Sentencia de enero 31 de 1992 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

TÍTULOS VALORES

SE PRESUMEN AUTÉNTICOS

EXTRACTOS: «En lo que atañe al yerro de valoración de los pagarés, hay que decir, sin preámbulos, que no existe. Examinado el punto a la luz de la normatividad vigente cuando se sustentó el recurso (pues hoy él ha quedado definitivamente aclarado con la reforma introducida por el Decreto 2282 al artículo 252 del CPC), es necesario anotar que el artículo 793 del Código de Comercio (al que, de todos modos, había que remitir el texto anterior del artículo 252 citado, vista la apreciación de la parte final de su último inciso), permitía —y permite— que los títulos valores —entre ellos el pagaré— fueran cobrados ejecutivamente sin necesidad de reconocimiento de firmas.

No obstante cierto matiz anfibológico que eventualmente se pudiera captar en los términos del artículo 793 del Código de Comercio, considera la Sala que este, en su real alcance, no hace otra cosa que atribuirle a los títulos valores la presunción de autenticidad, desde luego que, miradas las cosas de manera desprevenida, no se ve qué otra significación le competa a la peculiar redacción de la norma. A riesgo de caer en redundancia, habría que decir que cuando la regla legal determina prescindir de la formalidad del reconocimiento de firma para la instauración de un proceso ejecutivo con los títulos valores, no es que se limite a abrir una puerta que, en cambio, deja cerrada para otros propósitos, pues ello, aparte de pugnar con la importantísima función que en la vida económica cumplen tales documentos, evidenciaría una incongruencia lógico-jurídica porque no existiría razón para esa dualidad de tratamiento. En verdad, incomprensible sería que un título valor pudiera ser cobrado ejecutivamente sin necesidad de reconocer las firmas puestas en él, pero que si se pretende cobrar extrajudicialmente, o hacerlo valer como prueba o de algún otro modo en un proceso diferente, incluso respecto del cual sus suscriptores, o uno de ellos, son terceros, tenga en cambio que ser sujetado al cumplimiento del aludido requisito. De ahí que el sentido racional y coherente que al precepto le corresponde no puede ser otro que el atrás señalado, o sea, que cuando en él se deja de lado la formalidad del reconocimiento de firmas es porque con ello se está poniendo de presente que el documento se presume auténtico, presunción que, a su vez, tiene alcance general y no simplemente limitada o circunscrita a determinado asunto o entre determinadas partes.

Se ha consignado el anterior criterio porque, como ya se anotó, el recurso sobre el cual se provee se planteó antes de que comenzara a regir la reforma del Código de Procedimiento Civil introducida por el Decreto 2282 de 1989. En este se zanjaron los equívocos que el artículo 793 del Código de Comercio hubiera podido suscitar, al definir de manera concreta, en la modificación introducida al artículo 252, que los títulos valores, entre otros documentos, se presumen auténticos.

Lo anteriormente anotado entraña, por consiguiente, que el juzgado bien podía apreciar los pagarés suscritos en favor de Colmena por los compradores de las viviendas construidas por la demandante, puesto que, por la calidad intrínseca de los documentos, no tenía para qué detenerse a observar si era indispensable el reconocimiento de los mismos por parte de sus suscriptores».

(Sentencia de enero 31 de 1992. Magistrado Ponente: Héctor Marín Naranjo).

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