Sentencia C-714 de julio 16 de 2008 

CORTE CONSTITUCIONAL

SALA PLENA

Sentencia C-714 de 2008 

Ref.: Expediente D-7007

Magistrado Ponente:

Dr. Nilson Pinilla Pinilla

Demandante: Eduardo Cifuentes Muñoz

Demanda de inconstitucionalidad contra los artículos 6º (parcial) y 146 de la Ley 1151 de 2007, “Por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010”.

Bogotá, D.C., dieciséis de julio de dos mil ocho.

EXTRACTOS: « II. Las normas demandadas

El siguiente es el texto de las normas acusadas:

“Ley 1151 de 2007

(Julio 24)

Diario Oficial 46.700 de 25 de julio de 2007

Por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010.

El Congreso de Colombia,

DECRETA:

(...).

“ART. 6º—Descripción de los principales programas de inversión.

(...).

3. Reducción de la pobreza y promoción del empleo y la equidad.

(...).

3.3. Sistema de protección social.

(...).

Inciso 23:

Para garantizar lo establecido en el parágrafo 2º del artículo 26 de la Ley 1122 de 2007, las empresas promotoras de salud, EPS, del régimen subsidiado y contributivo, dedicarán el 0.3% de la unidad de pago por capitación a la coordinación y financiación de los servicios de telemedicina con cobertura nacional, tanto para promoción de la salud como para atención de sus afiliados; los municipios y distritos, a través de la entidad nacional que los agremia, harán posible la prestación de este servicio. Asimismo, la Superintendencia Nacional de Salud verificará el cumplimiento de lo dispuesto en este artículo para autorizar o renovar el funcionamiento de las EPS, en particular al momento de verificar sus redes de servicios”.

(...).

“3.3.1. Mejorar la accesibilidad a servicios de salud y la capacidad de respuesta del Estado a las emergencias y desastres.

Desarrollar un sistema integral de transporte aéreo medicalizado como parte de la estrategia nacional del mejoramiento y garantía de accesibilidad a los servicios de salud de todos los colombianos que se encuentran en el territorio nacional. Este sistema garantizará:

1. Ambulancias áreas medicalizadas y certificadas por la autoridad competente en salud y la aerocivil, en lo de su competencia, para el traslado de pacientes críticos con exigencia de traslado aéreo según evaluación y remisión por el sistema de salud.

2. Rutas aéreas saludables desde los centros de alta complejidad en la atención en salud para cubrir a los habitantes de municipios lejanos.

3. Dar soporte aéreo para realizar brigadas de salud en las zonas de más difícil acceso del territorio nacional con frecuencia mínima de tres veces año.

4. Dar soporte helico-transportado para la respuesta a emergencias por accidentes de tránsito en las 5 regiones: costa caribe; centro del país, occidente y eje cafetero, Antioquia Chocó, oriente colombiano y Amazonia.

5. Apoyo en la fase de impacto en caso de emergencias por desastres naturales en el país.

La entidad que agremia nacionalmente los municipios colombianos desarrollará, organizará y pondrá en funcionamiento este servicio dentro de los seis meses siguientes a partir de la sanción de la presente ley. Para ello, elaborará un plan cuatrienal que se presentará a la entidad reguladora en salud y su desarrollo estará bajo la supervisión del Ministerio de la Protección Social y será vigilada por los organismos de control del sector salud y la Aeronáutica Civil en lo de su competencia. Este servicio se financiará mensualmente con un 2% de la UPC del régimen subsidiado y contributivo que reciben las EPS y las administradoras de regímenes especiales con excepción de Fuerzas Militares.

A la financiación de este sistema concurrirán los sectores que demanden este servicio y que tengan cubierto este tipo de riesgos.

PAR.—Para garantizar la operación de este sistema, la Aeronáutica Civil ajustará la operación aeroportuaria y las demás autoridades concurrirán privilegiando el funcionamiento de este servicio”.

(...).

“ART. 146.—El Gobierno Nacional establecerá un manual de tarifas mínimas de obligatoria aplicación para las empresas administradoras de planes de beneficios y los prestadores de servicios de salud públicos y privados, para la compra y venta de actividades, intervenciones, procedimientos en salud y servicios hospitalarios, contenidos en el plan obligatorio de salud del régimen contributivo y el régimen subsidiado.

PAR.—Las tarifas mínimas serán fijadas en salarios mínimos diarios vigentes, y deberán ser expedidas a más tardar a los 6 meses de expedida la presente ley”.

(...).

VI. Consideraciones de la Corte Constitucional

1. Competencia.

Desde el punto de vista de lo dispuesto por el artículo 241 numeral cuarto de la Constitución, la Corte es competente para conocer de la presente demanda.

2. Análisis sobre la caducidad de la acción por vicios de forma.

Ya que al menos dos de los cargos de la demanda se refieren a aspectos de procedimiento en la formación de la ley, es necesario tener en cuenta que de conformidad con lo previsto en el numeral 3º del artículo 242 de la Constitución Política, “Las acciones por vicios de forma caducan en el término de un año, contado desde la publicación del respectivo acto”.

A este respecto la Corte constata que la acción fue interpuesta en tiempo, ya que esta ley fue publicada en el Diario Oficial 46.700 de 25 de julio de 2007, y la acción de inconstitucionalidad que ahora se decide fue incoada el 17 de octubre del mismo año. En consecuencia, desde este punto de vista, resulta viable proceder al análisis de todos los cargos de la demanda.

3. Cuestión previa: Existencia de cosa juzgada en relación con una de las normas demandadas.

Antes de abordar el estudio de los cargos contenidos en la demanda debe anotarse que con anterioridad a la fecha de esta providencia la Sala Plena de esta corporación ha adoptado varias decisiones relativas a la exequibilidad o no de diversos preceptos de la Ley 1151 de 2007. Por consiguiente, es necesario determinar si existe ya pronunciamiento de fondo sobre la constitucionalidad de uno o más de los preceptos aquí demandados, pues de ser así, no sería posible, ni procedente, que la Corte se ocupara nuevamente de un tema ya decidido.

La demanda que ahora se decide cuestiona la constitucionalidad del artículo 146 de la Ley 1151 de 2007, por el cual se ordena al Gobierno Nacional establecer “un manual de tarifas mínimas de obligatoria aplicación para las empresas administradoras de planes de beneficios y los prestadores de servicios de salud públicos y privados, para la compra y venta de actividades, intervenciones, procedimientos en salud y servicios hospitalarios, contenidos en el plan obligatorio de salud del régimen contributivo y el régimen subsidiado”.

El demandante sustenta la inconstitucionalidad de este precepto en la supuesta violación al principio de unidad de materia (cargo segundo) y en el hecho de que una norma de esta naturaleza solo podría adoptarse mediante una ley de intervención económica que observe debidamente los requisitos previstos en los artículos 150 numeral 21, 189 numeral 11, 333 y 334 de la Constitución Política, cosa que, a su entender, no ocurrió en el presente caso (cargo quinto).

Observa la Corte que esta misma norma fue declarada exequible mediante Sentencia C-377 de 2008 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández) (10) . En dicha ocasión y para decidir sobre los cargos planteados, la Corte examinó, entre otros aspectos, los siguientes: (i) si el establecimiento de un manual de tarifas mínimas de obligatoria aplicación para la compra y venta de actividades y servicios de salud contenidos en el plan obligatorio de salud, guarda unidad de materia con el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010; (ii) si esta disposición vulnera el artículo 334 de la Constitución que prevé los parámetros de la intervención económica del Estado.

Al resolver sobre los temas planteados, la Corte concluyó y expuso de manera explícita, que el artículo 146 de la Ley 1151 de 2007 tiene conexidad suficiente con los objetivos generales del Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010, contenido en dicha ley. Así mismo, anotó que este precepto es una norma de intervención económica, y que en cuanto tal, cumple a cabalidad los requisitos previstos en el artículo 334 de la Constitución Política.

Visto lo anterior, se observa entonces que el artículo 146 ahora cuestionado ya fue objeto de análisis por parte de la Corte Constitucional, frente a planteamientos esencialmente idénticos a los traídos por el demandante de la presente acción. Por consiguiente, no resulta posible adelantar un juicio de constitucionalidad en relación con él, siendo necesario, en cambio, reconocer el efecto de cosa juzgada derivado de la antes citada Sentencia C-377 de 2008, a lo que la Corte procederá en la parte resolutiva de esta sentencia.

4. Los problemas jurídicos planteados y el orden en que serán analizados.

Excluido ya el análisis de los cargos relacionados con el artículo 146 de la Ley 1151 de 2007, existen entonces cuatro distintos problemas jurídicos que la Corte debe analizar para decidir sobre la constitucionalidad de los preceptos demandados del plan nacional de desarrollo.

Sin embargo, se destaca de manera especial el tema contenido en el primer cargo de la demanda, relativo a la eventual indebida sanción de esta ley por parte de la presidenta del Congreso, por cuanto, en opinión de varios de los intervinientes, de prosperar esta censura, ello haría inviable la totalidad de la Ley 1151 de 2007, tornando innecesario, al menos de momento, el análisis de los restantes cargos de la demanda.

Por ello, se estudiará inicialmente el cargo relativo a la eventual incompetencia de la presidenta del Congreso para proceder a la sanción de la que vino a ser la Ley 1151 de 2007, y solo en el caso de encontrar infundado este cargo, se emprenderá el estudio de los demás, en el mismo orden en que fueron propuestos en la demanda.

