refieran a instituciones propias del nuevo modelo procesal y de que los referentes de hecho en los dos procedimientos sean idénticos”. De igual manera, en casos de tutela, esta Corporación ha estimado que, en aspectos puntuales y a condición de que “no se esté frente a instituciones estructurales del nuevo sistema” (3) se debe aplicar el principio de favorabilidad penal, como por ejemplo, en materia de allanamiento de cargos.

Por el contrario, en el presente asunto, de manera confusa, el demandante emplea términos procesales inherentes y característicos de cada sistema procesal para tratar de establecer equiparaciones donde éstas no son posibles. En efecto, en un caso se trata de una norma referente a la diligencia de indagatoria, la cual fue suprimida en el sistema acusatorio; la otra, alude al derecho a guardar silencio en la etapa del juicio oral, contradictorio, con inmediatez de la prueba, es decir, durante la principal etapa del nuevo sistema acusatorio.

En este orden de ideas, la argumentación del ciudadano, en relación con la supuesta violación del derecho a la igualdad no constituye un cargo de inconstitucionalidad por cuanto no sólo incumple con el requisito de la claridad (4) , “lo cual implica seguir un hilo conductor en la argumentación que permita al lector comprender el contenido de su demanda y las justificaciones en las que se basa” (5) , como quiera que, indistintamente emplea términos procesales de uno y otro sistema procesal penal, sino que adicionalmente, pretende estructurarse apoyándose para ello en comparaciones inadmisibles.

4. Examen del fenómeno de la cosa juzgada constitucional en relación con la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 de 2000.

La cosa juzgada constitucional, en términos generales, hace referencia a los efectos de las sentencias de la Corte, su carácter inmutable y a la imposibilidad de presentar recursos en contra de las decisiones en ellas consagradas. De allí que, el efecto de la cosa juzgada constitucional se traduce en la imposibilidad jurídica de reabrir el juicio de constitucionalidad sobre la norma que ya ha sido objeto de examen por esta Corporación.

De igual manera, la Corte ha considerado que cuando en un determinado fallo no se otorga a la decisión efectos de cosa juzgada relativa a los cargos analizados en la sentencia, ni “ésta puede deducirse claramente de la parte motiva de la misma” (6) , en virtud de la presunción de control integral, y salvo la existencia de cosa juzgada aparente por carencia de análisis o motivación del fallo, se considera que la decisión tiene carácter de cosa juzgada absoluta. Por el contrario, bien puede acaecer que la Corte al declarar la exequibilidad de una norma haya limitado su decisión a un aspecto constitucional en particular o a su confrontación con determinados preceptos de la Carta Política, situación en la cual la cosa juzgada opera solamente en relación con lo analizado y decidido en la respectiva sentencia, caso en el cual la cosa juzgada tiene carácter relativo, pudiendo ser usual que tal alcance limitado de la decisión se haga expresamente en la parte resolutiva de la sentencia (7) , circunscribiéndola al preciso ámbito de lo formal o a los cargos o disposiciones superiores que fueron analizados en la sentencia, como también puede suceder que la delimitación de los efectos de la sentencia no se haya hecho en la parte resolutiva sino que el alcance se restringe en la parte motiva, dando lugar a lo que la jurisprudencia ha denominado “cosa juzgada relativa implícita” (8) .

Ahora bien, en el caso concreto, la Corte debe examinar si, en relación con la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 de 2000 ha operado o no el fenómeno de la cosa juzgada constitucional en virtud de lo decidido en sentencias C-1287 de 2001 y C-096 de 2003, tal y como lo proponen algunos intervinientes.

