Sentencia de casación de junio 7 de 1994 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

DOCUMENTO AUTÉNTICO

RECONOCIMIENTO POSTERIOR A SU ELABORACIÓN

EXTRACTOS: «1. Efectivamente, tal como viene de verse en el cargo anterior, la legislación aplicable al sub lite establecía que la cláusula compromisoria, así como el compromiso, debía constar en escritura pública o documento privado auténtico, según la preceptiva entonces citada.

En la segunda de las hipótesis, para no referir sino a la que hace al caso, es natural que, tratándose de un documento privado, su fuerza probatoria depende de la autenticidad. Ese documento, pues, como cualquier otro de su estirpe, ostentará fuerza demostrativa en la medida en que se diga auténtico. La exigencia no tiene otra finalidad, como siempre, que la de establecer certeramente la autoría del documento.

Luego lo verdaderamente trascendente es que, cuando se haga valer el documento no haya duda acerca de la autoría del mismo; de este modo, aparece irrelevante la tarea orientada a averiguar cuándo operó la autenticidad.

Dicho de modo diverso, la existencia de la autenticidad al tiempo de ajustarse el pacto, es apenas contingente, porque bien puede presentarse allí o no. Es más: predicar una coexistencia absoluta en el punto es casi imposible habida consideración que la autenticidad por la función que está llamada a cumplir, ha de realizarse después; en efecto, tratándose de un asunto que busca dejar huella incontestable de los autores del documento, parece natural que sólo advenga luego de elaborado éste, por fugaz que se imagine el interregno entre una cosa y otra.

Que fue precisamente lo acontecido en la especie de esta litis: el documento alcanzó autenticidad con el andar del tiempo. Puntualmente, cuando la misma actora lo adjuntó con la demanda incoativa del juicio de restitución promovido en el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Santafé de Bogotá, suscitado entre las mismas partes, deviniendo entonces el reconocimiento implícito a que alude el artículo 276 del Código de Procedimiento Civil; y, como no fue redargüido, prodújose luego el reconocimiento tácito que prevé el numeral 3º del artículo 252 ejusdem. Una y otra cosa obran indiscutidas en el proceso; y si ambas son ciertas, razones de coherencia proclaman que cuando se inició este juicio ordinario, al que, como se sabe, se adjuntó dicho documento, la autenticidad del mismo estaba fuera de toda duda. Tratábase, en verdad, de un asunto ya ampliamente superado, y quedaba así proscrito cualquier debate sobre el particular.

De todo ello resulta que hizo mal el Tribunal al creer que el elemento autenticidad debía ser siempre coetáneo al pacto arbitral, sendero por el que resultó haciendo una exigencia probatoria de más».

(Sentencia de casación, junio 7 de 1994. Magistrado Ponente: Dr. Rafael Romero Sierra).

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