5. Sanción de la Ley 1151 de 2007 por parte de la presidenta del Congreso: planteamiento del problema y necesidad de integración formativa.

Como ya se dijo, el demandante considera que en el caso del Proyecto de Ley 199 de 2007 Senado - 201 de 2007 Cámara, antecedente de la Ley 1151 de 2007 “Por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010”, se incurrió en un grave vicio procedimental, consistente en haber sido sancionada como ley por la señora presidenta del Congreso, sin que se hubiera presentado la hipótesis prevista en el artículo 168 de la Constitución Política que, por excepción, habilita a la cabeza del poder legislativo para proceder a sancionar como ley un proyecto en relación con cuya sanción u objeción, el poder ejecutivo no se haya manifestado oportunamente. Lo anterior causaría entonces la inexequibilidad de los apartes demandados del artículo 6º de la citada Ley 1151 de 2007.

Algunos de los intervinientes, además del jefe del Ministerio Público respaldan este planteamiento y piden que esta ley sea declarada inconstitucional. Otros participantes se oponen a él y solicitan la exequibilidad. También hay quienes se abstienen de pronunciarse sobre el tema. Por su parte, el Ministerio de la Protección Social, consideró que este defecto debería entenderse saneado por el hecho de haber admitido la Corte Constitucional varias demandas contra distintas disposiciones de la Ley 1151 de 2007, lo que sería imposible frente a una ley inexistente, como sería esta en caso de considerarse inválida su sanción.

Previamente al estudio de este tema, es necesario determinar si es pertinente aplicar en este caso el principio de unidad normativa, a partir de lo previsto en el artículo 6º del Decreto 2067 de 1991.

Tal como lo ha planteado la jurisprudencia de esta corporación (11) , este principio, conforme al cual la Corte asume competencia para pronunciarse sobre la constitucionalidad de normas que no fueron acusadas por el demandante, tiene como principal propósito evitar que el fallo proferido por la Corte resulte inocuo por no abarcar todas las disposiciones que, de acuerdo con los cargos formulados, resulte pertinente analizar. Sobre este tema dijo la Corte en la Sentencia C-320 de 1997:

“La unidad normativa procede cuando la proposición jurídica acusada, si bien tiene un contenido propio, se encuentra tan íntimamente ligada con otros contenidos jurídicos, que resulta imposible estudiar su constitucionalidad sin analizar las otras disposiciones. En los otros casos, esto es, cuando la relación entre las proposiciones jurídicas no es tan estrecha, la unidad normativa no procede, salvo si la regulación de la cual forma parte la disposición acusada aparece prima facie de una constitucionalidad discutible. (...) La unidad normativa es excepcional, y solo procede cuando ella es necesaria para evitar que un fallo sea inocuo, o cuando ella es absolutamente indispensable para pronunciarse de fondo sobre un contenido normativo que ha sido demandado en debida forma por un ciudadano. En este último caso, es procedente que la sentencia integre la proposición normativa y se extienda a aquellos otros aspectos normativos que sean de forzoso análisis para que la corporación pueda decidir de fondo el problema planteado. Igualmente es legítimo que la Corte entre a estudiar la regulación global de la cual forma parte la norma demandada, si tal regulación aparece prima facie de una dudosa constitucionalidad”.

Volviendo al caso que ahora estudia la Corte, es evidente que la aceptación o no de las objeciones presidenciales (12) puede tener por efecto la exclusión o permanencia en la ley de apartes normativos más o menos extensos. En otras palabras, puede existir una diferencia notable de contenido entre el texto originalmente enviado a sanción presidencial y aquel que finalmente sea sancionado, una vez surtido el trámite de las objeciones. En casos extremos la aceptación de las objeciones, bien por el propio Congreso, bien por la Corte Constitucional, puede significar el archivo definitivo del proyecto.

Sin embargo, al margen de la extensión relativa de las objeciones con respecto al texto remitido para sanción en un caso concreto, es claro que el no estudio de las que hubieren sido oportunamente propuestas afecta la totalidad del producto legislativo, ya que implicaría la completa pretermisión de un trámite constitucionalmente obligatorio y del cual depende tanto el contenido como la vigencia de la ley en cuestión, y sobre todo la validez constitucional de las etapas subsiguientes, en este caso la sanción impuesta por la señora presidenta del Congreso.

Por ello, entiende la Corte que en caso de encontrarse que el Congreso dejó de analizar objeciones oportunamente formuladas contra las normas aquí demandadas, que la sanción impartida por su presidenta carece de validez, y que por eso ellas deben ser declaradas inexequibles, el fallo podría considerarse inocuo si, por el contrario, continuaran rigiendo las restantes disposiciones de la ley demandada, que bien pudieron tener un alcance diferente o no haber nacido nunca a la vida jurídica, si el Congreso hubiera surtido correctamente el trámite de objeciones a que se viene haciendo referencia, y que sobre todo, también habrían sido objeto de una sanción inválida. Así, es claro que en términos de la jurisprudencia arriba transcrita, tales disposiciones resultan entonces prima facie de “dudosa constitucionalidad”.

Ahora bien, más allá de la validez conceptual de esta consideración, el asunto resulta especialmente relevante en este caso, tratándose de la ley por la cual se aprueba el plan nacional de desarrollo para un periodo de gobierno, en la que previa consulta de un importante número de instancias de participación, se intenta compendiar la visión compartida de la ciudadanía y de sus principales representantes sobre lo que debe ser la acción gubernamental y las metas que deberán alcanzarse durante el respectivo periodo de gobierno. A lo anterior súmese el importante rol que en relación con esta ley cumple el Gobierno Nacional, instancia a la que corresponde la iniciativa privativa para someter el tema a consideración del Congreso de la República y la potestad de aceptar o no los cambios o adiciones que los legisladores se propongan introducir al plan de inversiones originalmente propuesto (C. Pol., arts. 154 y 341).

Todas las anteriores consideraciones avalan la pertinencia de dar en este caso aplicación al principio de unidad normativa a que se refiere el artículo 6º del Decreto 2067 de 1991, extendiendo las consecuencias que resulten del análisis del cargo primero propuesto, a la totalidad de las disposiciones de la Ley 1151 de 2007 “Por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010”.

En consecuencia, la Corte Constitucional procederá a realizar dicha integración en lo que a este cargo se refiere, y pronunciará su decisión en relación con el mismo con efecto sobre todo el texto de la ley parcialmente demandada.

6. El trámite de las objeciones presidenciales y la competencia del presidente del Congreso para sancionar la ley sobre la cual el Presidente de la República no se hubiere pronunciado.

De conformidad con lo previsto en nuestra norma superior, si bien el poder de hacer las leyes corresponde al Congreso de la República, el Gobierno Nacional participa de su formación una vez finalizado el trámite del proyecto ante las cámaras legislativas, “ejerciendo el derecho de objetarlos y cumpliendo el deber de sancionarlos con arreglo a la Constitución” (art. 200, num. 1º, en concordancia con los arts. 165 a 168 de la C. Pol.) (13) .

El Presidente de la República tiene, en relación con los proyectos de ley que hayan concluido su trámite legislativo, lo que por analogía con el derecho civil podría considerarse como una obligación facultativa (14) : su deber es sancionar la ley que le ha sido presentada, pero puede también cumplir si, en cambio, decide objetar el proyecto, posibilidad para la cual cuenta con el mismo lapso que, según la extensión del texto, tenga para sancionar el proyecto recibido.

El poder ejecutivo pueda entonces objetar, en todo o en parte, aquellos proyectos de ley que, a su criterio, resulten inconvenientes o estén afectados de inconstitucionalidad, bien por razones de fondo, bien por aspectos de procedimiento en el trámite seguido ante el Congreso de la República, para lo cual dispone de un espacio de tiempo determinado por la misma Constitución, que depende del número de artículos de que conste el proyecto.

El tercer inciso del artículo 166 superior contempla una circunstancia especial consistente en el hecho de que mientras transcurre el lapso de que el Presidente dispone para sancionar u objetar, las cámaras legislativas hubieren entrado en receso. En este caso, además de manifestar su decisión de sancionar u objetar, existe el deber presidencial de proceder, dentro de los mismos términos, a la publicación del texto sancionado u objetado.

Finalmente, con el fin de preservar la potestad legislativa del Congreso y evitar que el gobierno pueda obstruirla dejando de sancionar las leyes ya aprobadas, incluso pretextando su complejidad o extensión, el artículo 168 establece que “Si el presidente no cumpliere el deber de sancionar las leyes en los términos y según las condiciones que la Constitución establece, las sancionará y promulgará el presidente del Congreso”. De esta manera el representante del poder legislativo tiene la posibilidad, y el deber, de concluir el proceso legislativo poniendo en vigencia la ley que hubiere sido aprobada por las cámaras, pese a la demora o renuencia del Presidente de la República.

Claros estos aspectos, pasa ahora la Corte a analizar las circunstancias propias del caso concreto.

7. El trámite cumplido por el Proyecto de Ley 199 de 2007 Senado - 201 de 2007 Cámara después de su aprobación por las cámaras legislativas.

Concluido el debate y aprobación por las cámaras legislativas, este proyecto fue enviado al Presidente de la República para su sanción, siendo recibido en el despacho de aquel el 30 de mayo de 2007. A partir de esta fecha y en atención al número de artículos del proyecto, el lapso de consideración presidencial se extendía hasta el 29 de junio del mismo año.