En tal sentido, en lo que concierne a la Sentencia C-1287 de 2001, se tiene que en dicho pronunciamiento la Corte se limitó a examinar la constitucionalidad de la expresión “primero civil” del artículo 337 de la Ley 600 de 2000, por un cargo de inconstitucionalidad según el cual “cuando las normas acusadas indican que nadie está obligado a declarar contra sus parientes en primer grado civil, incurren en discriminación inconstitucional, porque en el caso del parentesco por consanguinidad el grado hasta el cual no existe dicha obligación es el cuarto”, segmento normativo que fue declarado exequible, con la precisión de que “en la aplicación de las normas legales antes mencionadas se deberá hacer una integración de las mismas con lo previsto en el inciso 4º del artículo 42 de la Constitución Política”. De tal suerte que no puede predicarse la existencia del fenómeno de la cosa juzgada constitucional, por cuanto el examen de la Corte se limitó a un cargo muy específico contra una expresión puntual del artículo 337 de la Ley 600 de 2000, análisis que no guarda relación alguna con el presente caso. Otro tanto sucede con la Sentencia C-096 de 2003, mediante la cual la Corte declaró “ESTARSE A LO RESUELTO en la sentencia de la Corte Constitucional C-621 de 1998 y, por lo tanto, declarar exequible la expresión “se tendrá por vinculada procesalmente” contenida en el inciso 2º del artículo 337 de la Ley 600 de 2000”, con fundamento en un cargo de inconstitucionalidad según el cual el segmento normativo acusado estaría privando a la persona de la posibilidad de defenderse antes de rendir indagatoria o ser declarada persona ausente, es decir, una acusación que tampoco guarda relación alguna con el cargo planteado en el presente caso, motivo por el cual no ha operado el fenómeno de la cosa juzgada constitucional.

En este orden de ideas, en relación con la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 de 2000, no ha operado el fenómeno de la cosa juzgada constitucional, motivo por el cual la Corte puede hacer un pronunciamiento de fondo.

5. La expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 no vulnera el artículo 29 superior, en concordancia con los artículos 14.3 del PIDCP y 8.2 de la CADH.

El demandante considera que la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 vulnera el artículo 29 superior, en concordancia con los artículos 14.3 del PIDCP y 8.2 de la CADH, por cuanto, la persona que resultó siendo acusada por otra en el curso de una diligencia de indagatoria no contaría con la facultad de contrainterrogarla, vulnerándose de esta manera su derecho de defensa.

Con el propósito de determinar si le asiste o no la razón al ciudadano, la Corte (i) analizará el derecho que tiene el acusado a contrainterrogar a quien lo acusa, a la luz del artículo 29 superior, en concordancia con los artículos 14.2 del PIDCP y 8.2 de la CADH; (ii) determinará los contenidos y fines de la diligencia de indagatoria y de su ampliación y (iii) examinará las relaciones entre las figuras del indagado y la del testigo.

5.1. Contenido y alcance del derecho que tiene el acusado a contrainterrogar a quien lo acusa, a la luz del artículo 29 superior, en concordancia con los artículos 8.2 de la CADH y 14.2 del PIDCP.

El artículo 29 constitucional consagra el derecho fundamental a presentar pruebas y a controvertir las que se alleguen en contra del procesado. Se trata de una de las dimensiones más importantes del derecho de defensa, en el sentido de poder utilizar los medios de prueba legítimos, idóneos y pertinentes y a controvertir la evidencia presentada por los otros sujetos procesales. En tal sentido, la Corte ha considerado que (i) el juez sólo puede condenar con base en pruebas debidamente controvertidas que lo llevan a la certeza de la responsabilidad del procesado (9) ; (ii) se trata de una garantía (10) que debe ser respetada en cualquier variedad de proceso judicial o administrativo; (iii) para la validez y valoración de las pruebas deberá garantizarse a la contraparte el escenario para controvertirlas dentro del proceso en el que se pretenda hacerlas valer (11) ; (iv) el funcionario judicial vulnera el derecho de defensa y desconoce el principio de investigación integral, en aquellos casos en los cuales deja de solicitar, o practicar sin una justificación objetiva y razonable, aquellas pruebas que resultan fundamentales para demostrar las pretensiones de la defensa (12) ; (v) en virtud del derecho de contradicción, el procesado tiene derecho a oponer pruebas a aquellas presentadas en su contra, vulnerándose esta garantía cuando “se impide o niega la práctica de pruebas pertinentes, conducentes y oportunas en el proceso” (13) ; por otro lado, se refiere a la facultad que tiene la persona para participar efectivamente en la producción de la prueba, “por ejemplo interrogando a los testigos presentados por la otra parte o por el funcionario investigador” (14) y exponer sus argumentos en torno a lo que prueban los medios de prueba; y (vi) el núcleo esencial del derecho de defensa comprende la posibilidad real y efectiva de controvertir las pruebas (15) .

