Sentencia de marzo 12 de 1992 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

SIMULACIÓN

POR INTERPUESTA PERSONA

EXTRACTOS: «I. La simulación, bien se sabe, puede ser absoluta o relativa. En términos generales, la segunda, a diferencia de la simulación absoluta, se caracteriza porque las partes realmente le dan vida a un negocio jurídico. Sin embargo, en frente de los terceros dicho negocio se presenta bajo una apariencia fingida, la cual puede afectar, ya a la naturaleza del negocio, ya a su contenido, u ora a las personas que en él intervienen, siendo posible, desde luego, que estas tres formas, o dos de ellas, se den de manera concurrente en un caso dado.

Cuando es el elemento subjetivo del negocio el que resulta alterado por la simulación, dícese que el mecanismo por medio del cual se produce la variación es el de la interposición de persona. Las partes pueden acordar que el acto exteriorice como uno de sus sujetos a quien no lo es de manera cierta. Este sujeto ficticio se conoce con el nombre de testaferro u hombre de paja.

Como en todos los tipos de simulación, en la por interpuesta —o interpósita— persona se requiere de un acuerdo simulatorio. Sólo que en ésta, el acuerdo tiene, así mismo, que comprender al testaferro, pues justamente la cuestión reside en definir la función que a éste le compete desempeñar dentro de ese concierto.

En el anterior orden de ideas, el papel del testaferro en el ámbito propio del negocio no puede ir más allá de encubrir u ocultar al sujeto que, con la otra parte, ha ajustado el negocio, y respecto del cual los efectos del mismo están verdaderamente llamados a producirse. Por lo mismo, en frente de esa otra parte el testaferro no contrae ninguna obligación, ni adquiere ningún derecho, desde luego, en la medida en que se deje al margen el problema de los terceros de buena fe que pueden ver en él al verdadero titular de un poder jurídico. Además, la aludida apreciación no excluye que con la parte a la que sirve de pantalla quede obligado a restituir el derecho en el momento en que se lo exija, si es que el desarrollo del acto simulado ha quedado detenido en el testaferro.

La simulación por interpuesta persona, al igual que cualquiera de los otros tipos de simulación, debe ser la expresión de una determinada causa simulandi, entendiendo por tal el motivo, el propósito, la finalidad de las partes para encubrir o disimular el acto realmente querido.

Aun cuando de modo general se juzga que la prueba de la causa simulandi no constituye un requisito sine qua non para dar por establecida la simulación, se dice también, con toda lógica, que la misma sí es un valioso instrumento para arrojar luz sobre lo que de manera cierta hubieren acordado las partes».

(Sentencia de marzo 12 de 1992. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

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