Como es sabido, pendiente este plazo, el Congreso concluyó su periodo ordinario de sesiones el día 20 de junio, y no las reanudó hasta el día 20 de julio del mismo año (15) , con lo que a la fecha de vencimiento del plazo para sancionar u objetar, el Presidente de la República tenía entonces el deber adicional de publicar el proyecto sancionado u objetado.

Según se ha establecido, el día 29 de junio de 2007, fecha de vencimiento del plazo que se viene comentando, el Gobierno Nacional hizo pública la decisión presidencial de objetar varios artículos de este proyecto de ley. A continuación, el texto de las objeciones fue entregado a la Imprenta Nacional para su publicación a las 18:30 horas, después de lo cual el texto de las objeciones apareció publicado en el Diario Oficial 46.674 de la misma fecha, es decir el 29 de junio de 2007, día del vencimiento del plazo para sancionar u objetar este proyecto de ley.

Sin embargo, según se deduce de lo relatado por los congresistas Gabriel Zapata Correa, Efraín Cepeda Sarabia, Jorge Julián Silva Meche y Bernardo Miguel Elías Vidal (16) , en su pronunciamiento a las objeciones presidenciales dirigido a los presidentes del Senado y la Cámara de Representantes que lleva fecha 17 de julio de 2007 y que fuera publicado en la Gaceta del Congreso 335 de 2007, la efectiva publicación del documento de objeciones solo habría tenido lugar el siguiente día hábil, esto es el martes 3 de julio de 2007.

Así, bajo la premisa de que las objeciones presidenciales fueron publicadas en forma extemporánea, los presidentes del Senado y la Cámara de Representantes en comunicación dirigida el 18 de julio de 2007 al Presidente de la República, manifestaron que el Congreso de la República carecía de competencia para tramitar las referidas objeciones, por lo cual devolvieron el proyecto de ley para que el presidente procediera a sancionarlo.

A continuación, el secretario jurídico de la Presidencia de la República devolvió nuevamente el proyecto a los presidentes de Senado y Cámara, haciendo referencia a otros antecedentes e indicando que “El Gobierno Nacional solo podría sancionar el proyecto tras el cumplimiento del trámite correspondiente a las objeciones”.

En vista de lo anterior, y considerando que se encontraban “establecidos los presupuestos del artículo 166 de la Constitución Política y de las normas concordantes”, la presidenta del Congreso de la República, senadora Nancy Patricia Gutiérrez Castañeda impartió su sanción al proyecto de ley “por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010”, el cual fue numerado como Ley 1151 de 2007.

8. Publicación extemporánea de las objeciones y competencia de la presidenta del Congreso para sancionar este proyecto de ley.

Conforme a lo expuesto en el cargo primero de esta demanda, el actor entiende que la publicación de las objeciones presidenciales se hizo de manera oportuna. A partir de esta consideración, la sanción impartida en este caso por la señora presidenta del Congreso carecería de validez por cuanto de conformidad con el artículo 168 de la Constitución Política, esa autoridad solo puede sancionar como leyes los proyectos respecto de los cuales el Presidente de la República no hubiere cumplido el deber de sancionar u objetar dentro del plazo asignado por la Constitución. La prosperidad de este cargo depende entonces del juicio que pueda hacerse sobre el carácter oportuno o extemporáneo de la publicación de las objeciones presidenciales.

A este respecto, si bien la Corte no encuentra dificultad en el hecho de que el documento de objeciones hubiere sido entregado a la Imprenta Nacional a las 18:30 horas de la fecha límite para sancionar u objetar (17) , cosa distinta habría ocurrido con la efectiva publicación del proyecto, que es la diligencia verdaderamente trascendente para el cumplimiento del requisito constitucional que se viene comentando. Ello es lo que resulta de la ya citada constancia dejada por los congresistas miembros de la comisión accidental conformada por las cámaras legislativas para el estudio de las objeciones presidenciales, de acuerdo con la cual la publicación del documento de objeciones apenas habría tenido lugar durante el siguiente día hábil, esto es, el martes 3 de julio, no obstante que la edición del Diario Oficial en que el texto de las objeciones fue materialmente publicado (Nº 46.674) tiene fecha del día 29 de junio de 2007.

Consultado el texto de la mencionada constancia congresional, que obra en el expediente tanto en fotocopia simple enviada por el secretario general de la Cámara de Representantes como a través de la Gaceta 335 de 2007 en la cual fue publicada, se observa que la afirmación en torno a la tardía publicación del documento de objeciones se fundamenta en la respuesta dada por la gerente general de la Imprenta Nacional a un derecho de petición formulado por el representante Jorge Julián Silva Meche. La parte pertinente de dicha respuesta, de acuerdo con la trascripción hecha por los mismos congresistas que suscriben esta constancia, informa que “al cierre de cada día se adelantan los procesos de pre-prensa donde entre otras actividades se diagrama y se asigna el número correspondiente al ejemplar del Diario Oficial correspondiente a la edición de esa fecha, el cual contiene todos aquellos documentos enviados ese día para su publicación; y el proceso de prensa se lleva a cabo al iniciar el día siguiente”.

Ahora bien, en razón a la ya comentada hora en que el documento de objeciones fue entregado a la Imprenta Nacional para su publicación (18:30 horas del último día de plazo para la realización de dicha diligencia), la Corte encuentra plausible asumir, como lo hicieron los mencionados congresistas, que la efectiva publicación de este documento tuvo lugar como mínimo, en las primeras horas del siguiente día hábil. A lo anterior agréguese que, aun cuando se hubiere procedido a la publicación del documento en el siguiente día, hábil o no, en todo caso esta hubiera sido extemporánea, ya que el término para publicar habría expirado a la medianoche del viernes 29 de junio de 2007.

La Corte advierte que siendo el tema que se viene comentando un aspecto eminentemente fáctico, la decisión que al respecto se adopte debe entonces basarse exclusivamente en las probanzas disponibles en el proceso. Sobre este tema, revisado el correspondiente expediente, se observa que no existe en el mismo, prueba distinta a la ya indicada que pudiere servir para determinar con certeza la fecha y hora en que dicha publicación se realizó de manera efectiva. Especialmente debe resaltarse que ninguno de los intervinientes, particularmente, ninguna de las autoridades y ciudadanos que durante la fijación en lista expresaron su desacuerdo con la sanción de la ley impartida por la presidenta del Congreso, rebaten este aspecto fáctico o intentan sustentar que la efectiva publicación de la ley hubiere tenido lugar antes de la medianoche del día en que vencía el plazo constitucional en comento. De allí que la Corte deba, entonces, asumir que en efecto la publicación de las objeciones se hizo de manera extemporánea.

De otro lado, no comparte esta corporación el argumento del demandante, del Procurador General y de otros intervinientes, conforme al cual esta manera de entender el término dentro del cual debe cumplirse la obligación presidencial de publicar el proyecto sancionado u objetado, implica una reducción efectiva de los tiempos establecidos en la Constitución para que el Presidente de la República decida si sanciona u objeta el proyecto de ley que le ha sido presentado. La Corte considera, en cambio, que el cumplimiento de esta función envuelve, cuando ello es necesario, la efectiva publicación del correspondiente documento, y que la consecuente restricción del plazo para sancionar u objetar que llegare a ocasionarse, es tan reducida que no alcanza a afectar de manera efectiva la facultad presidencial de participar, sin limitaciones, en el proceso de formación de las leyes en la forma prevista en la Constitución Política.

Tampoco es de recibo el argumento conforme al cual la obligación presidencial se agota en la impartición de las órdenes necesarias para que las personas competentes al interior de la Imprenta Nacional de Colombia procedan a realizar esta publicación. Ello por cuanto, pese a la innegable necesidad de contar con delegatarios y colaboradores para facilitar el adecuado cumplimiento de las muchas y diversas funciones presidenciales, la Constitución es clara en asignar esta responsabilidad, la de publicar el proyecto sancionado u objetado dentro de aquellos plazos, directamente al Presidente de la República.

Consecuencia de lo anterior es que, contrario a lo sustentado en la demanda, el Congreso no se equivocó al abstenerse de tramitar las objeciones presidenciales formuladas en relación con el Proyecto de Ley 199 de 2007 Senado - 201 de 2007 Cámara. Por el contrario, la Corte entiende que las cámaras legislativas obraron correctamente, y que en este caso se verificó el supuesto que habilitaba a la presidenta del Congreso para proceder a sancionar el aludido proyecto de ley, de conformidad con lo establecido en el artículo 168 constitucional.

Por consiguiente, no prospera el primer cargo de la demanda relativo a la supuesta incompetencia de la señora presidenta del Congreso Nacional para sancionar esta ley.

En consecuencia, y dado que conforme a lo planteado en páginas precedentes, el resultado de lo analizado en este cargo debería proyectarse sobre la totalidad de la Ley 1151 de 2007, la Corte hará, en la parte resolutiva de esta sentencia la correspondiente declaración en torno a la exequibilidad de la misma, en lo que se refiere a la sanción impartida por la señora presidenta del Congreso.

9. El cargo relacionado con la supuesta vulneración del principio de unidad de materia.

Como quedó reseñado, en criterio del demandante, los apartes demandados del artículo 6º de la Ley 1151 de 2007 serían inexequibles por violar el principio de unidad de materia de que trata el artículo 158 superior, así como lo establecido en el artículo 339 ibídem, en lo que se refiere al contenido de la ley del plan de desarrollo. Esta apreciación es respaldada por varios de los intervinientes, pero refutada por el representante de la Federación Colombiana de Municipios. El Procurador General se abstuvo de opinar sobre este tema, al considerar que debía prosperar otro de los cargos de la demanda.