Así mismo, en Sentencia T-1099 de 2003 la Corte, reagrupando sus líneas jurisprudenciales en materia del derecho a presentar y controvertir las pruebas, estimó que éste comprendía, a favor del procesado, los derechos a (i) presentar y solicitar pruebas; (ii) a controvertir las presentadas en su contra; (iii) el aseguramiento de la publicidad de la prueba, a fin de asegurar el derecho a la contradicción; (iv) derecho a la regularidad de la prueba; (v) el derecho a que de oficio se practiquen las pruebas que resulten necesarias para asegurar el principio de efectividad de los derechos; y (vi) el derecho a que se evalúen por el juzgador las pruebas incorporadas al proceso.

Ahora bien, en los tratados internacionales sobre derechos humanos que hacen parte del bloque de constitucionalidad, se establece como garantía fundamental del derecho al debido proceso penal, la facultad de que dispone el procesado para “interrogar a los testigos presentes en el tribunal y de obtener la comparecencia, como testigos o peritos, de otras personas que puedan arrojar luz sobre los hechos”, en los términos del artículo 8º, inciso 2º, literal f) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. A su vez, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su artículo 14.2 dispone que durante el proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en plena igualdad, a “interrogar o hacer interrogar a los testigos de cargo y a obtener la comparecencia de los testigos de descargo y que éstos sean interrogados en las mismas condiciones que los testigos de cargo”. De igual manera, la Convención de Derechos del Niño, dispone en su artículo 40, inciso 2º, que todo menor que haya infringido la ley penal, tiene derecho a “interrogar o hacer que se interrogue a testigos de cargo y obtener la participación y el interrogatorio de testigos de descargo en condiciones de igualdad”.

En igual sentido, los tribunales internacional (sic) de derechos humanos han recabado en la importancia que ofrece la garantía de derecho que le asiste al acusado de interrogar directamente a los testigos de cargo, en tanto que elemento fundamental del derecho al debido proceso penal. En tal sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Castillo Petruzzi contra Perú (16) consideró que constituía una violación al artículo 8.2 del Pacto de San José, el hecho de que la legislación interna prohibiese interrogar a agentes estatales cuyos testimonios constituyesen la base de una acusación. Así mismo, la Corte Europea de Derechos Humanos, en el asunto Bönishc (17) , y posteriormente en el caso Barberà, Messegué y Jabardo contra España estimó que “dentro de las prerrogativas que deben concederse a quienes hayan sido acusados está la de examinar los testigos en su contra y a su favor, bajo las mismas condiciones, con el objeto de ejercer su defensa” (18) . De igual manera, en el caso P.S. contra Alemania, la Corte Europea de Derechos Humanos consideró que “Cuando una condena está basada únicamente o en grado decisivo sobre deposiciones que han sido hechas por una persona que el acusado no ha tenido oportunidad de examinar o hacer examinar, sea durante la etapa de investigación o en el juicio, los derechos de la defensa están restringidos a un punto que es incompatible con las garantías provistas en el artículo 6º” (19) . Otro tanto sucede en el derecho comparado (20) , donde incluso se ha llegado a considerar la imposibilidad de fundar una sentencia condenatoria con base en las manifestaciones incriminatorias de un coimputado, si la defensa o el propio imputado no pudieron interrogarlo plenamente (21) .

Con todo, cabe precisar, siguiendo la jurisprudencia constitucional (22) , que el derecho a contrainterrogar al testigo de cargo puede ser limitada válidamente ante la imposibilidad de repetir la prueba, con lo cual, son admisibles las pruebas anticipadas.

En este orden de ideas, interpretando armónicamente el artículo 29 superior con los artículos 8.2 de la CADH y 14.2 del PIDCP, se concluye que, en materia penal, el procesado tiene derecho a presentar y controvertir pruebas, lo cual implica el derecho a contrainterrogar directamente a los testigos de cargo.

5.2. Contenidos y fines de la diligencia de indagatoria y de su ampliación.

En diversas oportunidades, la Corte se ha pronunciado en relación con los contenidos y fines de la diligencia de indagatoria y de la ampliación de ésta, existiendo por tanto unas claras líneas jurisprudenciales en la materia (23) .

