Sentencia de febrero 26 de 1991

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

CONFESIÓN

INDIVISIBILIDAD

EXTRACTOS: «Como se ha anotado, el Tribunal juzgó que la parte demandada había admitido el faltante de los 103.111 kilos de aceite de soya, y que, como eximente de responsabilidad, había alegado que ese faltante “se encuentra por debajo del índice de tolerancia pactado por las partes en un 0.5% y que ello obedeció al fenómeno de evaporación por alta temperatura”, eximente de responsabilidad que “no ha sido acreditada a través del proceso por la parte demandada”.

El recurrente, de su lado, estima que la confesión de la que se habla es indivisible; que, por lo mismo, ha debido aceptarse con las explicaciones y aclaraciones concernientes al hecho confesado, deduciendo el yerro fáctico del sentenciador de la falta de apreciación de esa confesión como un todo.

Pues bien, sabido es que el Código de Procedimiento Civil, acogiendo las más modernas tendencias doctrinales sobre la materia, implantó en su artículo 200 el principio de la indivisibilidad de la confesión y el de la divisibilidad de la declaración de parte, en los siguientes términos:

“La confesión deberá aceptarse con las modificaciones, aclaraciones y explicaciones concernientes al hecho confesado, excepto cuando exista prueba que las desvirtúe. Cuando la declaración de parte comprenda hechos distintos que no guarden íntima conexión con el confesado, aquéllos se apreciarán separadamente”.

Cuando allí se habla de modificaciones, aclaraciones y explicaciones concernientes al hecho confesado se está aludiendo a una cierta forma de presentar el hecho: éste, desde luego, no se traza por el absolvente de una manera escueta, o sea, en los mismos términos por los que el preguntante averigua, sino que le introduce un matiz o faceta diferente. La descripción tiene que corresponder al hecho del que se trate, sólo que sus notas distintivas no son, en su totalidad, las que afirma la contraparte; así, le puede suprimir unas de tales notas distintivas; o agregarle otras; puede reducir sus dimensiones objetivas; puede darle una diversa ubicación temporal, o, incluso, puede llegar hasta discrepar de la naturaleza misma del hecho. Lo importante es que el absolvente al presentar la adición no se desconecte del hecho como tal; por eso, con razón se ha dicho que la inescindibilidad de la confesión es algo que debe ser mirado a la luz, no propiamente del carácter favorable que tenga la agregación que se introduce, sino de la íntima conexión que posea con el hecho confesado. Justamente por esta causa el inciso 2º del precepto antes transcrito, hace residir la divisibilidad de la declaración de parte en que el hecho adicionado no guarde una vinculación de fondo con el confesado; acá no se tratará de aspectos o facetas del hecho confesado, sino de algo que, no obstante su relación con él, es deslindable del mismo y éste continúa inalterado en su configuración.

En el caso de que ahora se ocupa la Corte, la parte demandada, al admitir la existencia del faltante de los 103.111 kilos de aceite de soya, le sumó un suceso que, de conformidad con las previsiones contractuales, encontrábase orientado a eximirlo de responsabilidad. Con sujeción al raciocinio del Tribunal, la carga de la prueba de ese hecho adicional pesaba sobre la demandada, o sea que juzgó que su vinculación con el confesado era apenas mediata.

En sentir de la Sala, a tal conclusión no se la puede calificar como contraevidente porque lo cierto es que el hecho —el faltante de la mercancía— puede subsistir como tal, o sea, sin que se oscurezca o desdibuje su propio perfil porque se prescinda del hecho agregado —la causa de ese faltante.

Sin embargo, se podrá decir que al no existir efecto sin causa, aquí la íntima conexión se hallaría precisamente en la explicación que ha dado la parte demandada respecto del motivo por el cual se mermó el aceite depositado y que, en tal virtud, de esa manera debe ser aceptada la confesión.

Un planteamiento como el anterior pecaría por su inexactitud puesto que si bien es cierta la premisa de la cual en él se partiría, la conclusión, en cambio, resultaría ser falsa, toda vez que el fenómeno acaecido, la disminución del aceite, pudo haber tenido una gran variedad de causas. O sea que la íntima conexión pudo haberse dado con el origen expuesto por la demandada o con otro hecho cualquiera que posea la aptitud suficiente para generar la disminución del aceite.

Por lo mismo, jurídicamente sopesada la cuestión no existiría el íntimo enlace con el antecedente traído a cuento por la demandada con miras a justificar su conducta. O, si se quiere, es esa gran variedad de causas la que se erige en obstáculo para tener como inescindible la confesión del representante de la parte demandada.

Lo discurrido hace ver cómo no fue errónea la apreciación que de las pruebas tuvo el Tribunal y, por consiguiente, cómo el cargo no está llamado a prosperar».

(Sentencia de febrero 26 de 1991. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

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