Al sustentar este cargo, y después de hacer varias citas de la jurisprudencia constitucional sobre la materia, el actor afirma que la inclusión de un determinado objetivo genérico dentro de la parte general del plan de desarrollo no es razón suficiente para autorizar la incorporación dentro de la misma ley de normas que “guarden alguna relación” con tales objetivos. Así, explica que si bien la superación de las deficiencias de cobertura y calidad de la seguridad social hace parte de los objetivos del plan de desarrollo vigente, ello no valida la indiscriminada inclusión de cualesquiera iniciativas relacionadas con el tema.

Concretamente, en este caso la violación al principio de unidad de materia vendría dada por dos circunstancias especiales: de una parte, por el hecho de alterar, al menos parcialmente, el destino de las unidades de pago por capitación UPC, que según ha reconocido la jurisprudencia, son recursos parafiscales cuya destinación no puede ser libremente variada por el legislador, y que por ende, es un tema que no podría hacer parte de la ley aprobatoria del plan cuatrienal. De otra, por asignar funciones de prestación de unos servicios relacionados con la salud a una entidad privada, como es aquella que agremia los distritos y municipios del país.

Para resolver lo relacionado con este cargo la Corte hará también un breve recuento de sus pronunciamientos en torno al principio de unidad de materia, y a las particularidades que resultan de la aplicación de este principio a la ley aprobatoria del plan de desarrollo. Sobre estas bases examinará el contenido de las normas acusadas y procederá a determinar el grado de conexidad existente entre esos preceptos y los objetivos generales del actual plan de desarrollo plasmados en la misma Ley 1151 de 2007. Finalmente, a partir de esta confrontación, se pronunciará sobre la eventual prosperidad de este cargo.

9.1. El alcance del principio de unidad de materia y su relación con la ley aprobatoria del plan de desarrollo.

Como es sabido, el principio de unidad de materia, de que trata el artículo 158 de la Constitución Política pretende asegurar que las leyes tengan un contenido sistemático e integrado, referido a un solo tema, o eventualmente, a varios temas relacionados entre sí. La importancia de este principio radica en que a través de su aplicación se busca evitar que los legisladores, y también los ciudadanos, sean sorprendidos con la aprobación subrepticia de normas que nada tienen que ver con la(s) materia(s) que constituye(n) el eje temático de la ley aprobada, y que por ese mismo motivo, pudieran no haber sido objeto del necesario debate democrático al interior de las cámaras legislativas.

De igual manera, la debida observancia de este principio contribuye a la coherencia interna de las normas y facilita su cumplimiento y aplicación al evitar, o al menos reducir, las dificultades y discusiones interpretativas que en el futuro pudieran surgir como consecuencia de la existencia de disposiciones no relacionadas con la materia principal a la que la ley se refiere.

La Corte Constitucional ha analizado este tema en gran cantidad de ocasiones (18) . En lo que atañe de manera general al principio de unidad de materia, ha expresado que éste debe interpretarse y aplicarse en forma flexible, ya que de lo contrario podría invadirse la órbita de competencias del poder legislativo y ponerse en riesgo el principio democrático. Dijo al respecto esta corporación en uno de sus primeros pronunciamientos:

“Al margen de su importancia en el contexto político y parlamentario, este propio tribunal ha precisado que la aplicación del principio de identidad en los términos expuestos, no conduce a reconocerle a la unidad de materia un carácter rígido e inflexible que rebase su propia finalidad, ya que ello puede ‘restringir gravemente la función democrática y legislativa de formación de las leyes propia del Congreso de la República’. Bajo ese entendido, la jurisprudencia viene afirmando que solamente aquellos apartes, segmentos o proposiciones de una ley respecto de los cuales, razonable y objetivamente, no sea posible establecer una relación de conexidad causal, teleológica, temática o sistémica con la materia dominante de la misma, deben rechazarse como inadmisibles si están incorporados en el proyecto o declararse inexequibles si integran el cuerpo de la ley” (Sent. C-025/93, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz).

Por su parte, en lo que se refiere de manera puntual a la aplicación de este principio a la ley del plan de desarrollo, la Corte ha sostenido que si bien ella puede versar sobre distintas materias, al examinar el cumplimiento de este precepto en relación con normas o proyectos específicos, el juez constitucional debe proceder en forma un tanto más rigurosa que frente a las leyes ordinarias, pues un entendimiento laxo de aquel principio podría conducir a la desarticulación de este importante instrumento de planificación, el cual por su misma naturaleza y propósito, debe ser sistemático y coherente.

Uno de los principales pronunciamientos de esta corporación sobre el tema es el contenido en la Sentencia C-305 de 2004 (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra), por la cual se declararon inexequibles varias disposiciones de la Ley 812 de 2003, particularmente por desconocer el principio de unidad de materia. Sin embargo, en el mismo fallo se declararon exequibles varios otros artículos de la misma preceptiva, al considerar que sí se avenían con este principio (19) . En esta sentencia, después de transcribir apartes del ya citado fallo C-025 de 1993 sobre el alcance general del principio de unidad de materia, la Corte precisó:

“No obstante, en lo referente al principio de unidad de materia en la ley del plan de desarrollo la corporación estima que la conexidad debe ser directa e inmediata. Es decir, sí, si bien el plan nacional de desarrollo es una ley heterogénea, en la medida en que se ocupa de diversas materias (políticas macroeconómicas, sociales, culturales, ambientales, etc.) lo mismo que de diversidad de medidas instrumentales (presupuestales o normativas) destinadas a garantizar la efectiva y eficiente realización del plan de desarrollo, el criterio para examinar la unidad de materia de las disposiciones instrumentales contenidas en la ley del plan es el relativo a su conexidad directa, no eventual o mediata, con las normas que establecen los programas y proyectos contemplados en la parte general del plan y con aquellas otras que especifican los recursos para su ejecución”.

Estos mismos criterios fueron refrendados en varios otros pronunciamientos de esta Corte como las sentencias C-573 y C-795 de 2004 (en ambas M.P. Rodrigo Uprimny Yepes) (20) , y más recientemente en el fallo C-376 de 2008 (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra), por el cual se declararon constitucionales los artículos 155 y 156 de la Ley 1151 de 2007, relativos a la creación de Colpensiones y a la orden de liquidación de otras entidades que anteriormente estuvieron encargadas de la administración estatal del régimen de prima media con prestación definida.

Adicionalmente, en esta última sentencia la Corte destacó, como ya lo había hecho en anteriores ocasiones, que esa conexidad directa con los objetivos del plan de desarrollo puede predicarse frente a distintos tipos de contenidos que pudieren resultar útiles para la consecución de aquellas finalidades, lo que incluye “instrumentos presupuestales u otro tipo de disposiciones, normas o medidas directa e inmediatamente adecuadas para llevar a cabo las políticas, programas, proyectos o metas contenidos en el inicial proyecto gubernamental”, aserto que es consecuencia de lo prescrito en el numeral 3º del artículo 150 constitucional, conforme al cual la ley aprobatoria del plan de desarrollo contendrá también las medidas necesarias para impulsar el cumplimiento de dicho plan. Este planteamiento fue reiterado también en la Sentencia C-377 de 2008 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández), por la cual se declaró exequible el artículo 146 del actual plan de desarrollo, sobre el manual de tarifas mínimas para los prestadores de servicios de salud.

Recapitulando, en lo que se refiere al contenido de la ley cuatrienal del plan nacional de desarrollo, la Corte ha puesto de presente que, por su misma naturaleza, ella tiene un contenido diverso y multitemático, circunstancia que en principio excluye posibles reproches de constitucionalidad a partir de lo previsto en el artículo 158 superior. Sin embargo, de igual manera ha resaltado que, de conformidad con este precepto y con lo previsto en el artículo 339 ibídem, los proyectos de inversión, programas, normas, o cualesquiera otras disposiciones que se incorporen al plan de inversiones, deben necesariamente guardar una relación de conexidad directa con uno o más de los objetivos propuestos en la parte general del plan, so pena de resultar inadmisibles.

Sobre estas bases pasa entonces la Corte a determinar si las normas demandadas cumplen esta condición, o si por el contrario, tiene razón el demandante cuando afirma que su inclusión vulnera el principio de unidad de materia.

9.2. El contenido de las normas demandadas y su relación con los objetivos generales del Plan de Desarrollo 2006-2010.

Para analizar la eventual prosperidad de este cargo es entonces necesario volver sobre los principales objetivos y programas del actual plan de desarrollo contenidos en la Ley 1151 de 2007.

Según lo establecido en el artículo 1º de esta ley, dicho plan de desarrollo persigue el logro de siete (7) objetivos fundamentales, a saber: (i) un Estado comunitario; (ii) una política de defensa y seguridad democrática; (iii) una política de promoción de reducción de la pobreza y promoción del empleo y la equidad; (iv) una política encaminada al crecimiento económico alto y sostenido; (v) una gestión ambiental y del riesgo que promueva el desarrollo sostenible; (vi) un mejor Estado al servicio del ciudadano; y, (vii) una política que tenga en cuenta las dimensiones especiales del desarrollo.

Más adelante, el artículo 6º de esta ley describe las principales acciones y programas de inversión que las autoridades se proponen adelantar durante el respectivo periodo de gobierno, con el fin de hacer realidad el logro de esos objetivos. Dentro de este artículo, el punto 3 contiene lo relativo a la política de promoción de reducción de la pobreza y promoción del empleo y la equidad, incluyendo en el punto 3.3 el sistema de protección social, como uno de los componentes esenciales de dicha política.