Así, esta Corporación ha entendido en relación con la diligencia de indagatoria que (i) tiene una doble connotación jurídica, siendo un medio de defensa del imputado en el proceso, mediante el cual explica su posible participación en los hechos; y es, a su vez, fuente de prueba de la investigación penal, porque le permite al fiscal hallar razones que orienten la investigación a la obtención de la verdad material (24) ; (ii) supone el conocimiento inmediato de la acusación y, por ende, permite no sólo la defensa material de la persona inculpada, sino también la oportunidad de escoger desde el principio un apoderado de confianza para adelantar la denominada defensa técnica (25) ; (iii) no resulta indispensable, y ni siquiera pertinente, que el abogado defensor formule interrogantes durante la diligencia (26) ; (iv) no es la indagatoria el acto procesal indicado para forzar al imputado a que confiese o suministre elementos que posteriormente pueden ser usados en su contra, bajo la velada amenaza en que consiste una exhortación judicial a decir únicamente la verdad (27) ; (v) con base en la garantía constitucional sobre no autoincriminación, el silencio voluntario del individuo llamado a indagatoria se constituye en una forma de defensa y por tanto en un verdadero derecho de carácter fundamental que hace parte del debido proceso (28) ; y (vi) el funcionario judicial puede ordenar la conducción del imputado para realizar la diligencia de indagatoria a la que previamente fue citado, en tanto éste se niega a comparecer y por tanto incumple con su deber de colaborar con el buen funcionamiento de la administración de justicia (29) .

A su vez, en relación con la ampliación de la diligencia de indagatoria, la Corte ha considerado que (i) (30) en dicha diligencia la persona goza de la más amplia libertad para poner en conocimiento de la autoridad investigadora informaciones y elementos de juicio que complementen e inclusive modifiquen los ya aportados, y simultáneamente puede llevar al sumario la referencia a hechos y situaciones con base en los cuales fundamente su defensa y fortalezca los puntos de vista que su apoderado estima relevantes en relación con las imputaciones que se le formulan; (ii) (31) el funcionario que conduce el proceso no puede negarse a recibir tales ampliaciones de indagatoria, ya que ellas constituyen importante medio de defensa y a la vez ocasión para profundizar en el conocimiento exacto e integral sobre la versión del imputado en torno a los hechos del proceso; y (iii) en todo caso, las ampliaciones de la indagatoria estarán rodeadas de las mismas garantías para el indagado y tendrán igual carácter espontáneo, libre y exento de todo apremio (32) .

En este orden de ideas, la diligencia de indagatoria, en un sistema procesal de carácter mixto, es un instrumento para el ejercicio del derecho de defensa, y por ende, se rinde libre de todo apremio, pudiendo la persona guardar silencio en el curso de la mismo, no estando obligada a autoincriminarse ni a declarar contra su cónyuge, compañero permanente o parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil. A su vez, la indagatoria ha sido entendida como un medio de prueba de la investigación penal, porque le permite al fiscal hallar razones que orienten la investigación a la obtención de la verdad material. De allí que, correlativamente, la diligencia de indagatoria podrá ser ampliada únicamente a petición del sindicado o de oficio, “cuando se considere conveniente y sin necesidad de motivación alguna” (33) , e igualmente, será ampliada “cuando aparezcan fundamentos para modificar la imputación jurídica provisional” (34) .

Ahora bien, puede suceder que en el curso de una diligencia de indagatoria, el indagado decida, como parte de su estrategia defensiva, declarar contra otro, caso en el cual “se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, con lo cual, los efectos de la mencionada diligencia trascienden el ámbito exclusivo de la determinación de la responsabilidad penal del indagado para entrar en aquella de un tercero, que en este caso sería un coimputado, quien asimismo es titular de su derecho constitucional fundamental de defensa.

5.3. Relaciones entre las figuras del indagado y el testigo.

El ciudadano demandante y la mayoría de intervinientes parten de señalar que no se pueden equiparar al indagado con un testigo, puesto que son figuras procesales completamente distintas, con lo cual, el legislador no puede indebidamente equipararlos, puesto que de esta manera estaría vulnerando el artículo 13 superior. La fiscalía, por su parte, sostiene que el legislador no equiparó al indagado con el testigo, puesto que “el legislador señala que, ante las manifestaciones incriminatorias del imputado en relación con un tercero, se le tratará en hipótesis (no en la realidad) como un testigo, pero no queda la posibilidad de reducir una categoría a la otra sino que ambas continúan con su vida conceptual independiente”. La vista fiscal, a su vez, considera que cuando quiera que el indagado declara contra otro concurren en él un derecho a guardar silencio y a no autoincriminarse como procesado que es, y al mismo tiempo, el deber ciudadano de prestar juramento para ratificarse de la declaración que hace contra otro y asumir las consecuencias de ello. Por último, el Ministerio del Interior y de Justicia considera que el defensor del acusado puede solicitar la ampliación del testimonio “diligencia en la cual puede como sujeto procesal interrogar al testigo”.