De otra parte, al desarrollar los siete objetivos a que se ha hecho referencia, el artículo 1º de la Ley 1151 de 2007 plantea un buen número de problemas globales que la ejecución del plan de desarrollo buscará solucionar, a propósito de cada uno de ellos. En lo que se refiere a los temas de pobreza, empleo y equidad, se mencionan, entre otros, los siguientes: las deficiencias de cobertura y calidad en la seguridad social, las asimetrías e insuficiencias en el desarrollo urbano, las limitaciones en los servicios y suministros de agua potable, energía y transporte y el flagelo de los altos niveles de pobreza rural.

A partir de lo explicado, para la Corte es evidente que el desarrollo y la consolidación de los servicios de telemedicina y transporte aéreo medicalizado a que se refieren los apartes normativos demandados tiene relación directa con el logro del tercer objetivo planteado en el artículo 1º de esta ley, como es “una política de promoción de reducción de la pobreza y promoción del empleo y la equidad”, y con la superación de varios de los problemas que la ley planteó como antecedente y justificación de este objetivo.

En efecto, considera esta corporación que resulta innegable la directa relación existente entre problemas como las deficiencias en cobertura de la seguridad social, particularmente en lo que se refiere a los servicios de salud, y la posibilidad de potenciar la prestación y cobertura de estos servicios a través de propuestas como la telemedicina, ya mencionada en leyes anteriores (21) , o mediante el oportuno traslado y acceso a los centros médicos de los pacientes residentes en áreas rurales alejadas e inaccesibles, quienes de otro modo no podrían beneficiarse de tales servicios.

En la misma línea, encuentra la Corte que la ampliación en la disponibilidad de estos servicios es una respuesta válida y útil para superar problemas como los derivados de las asimetrías existentes en relación con el desarrollo urbano de las distintas regiones y municipios del país, la imposibilidad de acceder oportunamente a los servicios de salud por efecto de las dificultades en los medios de transporte, y de manera general, los problemas resultantes de la pobreza predominante en las áreas rurales. No se trata, pues, de una relación mediata y eventual, sino de una vinculación directa con los objetivos del plan, lo que satisface los parámetros que reiteradamente ha planteado la jurisprudencia de esta corporación en relación con el tema.

Así entonces, considera la Corte que los apartes del artículo 6º sobre cuya exequibilidad ahora se decide no vulneran el principio de unidad de materia de que trata el artículo 158 superior, ni tampoco el contenido del artículo 339 ibídem. Por el contrario, observa que los servicios y actividades a que estas normas se refieren son pertinentes, y por lo tanto, se insertan sin dificultad, en la superación de varios de los problemas explícitamente planteados por el legislador en relación con los temas de pobreza, empleo y equidad, por lo que este cargo no estaría llamado a prosperar.

Ahora bien, sin perjuicio de lo anterior, resta a la Corte en relación con este cargo, hacer una referencia precisa a las razones por las cuales considera el demandante que estas normas son contrarias al principio de unidad de materia. El actor se refiere particularmente al hecho de que estos preceptos traen consigo una variación parcial al destino de los recursos relacionados con la unidad de pago por capitación (UPC), que según ha establecido la jurisprudencia de esta Corte, son recursos parafiscales cuya finalidad no puede ser cambiada ni desconocida por el legislador. También cuestiona el hecho de que la ley haya atribuido la organización y puesta en funcionamiento de estos servicios a la entidad que agremia a los municipios y distritos colombianos. En suma, resalta el demandante que estas decisiones normativas no tendrían cabida dentro del reducido marco temático al que la ley del plan de desarrollo puede referirse.

A este respecto, y sin perjuicio de reiterar el carácter de contribuciones parafiscales que en efecto tienen estos recursos, así como la imposibilidad de gravarlos con impuestos, la Corte debe resaltar que la asignación de estos porcentajes de la UPC a la financiación de los antes indicados servicios no constituye un acto prohibido al legislador, que por lo demás es el órgano de cuya decisión depende la creación de este tipo de contribuciones.

De otra parte, y teniendo en cuenta la ya subrayada importancia de estos servicios y su evidente relación con el cumplimiento de uno de los principales objetivos del plan de desarrollo, no considera la Corte que estos preceptos resulten extraños a los objetivos del plan, ya que al referirse a los mecanismos de financiación y a la entidad responsable de implementarlos, esas medidas son positivas y conducentes al logro del objetivo antes reseñado.

A partir de las anteriores consideraciones, la Corte concluye que tampoco prospera el cargo segundo de esta demanda.

10. El cargo relativo a la falta de aval del Gobierno Nacional para incluir modificaciones al plan de inversiones públicas.

El demandante afirma que el inciso 23 del numeral 3.3 del artículo 6º de esta ley, así como el numeral 3.3.1 de la misma disposición son inconstitucionales, por cuanto no habiendo hecho parte del proyecto inicialmente propuesto por el Gobierno Nacional fueron introducidos por iniciativa de los miembros del Congreso sin contar para ello con el visto bueno del poder ejecutivo. Este cuestionamiento es respaldado por el Ministerio de Protección Social, la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral Acemi, el ciudadano Mauricio Plazas Vega y por el Procurador General, pero es refutado por la Federación Colombiana de Municipios y por el ciudadano Julio Alberto Rincón Ramírez.

Para el estudio de este cargo la Corte expondrá brevemente la naturaleza, alcance y condiciones de la exigencia constitucional que sustentaría el cargo propuesto; en segundo término, examinará las circunstancias en que estos textos fueron introducidos y aprobados por las cámaras legislativas; por último, analizará si por su naturaleza y contenido, los dos preceptos aquí demandados serían de aquellos que requerirían de ese visto bueno, y a partir de ello, decidirá sobre este cargo de inconstitucionalidad.

10.1. La iniciativa legislativa del gobierno y el aval del gobierno frente a iniciativas de origen parlamentario.

El llamado aval del gobierno, que en este caso echa de menos el demandante, es una formalidad directamente relacionada con el tema de la iniciativa legislativa privativa del gobierno acerca de ciertas materias, del cual trata el artículo 154 de la Constitución Política. El aval del gobierno en relación con un precepto de origen parlamentario, pero que por su naturaleza debería haber sido propuesto por el propio gobierno, tiene por efecto sanear la inconstitucionalidad que de otro modo se generaría por no haber tenido esa norma origen gubernamental. Entonces, para tener por observada esta exigencia constitucional, no es indispensable que las normas de que se trata hayan hecho parte de un proyecto de ley que hubiere sido presentado a las cámaras por el Gobierno Nacional, pudiendo ocurrir que sean incluidas durante una etapa posterior del trámite legislativo, por iniciativa parlamentaria, siempre y cuando conste que dicha inclusión tuvo la aquiescencia del poder ejecutivo.

Ahora bien, en relación con el cumplimiento del requisito relativo a la iniciativa gubernamental, la Corte Constitucional en reciente pronunciamiento (22) se refirió a la necesidad de distinguir entre varios posibles escenarios, destacando que no en todos los casos en que a un proyecto de iniciativa gubernamental se le introduzcan propuestas de origen parlamentario será necesario contar con el respectivo aval del Gobierno Nacional.

Teniendo en cuenta que la ley contentiva del plan de desarrollo es una de las normas cuya proposición corresponde privativamente al gobierno, son entonces aplicables a este caso las reglas sobre el aval, que la jurisprudencia de esta Corte ha admitido de manera general como una forma válida de cumplir el requisito superior relativo a la iniciativa gubernamental.

No obstante, en este caso existe además una norma constitucional expresa y de carácter especial, referente al alcance de las facultades del Congreso para modificar el contenido de lo propuesto por el gobierno. Se trata del inciso 4º del artículo 341, que establece: “El Congreso podrá modificar el plan de inversiones públicas siempre y cuando se mantenga el equilibrio financiero. Cualquier incremento en las autorizaciones de endeudamiento solicitadas en el proyecto gubernamental o inclusión de proyectos de inversión no contemplados en él, requerirá el visto bueno del Gobierno Nacional”. Sin embargo, como la propia Corte lo ha resaltado (23) , esa restricción se refiere únicamente al contenido del plan de inversiones, pero no aplica para las restantes disposiciones que integran el plan de desarrollo, respecto de las cuales el Congreso tiene libertad para introducir modificaciones sin contar con la opinión del Gobierno Nacional.

La regla en comento es además reiterada y desarrollada por la ley orgánica del plan de desarrollo (L. 152/94) cuyo artículo 22 prevé que “En cualquier momento durante el trámite legislativo, el Congreso podrá introducir modificaciones al plan de inversiones públicas, siempre y cuando se mantenga el equilibrio financiero”.

Entonces, incluso en relación con el contenido del plan de inversiones públicas, los miembros del Congreso tienen la posibilidad de introducir modificaciones a lo inicialmente planteado por el Gobierno Nacional, siempre y cuando tengan el cuidado de no afectar el equilibrio financiero del mismo, exigencia que busca salvaguardar la potestad que la Constitución le atribuye al poder ejecutivo de mantener control sobre el volumen de las responsabilidades financieras que deberá asumir para la ejecución del plan de desarrollo durante su cuatrienio.