Al respecto, la Corte encuentra que existen numerosas diferencias ontológicas entre las figuras del indagado y el testigo. Así, el indagado es (i) sujeto de la acción penal; (ii) sobre él recae la investigación penal; (iii) es titular de los derechos a guardar silencio, no pudiendo ser apreciado tal comportamiento como un indicio en su contra, y a no autoincriminarse, y por ende, la declaración que rinde es voluntaria, libre de todo apremio; (iv) constitucionalmente no está obligado a declarar contra su cónyuge, compañero permanente o parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil; (v) durante la indagatoria debe estar asistido por su defensor de confianza o de oficio, quienes no podrán interrogarlo; y (vi) le asiste el derecho a solicitar la ampliación de su indagatoria. Por el contrario, el testigo (i) no es sujeto de la acción penal; (ii) está obligado a declarar bajo juramento, no pudiendo ser obligado a hacerlo contra sí mismo o contra su cónyuge compañera o compañero permanente o parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil; (iii) de llegar a faltar a la verdad o la calle total o parcialmente, puede ser sancionado penalmente por el delito de falso testimonio; y (iv) todos los sujetos procesales pueden interrogarlo.

En este orden de ideas, cuando el legislador dispone que si el indagado decide declarar contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, “como si se tratara de un testigo”, admitiría, prima facie, dos posibles interpretaciones.

Una primera interpretación, sostenida por el demandante y algunos intervinientes, basada en una lectura armónica de los artículos 337 y 342 del Código de Procedimiento Penal, apunta a que el legislador efectivamente habría equiparado, para todos los efectos jurídicos, las figuras del indagado y la del testigo, cuando quiera que en el curso de una diligencia de indagatoria una persona decide declarar en contra de otra. De conformidad con dicha interpretación ese “testigo” no podría ser posteriormente citado por el coimputado, con el propósito de contrainterrogarlo, ya que por tratarse del sindicado no podría ser llamado a declarar posteriormente como testigo; tampoco resultaría procedente solicitarse la ampliación de la indagatoria con el propósito de practicar el referido contrainterrogatorio, ya que, de conformidad con el artículo 342 de la Ley 600 de 2000, dicha diligencia sólo podrá ser decretada de oficio o a petición del sindicado o su defensor. Tal estado de cosas, según algunos intervinentes, resultaría contrario al artículo 29 constitucional, en concordancia con los artículos 14.2 del PIDCP y 8.2 de la CADH, por cuanto se estaría vulnerando el derecho a contrainterrogar al testigo, en tanto que elemento del derecho fundamental al debido proceso.

Una segunda interpretación apunta a que el legislador no equiparó las figuras del indagado con la del testigo, que cada una sigue teniendo su propia identidad, con lo cual, lo único que sucede es que, recurriendo a una ficción legal, en el curso de la diligencia de indagatoria se le trata, únicamente y para tales efectos, como si fuera un testigo y no el indagado, con lo cual se le impone el juramento, quedando obligado a decir toda la verdad. De allí que, si bien conserva su calidad de imputado, y por ende nadie distinto a él, su defensor o el fiscal pueden solicitar la ampliación de la indagatoria, también lo es que, siendo a su vez testigo de un hecho punible, pueda ser citado a declarar como tal por la persona a quien acusó durante su indagatoria. Dicha hermenéutica se apoyaría en una interpretación sistemática de la Ley 600 de 2000, la cual conduciría a afirmar que, dado que toda persona está obligada a rendir testimonio bajo juramento cuando se le solicite en una determinada actuación procesal, no estando obligada a declarar contra sí mismo o contra su cónyuge compañera o compañero permanente o parientes dentro del cuarto grado de consaguinidad, segundo de afinidad o primero civil. De acogerse dicha interpretación, no procedería un cargo de inconstitucionalidad por la supuesta vulneración del derecho al debido proceso, en concreto, del derecho a contrainterrogar directamente al testigo de cargo, como quiera que el legislador habría dispuesto que la persona que declaró contra otra durante su indagatoria, podría ser llamada a declarar posteriormente como testigo, en los términos del artículo 266 del Código de Procedimiento Penal.

Pues bien, la Corte considera que una interpretación sistemática de los artículos 226 y 337 de la Ley 600 de 2000, en armonía con los artículos 29 superior, 8.2 de la CADH y 14.2 del PIDCP, indica que la persona que durante su indagatoria acusó a otra, podrá ser posteriormente interrogada en calidad de testigo por el coimputado, diligencia durante la cual, por supuesto, el testigo estará amparado por lo establecido en el artículo 33 superior. De tal suerte que la disposición acusada no vulnera la Constitución si es entendida armónicamente con otras disposiciones legales, constitucionales e internacionales, motivo por el cual no será necesario recurrir en este caso a una sentencia de constitucionalidad condicionada, por cuanto realmente la expresión legal acusada no admite diversas interpretaciones, unas conformes con la Constitución y otras no, sino que debe ser comprendida, como se señaló, en concordancia con otras disposiciones de diferentes rangos; tampoco era preciso, en consecuencia, como lo solicitó la fiscalía, integrar la unidad normativa con el artículo 342 de la Ley 600 de 2000.

En este orden de ideas, la Corte declarará exequible, por el cargo analizado, la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 de 2000.

6. Cosa juzgada constitucional en relación con la expresión “comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento” del artículo 394 de la Ley 906 de 2004.

La Corte debe analizar si, en relación la expresión “comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento” del artículo 394 de la Ley 906 de 2004” ha operado el fenómeno de la cosa juzgada constitucional, teniendo en cuenta lo decidido en Sentencia C-782 de 2005.

Sobre el particular, conforme lo dispone el artículo 243 de la Constitución Política, los fallos que la Corte dicte en ejercicio del control jurisdiccional hacen tránsito a cosa juzgada constitucional, institución que como lo ha explicado la jurisprudencia constitucional se configura cuando existe una decisión anterior del juez constitucional en relación con la misma norma que nuevamente es objeto de demanda, es decir, “cuando existe una decisión previa del juez constitucional en relación con la misma norma que es llevada posteriormente a su estudio” (35) , fenómeno que se conoce como cosa juzgada constitucional formal.

En tal sentido, la Corte en Sentencia C-782 de 2005 examinó la constitucionalidad de las expresiones “como testigo” y “comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento” del artículo 394 de la Ley 906 de 2004. En el contenido de la parte resolutiva del fallo, como se advierte, no se limitaron los efectos de la decisión al cargo analizado:

“Declarar EXEQUIBLE las expresiones “como testigo” incluida en el título y “comparecerán como testigos bajo la gravedad del juramento”, contenidas en el artículo 394 de la Ley 906 de 2004, en el entendido que el juramento prestado por el acusado o coacusado declarante no tendrá efectos penales adversos respecto de la declaración sobre su propia conducta; y que, en todo caso, de ello se le informará previamente por el juez, así como del derecho que le asiste a guardar silencio y a no autoincriminarse. Ni del silencio, ni de la negativa a responder, pueden derivarse consecuencias penales adversas al declarante”.

A lo largo del texto de la sentencia, a su vez, fueron confrontadas in extenso las expresiones legales acusadas con los derechos fundamentales al debido proceso penal y al derecho a la no autoincriminación, analizando detenidamente las figuras del acusado y del testigo en el nuevo sistema acusatorio. En la presente oportunidad, igualmente, el demandante argumenta que las mismos contenidos normativos vulneran el artículo 29 superior, en concordancia con algunas disposiciones de tratados internacionales sobre derechos humanos.

En este orden de ideas, la Corte declarará estarse a lo resuelto en Sentencia C-782 de 2005 en relación con la expresión “comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento”, del artículo 394 de la Ley 906 de 2004.