Contrario sensu, la misma norma constitucional advierte que cualquier posible incremento en las autorizaciones de endeudamiento solicitadas en el proyecto original, o la inclusión de proyectos de inversión que no hubieren sido contemplados en él, alteraciones que necesariamente afectarían el equilibrio financiero calculado por el gobierno previamente a la presentación del proyecto, solo podrán realizarse en cuanto exista la aprobación de aquel.

A partir de lo anterior, si bien un caso como el planteado en la demanda podría encuadrarse en una de las hipótesis a que se refirió la Sentencia C-177 de 2007, en este evento debe aplicarse de manera preferente la regla especial prevista en el último inciso del artículo 341, norma en la que se sustenta el cargo de inconstitucionalidad que ahora se analiza. De allí que no exista duda de que, frente a la introducción de proposiciones que alteren el equilibrio del plan de inversiones, deban los congresistas necesariamente contar con el visto bueno o aval de parte del Gobierno Nacional.

Debe indicarse también que carece de relevancia conocer las razones por las cuales el Gobierno Nacional otorga o no el aval que, según lo explicado, se requiere para respaldar la introducción de estas iniciativas legislativas. Dado que conforme a la Carta Política, es esta una facultad privativa del gobierno, no corresponde al juez constitucional entrar a cuestionar las razones que hubieren llevado al poder ejecutivo a conceder o negar dicho aval.

Claros los alcances de la norma que sustenta la inexequibilidad que en este caso se pide, es necesario estudiar si, en efecto, los preceptos demandados implicaron modificación del plan de inversiones originalmente propuesto por el gobierno. Sin embargo, antes de ello, la Corte analizará en lo pertinente las circunstancias en que estas normas fueron introducidas al texto finalmente sancionado.

10.2. El trámite legislativo de los textos demandados.

A partir de las certificaciones expedidas por los respectivos secretarios de las cámaras y comisiones legislativas y del contenido de las gacetas arrimadas al expediente, consta en relación con este punto lo siguiente:

En primer lugar los textos demandados no hicieron parte del Proyecto 199 de 2007 Senado - 201 de 2007 Cámara (24) , presentado a consideración de las cámaras legislativas el 6 de febrero del año 2007.

Este proyecto de ley fue sometido al trámite de urgencia previsto en el artículo 163 de la Constitución Política, y por consiguiente, el primer debate se cumplió de manera conjunta y simultánea en las comisiones terceras y cuartas de ambas cámaras, debate que concluyó con la aprobación del proyecto en la sesión del 22 de marzo de 2007. Los textos hoy demandados estuvieron completamente ausentes de estos debates, así como de la versión finalmente aprobada (25) .

En la etapa subsiguiente, la disposición relacionada con el tema del transporte aéreo medicalizado fue introducida por iniciativa del representante Luis Fernando Almario (26) durante el segundo debate del proyecto ante la plenaria de la Cámara de Representantes el día 2 de mayo de 2007. Por su parte, la norma referente al servicio de la telemedicina fue incluida a propuesta del senador Antonio Guerra de la Espriella (27) durante el debate cumplido el día 3 de mayo de 2007 ante la plenaria del Senado de la República.

Según se observa en las referidas actas, habiendo estado presentes en ambas plenarias, al menos de manera intermitente, el Ministro de Hacienda, doctor Oscar Iván Zuluaga Escobar y la Directora Nacional de Planeación, doctora Carolina Rentería, no existe constancia de que alguno de estos funcionarios hubiera manifestado su respaldo o conformidad a la introducción de estas iniciativas. Antes bien, consta en tales actas el manifiesto desacuerdo del Ministro de Hacienda con la recurrente introducción, por parte de los parlamentarios, de nuevas proposiciones que adicionaban el contenido del plan de inversiones inicialmente presentado.

Finalmente, ambos textos figuran en la versión final (28) acordada por las comisiones de conciliación integrada por representantes de ambas cámaras, que fue aprobado por aquellas en las sesiones realizadas el día 4 de mayo de 2007.

Así pues, resulta claro que estos preceptos fueron introducidos al texto del proyecto por iniciativa de los miembros del Congreso y sin contar con el aval de los representantes del Gobierno Nacional. Sin embargo, como quedó dicho más atrás, ello solo conduciría a la inconstitucionalidad solicitada en la medida en que pueda afirmarse que, en razón a su contenido, estas normas alteraron el equilibrio del plan de inversiones inicialmente propuesto por el ejecutivo.

10.3. Las normas demandadas no afectan el equilibrio del plan de inversiones propuesto por el Gobierno Nacional.

En el presente caso las dos normas cuya constitucionalidad analiza la Corte, y que fueron transcritas en la parte inicial de esta providencia hacen parte del artículo 6º de la Ley 1151 de 2007, denominado precisamente “Descripción de los principales programas de inversión”. Sin embargo, más allá de este simple criterio nominativo, la Corte debe examinar el contenido material de estas normas, a efectos de determinar si ellas comportan la inclusión de nuevos proyectos de inversión que alteren el equilibrio del plan de inversiones diseñado por el Gobierno Nacional, pues solo en ese evento su inclusión durante el trámite legislativo requeriría de la aquiescencia y conformidad de aquel.

Recientemente, al examinar frente a un cargo de inconstitucionalidad semejante a este, el contenido de otra norma de la Ley 1151 de 2007, esta corporación expuso los criterios a partir de los cuales puede dilucidarse si una determinada norma del plan nacional de desarrollo incide sobre el equilibrio del plan de inversiones públicas, y por ende, requiere la iniciativa, o en su defecto, el aval del Gobierno Nacional. En esa oportunidad la Corte explicó que, en adición a lo que resulta de la literalidad del precepto, aquel debe examinarse a la luz de, por lo menos, tres distintos criterios, uno de orden material, otro de naturaleza orgánica y otro de carácter teleológico (Sent. C-507/2008, M.P. Jaime Córdoba Triviño).

La Corte pasa entonces a analizar el contenido de los dos segmentos normativos demandados a partir de lo que resulta de estos criterios.

En lo que atañe a su contenido material, se observa que la primera de estas normas (art. 6º, num. 3.3, inc. 23) tiene como propósito principal establecer una fuente de financiamiento para asegurar la prestación del servicio de la telemedicina al que se refiere el artículo 26 de la recientemente expedida Ley 1122 de 2007. Para ello, ordena el precepto demandado, que “las empresas promotoras de salud EPS, del régimen subsidiado y contributivo, dedicarán el 0,3% de la unidad de pago por capitación” para la coordinación y financiación de estos servicios “con cobertura nacional, tanto para promoción de la salud como para atención de sus afiliados”. A continuación, la misma norma establece la obligación para los municipios y distritos de “hacer posible la prestación de este servicio”, responsabilidad que cumplirán “a través de la entidad nacional que los agremia”. Finalmente, establece que la Superintendencia Nacional de Salud al autorizar o renovar el funcionamiento de las EPS, y en particular, al momento de verificar sus redes de servicios, verificará el cumplimiento de lo dispuesto en este artículo.

Por su parte, la segunda de las normas acusadas (art. 6º, num. 3.3.1) introduce un nuevo programa que se denomina sistema integral de transporte aéreo medicalizado, el cual se describe de manera detallada en los siguientes cinco numerales de la norma. También en este caso se establece una fuente de financiamiento para el nuevo servicio como es “un 2% de la UPC del régimen subsidiado y contributivo que reciben las EPS y las administradoras de regímenes especiales con excepción de Fuerzas Militares”. A continuación se agrega que “A la financiación de este sistema concurrirán los sectores que demanden este servicio y que tengan cubierto este tipo de riesgos”.

Semejante a lo que ocurre en el caso anterior, la ley le asigna la responsabilidad de organizar y poner en funcionamiento este servicio a “la entidad que agremia nacionalmente los municipios colombianos”, encargo que deberá cumplirse en coordinación con otras responsabilidades de orden material que se asignan a diferentes entidades del gobierno, entre ellas el Ministerio de Protección Social y la Aeronáutica Civil.

Analizados estos contenidos, según observa en primer término la Corte, solo los apartes referentes al financiamiento de estos servicios tienen relevancia en relación con el cargo que en este caso se ha planteado. Las demás disposiciones, si bien conforman unidad temática con aquellos, no podrían ser directamente cuestionadas a partir de la falta de aval gubernamental, ya que conforme se ha explicado de manera reiterada, solo requieren de este visto bueno aquellas disposiciones que tengan efecto directo sobre el equilibrio del plan de inversiones inicialmente propuesto por el Gobierno Nacional.

Ahora bien, en lo que se refiere a los segmentos normativos directamente relacionados con el financiamiento de estos servicios, resalta la Corte que aquel se atenderá con recursos provenientes de la unidad de pago por capitación UPC que los cotizantes de los regímenes contributivo y subsidiado aporten periódicamente al sistema de seguridad social en salud. Así, no se observa entonces que el contenido de estas normas traiga consigo alteración al equilibrio calculado por el Gobierno Nacional al elaborar el plan de inversiones públicas inicialmente presentado a consideración del Congreso de la República.

En lo que se refiere al criterio orgánico, es pertinente recordar que de conformidad con el artículo 339 superior, el plan nacional de desarrollo que cuatrienalmente expedirá el Congreso se divide en dos grandes partes: En primer lugar, la llamada parte general en la que se consignarán “los objetivos y propósitos nacionales de largo plazo, las metas y prioridades de la acción estatal a mediano plazo y las estrategias y orientaciones generales de la política económica, social y ambiental que serán adoptadas por el gobierno”; a partir de dicha parte general, el segundo gran capítulo es el llamado plan de inversiones públicas, el cual debe contener “los presupuestos plurianuales de los principales programas y proyectos de inversión publica nacional y la especificación de los recursos financieros requeridos para su ejecución”.