VI. Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional de la República de Colombia, en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE:

1. Declarar exequible, por el cargo analizado, la expresión “Pero si el imputado declarare contra otro, se le volverá a interrogar sobre aquel punto bajo juramento, como si se tratara de un testigo”, del artículo 337 de la Ley 600 de 2000.

2. Estarse a lo resuelto en Sentencia C-782 de 2005 en relación con la expresión “comparecerán como testigos y bajo la gravedad del juramento”, del artículo 394 de la Ley 906 de 2004.

Cópiese, notifíquese, comuníquese, insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional, cúmplase y archívese el expediente.

(1) ART. 342.—Ampliación de indagatoria. Se podrá ampliar la indagatoria, de oficio o a petición del sindicado o de su defensor, cuando se considere conveniente y sin necesidad de motivación alguna. Aquella se recibirá dentro del menor tiempo posible y observando los requisitos pertinentes.

También se ampliará la indagatoria cuando aparezcan fundamentos para modificar la imputación jurídica provisional.

(2) Entre otras, sentencias C-873 de 2003, C-591 de 2005, C-423 de 2006 y C-425 de 2006.

(3) Sentencias T-1211 de 2005 y T-091 de 2006.

(4) Sentencias C-143 de 1993, C-428 de 1996 y C-1052 de 2001.

(5) Sentencia C-1052 de 2001.

(6) Sentencia C-709 de 2002 reiterada en fallo C-070 de 2003.

(7) Sentencia C-774 de 2001.

(8) Aún así, existen situaciones en las cuales la Corte restringe en la parte motiva el alcance de la cosa juzgada aunque en la parte resolutiva no se indique dicha limitación, “...en tal evento, no existe en realidad una contradicción entre la parte resolutiva y la argumentación sino una cosa juzgada relativa implícita, pues la Corte declara exequible la norma, pero bajo el entendido que sólo se ha analizado determinados cargos...”. (ver Sents. C-774/2001 y C-478/98).

(9) Sentencia C-609 de 1996.

(10) Sentencia C-830 de 2002.

(11) Sentencia C-798 de 2003.

(12) Sentencias T-055 de 1994; T-442 de 1994; T-324 de 1996; T-329 de 1996 y T-654 de 1998.

(13) Sentencia T-461 de 2003.

(14) Ibídem.

(15) Sentencia SU-014 de 2001.

(16) Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia del 30 de mayo de 1999, caso Castillo Petruzzi contra Perú.

(17) Corte Europea de Derechos Humanos, sentencia del 6 de mayo de 1985, asunto Bönishc.

(18) Corte Europea de Derechos Humanos, sentencia del 6 de diciembre de 1998, asunto Barberà, Messegué y Jabardo contra España.

(19) Corte Europea de Derechos Humanos, sentencia del 20 de diciembre de 2000, asunto P.S. contra Alemania.

(20) Por ejemplo, la VI Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América establece “En todas las causas penales, el acusado gozará del derecho a un juicio sin demora y público, por un jurado imparcial del Estado y distrito en el cual haya sido cometido el delito, distrito que será previamente fijado de acuerdo con la ley; y a ser informado de la naturaleza y causa de la acusación; a carearse con los testigos en su contra; a que se adopten medidas compulsivas para la comparencia de los testigos que cite a su favor y a contar con la asistencia de un asesor legal para su defensa”.

(21) Corte Suprema de los Estados Unidos de América, asunto Bruton vs. United States, 391, U.S., 123, 1969. Sobre el mismo tema, consultar Eduardo M. Jauchen, Derechos del imputado, Buenos Aires, 2005.

(22) Sentencia C-591 de 2005.

(23) Entre otras, sentencias T-439 de 1997, C-621 de 1998, T-1450 de 2000, C-620 de 2001, C-296 de 2002, C-330 de 2003 y C-248 de 2004.

(24) Sentencia T-439 de 1997, reiterada en Sentencia C-620 de 2001.

(25) Sentencia C-248 de 2004.

(26) Sentencia C-621 de 1998.

(27) Ibídem.

(28) Ibídem.

(29) Sentencia C-330 de 2003.

(30) Sentencia C-621 de 1998.

(31) Ibídem.

(32) Ibídem.

(33) Artículo 342 de la Ley 600 de 2000.

(34) Ibídem.

(35) Entre muchas otras, Sentencia C-489 de 2000 y C-1148 de 2003.

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