En concordancia con esta norma constitucional, la Ley 152 de 1994, orgánica del plan de desarrollo, detalla en sus artículos 5º y 6º el contenido de cada uno de estos componentes. Con respecto al plan de inversiones plantea que este contendrá como mínimo: i) La proyección de los recursos financieros disponibles para su ejecución y su armonización con los planes de gasto público; ii) La descripción de los principales programas y subprogramas, con indicación de sus objetivos y metas nacionales, regionales y sectoriales y los proyectos prioritarios de inversión; iii) Los presupuestos plurianuales mediante los cuales se proyectarán en los costos de los programas más importantes de inversión pública contemplados en la parte general; iv) La especificación de los mecanismos idóneos para su ejecución.

Entonces, todo precepto de la ley cuatrienal contentiva del plan nacional de desarrollo puede, al menos en principio, encuadrarse en uno de los dos grandes capítulos de este, siendo factible identificar, de acuerdo con su contenido, cuándo se trata de normas de una u otra naturaleza. Sin embargo, al determinar a cuál de estos universos pertenece una determinada norma, no basta el criterio nominal ni tampoco indagar por el capítulo o segmento del cual hace parte.

En el presente caso las normas acusadas fueron incluidas en el artículo 6º de la ley aprobatoria del plan de desarrollo, que justamente se titula “Descripción de los principales programas de inversión”. Así mismo, es del caso aceptar que, en efecto, se refieren a programas o subprogramas cuya ejecución busca la solución de una o más necesidades concretas reconocidas en la parte general del mismo plan de desarrollo, por lo que tales contenidos caben entonces dentro del concepto de plan de inversiones a que se viene haciendo referencia. Sin embargo, es necesario precisar que, según lo dicho, estas normas no implican alteraciones al equilibrio del plan de inversiones propuesto por el Gobierno Nacional, que según se ha explicado, es el factor determinante para su eventual inexequibilidad.

Finalmente, en lo que tiene que ver con el criterio finalista o teleológico, es evidente que el propósito de estas normas es dejar sentados todos los elementos necesarios para asegurar que los servicios de telemedicina y transporte aéreo medicalizado sean una realidad durante el periodo de gobierno a que este plan de desarrollo se refiere. Empero, debe resaltarse, que si bien para ello se establecen responsabilidades en cabeza de distintas agencias oficiales, no se advierte la intención de comprometer u obligar al Gobierno Nacional a contribuir al financiamiento de tales servicios, única finalidad que estaría vedada al legislador salvo en el caso de contar con la aquiescencia de aquel.

Esto por cuanto, como tantas veces se ha explicado, dicha financiación se hizo depender de los aportes provenientes de la unidad de pago por capitación que periódicamente reciben las entidades promotoras de salud (EPS) que operan en el país, recursos que como también se ha dicho, si bien tienen el carácter de parafiscales, no hacen parte del presupuesto nacional ni implican para el gobierno una erogación adicional.

En consecuencia, a la luz de lo que resulta de la aplicación de los criterios que al efecto ha definido la jurisprudencia de esta corporación, es del caso concluir que los miembros del Congreso tenían la posibilidad de proponer e introducir al texto del plan de desarrollo normas con el contenido de las dos aquí demandadas, sin que para ello requirieran contar con el beneplácito de los representantes del Gobierno Nacional.

Por esta razón, si bien de las pruebas arrimadas al expediente consta que, en efecto, estas normas fueron introducidas por algunos miembros del Congreso de la República durante el trámite del proyecto ante las respectivas plenarias sin tener en cuenta la opinión del Gobierno Nacional, ello resulta insuficiente como razón que justifique la inexequibilidad de estos preceptos.

Por consiguiente, tampoco prospera este cargo de inconstitucionalidad.

11. El cargo relacionado con la supuesta destinación de recursos de la seguridad social a fines distintos a ella.

Según resulta de la demanda que ahora se decide, el demandante considera que los apartes del artículo 6º de la Ley 1151 de 2007 por él acusados permiten la destinación de recursos de la seguridad social a propósitos ajenos a ella, así como el manejo de aquellos por parte de una entidad de carácter privado, no perteneciente a dicho sistema, circunstancias ambas que resultarían contrarias a lo establecido en el inciso 5º del artículo 48 de la Constitución Política.

Estas glosas son respaldadas por quienes intervinieron en este proceso a nombre del Ministerio de Protección Social y de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral Acemi, pero criticadas por quienes vinieron en representación del Instituto de Derecho Tributario y de la Federación Colombiana de Municipios.

Según puede observarse, la sustentación de este cargo por parte del demandante descansa también, de manera muy importante, en el carácter de contribución parafiscal que tanto la ley como la jurisprudencia de esta corporación le han reconocido a la unidad de pago por capitación (UPC). Sin embargo, se cuestiona también el hecho de que de acuerdo con las normas demandadas, estos servicios estarían disponibles para la generalidad de la población, y no únicamente para las personas afiliadas al sistema de la seguridad social, circunstancia que para el actor implica también desviación de los recursos pertenecientes a dicho sistema a actividades extrañas a él.

A este respecto, como bien lo explica el mismo demandante a partir de la jurisprudencia que invoca en su libelo, es importante comenzar por señalar que la principal consecuencia que se deriva del carácter de contribución parafiscal es la restricción que existe para gravar los recursos así designados con impuestos de carácter general. Ello por cuanto, la imposición de gravámenes tributarios ciertamente implica destinar, al menos una parte de ese activo, a otras finalidades no relacionadas con el propósito de la contribución, y por lo mismo, una inevitable mengua del volumen de recursos disponible para atender los servicios o actividades que sí tienen que ver con el objetivo para cuyo logro se estableció aquella.

Sin embargo, de igual manera es claro que esa calificación no implica para el legislador la imposibilidad de referirse y/o regular actividades específicas que, por hacer parte del servicio cuya efectiva prestación se persigue, bien pueden ser atendidas con recursos provenientes de esa misma contribución parafiscal. Así pues, la eventual prosperidad de este cargo depende es de la demostración que pudiere hacerse sobre el hecho de que los servicios cuya financiación se busca asegurar, son esencialmente ajenos al concepto de seguridad social.

Por ello, es necesario entonces referirse al contenido de los servicios cuya financiación se pretende a partir de lo ordenado en los apartes normativos aquí cuestionados, a lo cual procede la Corte a continuación.

En lo que hace relación con la esencia de los servicios cuya financiación se busca garantizar a través de las normas aquí demandadas, se tiene que la telemedicina, según definición normativa traída por el mismo actor (29) consiste en “la provisión de servicios de salud a distancia, en los componentes de promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento o rehabilitación, por profesionales de la salud que utilizan tecnologías de la información y la comunicación, que les permiten intercambiar datos con el propósito de facilitar el acceso de la población a servicios que presentan limitaciones de oferta, de acceso a los servicios o de ambos en su área geográfica”.

Por su parte, el llamado transporte aéreo medicalizado puede definirse a partir de las actividades listadas en el propio texto de la norma demandada, la cual contempla, entre otros, el servicio de ambulancias aéreas medicalizadas para el traslado de pacientes críticos según evaluación y remisión por el sistema de salud, la realización de brigadas de salud en zonas de difícil acceso, el soporte helico-transportado a emergencias derivadas de accidentes de tránsito, y el apoyo en la fase de impacto de emergencias causadas por desastres naturales.

A partir de estas breves descripciones, para esta corporación es evidente que se trata de actividades y servicios útiles, y en muchos casos indispensables, para hacer posible la adecuada prestación de servicios de salud, en situaciones en que, de otra manera, estos últimos no cumplirían su propósito de procurar la prevención de las enfermedades, su oportuna detección, la superación de las emergencias que impliquen un peligro vital o de otro orden, y en general, el pronto y completo restablecimiento de la salud de todas las personas que por alguna razón la hubieren visto afectada.

En este sentido, los servicios relacionados con la telemedicina y el transporte aéreo medicalizado, cuya efectiva prestación persiguen las normas demandadas, están llamados a tener un efecto multiplicador en la equitativa disponibilidad de servicios de salud por parte de toda la población, a partir de la superación de las dificultades, muchas veces insalvables, que se derivan de la necesidad de desplazarse desde lugares de difícil acceso y escasa oferta de servicios médicos, hasta los centros urbanos y/o lugares específicos donde existe la disponibilidad de tales servicios, desde los más elementales hasta los más especializados, que los habitantes del territorio colombiano pudieren llegar a requerir.

Por otra parte, para la Corte resulta irrelevante que las personas beneficiadas por estos servicios sean o no afiliados al sistema de seguridad social, ya que se trata de un derecho de todos los colombianos, y la cobertura universal es precisamente una de las aspiraciones a cuyo logro debe encaminarse el Estado de conformidad con lo previsto en el inciso 3º del artículo 48 superior, mediante la progresiva ampliación de aquella.

Por todo lo anterior, para la Corte resulta palmario que estos servicios y actividades deben considerarse entonces como parte integrante del concepto de seguridad social en salud previsto en la Ley 100 de 1993 y las normas que la desarrollan, complementan y reglamentan. Ello por cuanto, lejos de referirse a actividades ajenas al servicio de salud, se trata de acciones que contribuirán a la ampliación de la cobertura de dicho servicio para todos los colombianos, lo que sin duda resulta acorde con los principios de universalidad, eficiencia y solidaridad que rigen el sistema de seguridad social.

Constatado que en razón a su contenido la financiación de estos servicios no resulta ajena al concepto de seguridad social, y que no se configura por este hecho la alegada violación del artículo 48 constitucional, resta únicamente analizar lo relacionado con la entidad a la cual se encarga la organización y garantía de prestación de estos servicios.

En primer lugar, ninguna objeción cabe por el hecho de que estos recursos, que como se ha aceptado, tienen el carácter de una contribución parafiscal, sean administrados por una entidad privada. A este respecto, recuerda la Corte que lo usual en la tradición jurídica colombiana es que estas contribuciones sean administradas por organizaciones que representen a la comunidad de beneficiarios de los servicios que a través del establecimiento de la contribución se pretende financiar, por lo que en realidad resulta frecuente que se trate de entidades de carácter privado.

Tal como ha sido pacíficamente aceptado por la jurisprudencia, tanto de la Corte Suprema de Justicia como de esta corporación, ello no resulta, en modo alguno, contrario a la naturaleza jurídica de este tipo de contribuciones, ni tampoco a ningún precepto constitucional. Por lo demás, esa misma jurisprudencia ha subrayado que, siempre que observe los debidos parámetros constitucionales, el legislador es autónomo para regular, en la forma que más conveniente le parezca, todos los elementos definitorios de una determinada contribución parafiscal (30) .

Ahora bien, en lo que atañe a la exigencia que el demandante plantea para que los fondos de esta contribución sean manejados únicamente por entidades pertenecientes al sistema de la seguridad social, debe resaltarse que la restricción contenida en la norma constitucional que sustenta el cargo bajo estudio consiste en que no se destinen ni utilicen “recursos de las instituciones de la seguridad social para fines diferentes a ella”, siendo entonces lo determinante, a efectos de no transgredir este mandato, el carácter de las actividades financiadas con cargo a estos recursos (31) . A este respecto, y tal como quedó dicho líneas atrás, con ocasión del análisis de este mismo cargo, la Corte considera que los servicios que se financiarán al amparo de estas normas hacen parte, indudablemente, del concepto de seguridad social en salud, que es precisamente el concepto que se pretende financiar con la llamada unidad de pago por capitación (UPC).

Por lo anterior, esta corporación concluye que no resulta cuestionable, frente al contenido del artículo 48 superior, el hecho de que las normas demandadas encomienden a la entidad que agremia nacionalmente a los municipios colombianos, la responsabilidad de organizar y poner en funcionamiento los servicio de transporte aéreo medicalizado y de telemedicina.

Establecida así la constitucionalidad de estos preceptos, no puede dejarse sin mención el hecho de que, en razón a la naturaleza de su objeto y a la presumible falta de experiencia en actividades de salud, que podría afectar a la agremiación que el legislador encargó de organizar y poner en funcionamiento estos servicios, pueden surgir dificultades que lleguen a afectar la frecuencia, la calidad o la oportunidad de los mismos. Por estas razones, tal como lo señala el demandante a manera de ejemplo, la reglamentación vigente con anterioridad a esta ley (32) dispuso que solo podrían prestar los servicios de telemedicina las instituciones prestadoras de servicios de salud (IPS) que cumplan ciertos estándares y requisitos.

Por todo ello, en atención al carácter especializado y de alta responsabilidad de estos servicios, y a que serán administrados recursos parafiscales, la Corte considera necesario condicionar la exequibilidad de estas normas, advirtiendo que estas actividades deberán cumplirse por conducto de instituciones prestadoras de servicios de salud o de empresas especializadas en la provisión de las mismas, todas las cuales estarán sujetas a los respectivos control y vigilancia previstos normativamente al efecto, particularmente, los que conforme a las normas vigentes ejercen la Superintendencia Nacional de Salud, la Contraloría General de la República y el Ministerio Público.

12. Conclusión.

Recapitulando, agotado el análisis de los cargos de inconstitucionalidad propuestos en la demanda y de acuerdo con lo que de ellos resulta, la Corte Constitucional hará las siguientes declaraciones: i) que la Ley 1151 de 2007 es exequible en lo que atañe al hecho de haber sido sancionada por la presidenta del Congreso de la República; ii) que existe cosa juzgada en lo relacionado con el artículo 146 de la misma ley, y iii) que los apartes demandados del artículo 6º de la Ley 1151 de 2007 son exequibles con respecto a los cargos propuestos por el demandante y analizados por esta corporación, aunque con el condicionamiento antes planteado.

VII. Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE:

1. Declarar EXEQUIBLE la Ley 1151 de 2007 por el cargo de haber sido sancionada por la señora presidenta del Congreso de la República.

2. Estarse a lo resuelto en la Sentencia C-377 de abril 23 de 2008 que declaró EXEQUIBLE el artículo 146 de la Ley 1151 de 2007.

3. Declarar EXEQUIBLES, por los cargos analizados, el inciso 23 del numeral 3.3 y el numeral 3.3.1, ambos del artículo 6º de la Ley 1151 de 2007, en el entendido de que la entidad nacional que agremia a los municipios y distritos colombianos prestará las actividades referidas en tales normas, por intermedio de instituciones prestadoras del servicio de salud IPS, o de empresas especializadas debidamente constituidas y sometidas a todos los controles que normativamente rigen sobre las personas y entidades autorizadas para prestar servicios de salud y las que recaudan o administran recursos parafiscales.

4. Cópiese, notifíquese, comuníquese insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase».

(10) Expediente D-6945. Con salvamento de voto de los magistrados Araújo Rentería, Córdoba Triviño y Sierra Porto.

(11) Ver, entre otras, las sentencias C-320 de 1997 (M.P. Alejandro Martínez Caballero), C-1175 de 2004 y C-109 de 2006 (las dos últimas M.P. Humberto Antonio Sierra Porto).

(12) Como es sabido, el trámite de las objeciones, regulado por el artículo 167 de la Constitución Política puede requerir incluso la intervención de la Corte Constitucional si el Presidente objeta por inconstitucionalidad y el Congreso insiste en conservar tales contenidos. En ese caso el concepto de la Corte declarando la inexequibilidad de los apartes objetados conlleva la necesidad de excluirlos de la ley que sea finalmente sancionada y de rehacer el proyecto en términos concordantes con el pronunciamiento de la Corte.

(13) Sobre la naturaleza, propósitos y alcance de las objeciones presidenciales dentro del sistema constitucional colombiano la Corte hizo una amplia y completa reflexión en la Sentencia C-452 de 2006 (M.P. Humberto Antonio Sierra Porto).

(14) Artículo 1562 del Código Civil.

(15) En cumplimiento de lo previsto en el artículo 138 de la Constitución Política.

(16) Miembros de la comisión accidental conformada para efectos de estudiar las objeciones presentadas.

(17) Cfr. entre otras las sentencias C-510 de 1996 (M.P. Vladimiro Naranjo Mesa) y C-063 de 2002 (M.P. Jaime Córdoba Triviño) en las que esta Corte ha entendido que los plazos de días establecidos en las normas constitucionales deben entenderse referidos a días hábiles y completos. Conforme a lo anterior, la diligencia sujeta a un determinado plazo de días debe tenerse por válidamente surtida desde que se ejecute en cualquier hora de los respectivos días, incluso en aquellas que bajo otra consideración se reputarían no hábiles.

(18) Cfr. sobre este tema, entre muchas otras, las sentencias C-025 de 1993, C-352 de 1998, C-501 y C-1025 de 2001, C-618 y C-887 de 2002, C-245 y C-460 de 2004, C-138 y C-211 de 2007 y C-230 de 2008.

(19) Debe anotarse que esta sentencia fue objeto de varios salvamentos y aclaraciones de voto a partir del criterio personal de los distintos magistrados en relación con cuáles preceptos cumplían o no con el principio de unidad de materia.

(20) También con varias aclaraciones y salvamentos de voto a propósito del alcance de este principio.

(21) Particularmente en la Ley 1122 de 2007, artículo 26.

(22) Ver Sentencia C-177 de 2007 (M.P. Humberto Antonio Sierra Porto).

(23) Cfr. Sentencia C-094 de 1996 (M.P. Vladimiro Naranjo Mesa).

(24) Ver Gaceta del Congreso 32 de 2007, en la que se surtió la publicación oficial del proyecto.

(25) Ver a este respecto las gacetas del Congreso 85, 137, 444, 445 y 520, todas de 2007.

(26) Cfr. a este respecto acta 45 de la plenaria de la Cámara de Representantes, Gaceta 288 de 2007.

(27) Cfr. a este respecto acta 53 de la plenaria del Senado, Gaceta 270 de 2007.

(28) Ver gacetas del Congreso 241 y 271 de 2007.

(29) Tomada del artículo 2º de la Resolución 1448 de mayo 8 de 2006, expedida por el Ministerio de Protección Social.

(30) Cfr. sobre estos temas especialmente las sentencias C-678 de 1998 (M.P. Alfredo Beltrán Sierra) y C-840 de 2003 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández).

(31) La Corte se ha pronunciado de manera particular sobre este tema, en el mismo sentido en que ahora lo hace, entre otras, en las sentencias C-179 de 1997 (M.P. Fabio Morón Díaz), C-655 de 2003 (M.P. Rodrigo Escobar Gil), C-349 y C-1002 de 2004 (en ambas M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra).

(32) Artículo 9º de la antes citada Resolución 1448 de mayo 8 de 2006, expedida por el Ministerio de Protección Social.

________________________________